 |
| Ecología ¿humana? |
Noción de ecología humana
La Sagrada Biblia inicia con el libro
del Génesis donde se exponen los orígenes del universo y
del ser humano. Cuando leemos con atención podemos dar respuesta
a muchos interrogantes de nuestra vida.
Uno de esos textos nos
dice: "el Señor Dios plantó un jardín en Edén, al
oriente, y puso al hombre que había formado (...), para
que lo trabajara y lo guardara" (Gen 2, 8 –
15). Aquí encontramos tres temas: un jardín o entorno donde
habitar, el ser humano con una misión, y la misión
específica de trabajar y cuidar el entorno.
Cuando el ser humano
asume su tarea aplica todo su ingenio y, observa, aprende,
actúa y mejora su actuación. Aunque estas tareas no están
exentas de algunos riesgos que impiden el desarrollo adecuado, como
la dificultad natural para captar bien el entorno y sus
posibilidades, mezclada con cierta resistencia al esfuerzo, sobre todo, cuando
hay circunstancias con un elevado grado de dificultad.
Surge, en el
siglo XIX (Haeckel, 1869), el concepto de "ecología" cuya raíz
proviene de los vocablos griegos "oikos", morada, y "logos", tratado.
A esto se llega por la síntesis de descubrimientos previos.
La ecología es la ciencia que estudia un sistema complejo
formado por un conjunto de organismos de diferentes especies, inseparables
de su marco físico.
Por lo tanto, según el campo de
estudio, y a grandes rasgos, podemos hablar de ecología ambiental
y ecología humana. Últimamente también se menciona la ecología escolar.
La ecología ambiental incluye el estudio y la conservación y
aprovechamiento de los recursos naturales –renovables y no renovables-. La
ecología humana trata de la optimización de la vida y
de la actividad de las personas. La ecología escolar sensibiliza,
desde la escuela, para el cuidado y distribución de los
bienes a nuestro alcance.
Fundamentos de la ecología
El fundamento de la
ecología se puede resumir en una palabra: "respeto". Respeto porque
el ser humano es administrador de los recursos, no depredador.
Actualmente, la toma de conciencia de esta verdad es imprescindible,
debido al crecimiento demográfico. En la antigüedad, los pueblos nómadas
carecían por completo de esta sensibilidad, llegaban a un territorio,
lo explotaba y al hacerlo inhóspito emigraban a otra parte.
Actualmente,
gracias al desarrollo cultural, los territorios se han beneficiado con
los adelantos científicos y tecnológicos, así el ser humano asume
su tarea de trabajar y guardar los recursos necesarios para
el sustento de su generación y de las futuras generaciones.
El reto es aprovechamiento y conservación de la naturaleza.
La razón
del respeto a todas las especies se debe a que
cada una de ellas tiene sus respectivos valores. Entendiendo el
valor como "toda perfección real o posible que procede de
la naturaleza y que se apoya tanto en el ser
como en la razón de ser de cada realidad. Esta
perfección merece nuestra estima, reconocimiento y agrado" (López de Llergo,
2005: 34).
El valor forma parte constitutiva de cada cosa, de
cada realidad, de cada especie. Los valores están en el
ámbito de la creación. Entonces, hay valores de las naturalezas
inanimadas y valores de las naturalezas animadas. Los valores de
las naturalezas inanimadas son valores del orden físico-químico. Los de
las otras naturalezas son valores vitales, con las características propias
de cada especie (López de Llergo, 2005: 37 – 40).
En el ambiente encontramos una gran variedad de seres. Se
pueden clasificar en fluidos –agua, aire, gases-, en donde se
desarrolla la vida; también está el sustrato sólido. Todo ello
envuelto en un entorno de energía luminosa y térmica, así
como factores de tipo mecánico. Estos elementos los aprovechan los
seres vivos, en diferentes proporciones, y a su vez, esas
relaciones logran un equilibrio necesario para hacer posible la salud,
indispensable para la subsistencia.
El equilibrio del ecosistema también depende de
períodos de movilidad, son ritmos de migraciones, de actividad reproductora,
de interacción entre las especies. En ellos se manifiesta un
reloj fisiológico cuya finalidad es la autoorganización.
Conviene aclarar que a
veces la ecología se considera sinónimo de limpieza o protección,
empobreciendo este concepto. Por eso, se entiende la resistencia de
algunos de hablar de ecología humana. Pero, aquí no se
asume tal enfoque.
Superioridad de la ecología humana
Para abordar esta parte
del escrito, resulta muy elocuente el siguiente texto: "La importancia
de la ecología es hoy indiscutible. Debemos escuchar el lenguaje
de la naturaleza y responder a él coherentemente. Sin embargo,
quisiera afrontar todavía seriamente un punto que, tanto hoy como
ayer, se ha olvidado demasiado: existe también la ecología del
hombre. También el hombre posee una naturaleza que él debe
respetar y que no puede manipular a su antojo arbitrariamente.
El hombre no es solamente una libertad que él se
crea por sí solo. El hombre no se crea a
sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y
su voluntad es justa cuando escucha la naturaleza, la respeta
y cuando se acepta como lo que es, y que
no se ha creado a sí mismo." (Benedicto XVI, 22-X-2011).
La
ecología humana, en algunos ambientes también denominada ecología social, se
ocupa del estudio de la vida humana en las relaciones
con sus semejantes y con las demás criaturas del medio
donde habita.
La superioridad de la ecología humana tiene un fundamento
teológico y otro antropológico. El teológico parte de la misión
superior, dada por Dios a la persona humana de trabajar
y guardar. Implícita a estas tareas está la capacidad de
transformar, aprovechar, mejorar, conservar, etcétera. Esto quiere decir que las
personas tienen un papel de gobierno.
El fundamento antropológico muestra la
riqueza de los valores humanos comparados con la de los
valores de otras especies, porque tiene una naturaleza superior. Además,
porque solamente las personas descubren, aprecian, aprovechan los valores propios
y ajenos; sobre todo, encuentran la razón de ser de
las criaturas y eso amplifica las posibilidades del auténtico aprovechamiento.
Los
valores exclusivos en la persona son la intimidad, la libertad
y la comunicabilidad, además de otros que guardan semejanza con
otras criaturas. Por la condición corpóreo espiritual, hay valores asentados
en el cuerpo, otros en el espíritu y algunos en
lo corpóreo-espiritual. Por la sociabilidad hay valores básicos como la
solidaridad, la subsidiariedad, el respeto y la lealtad (López de
Llergo: 2008, 48 – 83).
También, en el campo antropológico, la
superioridad de los valores humanos provoca la dignidad humana. De
ninguna otra criatura se puede decir que tiene dignidad, y
de ésta emanan sus derechos. De allí que es totalmente
inadecuado atribuir derechos a otra especie que no sea la
humana. Todos los derechos derivan de la naturaleza humana, están
delimitados por ella, por esta razón no son absolutos, pues
el ejercicio de esos derechos está regulado por las necesidades
de la dimensión social.
Algunos son: profesar privada y públicamente las
creencias, buscar la verdad, manifestar y defender las propias ideas
-dentro del orden moral y del bien común-, el derecho
a la existencia, a la integridad física y a los
medios indispensables para un nivel de vida digno; a constituir
una familia y educar a los hijos; a participar de
la cultura y, por eso, el derecho a la instrucción;
a reunirse y asociarse, a la propiedad privada de bienes
naturales y producidos; al trabajo y a un salario justo,
en condiciones que no dañen la salud ni las buenas
costumbres.
La responsabilidad de las personas frente a sus derechos encuentra
el contrapeso en los deberes, que garantizan el justo medio
en la demanda y en la aplicación de los derechos.
Tratándose de la ecología humana, los derechos garantizan la noble
solicitud de toda persona a ocupar un puesto de trabajo,
los deberes garantizan que la actividad laboral se ejerza justamente,
sin excesos ni defectos como pueden ser el abuso de
autoridad o el destrozo de los medios de trabajo.
Compromiso con
la ecología humana
Es necesario mantener una postura ecuánime para entender
que los cuidados ecológicos se justifican por la existencia de
los valores. Y, a la ecología humana le corresponde un
nivel superior porque además de los valores respectivos cuenta con
la dignidad. Por eso, es un desorden preferir a otras
especies más que al ser humano, puede ser el caso
de la preferencia de las mascotas por la prole.
También hemos
de tener muy viva la responsabilidad del entorno que heredamos
a las generaciones venideras. Para ello, cada uno debe aprovechar
los bienes del mejor modo, enseñar a otros a hacerlo
y dar aviso a las autoridades competentes para que pongan
orden cuando alguien cometa atropellos y devaste territorios o agote
los recursos.
En cuanto a la relación ecología humana–derechos humanos, también
es necesario evitar o eliminar, si fuera el caso, la
ideologización de estos últimos. Para ello, hace falta volver a
los orígenes, los derechos humanos son universales e invariables. Corresponden
a cada persona singular. Desgraciadamente la ideología propició una primera
generación donde los derechos se colorearon de individualismo, en la
segunda generación la tendencia fue al colectivismo, ahora, en la
tercera generación los depositarios son grupos con conciencia planetaria y
se subraya el derecho de solidaridadentendido comoderechos de los pueblos.
En
este tercer momento hay una conciencia ecologizante, por eso,
aparecen los partidos verdes de una sociedad planetaria. Los Estados
han de dar paso a pequeñas comunidades en contacto con
la naturaleza, inspiradas en la vida tribal de los indígenas.
La transformación de la sociedad actual en ese conjunto de
comunidades ecológicas exige el abandono de los patrones culturales y
de los valores de la sociedad occidental.
Nuestro compromiso es desenmascarar
los estragos de estos planteamientos, que ya tomaron fuerza social
y política en la Revolución de la Sorbona, en mayo
de 1968, con su utopía de una sociedad sin normas
ni obligaciones, al estilo del sueño de Rousseau. Estar en
guardia porque no todo acabó allí, luego vino la revolución
igualitaria, por medio de tribus donde todos sienten, quieren y
tienen hábitos comunes y, el pensar se reduce a casi
nada, a adoptar el del guía -chamán, brujo o hechicero-.
Estos
grupos pequeños de la tercera generación introducen el derecho a
la diferencia de las minorías, en especial de los pueblos
indígenas. Sin embargo, no debemos olvidar que los derechos humanos
son integradores, y ahora los derechos de las minorías son
formulados como los derechos de los individuos a preservar y
desarrollar su propia identidad, de este modo los derechos de
los indígenas tienden a la separación.
De allí resulta una fragmentación
de la sociedad, hay subgrupos, formando pequeños clanes y tribus
urbanas o rurales, de ahí que un efecto pernicioso sea
la proliferación de tribus de barrio en diversas ciudades, no
pocas veces conectadas con la delincuencia común.
Por último, es necesario
poner un freno a la visión relativista de los derechos
humanos, ya es bastante necedad haber llegado a una tercera
generación, hace falta estar preparados para impedir cuarta o quinta.
Bibliografía
Benedicto
XVI. Discurso a los miembros del Parlamento Federal Alemán, Berlín,
22-X-2011. López de Llergo, Ana Teresa. (2005) "Valores, valoraciones y virtudes",
5ª. Reimpresión, Compañía Editorial Continental, S.A. de C.V., México, D.F. López
de Llergo, Ana Teresa. (2008) "Educación en valores, educación en
virtudes", 6ª. Reimpresión, Compañía Editorial Continental, S.A. de C.V., México,
D.F. Sagrada Biblia: Génesis, Capítulos 1 – 3.
@yoinfluyo
|
|