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Autor: Ana Teresa López de Llergo | Fuente: yoinfluyo.com
Ecología ¿humana?
Ana Teresa López de Llergo nos comparte las nociones básicas de la ecología humana y la misión del hombre para trabajar y cuidar el entorno.
 
Ecología ¿humana?
Ecología ¿humana?
Noción de ecología humana

La Sagrada Biblia inicia con el libro del Génesis donde se exponen los orígenes del universo y del ser humano. Cuando leemos con atención podemos dar respuesta a muchos interrogantes de nuestra vida.


Uno de esos textos nos dice: "el Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso al hombre que había formado (...), para que lo trabajara y lo guardara" (Gen 2, 8 – 15). Aquí encontramos tres temas: un jardín o entorno donde habitar, el ser humano con una misión, y la misión específica de trabajar y cuidar el entorno.

Cuando el ser humano asume su tarea aplica todo su ingenio y, observa, aprende, actúa y mejora su actuación. Aunque estas tareas no están exentas de algunos riesgos que impiden el desarrollo adecuado, como la dificultad natural para captar bien el entorno y sus posibilidades, mezclada con cierta resistencia al esfuerzo, sobre todo, cuando hay circunstancias con un elevado grado de dificultad.

Surge, en el siglo XIX (Haeckel, 1869), el concepto de "ecología" cuya raíz proviene de los vocablos griegos "oikos", morada, y "logos", tratado. A esto se llega por la síntesis de descubrimientos previos. La ecología es la ciencia que estudia un sistema complejo formado por un conjunto de organismos de diferentes especies, inseparables de su marco físico.

Por lo tanto, según el campo de estudio, y a grandes rasgos, podemos hablar de ecología ambiental y ecología humana. Últimamente también se menciona la ecología escolar. La ecología ambiental incluye el estudio y la conservación y aprovechamiento de los recursos naturales –renovables y no renovables-. La ecología humana trata de la optimización de la vida y de la actividad de las personas. La ecología escolar sensibiliza, desde la escuela, para el cuidado y distribución de los bienes a nuestro alcance.

Fundamentos de la ecología

El fundamento de la ecología se puede resumir en una palabra: "respeto". Respeto porque el ser humano es administrador de los recursos, no depredador. Actualmente, la toma de conciencia de esta verdad es imprescindible, debido al crecimiento demográfico. En la antigüedad, los pueblos nómadas carecían por completo de esta sensibilidad, llegaban a un territorio, lo explotaba y al hacerlo inhóspito emigraban a otra parte.

Actualmente, gracias al desarrollo cultural, los territorios se han beneficiado con los adelantos científicos y tecnológicos, así el ser humano asume su tarea de trabajar y guardar los recursos necesarios para el sustento de su generación y de las futuras generaciones. El reto es aprovechamiento y conservación de la naturaleza.

La razón del respeto a todas las especies se debe a que cada una de ellas tiene sus respectivos valores. Entendiendo el valor como "toda perfección real o posible que procede de la naturaleza y que se apoya tanto en el ser como en la razón de ser de cada realidad. Esta perfección merece nuestra estima, reconocimiento y agrado" (López de Llergo, 2005: 34).

El valor forma parte constitutiva de cada cosa, de cada realidad, de cada especie. Los valores están en el ámbito de la creación. Entonces, hay valores de las naturalezas inanimadas y valores de las naturalezas animadas. Los valores de las naturalezas inanimadas son valores del orden físico-químico. Los de las otras naturalezas son valores vitales, con las características propias de cada especie (López de Llergo, 2005: 37 – 40).

En el ambiente encontramos una gran variedad de seres. Se pueden clasificar en fluidos –agua, aire, gases-, en donde se desarrolla la vida; también está el sustrato sólido. Todo ello envuelto en un entorno de energía luminosa y térmica, así como factores de tipo mecánico. Estos elementos los aprovechan los seres vivos, en diferentes proporciones, y a su vez, esas relaciones logran un equilibrio necesario para hacer posible la salud, indispensable para la subsistencia.

El equilibrio del ecosistema también depende de períodos de movilidad, son ritmos de migraciones, de actividad reproductora, de interacción entre las especies. En ellos se manifiesta un reloj fisiológico cuya finalidad es la autoorganización.

Conviene aclarar que a veces la ecología se considera sinónimo de limpieza o protección, empobreciendo este concepto. Por eso, se entiende la resistencia de algunos de hablar de ecología humana. Pero, aquí no se asume tal enfoque.

Superioridad de la ecología humana

Para abordar esta parte del escrito, resulta muy elocuente el siguiente texto: "La importancia de la ecología es hoy indiscutible. Debemos escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él coherentemente. Sin embargo, quisiera afrontar todavía seriamente un punto que, tanto hoy como ayer, se ha olvidado demasiado: existe también la ecología del hombre. También el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo arbitrariamente. El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando escucha la naturaleza, la respeta y cuando se acepta como lo que es, y que no se ha creado a sí mismo." (Benedicto XVI, 22-X-2011).

La ecología humana, en algunos ambientes también denominada ecología social, se ocupa del estudio de la vida humana en las relaciones con sus semejantes y con las demás criaturas del medio donde habita.

La superioridad de la ecología humana tiene un fundamento teológico y otro antropológico. El teológico parte de la misión superior, dada por Dios a la persona humana de trabajar y guardar. Implícita a estas tareas está la capacidad de transformar, aprovechar, mejorar, conservar, etcétera. Esto quiere decir que las personas tienen un papel de gobierno.

El fundamento antropológico muestra la riqueza de los valores humanos comparados con la de los valores de otras especies, porque tiene una naturaleza superior. Además, porque solamente las personas descubren, aprecian, aprovechan los valores propios y ajenos; sobre todo, encuentran la razón de ser de las criaturas y eso amplifica las posibilidades del auténtico aprovechamiento.

Los valores exclusivos en la persona son la intimidad, la libertad y la comunicabilidad, además de otros que guardan semejanza con otras criaturas. Por la condición corpóreo espiritual, hay valores asentados en el cuerpo, otros en el espíritu y algunos en lo corpóreo-espiritual. Por la sociabilidad hay valores básicos como la solidaridad, la subsidiariedad, el respeto y la lealtad (López de Llergo: 2008, 48 – 83).

También, en el campo antropológico, la superioridad de los valores humanos provoca la dignidad humana. De ninguna otra criatura se puede decir que tiene dignidad, y de ésta emanan sus derechos. De allí que es totalmente inadecuado atribuir derechos a otra especie que no sea la humana. Todos los derechos derivan de la naturaleza humana, están delimitados por ella, por esta razón no son absolutos, pues el ejercicio de esos derechos está regulado por las necesidades de la dimensión social.

Algunos son: profesar privada y públicamente las creencias, buscar la verdad, manifestar y defender las propias ideas -dentro del orden moral y del bien común-, el derecho a la existencia, a la integridad física y a los medios indispensables para un nivel de vida digno; a constituir una familia y educar a los hijos; a participar de la cultura y, por eso, el derecho a la instrucción; a reunirse y asociarse, a la propiedad privada de bienes naturales y producidos; al trabajo y a un salario justo, en condiciones que no dañen la salud ni las buenas costumbres.

La responsabilidad de las personas frente a sus derechos encuentra el contrapeso en los deberes, que garantizan el justo medio en la demanda y en la aplicación de los derechos. Tratándose de la ecología humana, los derechos garantizan la noble solicitud de toda persona a ocupar un puesto de trabajo, los deberes garantizan que la actividad laboral se ejerza justamente, sin excesos ni defectos como pueden ser el abuso de autoridad o el destrozo de los medios de trabajo.

Compromiso con la ecología humana

Es necesario mantener una postura ecuánime para entender que los cuidados ecológicos se justifican por la existencia de los valores. Y, a la ecología humana le corresponde un nivel superior porque además de los valores respectivos cuenta con la dignidad. Por eso, es un desorden preferir a otras especies más que al ser humano, puede ser el caso de la preferencia de las mascotas por la prole.

También hemos de tener muy viva la responsabilidad del entorno que heredamos a las generaciones venideras. Para ello, cada uno debe aprovechar los bienes del mejor modo, enseñar a otros a hacerlo y dar aviso a las autoridades competentes para que pongan orden cuando alguien cometa atropellos y devaste territorios o agote los recursos.

En cuanto a la relación ecología humana–derechos humanos, también es necesario evitar o eliminar, si fuera el caso, la ideologización de estos últimos. Para ello, hace falta volver a los orígenes, los derechos humanos son universales e invariables. Corresponden a cada persona singular. Desgraciadamente la ideología propició una primera generación donde los derechos se colorearon de individualismo, en la segunda generación la tendencia fue al colectivismo, ahora, en la tercera generación los depositarios son grupos con conciencia planetaria y se subraya el derecho de solidaridadentendido comoderechos de los pueblos.

En este tercer momento hay una conciencia ecologizante, por eso, aparecen los partidos verdes de una sociedad planetaria. Los Estados han de dar paso a pequeñas comunidades en contacto con la naturaleza, inspiradas en la vida tribal de los indígenas. La transformación de la sociedad actual en ese conjunto de comunidades ecológicas exige el abandono de los patrones culturales y de los valores de la sociedad occidental.

Nuestro compromiso es desenmascarar los estragos de estos planteamientos, que ya tomaron fuerza social y política en la Revolución de la Sorbona, en mayo de 1968, con su utopía de una sociedad sin normas ni obligaciones, al estilo del sueño de Rousseau. Estar en guardia porque no todo acabó allí, luego vino la revolución igualitaria, por medio de tribus donde todos sienten, quieren y tienen hábitos comunes y, el pensar se reduce a casi nada, a adoptar el del guía -chamán, brujo o hechicero-.

Estos grupos pequeños de la tercera generación introducen el derecho a la diferencia de las minorías, en especial de los pueblos indígenas. Sin embargo, no debemos olvidar que los derechos humanos son integradores, y ahora los derechos de las minorías son formulados como los derechos de los individuos a preservar y desarrollar su propia identidad, de este modo los derechos de los indígenas tienden a la separación.

De allí resulta una fragmentación de la sociedad, hay subgrupos, formando pequeños clanes y tribus urbanas o rurales, de ahí que un efecto pernicioso sea la proliferación de tribus de barrio en diversas ciudades, no pocas veces conectadas con la delincuencia común.

Por último, es necesario poner un freno a la visión relativista de los derechos humanos, ya es bastante necedad haber llegado a una tercera generación, hace falta estar preparados para impedir cuarta o quinta.

Bibliografía

Benedicto XVI. Discurso a los miembros del Parlamento Federal Alemán, Berlín, 22-X-2011.
López de Llergo, Ana Teresa. (2005) "Valores, valoraciones y virtudes", 5ª. Reimpresión, Compañía Editorial Continental, S.A. de C.V., México, D.F.
López de Llergo, Ana Teresa. (2008) "Educación en valores, educación en virtudes", 6ª. Reimpresión, Compañía Editorial Continental, S.A. de C.V., México, D.F.
Sagrada Biblia: Génesis, Capítulos 1 – 3.

@yoinfluyo

 

 
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