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Autor: Escrito por Ángeles Carranza | Fuente: Familia y educación 10 consejos para ayudar a los hijos y alumnos en el estudio.
Hay una serie de dificultades típicas en el estudio, en las que nuestros hijos y alumnos pueden caer. Ya sea porque tienen dificultades en la concentración, falta de base, etc.
10 consejos para ayudar a los hijos y alumnos en el estudio.
1. No estudiar
o jugar a como que estudio
El gran problema no
es que estudien mal o no puedan, sino que, simplemente,
no estudian. Hacen tareas, deberes y dibujos pero no estudian.
Se meten en su cuarto y todo el mundo está
convencido de que el niño está estudiando. Pero han
podido pasarse la tarde entera haciendo un dibujo o una
redacción sin estudiar. Así no van adquiriendo ese poso de
conocimientos para cuando llegue el examen.
Consejo: a éstos, lo
que más le conviene, es empezar todos los días por
estudiar. Nada más sentarse, que estudien un tiempo. Si son
niños menores de diez años, podría ser un cuarto de
hora o veinte minutos. De diez a catorce años por
lo menos tres cuartos de hora. Y a partir de
quince años, por lo menos una hora a hora y
media de control para que sigan este plan. Y después
del estudio que hagan las tareas.
Necesitan un cierto control
para que sigan este plan. Si tiene toda la tarde
para hacer las tareas, gasta la tarde entera. Si solo
tiene una hora, se ajusta y va más aprisa. Además
el estudio cansa y hay que estudiar cuando se está
más descansado.
2. Estudio atropellado, de últimos días
Tiene
que ver con el anterior. Este si estudia, pero sólo
unos días antes del examen. Además se crea en la
familia la idea de que ha estudiado mucho ya que
queda la sensación tanto al chico como a los padres,
de la última semana y media: se levantado pronto, se
ha esforzado muchísimo, se ha acostado tarde estudiando. Así piensan,
o que no hay derecho a que luego suspenda. Pero
en realidad falta el poso necesario para que la memoria
asimile y comprenda las lecciones.
Consejo: el trabajo y el
estudio diario, con control, todos los días ha de estudiar
algo. Si un día tiene mucha tarea, después del estudio
la hará y lo mismo si no tiene. Si no
tiene tarea solo estudiará.
3. Falta de ejercicio. Confundir “lo
entiendo” con “me lo sé”
Los hay que confunden el
“lo entiendo” con “me lo sé”. Leen una lección y
como la entienden, ya creen que se la saben y
dejan de estudiar. Sin embargo, lo que les hace falta
es ejercitación, repasar y hacer los ejercicios.
Consejo: que vean
la ejercitación como parte de su estudio. Hay que enseñarles
que “lo sé” es igual a “lo entiendo” más “me
lo estudio”. Entender es lo más difícil, pero una vez
que lo entiendes hay que aprenderlo: hay que dedicar esfuerzo,
repetirlo, hay que usar la memoria.
4. Dificultades
de concentración, falta de control de la imaginación.
Les cuesta
mucho concentrarse, les cuesta el arranque: desde que se sientan
hasta que comienzan a estudiar. Están muy a medio gas
y se les va fácilmente la imaginación.
Consejo: hay que
empezar a estudiar a una hora fija para conseguir un
buen rendimiento cerebral, así la cabeza se concentrará con más
facilidad a esa hora de estudio. Por otro lado el
mejor consejo para sujetar la imaginación es sacarle uso en
el estudio, hay que poner la imaginación en cada tema
de estudio y me imagino como es lo que estoy
estudiando. Esto ayuda a que se graben mejor las lecciones.
Respecto a la televisión hay que decir que cansa
la cabeza y daña la capacidad de concentración, lo mismo
que los videojuegos. Es mejor un rato de lectura, un
tebeo, un periódico... porque eso es como un precalentamiento.
5.
Problemas de comprensión. Dificultades en la lectura. Vocabulario pobre.
Es
el caso del que se ve que se esfuerza pero
que no puede. Si le explicas la lección y se
la cuentas aprende enseguida. Pero si tiene que aprendérsela él
solo con el libro le cuesta mucho. Se siente defraudado,
pues no hay resultados.
Consejo: lo que hay que hacer
es ayudarle a leer bien corrigiéndole los defectos de lectura
y ayudándole a hacerse un cuaderno de vocabulario. Con ese
pequeño diccionario personal tendrá que hacer ejercicios con las palabras
desconocidas. Si no se ataja no se mejora. Se le
puede decir que estudie más, pero llega un momento en
que se hunden. Si hay un problema más serio como
dislexia, etc., hay que llevarle a un especialista. No vale
con estudiar más.
6. Lagunas, falta de base
Son los
que entienden las matemáticas, por ejemplo, pero fallan en los
quebrados, que pertenecen al programa del año pasado cuando estaban
enfermos.
Consejo: con estos, hay que dejar de quejarse y
ponerse a rellenar las lagunas. En el colegio es muy
difícil, pero para ello es muy útil un profesor particular
o que el hermano mayor se dedique a explicar. Una
vez conocidas las lagunas, habrá que solucionarlas en vez de
quejarse continuamente.
Hay chavales
que por un exceso de ansiedad y de miedo a
suspender se angustian. Comienzan a estudiar y como salen con
el gran miedo a perder, se angustian. Quizá tras un
año de malas experiencias, de un fracaso, de haber suspendido
muchas, ... pierden la confianza en sí mismos y se
sienten agobiados. Se les distingue fácilmente cuando llegan a los
exámenes pues tienen trastornos intestinales, duermen mal, están tensos, les
sudan las manos en medio del examen, etc. Son chavales
temerosos y eso les bloquea, pues no tienen la serenidad
suficiente para sacar a la luz lo que saben.
Consejo:
hay que tratarles de dos maneras: primero, dándoles seguridad, valorando
su esfuerzo, reforzando la confianza en que ellos son capaces,
reforzando sus pequeños éxitos. Y, después, enseñarles a controlar esa
ansiedad, enseñarles a relajarse, mediante algunas técnicas.
8. Timidez,
inseguridad, no preguntar, no puedo.
En este caso el bloqueo
llega por la timidez y la vergüenza a preguntar. Es
el temor al ridículo, a quedar mal y, así el
“no puedo” es la excusa que ponen para no enfrentarse
a un problema que les da miedo.
Consejo: hay que
ayudarles a superar ese temor al ridículo y a preguntar,
puede ser, controlando, junto al profesor, cuántas veces pregunta en
clase, planteándoselo al hijo como un punto de esfuerzo personal.
9. Los “empollones” “los mataditos” memorísticos.
En estos el desarrollo
intelectual no va parejo al sistema de estudio. Hasta los
12 años hay una gran facilidad para memorizar así, leyendo
varias veces. Pero a partir de esa edad la memoria
es la más lógica, más de relación, de sentido global.
Hay chicos que pasan los cursos y siguen estudiando igual,
leyendo veinte veces. Eso, además de aburridísimo, es un tipo
de memoria peligrosa. Son los chavales de “lo tengo en
la punta de la lengua”, “si me dice la primera
palabra sigo yo”, “¿eso era lo que estaba en la
página segunda?”. Sufren mucho, dedican mucho tiempo y según pasan
los cursos va a peor.
Consejo: a estos hay que
enseñarles a estudiar, a cambiar el método de estudio, sabiendo
que al principio le costará, pero luego será muy eficaz.
10. Los “optimistas” del “ya me lo sé, pregunta”
“Lo
tengo dominado, está chupado, mamá”. A estos hay que ayudarles
a tocar tierra, preguntándoles para que comprueben que efectivamente no
lo saben.
Consejo:hay dos técnicas: que se autoevalúen y repasen.
Que no digan “no me lo sé” antes de haber
cerrado un libro y de haberse preguntado. Y, a la
vez, enseñarles a repasar. Los contenidos de las lecciones se
aprenden bien una vez que se repasan. En el estudio
se entiende, en los repasos es donde de verdad se
aprende.
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