Autor: Guillermo Ceballos Serra | Fuente: Usem.org.mx La guerra por el talento: ¿Es por el capital humano o por el coste?
Guillermo Ceballos Serra habla sobre la medición del capital intelectual y el recurso humano
La guerra por el talento: ¿Es por el capital humano o por el coste?
En 1997, la consultora McKinsey acuñó la célebre frase de
“La guerra por el talento” sobre un estudio donde se
encuestaron más de 6000 gerentes sénior en 77 compañías medianas
y grandes de los Estados Unidos (1).
Actualizaciones posteriores de
dicho estudio (en el 2000) demostraron que, a pesar de
las dificultades de las economías, la atracción y retención era
aún más difícil. En la misma época, Annie Brooking, fundadora
y directora de la consultora The Technology Broker (UK), líder
en servicios alta tecnología, escribe una obra, El Capital Intelectual
(1997), donde plantea con total claridad (no olvidamos a quienes
la precedieron en esta temática) la importancia de los activos
intangibles y desarrolla (aquí su principal aportación) un modelo de
medición de los mismos. Según Brooking, el término capital intelectual
hace referencia a la combinación de activos inmateriales que permiten
funcionar a la empresa.
Desde entonces, todas las compañías, grandes o
pequeñas, todos los consultores, docentes, ejecutivos y administradores no cesan
de destacar la importancia del tema y, en particular, la
relevancia del capital humano dentro de los integrantes del capital
intelectual. Una medición del capital intelectual Mediante el aporte de James Tobin
(1918 - 2002), Premio Nobel de Economía en 1981, se
obtuvo un enfoque para medir el capital intelectual, consistente en
emplear la “Q de Tobin”, (Q por quotient entre el
valor de mercado y el valor de reposición de sus
activos físicos. Las empresas intensivas en conocimiento tienen valores de
“Q” superiores que aquellas empresas que están en industrias más
básicas. Este indicador bursátil relaciona el precio de mercado de
la acción con su valor patrimonial. Indica si la acción
está subvaluada (Q<1) o sobreevaluada (Q>1) con respecto a su
valor en libros.
Un indicador real del valor del capital humano
pudo apreciarse cuando un colaborador de un blog de noticias
de propiedad de CNN, iReport, erróneamente informó que Steve Jobs
había sufrido un ataque al corazón, información que generó que
las acciones de Apple bajaran un 11% en diez minutos.
Evidentemente, el capital humano tiene incidencia directa en los resultados
corporativos. Otro ejemplo, si introducimos la búsqueda de la expresión
Steve Jobs cáncer, en Google, arroja 2.760.000 resultados. Definitivamente, una
persona talentosa influye en los resultados económicos. A pesar de que
la importancia del capital humano está en el discurso y
en la prédica de todos los actores de la gestión
de personas, la realidad dista de ser de ese modo,
como puede verse a lo largo de todos los procesos
de administración de recursos humanos.
Si atendemos al proceso de selección
y reclutamiento, este se inicia con una descripción del perfil
requerido. Al mencionar la definición de perfil hablamos de la
línea que dibuja el contorno de una persona y que
solo permite ver una de las dos mitades laterales del
cuerpo.
En definitiva, y aprovechando la metáfora, seleccionamos personas imaginando la
parte que no vemos, contratamos a los jóvenes por lo
que imaginamos que son capaces de hacer y a los
mayores, por lo que sabemos que han hecho, pero sin
la certeza de que serán capaces de repetirlo.
Si hubiera real
conciencia del tema, ésta debiera ser la tarea más importante.
Determinar las competencias o conjunto de rasgos peculiares que caracterizan
a una posición. La experiencia muestra, que las áreas solicitantes
requieren meras generalidades, que apenas alcanzan para cubrir las necesidades
presentes; nunca imaginan lo que será de la persona en
un par de años.
Sencillamente asumen que el eventual candidato
se jubilará en su posición de ingreso. Siempre he sostenido
que la selección es una de las funciones más importantes
que la organización confía a la función de recursos humanos
y no siempre somos concientes de ello.
Capacitación y remuneraciones En materia
de capacitación, parte esencial para mantener la “empleabilidad” de nuestros
“activos” humanos, encontramos, a menudo, que las áreas apenas profundizan
a la hora de relevar las reales necesidades de capacitación;
solicitando obviedades o desnaturalizando el proceso para utilizarlo como sucedáneo
remunerativo. Se decide premiar a alguien con alguna actividad de
formación en sustitución de acciones que debieran lograse por otra
vía.
Podríamos preguntarnos, al concluir con la elaboración de nuestros planes
de capacitación, si estos están alineados a los objetivos del
plan de negocio o son una mera elucubración de un
gerente de capacitación sentado en su escritorio, o un conjunto
de requerimientos vertidos para cumplir un trámite periódico.
En el campo
de las remuneraciones, sabemos que estas no son el factor
esencial de motivación, pero sabemos también que son importantes. Sin
duda, la compensación tiene que ser capaz de atraer y
seducir, pero también debiera ser un indicador perceptible para los
empleados que están realizando contribuciones valiosas para la organización, no
por los montos abonados, sino porque patentiza qué contribuciones son
reconocidas por la organización.
Los límites a la vocación emprendedora y
al talento Muchas corporaciones son cautivas de sistemas rígidos de remuneraciones,
con múltiples tablas y niveles, cuando en la vida corriente,
los puestos existentes no están tan diferenciados. Con estas estructuras
salariales limitamos la vocación emprendedora de los empleados, invitándolos a
hacer apenas lo que se les pide, sin estimular a
que desplieguen su potencialidad creadora.
Ahora bien, a pesar de las
declaraciones públicas, las organizaciones sub- utilizan su capital intelectual porque
sostienen estructuras, procesos y culturas como los descriptos, propios de
la economía clásica; mensuran y analizan bajo el prisma de
la contabilidad de Fray Luca Pacioli, considerando al capital intelectual
como coste que hay que reducir de manera constante.
El despilfarro
de talento, la dilapidación de la productividad o de recursos,
no se pueden medir exclusivamente en términos de un insuficiente
desempeño individual. Las personas capaces se desempeñan conforme los incentivos
que encuentran para hacerlo y en los ámbitos en que
desarrollan su accionar.
Los verdaderos costes, los importantes, los sensibles, están
en las estructuras, prácticas y culturas obsoletas que asfixian el
talento creador, y que muchas veces no acertamos a remover.
Guillermo
Ceballos Serra es abogado. Master en Economía y Ciencias Políticas.
Docente universitario y postgrado. Director de RR.HH.
*Publicado originalmente en Revista
Empresa (Otoño 2010), editada por ACDE Argentina.
(1) The war for
talent, Ed Michaels, Helen Handfield‐Jones, Beth Axelrod, Harvard Business School
Press.
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Como Ingeniero y M.B.A.,AGRADEZCO LA CLARIDAD DADA A LOS CONCEPTOS,TAL QUE SE PUEDE TABULAR .
QUÍEN PUDIERA DECIRLO, LOS COCEPTOS APRENDIDOS EN LA M.B.A. DIERON RESULTADOS EFECTIVOS CUANDO DE COMÚN ACUERDOLOS APLICAMOS , CONSUS DEBIDAS RESRTRICCIONES ,¡ EN CASA!.
SE AHORRÓ, SE PREPOARÓ ALOS HIJOS Y NOS PENSIONAMOS, LA PEQUEÑA EMPRESA INICIADA SE DETUVO DESPUÉS DE CUARENTA AÑOS , POR CAUSA DE SALUD..
DE DIOS VINO LA VIDA A EL LA DEVOLVEMOS DESPUÉS DE VIVIRLA AÚN CON LOSHUESOS CANSADOS. GRACIAS A DIOS.