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| Tema 9 La Misericordia Divina |
Fuente:Mons. Francisco Ugarte Corcuera,“Del Resentimiento al Perdón. Una Puerta
para la Felicidad”. 12ª reimpresión, 2008. Disponible en las estas librerías
católicas:
https://www.beityala.com/
http://www.rialp.com
Tercera parte: El perdón
Tema 3 La misericordia Divina
La palabra misericordia tiene su
origen en dos palabras del latín: miserere, que significa tener
compasión, y cor, que significa corazón. Ser misericordioso es tener
un corazón compasivo. La misericordia, junto con el gozo y
la paz, son efectos del perdón; es decir, del amor.
Un
palpable ejemplo de este tipo de amor misericordioso es el
de Dios que siempre está dispuesto a cancelar toda deuda,
a olvidar a renovar. Para educarnos en el perdón
debemos constantemente recordarlo.
Los católicos acogemos un conjunto de verdades que
nos vienen de Dios. Esas verdades han quedado condensadas en
el Credo. Gracias al Credo hacemos presentes, cada domingo y
en muchas otras ocasiones, los contenidos más importantes de nuestra
fe cristiana.
Podríamos pensar que cada vez que recitamos el Credo
estamos diciendo también una especie de frase oculta, compuesta por
cinco palabras: “Creo en la misericordia divina”. No se trata
aquí de añadir una nueva frase a un Credo que
ya tiene muchos siglos de historia, sino de valorar aún
más la centralidad del perdón de Dios, de la misericordia
divina, como parte de nuestra fe.
Dios es Amor, como nos
recuerda san Juan (1Jn 4,8 y 4,16). Por amor creó
el universo; por amor suscitó la vida; por amor ha
permitido la existencia del hombre; por amor hoy me permite
soñar y reír, suspirar y rezar, trabajar y tener un
momento de descanso.
El amor, sin embargo, tropezó con el gran
misterio del pecado. Un pecado que penetró en el mundo
y que fue acompañado por el drama de la muerte
(Rm 5,12). Desde entonces, la historia humana quedó herida por
dolores casi infinitos: guerras e injusticias, hambres y violaciones, abusos
de niños y esclavitud, infidelidades matrimoniales y desprecio a los
ancianos, explotación de los obreros y asesinatos masivos por motivos
raciales o ideológicos.
Una historia teñida de sangre, de pecado. Una
historia que también es (mejor, que es sobre todo) el
campo de la acción de un Dios que es capaz
de superar el mal con la misericordia, el pecado con
el perdón, la caída con la gracia, el fango con
la limpieza, la sangre con el vino de bodas.
Sólo Dios
puede devolver la dignidad a quienes tienen las manos y
el corazón manchados por infinitas miserias, simplemente porque ama, porque
su amor es más fuerte que el pecado.
Dios eligió por
amor a un pueblo, Israel, como señal de su deseo
de salvación universal, movido por una misericordia infinita. Envió profetas
y señales de esperanza. Repitió una y otra vez que
la misericordia era más fuerte que el pecado. Permitió que
en la Cruz de Cristo el mal fuese derrotado, que
fuese devuelto al hombre arrepentido el don de la amistad
con el Padre de las misericordias.
Descubrimos así que Dios es
misericordioso, capaz de olvidar el pecado, de arrojarlo lejos. “Como
se alzan los cielos por encima de la tierra, así
de grande es su amor para quienes le temen; tan
lejos como está el oriente del ocaso aleja Él de
nosotros nuestras rebeldías” (Sal 103,11-12).
La experiencia del perdón levanta al
hombre herido, limpia sus heridas con aceite y vino, lo
monta en su cabalgadura, lo conduce para ser curado en
un mesón. Como enseñaban los Santos Padres, Jesús es el
buen samaritano que toma sobre sí a la humanidad entera;
que me recoge a mí, cuando estoy tirado en el
camino, herido por mis faltas, para curarme, para traerme a
casa.
Enseñar y predicar la misericordia divina ha sido uno de
los legados que nos dejó el Papa Juan Pablo II.
Especialmente en la encíclica “Dives in misericordia” (Dios rico en
misericordia), donde explicó la relación que existe entre el pecado
y la grandeza del perdón divino: “Precisamente porque existe el
pecado en el mundo, al que ´Dios amó tanto... que
le dio su Hijo unigénito´, Dios, que ´es amor´, no
puede revelarse de otro modo si no es como misericordia.
Esta corresponde no sólo con la verdad más profunda de
ese amor que es Dios, sino también con la verdad
interior del hombre y del mundo que es su patria
temporal” (Dives in misericordia n. 13).
Además, Juan Pablo II quiso
divulgar la devoción a la divina misericordia que fue manifestada
a santa Faustina Kowalska. Una devoción que está completamente orientada
a descubrir, agradecer y celebrar la infinita misericordia de Dios
revelada en Jesucristo. Reconocer ese amor, reconocer esa misericordia, abre
el paso al cambio más profundo de cualquier corazón humano,
al arrepentimiento sincero, a la confianza en ese Dios que
vence el mal (siempre limitado y contingente) con la fuerza
del bien y del amor omnipotente.
Creo en la misericordia divina,
en el Dios que perdona y que rescata, que desciende
a nuestro lado y nos purifica profundamente. Creo en el
Dios que nos recuerda su amor: “Era yo, yo mismo
el que tenía que limpiar tus rebeldías por amor de
mí y no recordar tus pecados” (Is 43,25). Creo en
el Dios que dijo en la cruz “Padre, perdónales, porque
no saben lo que hacen” (Lc 23,34), y que celebra
un banquete infinito cada vez que un hijo vuelve, arrepentido,
a casa (Lc 15). Creo en el Dios que, a
pesar de la dureza de los hombres, a pesar de
los errores de algunos bautizados, sigue presente en su Iglesia,
ofrece sin cansarse su perdón, levanta a los caídos, perdona
los pecados.
Creo en la misericordia divina, y doy gracias a
Dios, porque es eterno su amor (Sal 106,1), porque nos
ha regenerado y salvado, porque ha alejado de nosotros el
pecado, porque podemos llamarnos, y ser, hijos (1Jn 3,1).
A ese
Dios misericordioso le digo, desde lo más profundo de mi
corazón, que sea siempre alabado y bendecido, que camine siempre
a nuestro lado, que venza con su amor nuestro pecado.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo
quien, por su gran misericordia, mediante la Resurrección de Jesucristo
de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza
viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible, reservada en
los cielos para vosotros, a quienes el poder de Dios,
por medio de la fe, protege para la salvación, dispuesta
ya a ser revelada en el último momento” (1Pe 1,3-5).
¿Dónde
encontrarnos con la misericordia de Dios?
El padre Eugenio Lira Rugarcía
en su libro ¡Venga a mí! La Divina Misericordia nos
recuerda cinco medios para experimentar a este Dios rico en
misericordia.
Capítulo 3: Lugares de encuentro con La Divina Misericordia
3.1- MEDITACIÓN
ORANTE DE LA PALABRA DE DIOS
“Toda la Escritura divina es
un libro y este libro es Cristo, porque toda la
Escritura divina habla de Cristo, y toda la Escritura divina
se cumple en Cristo” . 59 De ahí que el
Magisterio de la Iglesia nos recomiende la lectura asidua de
la Palabra de Dios ,60 ya que en ella Dios
conversa con nosotros 61 Por eso el Salmista proclama: Antorcha
para mis pies es tu Palabra, luz en mi sendero
(Sal 119,105).
Si, por nuestro bien debemos conocerla, meditarla, vivirla
y anunciarla, a la luz de la Tradición de la
Iglesia y del Magisterio :62 “Todo el que oiga estas
palabras mías y las ponga en práctica, será como el
hombre prudente que edificó sobre roca (Mt 7, 24). Consciente
de esto, aún en medio de su locura, don Quijote
afirmaba de las letras divinas: “tienen por blanco llevar y
encaminar las almas al cielo, que a un fin tan
sin fin como éste ninguno otro se le puede igualar”
. 63
Sin embargo, hay quienes no le dan importancia;
y mezclando la fe con supersticiones, dejan que cualquier libro
o película les confunda y les arrebate esa preciosa semilla.
Otros se entusiasman de momento, pero al no ser constantes
están débiles, y cuando les llega un problema, lo dejan
todo. En cambio, quienes reciben la Palabra de Dios, y
confiando en su eficacia la meditan con la guía de
la Iglesia y la alimentan con los Sacramentos y la
oración, dan tal fruto, que son capaces de resistir la
adversidad, sabiendo que los sufrimientos de esta vida no se
comparan con la felicidad que nos espera.64
3.2- CELEBRACIÓN DE LA
LITURGIA
En la Liturgia está presente Cristo ,65 quien uniéndonos por
el Bautismo a su Cuerpo, que es la Iglesia, nos
permite ofrecerlo y ofrecernos juntamente con Él, para participar, con
la fuerza del Espíritu Santo, en su alabanza y adoración
al Padre, fortaleciéndonos en la unidad, y llenándonos del poder
transformador de Dios para ser signo e instrumento de salvación
para toda la humanidad, participando también de lo que será
la Liturgia celestial.66 De entre los miembros de este Cuerpo,
el Señor llama a algunos para que, a través del
sacramento del Orden sacerdotal representen a Cristo como Cabeza del
Cuerpo, anunciando la Palabra de Dios, guiando a la comunidad,
y presidiendo la liturgia, especialmente los sacramentos, entre los que
destaca la Eucaristía, donde Él se nos entrega para comunicarnos
todo el poder salvífico de su pasión, muerte y resurrección,
por el que nos une a la Santísima Trinidad y
a toda la Iglesia; con la Virgen María y los
santos, con el Papa, con el propio Obispo, con todo
el clero y con el pueblo de Dios entero, dándonos
la esperanza de alcanzar la vida eterna y resucitar con
Él el último día, fortaleciéndonos así para vivir el amor
y ser constructores de unidad en nuestra familia y en
nuestros ambientes, siendo solidarios particularmente con que más nos necesitan.67
3.3-
LA EUCARISTÍA, SACRAMENTO DE MISERICORDIA
Esto es mi cuerpo.. esta es
mi sangre (Mt 26, 26-28). El que come Mi carne
y bebe Mi sangre, tiene vida eterna (Jn 6, 54).
Por eso, el propio Jesús exhortaba a santa Faustina: No
dejes la Santa Comunión, a no ser que sepas bien
de haber caído gravemente... Debes saber que Me entristeces mucho,
cuando no Me recibes en la Santa Comunión .68 Mi
gran deleite es unirme con las almas. Has de saber,
hija Mía, que cuando llego a un corazón humano en
la Santa Comunión, tengo las manos llenas de toda clase
de gracias y deseo dárselas al alma 69
En el año
304, durante la persecución de Diocleciano, en Abitina, 49 cristianos
fueron arrestados un domingo mientras celebraban la Eucaristía. Cuando el
procónsul les preguntó por qué habían desobedecido la prohibición del
emperador, sabiendo que el castigo sería la muerte, uno de
ellos respondió: “sin la Eucaristía dominical no podemos vivir”. 70A
los cristianos de hoy, el Papa Benedicto XVI nos ha
dicho: “Participar en la celebración dominical, alimentarse del Pan eucarístico
y experimentar la comunión de los hermanos y las hermanas
en Cristo, es una necesidad... es una alegría”. En ella
podemos encontrar “la energía necesaria para el camino que debemos
recorrer cada semana” 71
Procuremos comulgar con frecuencia, participando siempre
en la Misa Dominical. Dediquemos también algunos momentos a visitar
al Santísimo Sacramento .72 “Es hermoso estar con Él –decía
Juan Pablo II- y, reclinados sobre su pecho como el
discípulo predilecto (cf. Jn 13, 25), palpar el amor infinito
de su corazón”. 73Y si tenemos conciencia de estar en
pecado grave, recordemos que antes de Comulgar debemos primero recibir
el sacramento de la Reconciliación .74
3.4- LA CONFESIÓN: EXPERIENCIA DE
MISERICORDIA
No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda
uno sólo (Mt 18, 14). El pecado nos degrada, nos
aleja de Dios y de los hermanos, y nos arrebata
la vida. Pero Dios, que nos sigue amando, nos busca
y nos ofrece en el Sacramento de la Penitencia el
perdón que nos reconcilia con Él y con la Iglesia
.75 “Como se deduce de la parábola del hijo pródigo,
la reconciliación es un don de Dios, una iniciativa suya”
. 76 Y “todo lo que el Hijo de Dios
obró y enseñó para la reconciliación del mundo, no lo
conocemos solamente por la historia de sus acciones pasadas, sino
que lo sentimos también en la eficacia de lo que
él realiza en el presente” . 77
Esto, gracias a que
la tarde de Pascua, el Señor Jesús se mostró a
sus apóstoles y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A
quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se
los retengáis, les quedan retenidos (Jn 20, 22-23) . 78.
Por eso, San Pablo afirma: “Dios nos ha confiado el
misterio de la reconciliación... y la palabra de reconciliación” (2
Cor 5, 18 s.). En el Sacramento de la Penitencia,
el Padre, con la fuerza del Espíritu Santo, a través
de sus sacerdotes que son presencia y prolongación de Jesús
Buen Pastor, corre hacia nosotros para abrazarnos y colmarnos de
su amor, y la Iglesia se alegra por la vuelta
de aquél hermano que estaba muerto y ha vuelto a
la vida; estaba perdido y ha sido hallado (Lc 15,
32).
Jesús es el cordero de Dios que, con su
sacrificio, quita el pecado del Mundo (Cfr. Jn 1, 29.
Por eso, Él, que ha venido no para condenar, sino
para perdonar y salvar (Cfr. Jn 3, 16), nos invita
a acercarnos con confianza a la confesión, donde por su
voluntad, el Sacerdote, ministro de la Penitencia, actúa “in persona
Christi”. Así se lo comentó a Santa Faustina: El sacerdote,
cuando Me sustituye, no es él quien obra, sino Yo
a través de él ;79 Como tú te comportarás con
el confesor, así Yo Me comportaré contigo .80
3.5- LA ORACIÓN
Una
persona subió con entusiasmo a un pequeño barco, con el
deseo de aventurarse en el mar. Al zarpar, con emoción
sintió la brisa y admiró la inmensidad y la belleza
del océano. Pero después, a causa del movimiento, experimentó un
terrible mareo. Entonces, el capitán le dijo: “si no quiere
sentirse mal, mire hacia arriba”. ¡Qué buen consejo para quienes
surcamos el gran mar de la vida!: miremos hacia arriba,
para no marearnos, ni con los bienes del mundo, ni
con las crisis y problemas. Y mirar hacia arriba es
hacer oración, escuchando a Jesús que nos dice: Permaneced en
mí, como yo en vosotros (Jn 15,4).
“Para mí, -escribe Santa
Teresa del Niño Jesús- la oración es un impulso del
corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito
de reconocimiento y de amor, tanto en la prueba como
en la alegría” . 81 Necesitamos orar para pedir ayuda,
dar gracias, alabar, adorar, contemplar, y escuchar a Dios, abriéndole
el corazón a Él y al prójimo .82 ¡En la
oración, es Dios quien nos busca para saciar nuestra sed
de una vida plena y eternamente feliz! . 83 De
ahí que Santa Teresa de Ávila diga: “Si alguien no
ha empezado a hacer oración...yo le ruego por amor de
Dios, que no deje de hacer esto que le va
a traer tantos bienes espirituales. En hacerla no hay ningún
mal que temer y si mucho bien que esperar” .
84
Habla con tu Dios que es el Amor y la
Misericordia Misma ,85 exhortó el Señor a Santa Faustina. Pero
¿cómo orar?; con humildad ,86 confianza y perseverancia .87 Pidan
y se les dará, ha prometido Jesús. Sin embargo, quizá
alguno diga: “Muchas veces he pedido y no he recibido.
Orar no sirve para nada”. Pero seguramente lo que le
sucede es aquello que Santa Teresa describe así: “Algunos quisieran
tener aquí en la tierra todo lo que desean y
luego en el cielo que no les faltase nada. Eso
me parece andar a paso de gallina, escarbando entre el
basurero” . 88 ¡No perdamos el tiempo, ni entorpezcamos nuestro
camino!; creer en Dios es fiarse de Él, sabiendo que
nos da lo que más nos conviene, no para una
alegría pasajera, sino para nuestra felicidad plena y eterna.
Cuestionario práctico
1. ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida?
¿Es algo que ya doy por supuesto o es una
presencia viva y que guía todas mis acciones?
2. ¿Soy sencillo en
mis relaciones con Dios? ¿Creo que él me puede transformar
con su gracia? ¿Creo que Dios está conmigo en los
momentos difíciles, aunque no lo sienta sensiblemente?
3. ¿Me esfuerzo por conocer
más a Cristo a través de los Evangelios y de
la frecuente recepción de los sacramentos, especialmente la confesión y
la Eucaristía?
4. ¿Puedo decir que de verdad amo a Cristo, Señor
de la misericordia? ¿Cómo es mi amor por él: de
sentimiento, superficial, de fe y voluntad, de palabras o de
obras?
5. ¿Cuándo juzgo a las personas y los acontecimientos de mi
vida tengo como referencia el ejemplo de Cristo y sus
palabras del evangelio?
6. ¿Qué es para mí el sacramento de la
penitencia o confesión? ¿Una obligación molesta? ¿Un medio para tranquilizar
momentáneamente mi conciencia? ¿una magnífica oportunidad para encontrarme con Cristo
y sentir su misericordia infinita? ¿Un camino para reconciliarme con
Dios y recibir su perdón?
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