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Autor: Por Ricardo Ruvalcaba, L.C. | Fuente: Tomado de GAMA Siete cosas que no son negociables en la vida
No es lo mismo meter a Dios en tus planes que meterte en los planes de Dios.
Siete cosas que no son negociables en la vida
1. Tu vida de gracia no es negociable. Conviene morir
antes que pecar. Tu amistad con Cristo es un tesoro
que no puedes perder. Opta por Jesús y rechaza la
idolatría del mundo. Sólo Dios es adorable. Sólo él merece
nuestra entrega plena. Para conservar tu vida de gracia pregúntate
siempre: “QHJ” Es decir, ¿Qué haría Jesús? Si supiéramos lo
inmensamente hermosa que es un alma sin pecados, preferiríamos mil
muertes antes que manchar nuestra alma con un solo pecado.
2.
Tu fe católica es una verdad que no puedes traicionar.
¿Existen cosas reales que la ciencia no pueda demostrar? Sí.
El amor de un padre por su hijo existe y
la ciencia no lo puede demostrar. La ciencia tampoco sirve
para demostrar la existencia de Dios. Lo esencial a veces
es invisible a los ojos. “La fe es suficientemente oscura
para que la adhesión a ella sea libre; y al
mismo tiempo bastante clara como para que la adhesión a
ella sea razonable”. “La fe y la razón son como
las dos alas con las cuales el espíritu humano se
eleva hacia la contemplación de la verdad”, como escribió el
Papa Juan Pablo II. Creer, es mucho más que pensar
que se cree. La verdadera fe es activa porque la
fe se fortalece dándola. No olvides que la vida de
fe peligra si no se va el domingo a misa.
3. ¿La voluntad de Dios es negociable? No.
“No es lo mismo meter a Dios en tus planes
que meterte en los planes de Dios”. Dios te pensó
desde toda la eternidad para que fueras santo. Si la
santidad te lleva a cielo, entonces la santidad no puede
ser negociable. “Locos debemos ser si no somos santos”. La
voluntad de Dios es que seas santo en la vocación
que él te haya dado. Sólo hay tres vocaciones: vocación
al matrimonio, a la vida consagrada a Dios como sacerdote
o monjita, y a la vida soltera célibe. ¡Vale la
pena dedicarse a la causa de Cristo, que quiere corazones
valientes y decididos por la santidad! ¡Merece la pena hacer
una opción por la santidad que nos procurará grandes alegrías,
aunque nos exija también no pocos sacrificios! La santidad es
imitar a Jesucristo.
4. Tu virginidad prematrimonial es materia
no negociable. La fornicación es simplemente el fruto de un
mal pensamiento consentido. Los cristianos vivimos en la carne, pero
no según la carne. Las almas puras todo lo valoran,
todo lo agradecen y son diligentes para hacer el bien.
El mejor regalo que le puedes dar a tu futuro(a)
esposo(a) es llegar virgen a tu matrimonio. Todos prefieren casarse
con una(o) de estreno. Sé puro y que se note.
Ninguna persona puede ser utilizada como un objeto de placer
por la dignidad que tiene. ¡Merece la pena luchar y
morir, si es preciso, en defensa de algo que nos
hace imitar a la Virgen y a Jesucristo!
5. La verdad
jamás será negociable. Dios ha grabado en el corazón de
cada hombre tres tendencias: toda persona busca la verdad, el
bien y la belleza. A nadie le gusta que le
mientan, que le hagan el mal y las cosas sucias
y desproporcionadas. La verdad no depende de la utilidad ni
de la eficacia. Recuerda, si la verdad es la verdad,
sólo hay una verdad. Lo que es verdad, es verdad
para todos y siempre. Aristóteles decía, según el dicho popular,
“Amigo Platón, pero más amigo la verdad”.
6. La fidelidad matrimonial
no debe negociarse. Aunque toda convivencia a la larga traiga
problemas, sé fiel con tu pareja como quieres que ella
lo sea contigo. Shakespeare preguntó a Julieta, “¿quién eres?” A
lo que ella respondió: “Soy Romeo”. El matrimonio es la
unión de dos personas en una sola carne. El matrimonio
es para amar. Y amar es una decisión, es una
opción constante por el amado. El verdadero amor quiere durar
fresco para siempre.
7. La caridad. La buena fama de los
demás no es negociable. Nadie tiene derecho a criticar a
los demás. El cristiano es el hombre de la caridad,
el constructor de la civilización del amor. La caridad
es amar a los demás como Cristo nos ha amado
(Jn. 15, 12). Ésta es la evangelización de ayer, de
hoy y para siempre. ¡Vale la pena sufrir para atenuar
el sufrimiento de los demás por amor a Cristo! Que
se note vuestro amor al hombre por Dios. “Si quieres
ser amado, ama”.
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