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Autor: José Manuel Mañu | Fuente: Son tus hijos Un Paseo por la literatura infantil y juvenil
Es absurdo obligarse a leer un libro que no se entiende o valora.
Un Paseo por la literatura infantil y juvenil
José Manuel Mañu Nació en Navarra en 1955. Estudió Filosofía y
letras y Magisterio.
En su trayectoria profesional ha dado clase en
Centros públicos y privados. En la actualidad conjuga las clases
con impartir conferencias, escribir y asesorar a centros educativos. Ha dado
docenas de conferencias en Europa y América, así como ha
participado en programas de radio y TV. Ha sido colaborador
habitual de Magisterio Español, y ha publicado numerosos artículos en
otras revistas educativas. Ha publicado diversos libros.
Dirige la sección de
libros de la página Web: www.sontushijos.org
A veces en su afán
por demostrar los bajos niveles lectores de los jóvenes, algunos
hacen referencia a un pasado en el que parece que
todo fue mejor. La verdad es que la experiencia de
cada persona es distinta. Algunos apenas recuerdan de su infancia
algún buen relato corto y los cuentos tradicionales. Otros asocian
sus primeras lecturas con El capitán Trueno, Hazañas bélicas o
la Princesa Sisi. Muchos recuerdan los trabajos que les mandaban
hacer de adaptaciones de Don Quijote y que acertaban a
esquivar encontrando otra adaptación más corta, que se podía copiar.
Bien es cierto que los cómics no tenían la zafiedad
estética y ética de muchas de las actuales publicaciones juveniles
de ese tipo.
Quizás Penac, antes de escribir Como una novela,
tuvo que sufrir la lectura obligatoria de las grandes obras
de la literatura francesa y, como reacción, aboga por los
derechos del lector, entre los que figura abandonar una lectura
que no gusta, leer sólo lo que interesa, etcétera. En
todo caso, quizás sea más atractivo el estilo de Cotroneo
en su delicioso libro: Si una mañana de verano un
niño: es la sugerencia amable de unos títulos hacia los
que predispone al lector.
Son muy distintos los caminos por los
que se llega a la literatura, pero es muy difícil
llegar a leer a los grandes clásicos sin estar dispuesto
a hacer el esfuerzo de subir un repecho en el
camino. Es absurdo obligarse a leer un libro del que
no se entiende o valora nada por el prurito de
incorporarlo a las lecturas, pero de ahí a convertir la
literatura en sólo una fuente de placer hay una notable
diferencia. La lectura es una fuente de placer, pero también
de belleza, de manifestar o percibir los sentimientos ante personas
o sucesos... Subir un repecho es necesario para leer libros
valiosos; hacer escalada es otro tipo de lectura más próxima
al manual que a la novela.
Entre 6 y 8 años
En
sus comienzos, la lectura tiene que ir lo más unida
posible a situaciones gratas; que el pequeño lector perciba la
posibilidad de disfrutar, sin necesidad de la ayuda de un
adulto, de ese excelente libro de cuentos que hay en
la balda de su habitación. En ese sentido, con la
moderna impresión de libros se ha ganado mucho: hay libros
que sólo con verlos suponen un excelente reclamo para su
lectura. En castellano la gama editorial es muy amplia, lo
que plantea también la necesidad ineludible de elegir, aunque sólo
sea por falta de tiempo. Teniendo en cuenta que entre
los derechos de la infancia está el de la protección
de cualquier tipo de agresión, física o moral, los padres
tienen la obligación y el derecho de evitarles aquellos libros
o cómics que consideren inadecuados. Los padres actuales saben que
no todos los dibujos animados tienen todos la ingenuidad del
pato Donald; algo similar ocurre con la llamada literatura infantil;
en un libro se refleja un estilo de familia, de
persona y de conductas que influyen en el lector. No
es preciso que la literatura infantil tenga un afán moralizante,
pero no debe tenerlo degradante para la dignidad de la
persona. Aunque a los profesores nos gusta tener un libro
común de lectura para todos los alumnos, por la facilidad
para la lectura en voz alta y para otro tipo
de actividades, es conveniente que además, los alumnos tengan acceso
real a una biblioteca en la que haya abundantes libros:
amenos, variados y que reflejen un estilo de vida digno.
Esa biblioteca no es una acumulación de libros al azar,
aunque tampoco tiene que recoger un supuesto canon de libros
necesarios a leer para poder llegar a la excelencia. Muchos
de los cuentos de Andersen, de los hermanos Grimm, otros
que recogen personajes de Disney, como Bambi; las diversas aventuras
protagonizadas por los personajes de Lobel: Sapo y Sepo...Algunos padres
buscan fines más didácticos y se decantan por la serie
de Winnie the Pooh en la que se reflejan la
visita al médico, un paseo por el bosque... cuyo éxito
es indudable. Una finalidad parecida tiene la serie protagonizada por
Teo, escrita por Violeta Denou.
También ha encontrado buena acogida
en el mundo infantil Mary Pope Osborne, cuyos libros están
protagonizan por dos hermanos –niño y niña– que desde una
biblioteca situada en una cabaña entre las ramas de un
árbol, parten hacia viajes en los que recorren diversos lugares
y periodos históricos. Como es inevitable, en este paseo por
la literatura infantil se deja fuera a Del Amo, Fuertes,
Torrell... Resulta inevitable no poder citar a todos los excelentes
escritores de libros para niños en lengua castellana y, en
particular, en España. Las adaptaciones infantiles de grandes obras de
la literatura tienen el inconveniente de que dificultan la relectura
de un libro cuyo argumento ya se conoce. Compensa esperar
a leer el original, salvo en aquellos casos, muy excepcionales,
en los que un artista adapta a otro artista.
Entre 8
y 10 años
Para los que entran en estas edades, pueden
resultar muy adecuados los libros protagonizados por Jerónimo Stilton. Es
un ratón director de un periódico; el estilo es peculiar;
las líneas del texto no siempre siguen un trazado rectilíneo,
varían de colores, etcétera; el éxito definitivo lo ha tenido
con En el Reino de la Fantasía, cuyo número de
páginas no ha sido obstáculo para que los lectores de
ocho años lo devoren, quizá también porque las ilustraciones son
excelentes. El argumento, un viaje a través de diversos mundos
fantásticos pero peligrosos, resulta atractivo.
Pocas cosas sorprenden más que
la capacidad de un niño de leer algo que le
interesa de veras, como se comprueba con la variada edad
de los lectores de Harry Potter. Algunos de los clásicos
de siempre como Enid Blyton siguen gustando a algunos niños,
especialmente en las colecciones más sencillas: Siete secretos...
Entre los chicos
ha obtenido un gran éxito Bieniek, quizás porque protagonizan sus
libros los jugadores de un equipo de fútbol. Farias logró
un gran éxito con Un tiesto lleno de lápices, cuyo
protagonista central es un deficiente mental rodeado del cariño familar;
otros como los escritos por Cornelia Funke están teniendo éxito;
Knister sigue atrayendo lectores, especialmente con su personaje Kika, mitad
bruja, mitad niña rebelde. Fray Perico y su borrico, escrito
por Juan Muñoz es un ejemplo de cómo un libro
sencillo, la historia de un fraile con un borrico, puede
convertirse en un clásico infantil. Fernando Lalana mantiene una producción
continua, así como López Narváez o los libros escritos por
Rovira y Arredondo sobre animales. Es también constante Vázquez-Vigo y
destaca por la sensibilidad en algunos de sus libros Marta
Osorio. Es una edad a caballo entre los primeros lectores
y la posterior que agrupa a lectores que ya dominan
perfectamente la lectura mecánica y tienen un vocabulario rico y
pueden atreverse con libros de envergadura.
Entre los 10 y
12 años.
Desde luego se han caído de las listas
libros excesivamente dulzones como Corazón. No han perdido el encanto
otros como los protagonizados por Heidi, especialmente el primero; quizás
por eso tuvo tanto éxito su adaptación televisiva. Una niña
que transmite cariño y alegría además de amor a su
familia y a su tierra encuentra eco en el lector.
El niño siente un atractivo hacia el cariño y el
bien, con tal de que no resulten tan empalagosos los
personajes que acaben siendo repulsivos. Predominan a esta edad los
libros de aventuras. La fantasía sigue teniendo su espacio como
se demuestra por el éxito de los libros de Roald
Dahl, especialmente Charlie y la fábrica de chocolate, donde la
imaginación supera lo esperado y la generosidad resulta atractiva. Sigue
teniendo éxito Michael Ende; también los libros protagonizados por El
pequeño Nicolás, el mundo visto con los ojos de un
niño, tienen su público y siguen de modo constante en
las listas de los libros más vendidos. MacDonald no termina
de entrar tanto como quizá se merece. Sin embargo era
misterioso cómo no se editaban en España los libros que
componen las Crónicas de Narnia que, como era evidente, han
tenido un éxito rotundo al editarse en los últimos años.
Entre los autores de habla castellana destacan Del Amo, Baquedano,
Pilar Molina, José Luis Velasco, César Fernández y jóvenes promesas
como Pérez-Foncea si sigue en la línea de los dos
primeros libros editados sobre Iván de Aldeanuri. También ha entrado
con buen pie Julio Romano. No terminan de cuajar los
protagonizados por los Hollister, aquella familia numerosa que afrontaba todo
tipo de aventuras. Sí cuajaron los que permiten diversas opciones
hasta elaborar la propia aventura y pienso que tendrían éxito
si se reeditaran los libros de Alfred Hitchcock, de su
colección Misterio... del género policiaco protagonizado por pre-adolescentes. Si el
lector tiene capacidad de espera le brindaría El Hobbit, pero
le sugeriría que espere un poco a leer El señor
de los anillos. Condiciona notablemente para el éxito el entrar
en la rampa de las grandes editoriales de la literatura
infantil como SM, Bruño, etcétera. Es muy difícil abrirse paso
sin que una editorial con su cadena de distribución coloque
los libros en millares de puntos de venta, especialmente si
entra en el mundo escolar.
Entre los 12 y 14 años
A
partir de esta edad, que coincide con el comienzo de
la Secundaria, lamentablemente se caen del mundo de la lectura
muchos jóvenes, más atraídos por la música, los videojuegos, el
messenger, los chat y la calle con sus múltiples acepciones.
En buena ley, debieran ser compatibles diversos modelos de ocio
y, de hecho, algunos los hacen compatibles. Otros, sin embargo
se mueven por el resultado inmediato que ofrece el mundo
interactivo y de las nuevas tecnologías y renuncia al esfuerzo
que supone la lectura. Quien persiste en esta actividad logra
acceder a un rico mundo de sentimientos que sólo un
lenguaje rico permite discernir. Por desgracia, bajan los índices lectores
y cuando algunos intentan volver al cabo de los años,
las carencias de vocabulario son una dificultad para un cierto
nivel de calidad literaria. De ese modo se encuentran jóvenes
adolescentes que explican a sus padres la trama compleja de
una película y luego tienen que preguntar el significado de
palabras básicas.
Los intereses diversifican el tipo de lecturas; los
varones siguen decantándose por las aventuras, sin descuidar otras facetas,
mientras las chicas prefieren el amplio mundo afectivo que entrelaza
las relaciones sociales. Su mayor madurez les permite adentrarse en
el mundo del amor con más facilidad que los chicos,
quienes comprenden con más dificultad el mundo sentimental. Lógicamente esto
no es una clasificación ni una frontera, son más bien
líneas tendencia. Siguen teniendo su atractivo algunos libros de Julio
Verne, unos pocos de Emilio Salgari –a mi juicio de
calidad inferior– y se han caído otros como Karl May
con
sus relatos ambientados en Norteamérica en los años de
las grandes praderas llenas de bisontes o los bosques con
tribus de indios guerreros, quizás porque los jóvenes actuales ya
no miran al Oeste sino al espacio. Pienso que algunos
grandes clásicos juveniles, si volvieran a editarse, obtendrían un gran
éxito, como son muchos de los libros que en su
día publicaron Juventud y Noguer y que ahora se han
convertido en lecturas minoritarias. Habría que hacer una cuidadosa selección
atendiendo a los intereses de los jóvenes del siglo XXI.
Dentro de los libros para jóvenes cobran especial interés las
biografías, ya que al haber aumentado la inteligencia intra-personal del
lector, es capaz de identificar Los libros fueron uno de
los mejores entretenimientos de la infancia de mejor los sentimientos
ajenos e incluso de identificarse con los ideales de otras
personas.
Tonke
Dragt con Carta al rey ha obtenido amplia repercusión. La
historia interminable tuvo su momento, aunque sigue conservando su calidad,
al igual que Momo, ambos de Michael Ende. Quizá Momo
requiere algo de edad para valorar la capacidad de escucha
de la niña protagonista. Como decía, es la edad ideal
para apreciar a fondo El señor de los anillos.
Ibbotson ha
tenido dos éxitos claros con Maia se va al Amazonas,
y La esmeralda de Kazán, en los que conjuga la
aventura con la amistad. Alexander Lloyd, en su libro Taran
el rey, termina la serie que comienza con un campesino
pobre hambriento de aventuras y acaba con la madurez alcanzada
gracias al dolor y la entrega a los demás; todo
esto en medio de apasionantes aventuras.
A propósito de la literatura
fantástica conviene advertir al lector la gran confusión creada entre
los jóvenes entre el mundo de la fantasía y el
de la religión. Si no se tiene una buena formación
se aceptan en el mismo plano los ángeles y las
hadas o se puede confundir el poder de los magos
con una invocación satánica en toda regla. Ejemplos no faltan;
si a eso añadimos unos gramos de New Age, tendremos
los ingredientes de algunas de las novelas que han primado
en las listas de los más vendidos.
A mi juicio, Aurora
Mayoral, Pilar Molina e Isabel Molina siguen aportando libros de
gran calidad, sin olvidar a los clásicos, como Las aventuras
de Tom Sawyer, un pillo simpático, y La isla del
tesoro, con una amplia galería de personajes ambientados en una
historia de piratas, que por derecho propio merecen un lugar
en una biblioteca.
Entre los 14 y 16 años
En la recta
final de este paseo por la literatura infantil y juvenil
se encuentran lectores de muy distinta madurez, capacidad e intereses.
El espíritu critico está más desarrollado y los gustos más
decantados.
Zalacaín el aventurero y Las inquietudes de Shanti Andía, ambos
envueltos en una bruma melancólica e intimista, formarían parte de
mi biblioteca, si bien no todos los de Baroja. La
vida nueva de Pedrito de Andía de Sánchez Mazas es
el reflejo del amor apasionado, noble y limpio, de un
adolescente. La primera serie de los Episodios Nacionales de Galdós,
hasta la salida de España de las tropas napoleónicas, es
una buena manera de introducirse en la novela histórica, si
bien también es posible hacerlo de la mano de Scott,
que no en vano fue quien la inició. Le ofrecería
también El camino de Delibes, en el que un joven
pasa revista a sus recuerdos del pueblo antes de emprender
camino hacia la ciudad donde estudiará el bachillerato. No dejaría
de intentar leer de Joffo Un saco de canicas; aunque
la época nazi ha sido muy abordada por la literatura
y el cine, este libro no deja indiferente al lector.
Matar a un ruiseñor, la batalla de un abogado por
defender lo justo, es otro libro que vale la pena
leer. De lo que he leído recientemente me ha gustado
Un puente hacia Terabithia, una historia de amistad que ha
sido llevada al cine. Sánchez-Escalonilla ha escrito un par de
libros interesantes donde introduce un atractivo estilo que mezcla historia
y aventura, si bien requieren cierto dominio de la historia
antigua.
También vale la pena leer El niño con el pijama
de rayas, que refleja el choque entre la inocencia infantil
y la crudeza de la crueldad. Por contraste, en La
nieta del señor Linh, la amistad entre dos ancianos supera
las barreras idiomáticas.
Como en toda buena biblioteca, las novedades van
aumentando con el paso del tiempo. Aquí están algunas pistas
para ver si alguno de estos libros pueden gustar a
un hijo, un alumno... e incluso a uno mismo. Como
no tengo autoritas para establecer un canon, me limito a
unas sugerencias por si son de utilidad. Para un paseo,
ya hemos comentado suficientes libros. Hasta otra ocasión en que
podamos comentar nuevos descubrimientos dentro de los libros de siempre
y de las novedades editoriales.
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