 |
| Política, Criptopolítica y Metapolítica. (1ª parte |
Categorías de la política: Política, Criptopolítica y
Metapolítica. (1ª parte). Política: sentido y función de la Politeia
Esta primera parte trata la política bajo tres aspectos: el
tema de la ciencia política que estudia en sentido amplio
los hechos políticos, el tema de la filosofía política, que
trata de los conceptos usados en la ciencia política, sea
en su carácter sustantivo que por sus valoraciones y articulaciones
expresadas como doctrina política o ideologías políticas y el tema
de la política como "actividad reflexiva", relacionada con las formas
y las estructuras de los gobiernos y de las instituciones
sociales en general
Una pregunta previa se asoma a mi
mente: ¿ Que es política?. Si para contestar esta pregunta
buscamos auxilio en la semántica clásica, encontraremos que el vocablo
castellano Política deriva del griego antiguo politiké asociado a tekné,
y que significa "arte de gobernar". Se trata pues de
una definición que resuena en aquella de un diccionario moderno
común, donde encontramos la siguiente definición: « Política: arte, doctrina
u opinión referente al gobierno de los Estados» (1) ..
Cabe,
aquí, una primera aclaración: hasta por el sentido común, la
política es arte ydoctrina , pero no puede ser (en
mi sentir y convicción) simple "opinión", como indica el citado
diccionario, influido por una evidente distorsión democrática que ha corrompido
el significado semántico del vocablo, en obsequio a la cultura
de la Ilustración según la cual la política debe estar
sujetada al imperio de la opinión de las mayorías, clasificadas
por Juan Jacobo Rousseau como la expresión de una "voluntad
general" que goza además del privilegio de nunca equivocarse.
Pero
quien modestamente discrepa – como yo - del señor Juan
Jacobo, se permite observar que la opinión colinda con lo
opinable – o sea con lo discutible ; y -
claro está - que si el hacer política comporta la
tarea de opinar y discutir, todavía la política no puede
identificarse, sic et simpliciter, con la "opinión" por respetable que
esa sea, so pena de rebajar a la política al
nivel de un sofisma.
En su sentido clásico, noble y
autentico, la política se sustenta en principios y valores y
no en simples opiniones especialmente expuestas, hoy en día, a
la manipulación subliminal de los medios masivos audiovisuales y cibernéticos
de información.
Un acreditado diccionario filosófico (2) aborda, pues, el
tema de la política bajo tres aspectos que aquí resumimos:
El tema de la ciencia política que estudia en sentido
amplio los hechos políticos; se trata de una ciencia definida
también politología y que incluye planes, aspiraciones y fines de
la acción política. El tema de la filosofía política ,
que trata de los conceptos usados en la ciencia política,
sea en su carácter sustantivo que por sus valoraciones y
articulaciones expresadas como doctrina política o ideologías políticas; estas últimas
así definidas a partir de 1796, cuando el francés Destutt
de Tracy acuñó el término "ideología" en remplazo de la
palabra "metafísica".
El tema de la política como " actividad
reflexiva ", relacionada con las formas y las estructuras de
los gobiernos y de las instituciones sociales en general.
Examinaremos
aquí la política en forma sintética, pero según el sentido
clásico de Platón, quien consideraba precisamente la política como "arte
y doctrina" resumiendo en el término Politeia su concepción ideal
del Estado; concepción expresada en sus obras dedicadas a La
república ,El Político ,Las Leyes.
El estudioso griego Kadatou ha
observado, al respeto, que Platón desde temprana edad se había
comprometido en hacerse un día " reformador social". En efecto,
después de los Pitagóricos y los Eleatas, él es el
primero entre los griegos en formular un sistema filosófico global
antimaterialista; y esto a pesar del hecho que la filosofía
inicialmente no lo sedujera. Por lo tanto Kardotou sostiene que
Platón se hice filósofo sólo «para justificar y sustentar desde
un punto de vista teorético, sus concepciones políticas de la
organización del Estado» (3).
Hay que destacar, además, que para
Platón la política estaba compenetrada de un profundo sentido religioso,
como consta en los párrafos de Las Leyes, donde se
regulan las danzas sagradas, se dicta el calendario religioso y
se establece la liturgia de los ritos para los sacrificios
ofrendados a los dioses ( Leyes 798c-799b).
Glosando el pensamiento
político de Platón, el comentarista italiano Luigi Gallinari afirma que
el filósofo griego estaba convencido de que «la seguridad interna
del Estado debe estar estrechamente vinculada a la unidad religiosa
de los súbditos, so pena de una irremediable escisión de
las conciencias que conllevaría al desorden social y a la
guerra civil».
«A diferencia de Protagoras – prosigue Gallinari -
Platón, sobre todo en su vejez, estaba profundamente convencido de
que no era el hombre, sino Dios la medida de
todas las cosas; por lo tanto a Dios tenía que
referirse no sólo la vida de los individuos, pero también
aquella del Estado» (4) .
El sentido de lo sagrado, en
la concepción platónica asegura la unidad política monolítica del Estado
que involucra asimismo el espacio de las Musas, porque las
artes constituyen el aporte de los ideales estéticos a la
ética pública; tanto es así que, cuando los artistas no
comparten los ideales del Estado, tienen que ser bandidos de
la Polis sin piedad ( Rep.401c-d).
Por eso Carlos Alberto
Disandro reconoce que en la Polis platónica, gobernada por la
filosofía, hay « reflejo de la mística nupcial del ser»;
y nos encontramos, pues, « ante una anábasis místico-política que
en última instancia deriva de los caracteres teoréticos del hombre
griego»(5).
El sentido de lo sagrado está presente también en
la concepción política romana, como bien atestigua el dialogo ciceroniano
De re publica (modernamente: "Sobre el Estado político"), donde resulta
evidente una substancial continuidad entre el pensamiento político griego y
aquel de la Respublica romana. En este dialogo, Cicerón en
el año 34 antes de Cristo, traza las líneas de
un tratado histórico-político-teológico (según la definición de Disandro) que abarca
el sentido romano de la comunidad política y que –
en el capítulo dedicado al Somnium Scipionis – sube a
la altura de una interpretación sagrada del destino de Roma
(6).
Los Romanos para garantizar a la Civitas la "pax
deorum", se preocuparon de poner bajo la protección divina toda
actividad política y social. Preocupación, ésta, especialmente evidente en la
ceremonia por medio de la cual el más alto magistrado
de la Respublica, con la investidura del imperium , asumía
también la dignidad del auspicium , siendo de tal modo
igualmente depositario de los auspicia populi romani.
La reunión, en
la misma persona, de las dos máximas dignidades – la
dignidad política y la dignidad religiosa – será considerada una
de las razones más profundas de la solidez del Estado
romano hasta el tiempo de Cicerón; quien anotará en su
obra De domo :«Nuestros mayores nunca fueron tan sabios e
inspirados como cuando decidieron que las mismas personas asumieran las
funciones religiosas conjuntamente con el gobierno del Estado».
Entre los
Romanos, para conseguir la pax deorum no era suficiente que
las ceremonias religiosas y los actos propiciatorios fueran celebrados por
el magistrado con espíritu devoto, inflamado de pietas . Esas
mismas ceremonias tenían que ser celebradas según el ritus y
ser conformes al jus .De aquí, la profunda convicción de
los Romanos que cada acto – tanto en el ámbito
religioso come en ámbito jurídico – poseía una ley y
una liturgia propia, que debían ser escrupulosamente observadas para alcanzar
los efectos deseados.
En Roma se vivía una perfecta consonancia
entre las indicaciones de los dioses y sus cumplimientos; tanto
era así que incurrir en una negligentia divini cultus –
esto es, no escuchar la voz divina – significaba cometer
una violación de la religio tan graveque esa misma violación
era comparable al echo delictuoso de quien auspiciaba una derrota
civico-militar de la patria romana.
Hay, por cierto, algunos matices
que diferencian la concepción política griega de Platón de aquella
romana de Cicerón. Y muy bien lo aclara Carlos Disandro,
que observa: « Frente a la política platónica, de carácter
salvífico, tendríamos que hablar para el caso de la concepción
ciceroniana de una política fundacional, que contempla al mismo tiempo
el decurso de las generaciones, es decir, el decurso histórico
y un eje mundano, cósmico, divino que religa la ciudad
a un fatum inviolable » (7).
Pero ambas concepciones conservan
el sello de lo sagrado, porque se amparan en la
protección de los dioses, mientras que buscan de enmarcar las
respectivas empresas políticas en la armonía cósmica.
Como comenta el
metapolítico italiano Silvano Panunzio, no fue por azar que Platón
diese a su obra maestra « no ya el nombre
técnico y abstracto de metafísica, sino el nombre viviente de
Politeia ,en el sentido entonces genuino de civilización yciudad por
excelencia .Esto es: de ciudad de sapientes y de sapiencia
de la ciudad verdadera» (8) .
La politeia platónica entonces
no es una utopía, como se ha creído superficialmente en
los tiempos modernos; más bien es la arquitectura de la
ciudad y de su civilización, según la más alta expresión
de sabiduría y armonía.
Platón sabía muy bien que la
Polis , en el sentido que los romanos atribuirán después
a la Civitas , tiene su raíz semántica en el
sánscrito Chit. , que significa " pensamiento universal". Había, por
supuesto, en el sentido político de Platón la nostalgia de
la sabia, áurea civilización de los atlántides: civilización sagrada, desaparecida
cuando el sentido
sacro de la política se corrompíó y,
por consiguiente, el principio de armonía degeneró.
Las civilizaciones precristianas
– trátase de las antiguas de Oriente y de Occidente
o de las precolombinas de nuestra América – tienen todas
hondos rasgos teocráticos, porque en todas ellas el fundamento del
poder político remonta a un origen divino; y en ellas
la autoridad soberana era ejercida en nombre de una voluntad
divina representada por hombres considerados los más dignos para interpretarla.
En esas civilizaciones, el orden político resultaba una adecuación tanto
al orden natural como al orden cósmico trascendente.
Por consiguiente,
en todos los tiempos y para todos los hombres, la
religión fue considerada el fundamento de la sociedad humana, como
observó en el siglo diecinueve, en su famoso "Ensayo sobre
el catolicismo, el liberalismo, el socialismo", Juan Donoso Cortés. Quien
al respeto escribió: « Todas las legislaciones de los pueblos
antiguos descansan sobre el temor de los Dioses. Polibio declara
que este sacro temor es más necesario para los pueblos
libres que para los otros. Para que Roma fuese la
Ciudad Eterna, el rey Numa la hice ciudad sagrada .Entre
los pueblos de la antigüedad, el pueblo romano ha sido
el más grande precisamente porque ha sido el más religioso»(9)
.
Notas 1) Pequeño Larusse Ilustrado, Santiago de Chile 1986.
2) J.FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía .Ed. Ariel, Barcelona 1994,
tomo 3° (K-P) p. 2832-34.
3) G. KARDATOU, Storia della
filosofia greca antica (Ed. Italiana), 1972.
4) L. GALLINARI, Platone,
politica ed educazione (governo dei migliori) Ed.ISC, Roma 1986, p.85-86.
5) C.A. DISANDRO, Sentido político de los Romanos. Ed. Thule
Antártica, Bs.Aires 1985, p.71-72.
6) IDEM, Obra cit., p. 28
y 67-76.
7) IDEM, Obra cit., p.73.
8) S. PANUNZIO,Metapolitica.
La Roma eterna e la nuova Gerusalemme. Ed. Babuino, Roma
p.823-824.
9) Véase P. SIENA, Donoso Cortés (antología de textos
donosianos escogidos). Ed. Volpe, Roma 1966. Ensayo, libro I°, cap.1,
p. 28.
|
|