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Autor: Centro de Asesoría Pedagógica | Fuente: Catholic.net La Formación de la Voluntad como Pieza Clave en la educación
La voluntad se fortalece con el tiempo. No se educa con grandes actos heroicos. Se cultiva con el esfuerzo de cada día, de cada hora. Por eso, el primer medio para formar la voluntad es el trabajo constante
La Formación de la Voluntad como Pieza Clave en la educación
La voluntad es pieza clave del edificio de la personalidad.
Desde el punto de vista natural, el valor de un
hombre depende, en gran parte, del grado en que logra
forjar su voluntad. Sólo en ella podrá imprimir un rumbo
determinado a su vida, guiando y dominando todo su ser.
Dicho de otro modo, será libre en la medida en
que sea dueño y señor de sí mismo, en la
medida en que guíe, encauce y domine sus pasiones, sentimientos
e instintos, y actúe, por encima de las circunstancias externas,
de acuerdo con los criterios que le presenta la razón
iluminada por la fe.
La voluntad es la capacidad para tomar
decisiones. La voluntad es el centro de mando de la
persona. Es donde se determinan los planes a realizar; donde
se rechaza lo desagradable; y donde se admiten sufrimientos o
esperas pacientes. No se toman decisiones con la inteligencia ni
con los sentimientos. La inteligencia da ideas y aclara las
ventajas o inconvenientes de tomar una decisión. Los sentimientos inclinan
hacia un lado u otro. Pero, al final, es la
voluntad quien decide con base en todas estas sugerencias que
ha recibido, porque es la pieza clave del edificio de
la personalidad. Se podría decir que se es más hombre
o se es hombre de verdad, por el dominio que
se tenga de la facultad superior de la voluntad sobre
los instintos.
La voluntad es la facultad que nos permite transformar
nuestras ilusiones en hechos. Esta facultad, con la gracia de
Dios, forma el eje de todo empeño espiritual, humano, apostólico
e intelectual del hombre. Si un hombre sin ideal es
un pobre hombre, podemos decir que un ideal sin formación
de la voluntad es una utopía.
Considerado así, la formación de
la voluntad es de máxima importancia. No puede faltar en
la educación en las virtudes, ya que trabajar en la
formación de la voluntad equivale a ejercitarla en querer el
bien, en quererlo con presteza, eficacia y constancia.
La voluntad
se fortalece con el tiempo. No se educa con grandes
actos heroicos. Se cultiva con el esfuerzo de cada día,
de cada hora. Por eso, el primer medio para formar
la voluntad es el trabajo constante
Cualidades de una voluntad bien
formada
· Una voluntad bien formada es dócil a la inteligencia, es
decir, está lejos del capricho y del irracionalismo. Debe llevar
a la realización nuestras convicciones profundas bajo la luz de
la razón iluminada por la fe.
· Una voluntad bien formada debe
ser eficaz y constante en querer el bien. No basta
ser bueno de vez en cuando o cuando las circunstancias
sean favorables para ello, se ha de perseguir el bien
siempre y en todo lugar. Tampoco basta querer ser feliz
o querer amar a Dios, la voluntad debe tener la
eficacia de poner estos deseos en marcha.
· Una voluntad bien formada
tiene que ser tenaz ante las dificultades, no desesperarse ante
ella, no aburrirse con el paso del tiempo, ni relajarse
con la edad. Sabe convertir las dificultades en victorias, creciendo
en su opción fundamental y en su amor real.
· Un a
voluntad bien formada implica capacidad de gobierno de todas las
dimensiones de la persona con suavidad y firmeza.
Medios para la
formación de la voluntad
Al hablar de los medios para la
formación de la voluntad debemos tener presente que no se
trata de “trabajo represivo”. Ciertamente, la formación de la voluntad
requiere dominio de sí, pero no se trata de una
acción puramente negativa, “rechazar”; se trata, ante todo, del “querer”.
Por lo tanto, el esfuerzo es para que la voluntad
esté polarizada por el amor a Dios y por la
identificación con Cristo como modelo. No es cuestión de formar
personas con mucho aguante ante el dolor físico o moral,
sino de formar personas que amen mucho a Dios y
que sepan plasmar este amor en hechos reales.
Debemos recordar que
en toda esta obra se deben tener siempre presentes los
motivos: el amor a Dios, la imitación de Jesucristo, la
docilidad a las inspiraciones del Espíritu Santo, la formación de
una personalidad auténtica y madura. Esto es importante cuando consideramos
el hecho de que la formación de la voluntad es
uno de los campos más costosos en toda formación humana.
El
perseguir “un ideal” resulta condición formativa indispensable. Su mejor elemento
es desear alcanzar una formación en donde la voluntad esté
polarizada por el amor. El formador debe saber proponer a
sus alumnos ideales altos y nobles, con metas concretas y
alcanzables.
La formación de la voluntad implica siempre la renuncia. El
formador deberá ayudar al formando a ejercitarse en la renuncia,
no como un medio negativo, porque lo importante no es
renunciar a un bien, sino saber optar por el bien
mejor. El formador debe presentar la virtud como un bien
mayor a alcanzar, aunque implique renuncia y sacrificio. Para ello
debe proponer acciones y renuncias concretas como un plan específico
para formar la voluntad.
El formador debe ayudar al formando a
lograr una voluntad eficaz y constante. Puede proponer muchos modos
de entrenar diariamente la propia voluntad:
· Exigirse completar lo iniciado;
poner especial atención en los detalles; proceder siempre con método
y previsión sin dejarse llevar por la inspiración del momento. · Hacer
las cosas con determinación sin dejar todo para mañana. · No tener
que retractarse con demasiada facilidad de las resoluciones tomadas, cuidar
siempre la palabra dada. · Exigirse a sí mismo pequeños detalles que
requieren esfuerzo, como cuidar el orden en casa y en
las escuela y la puntualidad. · Esforzarse en el aprovechamiento del tiempo;
la dedicación al estudio y a las propias responsabilidades. · Realizar todos
los deberes diarios con eficiencia y dedicación. · Saber sacrificarse; dominar los
impulsos, obedecer con serenidad. · Decir siempre la verdad. · Renunciar al propio
capricho optando responsablemente por el cumplimiento del deber. · Renunciar a dejarse
llevar por el cansancio, el pesimismo o los sentimientos negativos. · Renunciar
a la vida llena de comodidades y optar por la
austeridad de vida, aun en cosas pequeñas y triviales.
En realidad,
toda actividad humana representa una ocasión en que la voluntad
puede salir fortificada o, al contrario, debilitada si se realiza
con pereza o dejadez.
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