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Autor: Mayra Novelo | Fuente: encuentra.com Los Buenos Modales
Es muy bueno que los niños aprendan idiomas, computación, deportes..., pero, ¿qué hay de ese joven a la hora de sentarse a la mesa?, ¿cómo recibe y despide a sus visitas? Y ¿qué tal es su conversación con sus padres, profesores y adultos?
Los Buenos Modales
Un segundo de distracción cuando el semáforo se ha
puesto verde, basta para que los motorizados se cuelguen a
la bocina o griten todo tipo de improperios con gestos
ad hoc.
En el metro y en las microbuses los hombres,
al ver subir a una mujer, se sumergen con pasión
en su lectura o miran decididamente el paisaje -el túnel
en el caso del metro- con tal de no dar
el asiento.
Los jóvenes hablan a garabatos y el que no
lo hace simplemente está "out". Y para qué decir de
la "sentada". Ellas han olvidado que las piernas abiertas no
son aconsejables cuando se viste falda y ellos creen que
es normal que sus compañeras de estudio se sienten sobre
sus piernas en vez de darles el lugar.
Existe consenso: hacen
falta los buenos modales. No se trata de que añoremos
un mundo de pompas y venias. Nada semejante. Consiste simplemente
en que los actualmente poco ponderados buenos modales constituyen un
pasaporte al éxito, porque tras el buen comer, correcto hablar
y preciso comportamiento se disfraza el quid de la convivencia:
el respeto a los demás.
Dar ejemplo
Está claro que junto
con la llegada de la adolescencia, los hijos se ponen
rebeldes y adoptan un aire de suficiencia. Esto es natural
y demuestra el crecimiento que están viviendo al reafirmar su
personalidad. Sin embargo, como parte de ese proceso es necesario
que asuman tres actitudes:
- Los valores esenciales no se cambian
por moda o por edad.
- Criticar es natural en
estos años, pero proponer soluciones positivas es siempre mejor.
- Ponerse
en el lugar del otro.
Sin estos ingredientes, los adolescentes crecerán
sin haber aprendido a manejarse bien socialmente. Carecerán de lo
que se ha denominado "inteligencia social" -que es saber llegar
a las personas en el momento adecuado y en la
forma oportuna- tan útil en la vida personal y profesional.
La
adolescencia es un período en que los jóvenes necesitan cerca
a sus padres y los requieren como tales: en el
papel de guías y dando ejemplo. ¿Qué sacan los padres
con exigir buenas maneras si "pelan" descarnadamente a otros, pelean
a gritos o mienten al no querer recibir una llama-
da telefónica que no se atreven a enfrentar?
Un caso patético,
ocurrió en Reñaca hace un tiempo, cuando un potente auto
se desvió a propósito de su pista para golpear y
volcar a una moto -conducida por una pareja joven- que
lo molestaba. El auto, conducido por un padre con cinco
hijos a bordo, se dio a la fuga...
Transar
el "arito", no el respeto
Juanita Balmaceda, encargada de la
Unidad Técnica Pedagógica del Colegio Villa María Academy y profesora
en esa institución, señala: "Es importante que los papás distingan
entre lo que es una terquedad propia de la etapa,
y lo que es ser mal educado. El aspecto estético
de si usan el pelo más largo o un arito,
puede disgustar, pero éstos son asuntos transables, comprendiendo que es
propio de la juventud. Lo que no se debe transar
nunca es el respeto a los demás. Porque en definitiva
eso constituye el fondo de los buenos modales: la sensibilidad
hacia los otros".
Una experta en el tema es Sylvia
Gubbins de Bustamante, embajadora de Perú en Chile hasta el
año 1985. Narra su experiencia: "Soy una convencida de que
los niños no nacen conociendo la buena educación y es
un deber de los padres instruirlos en ella. Creo que
consiste básicamente en mostrarles la manera de tratar a la
gente, a todos con igual consideración, desde un rey a
un mendigo. En esto, hay forma y fondo, porque el
saber agradecer, comportarse y conversar con los otros, demuestra cultura
y respeto hacia el prójimo".
Juanita Balmaceda señala "Sin duda hemos
vivido un cambio impresionante en los últimos años. Notamos un
problema concreto: los niños no son formados en los buenos
modales por sus familias, ante lo cual los colegios hemos
tenido que ir asumiendo un rol que nunca antes nos
había tocado y que incluye hasta el cómo comen los
alumnos. Los papás deben poner atajo a los malos modales.
Tienen que entender que ellos son conductores de sus hijos.
Esto, además de ser una experiencia excepcional, también significa estar
dispuesto a llevarse el mal rato y no sólo a
ser siempre el compadre, sino un orientador".
Sensatetez y
sentimientos
El adolescente tiende a vivir apasionadamente, pero hay que encauzar
toda esa energía. Ellos en ocasiones, con- funden la filosofía
con que se toman la vida con la mediocridad. Por
eso resulta apropiado ayudarles a llenar la vida con algo
que les dé sentido, útil para ellos mismos y la
sociedad. Todo lo contrario a una vida arrastrada y vulgar.
Sin
duda, cada día la espontaneidad cobra un rol más preponderante
en todo el proceso social. Gracias a ella, padres e
hijos están más próximos, las generaciones se han acercado y
comprendido mejor, e incluso es un valor que ayuda a
la formación del propio carácter: hoy se considera fundamental moverse
en un clima de confianza. Pero no es menos cierto
que a veces, escudados en el "ser uno mismo", se
atropella a los otros, sus sentimientos y su espacio. De
ahí el sabio consejo: "Conviene añadir sensatez a la sinceridad
para no caer en la idiotez sincera, que no por
ser sincera, deja de ser idiota".
Lo anterior, en términos de
diccionario, significa moderación, reflexión, cautela, ponderación... es decir, usar el
sentido común y simplemente, ponerse en el lugar del otro.
En otras palabras, el equilibrio del carácter exige una cuidadosa
compensación entre los extremos.
Hay modales que se han
hecho humo:
- Saludar con respeto a una persona mayor,
lo que implica ponerse de pié cuando ésta entra a
donde estamos.
- Dar el asiento a las personas mayores o
mujeres embarazadas.
- Estar limpios a la hora de comer y
comer bien, usando servilletas y cubiertos como se debe.
- Saber
escuchar y no interrumpir a alguien cuando habla.
- Respetar la
autoridad del profesor.
- No secretearse en público ni comentar las
intimidades de la familia.
- Golpear ante una puerta cerrada.
- Colocar
la televisión o la radio a volumen moderado.
- Ofrecer ayuda.
Fuente:
EL
ARTE DE EDUCAR Adolescencia, solos frente al camino Fundación Hacer Familia Santiago-Chile 2a. edición
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