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| Trabajo bien acabado |
No podemos ofrecer al Señor algo que, dentro de las
pobres limita- ciones humanas, no sea perfecto, sin tacha, efectuado
atentamente también en los mínimos detalles: Dios no acepta las
chapuzas. No presentaréis nada defectuoso, nos amonesta la Escritura Santa,
pues no sería digno de Él. Por eso, el trabajo
de cada uno, esa labor que ocupa nuestras jornadas y
energías, ha de ser una ofrenda digna para el Creador,
operatio Dei, trabajo de Dios y para Dios: en una
palabra, un quehacer cumplido, impecable. (Amigos de Dios, n. 55)
Ante
todo, hemos de amar la Santa Misa que debe ser
el centro de nuestro día. Si vivimos bien la Misa,
¿cómo no continuar luego el resto de la jornada con
el pensamiento en el Señor, con la comezón de no
apartarnos de su presencia, para trabajar como Él trabajaba y
amar como Él amaba? (Es Cristo que pasa, n. 154)
Para
encontrar trabajo Para que, con el auxilio de la Santísima Virgen,
no tarde en resolver- se el problema de mi desempleo.
Y para que, al iniciar un trabajo nuevo, Dios me
ayude a realizarlo con categoría, con la mayor per- fección
posible, sin hacer las tareas de cualquier modo, convencido de
que un trabajo mal hecho no puede santificarse, porque le
falta amor, que es la condición imprescindible para que cualquier
activi- dad humana pueda ser agradable a Dios.
Para realizar un
buen trabajo Para que Dios me ayude a realizar mi trabajo
con categoría, con la mayor perfección posible, sin hacer las
tareas de cualquier modo, con- vencido de que un trabajo
mal hecho no puede santificarse, porque le falta amor, que
es la condición imprescindible para que cualquier acti- vidad humana
pueda ser agradable a Dios. |
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