La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Rafael Alvira * | Fuente: Arvo.net La casa y la tarea
Una institución empresarial en la que sus miembros no puedan encontrarse en cierto modo como en casa es una mala institución, es inhumana, y, por ello, acabará fracasando con seguridad, a medio o largo plazo.
La casa y la tarea
Empresa y sociedad civil
Dos son las dimensiones en las
que vivimos: la casa y la tarea. Una vez alcanzada
la mayoría de edad sabemos que debemos procurarnos un hogar
y una tarea. Es perfectamente posible que el hogar sea
tarea (que se trabaje en el hogar), como les sucede
a tantas amas de casa y profesionales del servicio doméstico.
Es menos factible que la tarea sea hogar, pero se
dan casos; sobre todo en los tiempos recientes no han
sido infrecuentes los casos de personas sin hogar familiar que
han convertido su trabajo profesional en una especie de hogar
espi ritual. Sin embargo, consideramos hoy sumamente extraño que alguien
tenga materialmente por casa su lugar de trabajo. Sin duda
sucede (médicos, odontólogos, juristas, asesores, etc.), pero entonces se procura
distinguir y separar bien las zonas de la casa dedicadas
al desempeño profesional y las que son refugio particular, hogar.
Todo esto nos muestra la peculiaridad de la economía moderna
?no era así tradicionalmente?, en la que dedicación al trabajo
"pro ductivo" y vida familiar están muy desacoplados. Esto presenta,
sin duda, posibles dificultades para la familia: la lejanía, la
separación física, la dispersión de intereses, puede amenazar la vida
familiar. Con todo, si se saben administrar bien los tiempos
y los intereses, esas cir cunstancias pueden ser benéficas: permiten
diversificar y aumentar ingresos, facilitan un cambio y apertura en
el ambiente de vida que aligeran el peso de una
continuidad y fijación excesivas, propician riqueza de conversación al moverse
los miembros de la familia en medios distintos, etc.
Por
tanto, así como la economía no necesita ser materialmente familiar,
pero toda economía correcta ha de tener referencia formal a
la familia, la casa y la tarea no tienen porqué
estar materialmente unidas, pero han de referirse formalmente la una
a la otra, si no que remos destruir la vida
de las personas y de la sociedad en su conjun
to.
La tarea productiva ha de llevarse a cabo con
un cierto espíritu familiar, y la vida familiar ha de
comprenderse como una cierta empresa, pero no empresa en sentido
institucional, sino como un "emprender´:
Una institución empresarial en la
que sus miembros no puedan encontrarse en cierto modo como
en casa es una mala institución, es inhumana, y, por
ello, acabará fracasando con seguridad, a medio o largo plazo.
El ser humano sólo trabaja bien en lo que ama,
y el amor es el constituyente del hogar.
Pero, de
otro lado, un hogar en el que no se emprende
algo inte resante en común está condenado también al fracaso.
La duración y la solidez de un hogar dependen del
valor objetivo y del interés sub jetivo de aquello que
sus miembros persiguen en común. Si lo que persiguen es
divertirse, se mantendrá mientras lo logren; si es buscar dinero,
sucederá lo mismo; e igual si se busca posición social
o tran quilidad hogareña; etc. La grandeza del emprender familiar
viene medida por la grandeza objetiva y subjetiva de los
fines ?como queda dicho?, pero lo relevante aquí es que
todo amor verdadero emprende en común. Desde este punto de
vista, una buena casa es un lugar de paz, pero
no de puro descanso, sino más bien de grandes empeños
humanos.
Desconocer estas ideas simples ha llevado no pocas veces
a orga nizar instituciones empresariales que aún suponiendo que tengan
buenos fines ?lo que no siempre sucede? rinden muy por
debajo de sus posibilidades, porque sin felicidad personal no hay
rendimiento humano adecuado. Y ha llevado, de otro lado, a
muchas familias al fracaso, a la ruptura y, al final,
igualmente ala infelicidad.
Estas consideraciones sirven para encuadrar el tema.
Efectivamente, no hay sociedad civil posible si la institución familiar
no está sólidamente constituida. Es en ella donde el ser
humano aprende lo que es un hogar y lo que
es emprender. Merecería un tra bajo de investigación el análisis
conceptual y empírico de esta tesis. La falta de ánimo
empresarial en muchas personas ?sobre todo, en muchos jóvenes, cuya
edad y psicología les debería empujar a lo con trario?,
o el miedo con que muchos empresarios manejan su empre
sa ?otro tema que merecería un estudio? provienen a veces
del carác ter, otras de las circunstancias, pero probablemente, en
lo fundamental, de la educación familiar recibida. Ese miedo es
el que
les impide actuar con confianza: desconfían. Y así
es imposible que las personas se sientan como en su
casa.
Las dos fórmulas más características de interpretar la democracia
actual son la liberal y la socialista. Me parece que
ambas tienen inten ciones de favorecer la libertad y la
igualdad, aunque entienden de diferentes maneras el modo de realizarlas.
Pero también ambas tienen un riesgo común, y es el
de no tomar suficientemente en cuenta la libertad para construir
la sociedad, pues se fijan más bien en la pri
mera o la segunda parte de la fórmula. Y, sin
embargo, es el ejercicio de esa libertad cuyas acciones se
encaminan al bien común lo que constituye la dignidad del
hombre. Sólo sobre esa fórmula se puede construir una verdadera
sociedad civil.
Sin ella no puede florecer una buena economía,
a no ser más que a corto plazo y malamente,
ni un derecho fiable, ni una política con fiable. La conexión
entre empresa y sociedad civil es, por tanto, algo más
que un enlace meramente externo. Se trata de que no
hay verdadera empresa sin sociedad civil y viceversa. La verdad
de esta aserción se puede observar en múltiples detalles, de
filosofía, de organización y de funcionamiento.
* Revista NUEVAS
TENDENCIAS Instituto Empresa y Humanismo, nº 59, junio 2005 pp. 15-17 Universidad de
Navarra Pamplona - España
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR