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Autor: Mayra Novelo | Fuente: Catholic.net La Madurez Humana
Esta persona vive en paz y serenidad, firme en sus opciones, coherente con sus determinaciones. Todo este catálogo de cualidades y virtudes no se presuponen, se forman...
La Madurez Humana
Hecha la opción fundamental, el siguiente paso es ser coherente
con ella, pero el hombre como “imago Dei” , imagen
de Dios difuminada por el pecado debe trabajar toda su
vida para adquirir esta coherencia.
Ahora bien, éste trabajo de identificación
con la opción por Dios y por la vida virtuosa
necesita como plataforma y cimiento de construcción, la madurez humana.
Todos
conocemos hombres y mujeres que tienen el deseo de vivir
de acuerdo con lo que creen, de practicar las virtudes,
de conseguir sus metas e inexplicablemente no lo logran a
pesar de tener el deseo profundo de lograrlo. Lo que
sucede es que falta la formación y madurez humana, faltan
los cimientos sobre los cuales poder construir el gran edificio
de la santidad y del logro de ser fiel a
esa opción fundamental que se ha hecho.
Es un hecho que
la gracia de Dios es lo que más perfecciona al
hombre, pero la gracia no tiene sentido sin el hombre.
Necesita un hombre maduro como tierra fecunda para que crezca
la semilla. Sin esta base, todo se queda en buenos
deseos y buena voluntad, pero nada más. ¡Cuántas personas conocemos
que han llegado a fracasos morales, económicos, familiares, sabiendo buen
lo que querían y debían hacer, pero sin haber puesto
los medios necesarios para realizarlo! Todo esto se debe en
gran parte a la falta de madurez humana.
Además de
ser el cementerio de buenos proyectos, la falta de madurez
es causa de inestabilidad y frustración en la vida, pues
una persona que vive según las pasiones, según las impresiones
del momento, no puede hacer una opción en la vida
sin dejar de replanteársela, ponerla en duda, traicionarla, muchas veces,
perdiendo así tiempo y energías en una serie de obras
emprendidas y nunca terminadas.
¿Qué es la madurez humana?
La madurez humana
consiste en la coherencia entre lo que se es y
lo que se profesa, y que tiene su expresión externa
más convincente en la fidelidad y responsabilidad en el cumplimiento
de los compromisos y deberes contraídos con Dios, con la
Iglesia y con los hombres. Para ello es necesario hacer
un esfuerzo constante para lograr la capacidad de tomar prudentes
decisiones y opciones definitivas, la estabilidad de espíritu, la integración
serena de las fuerzas emotivas y de los sentimientos bajo
el dominio de la razón y de la voluntad, de
la fe y de la caridad, la actitud de apertura
y donación constante a los demás, sin excepción de personas,
y la rectitud en el modo de juzgar sobre las
personas y sobre los acontecimientos de la vida.
La madurez no
es una cualidad única, sino una virtud formada por muchos
y variados aspectos. Es una gama de actitudes ante la
vida.
El Vaticano II describe así estas cualidades: estabilidad de espíritu;
capacidad para tomar decisiones prudentes; y rectitud en el modo
de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres.
Ideas erróneas sobre
la madurez humana
Estas son algunas ideas erróneas sobre la madurez
que pueden tener nuestros alumnos y que es necesario que
mediante nuestra labor se vayan clarificando.
Para algunos la madurez consiste
en llegar a una edad en la que se puede
hacer todo lo que se quiera, sin límite.
A veces sucede
que, llegando a cierta edad, el joven es considerado automáticamente
“maduro”, lo cual implica el derecho a consumir bebidas alcohólicas
y frecuentar ciertos lugares reservados para personas “maduras”.
El error fundamental
en estos casos, es una concepción unilateral de la madurez.
Quienes así piensan se preocupan más de lo que se
puede hacer que del por qué hacerlo. Ser maduro es
mucho más que poder realizar ciertos actos considerados maduros. En
realidad, lo importante es que el joven que llega a
esta edad sepa no solamente lo que puede hacer, sino
por qué y en función de qué puede hacerlo.
El uso
de las cosas tiene que estar determinado por un fin
que el mismo hombre pone, y no viceversa. El hombre
no toma cualquier carretera por el mero hecho de tener
un coche. Para saber qué carretera tomar, es preciso tener
una idea de dónde quiere ir. Por eso, es necesario
que el joven tenga claro un objetivo de lo que
se pretende en la vida, lo cual determinará el uso
de los medios que tiene.
Algunas cualidades de la madurez humana.
1.
Una persona madura se nos presenta como alguien que ha
adquirido la capacidad habitual de obrar libremente. Es decir, una
persona que hace opciones conscientes y responsables, con estabilidad, sin
tener que pasarse la vida replanteándose sus decisiones, sin adquirir
una seguridad y una certeza sobre ellas. Esto no se
trata de no cometer nunca errores o de no cambiar
nunca de opinión, sino de tener claros algunos principios fundamentales
en la vida.
2. Una persona madura ha logrado la adquisición
de un dócil y habitual autocontrol emotivo con la integración
de las fuerzas emotivas bajo el dominio de la razón.
La persona madura no vive a merced de sentimentalismo, impulsos
o tendencias, sino que vive de principios, de dominio personal,
ce convicciones aunque a veces los sentimientos quieran dominarla. No
se aferra a sentimientos o pasiones del momento y recuerda
siempre sus principios y su orientación y estado de vida.
3.
Una persona madura se comporta según la autonomía de la
propia conciencia personal, es decir, según los dictámenes de una
conciencia rectamente formada a la luz de la ley natural
y de la fe en Dios. El hombre maduro es
capaz de sacar de su interior juicios rectos sobre los
acontecimientos y los hombres. Es el que no depende de
los criterios de moda o las ideas llamativas que pululan
a su alrededor, desde los grandes acontecimientos hasta las cosas
normales y cotidianas.
4. Una persona madura vive en actitud de
donación y de apertura, de servicio, de entrega a los
demás. Rechaza todo tipo de egoísmo, de encerramiento en sí
mismo, de particularismo y de individualismo. En este punto reside
la verdadera madurez cristiana, ya que en ocasiones podemos encontrar
personas con control, autonomía, que han hecho una opción en
la vida aparentemente noble y viven de acuerdo a ella,
pero todo centrados en sí mismos. En este caso no
es una verdadera madurez cristiana. La principal señal de madurez
cristiana es la capacidad de salir de nosotros mismos y
ver por las necesidades de los demás.
Estos son algunos
de los rasgos más destacados de lo que hemos llamado
la personalidad madura, podemos decir en resumen que la persona
madura es la que ha aceptado su vida, ha hecho
una opción fundamental correcta y es fiel a la misma.
Aquella que ha adquirido un control emotivo y no es
esclava de sus sentimientos y pasiones, que viene en una
actitud de apertura a los demás y sobre todo en
una entrega desinteresada y servicial al prójimo.
Esta persona vive
en paz y serenidad, firme en sus opciones, coherente con
sus determinaciones. Para el cristiano maduro, el único fin en
la vida es Dios, las demás cosas son sólo medios
para alcanzar su fin.
Todo este catálogo de cualidades y virtudes
no se presuponen. Para adquirirlas el hombre tiene que convencerse
de la necesidad fundamental de trabajar. Pero trabajar de una
manera eficaz, es decir, colaborando activamente con la gracia de
Dios. Así se puede lograr y encarnar esta personalidad madura
en la vida como podemos constatar en las vidas de
los santos, que son, por ende, grandes hombre.
Donde hay un
cristiano maduro, hay un hombre auténtico. La autenticidad de vida
es el fruto de un cristiano convencido y maduro.
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