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| ONU y Unión Europea: El cristianismo en el punto de mira |
La concepción cristiana de los derechos humanos está, cada vez
más, bajo el ataque de las organizaciones internacionales como Naciones
Unidas o la Unión Europea. Éste es el argumento de
un nuevo libro titulado: «Contra el Cristianismo: la ONU y
la Unión Europea como nueva ideología» («Contro il Cristianesimo: L’ONU
e l’Unione Europea come nuova ideologia»), publicado hace dos semanas
en Italia por Piemme.
Las autoras, Eugenia Roccella y Lucetta Scaraffia,
sostienen que los cambios descritos en el campo de los
derechos humanos son notables. La Declaración Universal de los Derechos
Humanos de 1948 no hizo mención de los «derechos reproductivos».
Una razón clave del porqué de este cambio, sostiene el
libro, reside en la agitación cultural de los años 60.
Aquellos años presenciaron una suerte de «revolución cultural» no sólo
en el área de la sexualidad, sino también en el
mismo concepto de los derechos.
Como resultado de esta agitación, indica
el libro, la actividad sexual se disoció de su nexo
con la procreación, se exaltó la idea de la autonomía
individual, se redujo la vida humana a mero material biológico
para manipular en laboratorio, y la humanidad intentó construir una
nueva utopía basada en la satisfacción de los deseos sexuales.
A su vez, esta visión utópica fue impuesta cada vez
más a los países del Tercer Mundo por organizaciones internacionales,
a veces a la fuerza, uniendo el programa de derechos
reproductivos a la ayuda financiera.
Las instituciones internacionales vieron a la
Iglesia católica, junto a otros grupos religiosos, como una amenaza
a esta forma de concebir los derechos. Asimismo, la postura
de la Iglesia sobre los temas relacionados con la mujer,
con el rechazo a admitirlas al sacerdocio, la han hecho
objeto de fuertes críticas. Esto culminó, observa el libro, en
el rechazo de la Unión Europea a incluso reconocer la
herencia cristiana de Europa en el prefacio a la nueva
constitución.
El libro también explica que la visión católica de los
derechos humanos difiere marcadamente en la forma en que se
fundan los derechos. Los gobiernos y las organizaciones internacionales como
las Naciones Unidas basan su concepto de derechos en ideas
los pensadores iluministas del siglo XVIII, y en las revoluciones
americana y francesa.
La Iglesia, sin embargo, liga los derechos al
concepto de dignidad humana, fundado a su vez en nuestro
ser creados a imagen de Dios. También es importante para
el pensamiento de la Iglesia el concepto de derechos naturales
que está ligado a la naturaleza humana y no son,
por ello, susceptibles de ser redefinidos al capricho de los
gobiernos y las declaraciones internacionales.
Aunque la Declaración de Naciones Unidas
de 1948 optó por la interpretación secular de los derechos
humanos, la Iglesia ha visto de modo favorable dicho documento.
En los años que siguieron, la Iglesia ha promovido activamente
los derechos humanos y ha apoyado muchas actividades de Naciones
Unidas en este campo.
Una religión secular Además de las divergencias sobre
moralidad sexual y los conceptos subyacentes a los derechos humanos,
las autoras del libro identifican otra fuente de conflicto entre
la Iglesia y las Naciones Unidas. En los últimos años,
grupos dentro de las Naciones Unidas, junto con organizaciones de
fuera, han intentado establecer una suerte de religión alternativa o
código ético.
Las Naciones Unidas se han implicado en algunas de
las iniciativas de diálogo entre las religiones, y los códigos
de conducta ética. Estos esfuerzos se articulan en una visión
que pone a todas las religiones y creyentes al mismo
nivel. Incluso se han hecho intentos de lograr formular un
código moral universal que reemplace a los Diez Mandamientos, junto
con la propuesta de una Carta de la Tierra, que
mezcla religión, ecología y paganismo.
La mezcla de ideas del New
Age, aspiraciones ecológicas y la idealización de la tolerancia como
principio guía de la actividad religiosa han recibido fuertes críticas
por parte de la Iglesia. Los autores citan las palabras
de Mons. Jean-Louis Tauran en el año 2003. En aquel
tiempo estaba a cargo de asuntos exteriores de la Santa
Sede, dentro de la Secretaría de Estado. Condenó cómo los
valores cristianos son a veces rechazados porque son vistos como
contrarios al principio de tolerancia. También apuntaba que los grupos
que están detrás de estas críticas están, en muchos casos,
guiados por intereses ideológicos y económicos que buscan imponerse en
las naciones más débiles.
Persecución inadvertida En contraste, la Unión Europea no
se implica en promover alguna clase de religión mundial o
código ético universal. Está influenciada, sin embargo, explica el libro,
por una fuerte orientación secularista que es hostil a las
iglesias establecidas, especialmente a la Iglesia católica.
Roccella y Scaraffia observan
cómo el informe de la Comisión de Derechos Humanos del
Parlamento Europeo del 2003 condena la represión de China de
grupos como Falun Gong y los budistas, sin mencionar la
grave persecución de los cristianos del país. Del mismo modo,
la Unión Europea critica a los países islámicos por su
trato de la mujer, pero en el informe no se
da lugar a las graves restricciones puestas a las actividades
cristianas en muchas de aquellas mismas naciones.
Por otro lado, Italia
recibe severas críticas porque su constitución hace referencia a la
importancia de la Iglesia católica, incluso aunque tenga amplias garantías
de completa libertad religiosa.
Los autores también apuntan que el informe
del 2003 retrata la religión en general como el peor
enemigo de los derechos humanos y como una amenaza a
la paz mundial. En los últimos años, los documentos de
la Unión Europea han presentado las creencias religiosas como algo
negativo. Los documentos suelen tender a amalgamar todas las formas
de religión como influenciadas de fundamentalismo y con tendencia a
la intolerancia – y, por ello, incompatibles con una sociedad
moderna pluralista.
La misma comisión de derechos humanos ha criticado expresamente
a la Iglesia católica por su rechazo del matrimonio del
mismo sexo y su oposición a la adopción de niños
por las parejas homosexuales.
Asimismo, la Unión Europea ha sido muy
activa en su apoyo a la planificación familiar y ha
proporcionado una financiación generosa no sólo a los esfuerzos de
las Naciones Unidas en esta área, sino también a las
actividades de organizaciones privadas, como International Planned Parenthood Foundation (IPPF),
una de las principales organizaciones abortistas.
El libro explica cómo el
entusiasmo de la Unión Europea por los «derechos reproductivos» lleva
a retratar a la Iglesia católica como enemiga de las
mujeres. Y mientras que los documentos de la Unión Europea
suelen ser circunspectos en sus críticas al trato de las
mujeres por parte del Islam, la Iglesia y el Papa
reciben frecuentes censuras.
Planned Parenthood El libro termina con una serie de
apéndices, preparados por Assuntina Morresi. Junto con una cronología de
las conferencias y documentos de Naciones Unidas, los apéndices también
subrayan las actividades de Planned Parenthood y de su fundadora,
Margaret Sanger.
Un apéndice describe las operaciones de IPPF, la organización
internacional formada por Planned Parenthood. Comprendiendo a 148 organizaciones nacionales,
IPPF está activa en 180 países y en el 2003
tuvo unos ingresos de 87 millones de dólares. IPPF tiene
relaciones estrechas tanto con gobiernos nacionales como con las Naciones
Unidas y la Unión Europea. De hecho, el 73% de
sus fondos en el 2003 vienen de fuentes gubernativas.
Las organizaciones
nacionales son incluso más poderosas. Los ingresos del 2003-2004 de
Planned Parenthood Federation of America, observa el libro, sumaron 810
millones de dólares, de los que 265,2 millones vinieron de
fondos y contratos del gobierno. El rastro del dinero parece
indicar que la marca de fábrica Planned Parenthood es más
atractiva para muchos gobiernos que la de la Iglesia católica.
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