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Autor: Jone Larreta La Necesidad De La Disciplina Para Formar Niños Obedientes
Los consejos de una profesora con experiencia
La Necesidad De La Disciplina Para Formar Niños Obedientes
Jone Larreta diplomada en Magisterio Infantil por la Escuela Universitaria
Villanueva (Madrid) y Licenciada en Pedagogía y Psicopedagogía por la
Universidad País Vasco. Profesora de Infantil desde hace tres años
en Eskibel.
1. ¿QUÉ SE ENTIENDE POR DISCIPLINA?
- Es el ejercicio de
la autoridad, que no autoritarismo, mediante normas y límites que
se hacen cumplir, en ambientes organizados, donde en todo momento
se sepa qué es lo esperable y qué se espera
de ellos con rutinas, pautas y hábitos que se trabajan
día a día para lograr niños responsables y obedientes, capaces
de diferenciar el mal del bien y, por tanto, capaces
de decidir
- Las normas y límites son necesarios ya
que brindan seguridad y protección (lo peor para los niños
es el desarrollarse en contextos dónde no se sepa qué
es lo esperable, dónde no haya ningún tipo de límite
y todo se permita, ya que en estos contextos los
niños no aprenderán a diferenciar lo bueno y lo malo,
precisamente porque todo se tolera y se consiente), guían al
niño a tener claros determinados criterios sobre las cosas y
enseñan al niño a saber renunciar a sus deseos. De
esta forma, le estamos enseñando a aprender a tolerar y
superar la frustración: el niño desde pequeño ha de sentir
la frustración, aceptar un “no” por respuesta para ir forjando
un carácter fuerte.
- Ya desde pequeñitos se marcan en la
vida de los niños unos horarios, pautas y rutinas, por
ejemplo en el sueño y la comida. De esta manera,
se le está ayudando a organizar su interior a través
de un contexto exterior organizado. Ya desde estos momentos se
está marcando una disciplina.
- La disciplina es también necesaria
en la convivencia con los demás, no sólo en el
contexto familiar. Los padres mandan a los hijos porque se
preocupan por ellos y éstos tienen la obligación moral de
obedecer no porque ellos lo mandan sino para formar una
personalidad madura y responsable: no se parte de una situación
de igualdad ya que los padres se encuentran en otra
escala. Los padres no pueden igualarse a los hijos puesto
que la relación que se establecería entre ellos sería de
igual a igual y esto no es ni debe ser
así al actuar los padres como guía, como modelos de
referencia, como modelos de autoridad.
2. LA OBEDIENCIA
- La obediencia
es una virtud que hay que trabajarla diariamente, como un
hábito, para que de esta forma los niños la hagan
suya y forme parte de su carácter.
- Cuando se trabaja
la obediencia no sólo se está trabajando el hecho de
asumir unas normas, cumplirlas y asumir también las consecuencias de
la trasgresión, sino que también se está incidiendo en el
autocontrol, en la responsabilidad (saber decidir y elegir: no hay
responsabilidad si no se ha aprendido a obedecer), la humildad
(el tirano es aquel que sólo desea exaltar su yo...).
-
El hecho de trabajar la obediencia no significa que no
se quiera la libertad para los hijos; pero tienen que
asumir que no sólo existe su libertad sino también la
del resto de personas de su alrededor, libertades que tienen
que respetar.
- Los niños y los adolescentes, por su propia
seguridad puesto que no poseen la experiencia y sabiduría necesarias,
deben sentir que sus padres son los que mandan.
3. ¿POR QUÉ DESOBEDECEN? ALGUNAS CAUSAS
DE LA DESOBEDIENCIA
-Para llamar nuestra atención, aunque sólo reciba castigos
o reprimendas.
- Época de las casquetas (en torno al año
y medio-dos años).
- No atiende a lo que se le
pide porque está atento a otra actividad.
- Estar recibiendo demasiadas
órdenes a la vez: por ejemplo: “recoge la silla”, “deja
la plastilina en su sitio” y “siéntate en la colchoneta”.
-
No comprender lo que se le manda: por ejemplo: “tienes
que portarte bien”. ¿Dónde, cómo, con quién?
- Estar habituado a
que siempre se haga por él lo que se le
manda por ser impacientes, por no tener “follón”, por hacerlo
mejor y más deprisa...
- Saber que los padres van a repetir
varias veces la petición antes de que se pongan a
realizarla.
4. ¿QUÉ SE PUEDE HACER? DISCIPLINA Y LÍMITES.
EXIGIR CON AFECTO
- Tener unos objetivos claros de lo que
se pretende cuando se educa.
- Dar ejemplo para tener fuerza
moral y prestigio.
- Establecer normas realistas, ajustadas, que sean capaces
de llevar a cabo.
- Explicar con claridad cuáles son las
consecuencias positivas y negativas de nuestros actos.
- Instrucciones simples, comprensibles
para ellos y razonables, es decir, peticiones específicas, en las
que quede bien claro el comportamiento que deben seguir. Enseñar
con claridad cosas concretas. Es importante especificarle la conducta que
se espera de él y ,si es posible, hasta mostrársela.
-
Dar un número de instrucciones racional y decirlas de una
en una.
- Ofrecerles dos opciones que llevarán a un mismo
resultado y se les dará a elegir una de ellas
en lugar de dar órdenes o hacer preguntas.
- Explicarles las
razones por las que se les pide o se les
prohíbe que hagan algo.
- Exponer de manera positiva el resultado
de una conducta adecuada para motivar a nuestro hijo a
cumplir aquello que más le cuesta o para que asimile
una conducta nueva. Es importante que se cumpla con lo
pactado.
- Coherencia entre el mensaje (lenguaje oral) y el lenguaje
no verbal, es decir, el gesto, la actitud...De esta forma,
no se creará confusión en los niños.
- Recompensar cuando haya
obedecido nuestra orden o petición, y nunca antes. Cuanto más
inmediata sea la recompensa, más efecto tendrá. Habrá que
acostumbrarle a recompensas afectivas y no solamente materiales.
- Confiar en
los hijos.
- Actuar y huir de los discursos. Una vez
que el niño ya sabe qué debe hacer, y no
lo hace, habrá que actuar consecuentemente y así aumentará nuestra
autoridad.
- Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres
tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los
padres da seguridad y tranquilidad al niño y le anima
a tomar decisiones aunque se pueda equivocar, porque los errores
no son fracasos.
5. SI
SIGUEN DESOBEDECIENDO, ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS...
- Contar hasta cinco en voz
alta para que comprenda que se está esperando a que
haga lo que se le ha pedido. Si en este
tiempo el niño no ha obedecido, sin alzar la voz
ni discutir, se le guiará con las manos para que
haga lo encomendado.
- Cuando los hijos desobedezcan "descaradamente", no hay
que perder el control. Recurrir a la técnica conocida como
“tiempo fuera”: no se le reprochará nada ni se discutirá
con él. Se le mandará solo a una habitación o
a un rincón donde no pueda entretenerse durante un período
breve de tiempo. La recomendación es que permanezca allí tantos
minutos como años tenga el niño. Tendrá un momento para
reflexionar sobre qué es lo que ha hecho enfadar a
los padres y para recapacitar.
- Reprimenda verbal: si la desobediencia
implica peligro para el hijo o para los demás (cruzar
la calle, poner los dedos en el enchufe, etc.), con
un tono de voz firme y enérgico, se le dirá:
"¡no!" o "¡basta!" . Si es necesario, se parará físicamente
su acción.
6. ¿QUÉ NO
HAY QUE HACER?
- La excesiva permisividad. Es imposible educar sin
intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo
que es bueno ni de lo que es malo.
- Ceder
después de decir “no”. Una vez que se ha decidido
actuar, la primera regla de oro a respetar es la
del NO. El “no” no se puede negociar. La firmeza
es fundamental: que los niños perciban que los padres no
dudan.
- Incoherencia entre el padre y la madre
- El autoritarismo.
Es el otro extremo de la permisividad. Es intentar que
el niño haga todo lo que el padre quiere anulando
su personalidad. Sólo persigue la obediencia por obediencia.
- Agresividad. Gritar.
Perder los estribos. Además, a todo se acostumbra uno. El
niño también se acostumbra a los gritos a los que
cada vez hace menos caso. Lo peor de acostumbrar a
un niño a este tipo de respuestas, es que las
incorpora, y él mismo se vuelve agresivo.
- Incumplir las promesas
y las amenazas. Cada promesa o amenaza no cumplida
es un poco de autoridad que se queda en el
camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir,
fáciles de aplicar.
-Falta de negociación. Ello supone autoritarismo y abuso
de poder, y por lo tanto incomunicación.
- Falta de atención
cuando nos hablan. Muchos padres se quejan de que sus
hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos
no han escuchado nunca a sus hijos.
- Exigir éxitos inmediatos.
Con frecuencia, a los padres les dan ciertos arranques de
impaciencia con los hijos. Hay que tener presente siempre que
nadie nace enseñado, y todo requiere un periodo de aprendizaje
con sus correspondiente errores.
- Inconsistencia: en educación, prevalece lo que
se hace día tras día. Cualquier aprendizaje requiere tiempo, y
más aquellos referidos a la formación del carácter y personalidad.
-
Confundir la firmeza y disciplina con el autoritarismo: “te he
dicho que no porque lo digo yo”.Este tipo de actuaciones
no ayudan nada a formar una personalidad responsable ya que
nada se dice del comportamiento, si es correcto o no...Las
personas que han vivido bajo este tipo de contextos son
personas anuladas, sumisas, incapaces de elegir ni de decidir.
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