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Autor: Nieves García. | Fuente: Mujer Nueva Decir No puede ser saludable
Un elemento imprescindible en la educación es saber decir “no”.
Decir No puede ser saludable
No recuerdo la primera vez que mi
madre me dijo que no podía hacer algo, pero recuerdo
que fueran muchas. Y ahora se lo agradezco. Fui una
niña inquieta que ya a los 4 meses se había
tirado de cabeza desde la cama dos veces, que arrasaba
con todo lo que sus manos diminutas pudieran alcanzar; que
a los cuatro años, sin querer claro, había prendido fuego
a un cuarto de juegos; a los 7, por separarse
de sus padres, acabó en una comisaría pues no sabía
como regresar a su casa, y a los 12 enseñaba
a otras amigas a fumar.
Mis padres entendieron pronto, sin recibir ningún
curso de Escuela de Padres, que una de las formas
claves de amarme era enseñarme que existen límites en todos
los campos: físicos, psicológicos y éticos. Los límites para el
ser humano no son obstáculos a la libertad, son precisamente
los cauces para que esta pueda elegir el bien, la
verdad y el amor, que no son cualquier cosa.
Un elemento imprescindible en
la educación es saber decir “no”. Las actuales generaciones de
padres de familia dan la impresión de tener fobia a
esta palabra. Les tiembla la voz cuando tienen que poner
un límite, y hasta se sienten culpables cuando lo hacen.
El buen educador no necesita levantar la voz, le basta
en muchas ocasiones una mirada para decir “eso no se
hace”, porque se siente seguro de estar haciendo el bien.
La diferencia psicológica
fundamental entre el niño y el adulto radica en que
el primero desconoce cuáles son sus límites, hasta donde puede
llegar en sus deseos, qué le ayuda o hace daño,
que es bueno y qué es malo. La sabia naturaleza
ha organizado de tal manera las cosas que el período
de maduración de una “cría humana” es de las más
lentas comparada con otros mamíferos. ¿Cuántos años depende el niño
del adulto para poder subsistir por sí mismo? Esos años
son vitales no solo por la necesidad
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