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| Ética de la especulación financiera |
¿Es moralmente aceptable que una persona gane en un día
o en unas horas lo equivalente a la deuda externa
de un país subdesarrollado?; ¿es lícito que la seguridad económica
de una entera nación pueda llegar a resquebrajarse por las
“maniobras” de unos pocos especuladores?; ¿alargan este tipo de operaciones
la distancia entre los países ricos y los pobres?; ¿atentan
contra la economía productiva?
“Se suele afirmar que los negocios son
los negocios; y hay que responder: los negocios no
son los negocios, sino que los negocios son negocios
si son éticos”. (L. POLO, Ética, p. 19).
INTRODUCCIÓN
Oír hablar en el ámbito financiero de especulación nos traslada
directamente al “núcleo” de esta pequeña -pero importante- parte de
la economía. Ciertamente podemos afirmar que la acción de especular
pertenece a la misma naturaleza humana; que es algo inherente
al espíritu emprendedor, a la entera economía; que, en general,
todos los negocios poseen un componente especulativo [1]. Pero es
propiamente dentro de las finanzas donde este fenómeno despliega toda
su fuerza, donde hace sentir más claramente sus efectos y,
también, donde debe afrontar las críticas más duras: ¿es moralmente
aceptable que una persona gane en un día o en
unas horas lo equivalente a la deuda externa de un
país subdesarrollado?; ¿es lícito que la seguridad económica de una
entera nación pueda llegar a resquebrajarse por las “maniobras” de
unos pocos especuladores?; ¿alargan este tipo de operaciones la distancia
entre los países ricos y los pobres?; ¿atentan contra la
economía productiva?; etc.
Por todo esto, hoy en día la
especulación financiera sigue siendo un tema “conflictivo” y actual. Las
noticias relativas a este tipo de operaciones “venden” y, ante
este panorama, tampoco han faltado quienes, en los últimos años,
se han preocupado por estudiar y juzgar el fenómeno desde
el punto de vista ético; aunque, como demuestran los principales
estudios realizados hasta el momento, tal juicio no resulte nada
sencillo.
Por nuestra parte, intentamos aproximarnos ya a esta problemática
hace ahora cinco años. Fruto de ese primer intento fue
la publicación de la tesis doctoral: Elementos para una reflexión
moral sobre la especulación económica [2]. En esta ocasión “volvemos
a intentarlo”, si bien con tres notables diferencias. En primer
lugar, concretando más nuestro objeto de estudio: no nos enfrentaremos
ya con la especulación económica en general sino con la
financiera y, más concretamente, la bursátil [3]. En segundo lugar,
ampliando notablemente las fuentes bibliográficas, sobre todo en lengua inglesa.
Y por último, y desde el punto de vista metodológico,
más que exponer las opiniones de los diversos autores, trataremos
de individuar y abordar directamente los “puntos claves” del problema;
puntos que, en nuestra opinión, se reconducen a los tres
siguientes.
El primero hace referencia al concepto: ¿qué es especular?
Muchas veces lo que en los mass media o en
el lenguaje coloquial aparece como especulación no es tal, al
menos desde un punto de vista técnico. Hoy no existe
un acuerdo unánime sobre el significado de estas operaciones y,
sin una idea exacta del término, resulta inútil afrontar, con
una mínima esperanza de éxito, el juicio ético. Por eso
nuestra primera tarea -a la que hemos dedicado los dos
primeros capítulos- ha consistido en diferenciar el concepto de todas
aquellas figuras y operaciones económicas con las que alguna vez
se ha visto ligado o identificado, pues gran parte del
“problema” que plantean actualmente estas operaciones es “de tipo semántico
y la manera de evitar confusiones y/o usos inadecuados de
los términos es delimitar claramente la línea divisoria entre uno
y otro” [4].
El segundo gran obstáculo lo constituyen los
posibles efectos (positivos y negativos) de estas operaciones. Por sus
características propias y las del ámbito en el que tienen
lugar no resulta sencillo individuarlos. Tampoco aquí encontramos unanimidad entre
los economistas. Por esto, a la hora de exponerlos nos
hemos visto obligados a establecer una serie de premisas y
a emplear “modelos teóricos”; modelos que ponen de manifiesto esa
diversidad de pareceres entre los expertos (idea ésta que, por
otra parte, refleja el caos terminológico que acabamos de mencionar).
En fin, toda esta problemática será objeto del tercer y
último capítulo de la parte económica.
Y el último obstáculo
es la propia ética. Tras el análisis económico de la
acción la palabra pasa, en la segunda parte del estudio,
a esta ciencia. Ahora bien, ¿qué perspectiva ética emplear para
juzgar estas operaciones?
Al abrir y estudiar los diversos manuales
de Business Ethics, libros de ética económica, de ética de
la empresa, etc., nos topamos ante una abundante “oferta de
posturas éticas”. Tal panorama nos ha obligado, en vez de
aplicar directamente una de ellas, a fundamentar nuestra elección -luego
veremos que no se tratará propiamente de “elegir”- y, por
eso, nos hemos visto obligados a realizar un recorrido un
poco más largo del inicialmente previsto.
Por esta razón, en
el primero de los capítulos de esta parte, nos hemos
remontado hasta el análisis mismo de la estructura del actuar
humano pues, en nuestra opinión, es en la valoración y
en el modo de integrar los distintos elementos que componen
tal estructura donde radica la diferencia esencial, no ya entre
las diversas posturas éticas, sino entre sus dos principales perspectivas,
la de la primera persona -o también denominada ética de
virtudes- y la de la tercera persona [5]. Si bien
en los dos últimos capítulos de esta parte desarrollaremos la
primera, en el segundo capítulo expondremos las diversas posturas que
integran la otra perspectiva, intentado ver cómo cada una de
ellas resolvería la problemática especulativa.
Sin ánimo de adelantar razonamientos,
simplemente anunciamos que en la perspectiva ética adoptada -la de
virtudes- el problema de la especulación no queda planteado en
términos de ¿puedo o no puedo especular? y, si puedo,
¿bajo qué condiciones?
Dicha ética nos ha permitido, por el
contrario, situar y valorar nuestro problema concreto dentro de una
perspectiva más amplia, donde la especulación es estudiada como parte
de un trabajo profesional y, éste, como una actividad básica
en la vida de cualquier hombre. Con otras palabras, la
ética de virtudes nos permite superar aquella visión de quien
sólo piensa en la ética como en una “herramienta para
resolver problemas”.
Descritos los tres grandes obstáculos, únicamente añadir -reconocer
más que nada- que la mayor dificultad con la que
en la parte económica hemos debido enfrentarnos ha sido la
de conjugar una visión macroeconómica de la acción con la
microeconómica -sobre todo en cuanto a los posibles efectos de
estas operaciones- y, en la parte ética, ha sucedido algo
parecido: individuada nuestra perspectiva, lo difícil ha sido aplicar sus
elementos esenciales - “macroética” - a la acción singular -
“microética” -.
De la numerosa bibliografía empleada me permito destacar
un breve pero interesante estudio: A. de Salins y F.
Villeroy de Galhau, El desarrollo de las modernas actividades financieras
a la luz de las exigencias éticas del cristianismo. Si
bien han pasado ya ocho años desde su publicación, por
su claridad y precisión, estas líneas siguen constituyendo un excelente
punto de referencia para iniciar cualquier reflexión ética sobre el
tema. Estos mismos autores afirman que, si bien durante años
la Iglesia “se ha pronunciado constantemente y de una forma
condenatoria” sobre este argumento, actualmente están apareciendo algunos intentos de
profundización “que tienden a matizar esta condena” [6]. Y las
líneas que siguen, bien pueden considerarse uno de estos intentos.
Para finalizar esta introducción quiero dar las gracias a todos
aquellos que, de una manera u otra, me han ayudado
en la redacción de estas páginas. En particular, al personal
de la Library of Congress de Washington D.C. por la
atención que me dispensaron durante el casi medio año que
frecuenté esta institución. También quiero mencionar al de Merrill Lynch,
en su sede central de Nueva York, por su invitación
y acogida, en particular a d. Juan Carlos Fierro y
d. Mario Paredes. Gracias también a los profesores Rubén Manso
Olivar y Joan Costa Bou por sus múltiples correcciones y
sugerencias y, en último término, al Presidente de AEDOS, Fernando
Fernández Rodríguez y a la Pontificia Universidad de la Santa
Cruz, por su interés en este proyecto.
[1] De ahí
afirmaciones del tipo: “every man is in a sense a
speculator”, o “the operations of the merchant and the speculator
are therefore, in the last analysis, essentially the same”. T.
CONWAY Jr., Investment and Speculation. A Description of the Modern
Money Marker and Analysis of the Factors Determining the Value
of Securities, A. Hamilton Institute, New York 1914, 1 y
4 respectivamente. Cfr. también L. GUENTHER, Investment and Speculation, La
Salle Extension Univ., Chicago 1916, 159-161 (en donde ofrece diversos
usos del término en ámbito económico) y T. TEMPLE HOYNE,
Speculation its Sound Principles & Rules for Its Practice, Fraser
Publishing Co., Chicago 1988, 36.
[2] E. CAMINO, Elementos para
una reflexión moral sobre la especulación económica, Thesis ad Doctoratum
in Sacra Thelogia (totaliter edita), Pontificia Universidad de la Santa
Cruz, Roma 1998.
[3] De hecho, aunque ya en el
primer capítulo se explicarán las diferencias entre ellas, conviene anticipar
que a lo largo de estas páginas emplearemos indistintamente los
términos financiera y bursátil. [ 4] M. MARMOLEJO GONZÁLEZ, Inversiones. Práctica,
metodología, estrategia y filosofía, Inst. Mexicano de Ejecutivos de Finanzas,
A. C., Publicaciones IMEF, México D. F. 1985, 25 y
cfr., en este mismo sentido, J. T. FLYNN, Security Speculation
and Its Economic Effects, Brace and Company, New York 1934,
4.
[5] Emplearemos aquí el término postura o corriente para
referirnos a las diversas opiniones éticas dentro de una determinada
perspectiva ética; el término perspectiva es, pues, más amplio que
el de corriente.
[6] Cfr. A. DE SALINS-F. VILLEROY DE
GALHAU, El desarrollo de las modernas actividades financieras a la
luz de las exigencias éticas del cristianismo, Pont. Com. “Iustitia
et Pax”, Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, México D.F.,
1995, 36 y cfr. E. PERROT, Finance et morale, en
Cahiers pour croire aujourd’hui, nov. 1988, 14-19. De todas formas,
por lo que a nosotros consta, puntualizamos lo siguiente: si
bien es cierto que la mayoría de los textos magisteriales
referentes a este tipo de operaciones mantienen un tono de
denuncia (que invita a evitarlas o hacer lo posible por
eliminarlas), sólo en contadas ocasiones se emplea expresamente la palabra
condena. Una condena explícita aparece en la RN; en una
alocución de Pío XII, y en un ulterior texto de
Pablo VI (y, en estos tres textos, la palabra va
siempre acompañada por un adjetivo de carácter negativo). Cfr. más
extensamente sobre el sentido e interpretación de las diversas intervenciones
magisteriales sobre el tema, E. CAMINO, Sul concetto di speculazione
economica nel magistero della Chiesa Cattolica, en Annales Theologici, 13
(1999), 371-414.
(*) Ética de la especulación financiera Monografías Eduardo
Camino
ISBN: 84-7209-397-2 Depósito legal: M.14.081-2004 Unión Editorial, S.A 2004
Pág:209 Precio:20.80 euros
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