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| Propedéutica a la teoría política |
Comencemos por los términos. Teoría, término que proviene del griego
theoréin = contemplar, indica un conjunto de ideas que están
sistemáticamente relacionadas, y pertenece tanto a la filosofía como a
la ciencia. El filósofo se pregunta el porqué de las
cosas, mientras que el científico se pregunta por el cómo.
Toda
teoría política está constituida sobre una concepción específica del hombre,
el mundo y sus problemas. Para avalar esta afirmación obsérvese
simplemente que para los griegos el hombre es ánthropos que
etimológicamente significa "el que investiga lo que ha visto", "el
que contempla". Mientras que para los romanos el hombre es
homo, que proviene de humus, que significa "el que está
parado en la tierra", "el terráqueo". Si continuamos esta aproximación
etimológica nos podemos explicar el porqué la filosofía en los
griegos y el derecho en los romanos son sus logros
más genuinos y específicos.
Así hemos tenido durante el siglo XX
teorías políticas marxistas, liberales, fascistas, socialdemócratas, y en nuestro medio,
peronistas, radicales y conservadoras.
Esta disciplina se debe ocupar antes que
nada de problemas pre-políticos o metapolíticos como son los del
origen de la instalación del hombre en el mundo, que
desarrollaremos en dos puntos: a) el nomos de la tierra
y b) sobre el poder.
Viene luego el objeto específico de
la política con sus tres finalidades: el bien común; la
seguridad exterior y la concordia interior y prosperidad.
Para terminar con
el tratamiento de los temas y problemas de lo público,
que son los que preocupan a la comunidad en su
conjunto, tales como: Pueblo, Nación, Estado, partidos políticos, sistemas partidistas,
regímenes políticos y de gobierno, la comunidad internacional, las relaciones
internacionales, diplomacia y organismos internacionales.
El nomos de la tierra
Nuestra idea
de norma deriva del término nómos que proviene del
verbo griego némein que significa tres cosas: 1) recoger, tomar,
recolectar o apropiar. 2) repartir, dividir, limitar o distribuir
y 3) aprovechar, explotar, utilizar o asentar.
Este concepto de nomos
de la tierra es instaurador y no derivado de un
principio de orden anterior. El establece la relación fundante del
hombre con la naturaleza y los otros hombres. Nos está
indicando la prístina y primigenia relación del hombre con la
tierra. Así el hombre como recolector y cazador observa como
la tierra contiene en sí misma una medida interna de
la justicia: Da ante el esfuerzo de quien recoge y
sabe cazar.
En un segundo momento el hombre como agricultor labra
la tierra y fija los límites entre lo fértil y
lo agreste. La tierra otorga una segunda medida de justicia:
La cosecha para quien la trabaja.
Y en un tercer momento,
el hombre deja su peregrinaje y se asienta, se apacienta
sobre la tierra repartida y limitada para explotar y aprovechar
regularmente sus frutos. Y es en este momento cuando nace
la política, que no es otra cosa que la acción
que permite organizar lo político. Todo nomos implica un poder.
Los
rasgos típicos que según Platón - ya viejo y en
su último y breve diálogo Epínomis o Alrededor de las
leyes - hacían a los griegos superiores a los
bárbaros son: 1) la educación o paidéia. 2) que tienen
el auxilio del oráculo de Delfos y 3) su fidelidad
a la observancia de las leyes. Estos tres rasgos han
hecho que los griegos hayan perfeccionado todo lo que han
recibido de los bárbaros. Estos tres elementos permitieron a los
griegos inventar y tener política.
Lo político y la política
Afirma muy
acertadamente el renombrado pensador griego contemporáneo Cornelius Castoriadis que:
"los griegos no inventaron lo político en el sentido
de la dimensión de poder explícito siempre presente en toda
sociedad, inventaron, o mejor dicho crearon la política como la
ciencia que organiza dicho poder"(1) . Esta distinción esencial nos
pone sobre aviso acerca de la confusión que aún perdura
hoy entre lo político- dimensión del poder explícito- y la
política - institución conjunta de la sociedad -.
Nosotros queremos llamar
la atención que aun cuando "a partir de la década
del 70 comenzó a imponerse en las principales lenguas europeas
un distinción que buena parte del siglo XX había ignorado
entre: lo político (Politisch, le politique, il politico, Political) y
la política (Politik, la politique, la politica, Politics)" (2), en
nuestro medio universitario, académico y político se ignora, a veces,
por completo. Producto, fundamentalmente, de una concepción funcionalista y sociologista
de nuestros los cientistas políticos.
Así lo político es lo permanente,
se dirige a la esencia, pues la comprensión del problema
corresponde al ser de la política. Como categoría peculiar del
ser lo político pertenece a la esfera de la naturaleza
humana. Mientras que la política es lo perecedero, la actividad
del hombre para organizar lo político. Pertenece al domino del
hacer. Lo propio y específico de la política es lo
político cuyo dominio está determinado por lo público, el cual
se caracteriza por la distinción entre amigo y enemigo, pero
este enemigo no es el enemigo privado(inimicus) sino el enemigo
público(hostis) el que me hostiga o impugna (3).
Cuando en 1965
se llevó a cabo en la Sorbona la defensa de
una tesis sobre este tema el profesor Jean Hyppolite, traductor
de Hegel, y prestigioso catedrático impugnó la tesis diciendo: Yo
había cometido un error, pensé que nunca terminaría Ud. su
tesis. Pero si Ud. tuviera razón y la noción de
enemigo es el punto central de lo político sólo
me restaría cultivar mi jardín. A lo que el postulante
respondió: Ud. no cometió un error sino dos. El primero
Ud. lo ha reconocido y no insistiré en ello, el
segundo, es creer que es suficiente cultivar su jardín para
eliminar el enemigo. J. Hyppolite respondió: Si Ud. persiste no
me queda más que suicidarme. Será entonces su tercer error
Profesor, respondió el postulante, pues si Ud. se suicida su
jardín quedará sin protección, su mujer y sus hijos también
y su enemigo habrá vencido".
Reiteramos que el enemigo no puede
ser más que enemigo público (hostis) porque todo lo que
es relativo a la comunidad se vuelve por este solo
hecho asunto público. El conocido pasaje evangélico se refiere al
perdón de enemigo privado cuando afirma: diligite inimicos vestros =Amad
a vuestro enemigos (Mt. 5.44) y no diligite hostis vestros.
El
pensamiento light, il pensiero debole, el pensamiento políticamente correcto ha
visto en esta distinción esencial una apelación a la guerra
más que a la convivencia y ha intentado diluir,
incluso borrar, esta distinción para reemplazarla por la de adversarios
o amigos con una visión opuesta, sin percatarse que el
asunto no es una cuestión de nombres más o menos
agradables al oído, sino de esencias.
La idea de encontrar la
paz entre los amigos es absurda, ya que por naturaleza
la amistad es un estado de paz. Y es en
realidad la noción de enemigo político (hostis) la necesaria para
comprender acabadamente la idea de paz. Así podemos afirmar que
quien rehúsa la idea de enemigo es un enemigo de
la paz (incluso a pesar de él) pues hacer la
paz, es hacerla con un enemigo.
Del poder: Legalidad y Legitimidad
A
la distinción entre lo público y privado y a la
que existe entre amigo y enemigo debemos sumar ahora la
tercera de las distinciones políticas aquella entre el mando y
la obediencia o dicho en términos politológicos entre gobernantes y
gobernados.
La naturaleza del poder exige dos condiciones indispensables: que no
sea esporádico sino estable, permanente y continuo, rasgos que en
política lo define su mayor o menor institucionalización, y que
sea colectivo, lo cual obliga al poder político ha ser
forzosamente público. Es legítimo todo aquello que se encuentra fundado
en el derecho, en la razón y en el valor.
En el derecho, la legitimidad se vincula a la legalidad,
en orden a la razón y a lo verdadero y
en orden al valor a lo bueno.
La teoría política hoy,
no puede ser como antaño sólo una teoría del poder,
sino una teoría de la autoridad legítima.
Se distinguen tres
formas de legitimidad que acompañan al ejercicio del dominio o
gobierno: a) la tradicional, basada en la validez por siempre
de las tradiciones. b) la carismática, basada en la sumisión
en el valor ejemplar de una persona. c) la racional
o legal, fundada en la creencia de la legalidad de
los reglamentos y el derecho. Las dos primeras son conocidas
también como legitimidades de ejercicio y la tercera como legitimidad
de origen.
Ahora bien, estas legitimidades son simplemente formales, pues sólo
caracterizan ciertos rasgos de la legitimidad, pero los principios reales
o metapolíticos de la legitimidad son los fines a los
cuales se consagran los distintos regímenes políticos. Considerados desde la
teoría política, disciplina sobre la que estamos hablando, estos fines
teóricos son tres: el bien común; la seguridad exterior y
la concordia interior y prosperidad.
El objeto específico de la política
La
política la podemos definir no como el arte de lo
posible según afirmó Leibniz y repitieron luego hasta el hartazgo,
sino más bien como el arte de hacer posible lo
necesario, como la definió Maurras, entendiendo por necesario aquellas carencias
que el hombre tiene para realizar su esencia. Su objeto
específico está constituido por el logro de los tres fines
mencionados: el bien común; la seguridad exterior y la concordia
interior y prosperidad.
De modo general todo lo que obra, y
específicamente el hombre, lo hace en busca de un interés
o un bien de ahí que el bien tenga razón
de causa final. Así el bien o fin final de
la política es el logro del bien común. Que puede
ser entendido bajos sus múltiples acepciones: eudaimonía o felicidad en
Aristóteles, salus populi en Hobbes, interés común en Rousseau,
bien del Estado en Hegel, bien del país en Toqueville
o bien público en Freund.
Ciertamente que ese bien común o
bien del pueblo consiste en la seguridad, entendida como
la protección contra los enemigos exteriores, en la paz interior
y en el desarrollo de la riqueza y prosperidad de
sus habitantes. Vemos así cómo en un primer momento- el
de la seguridad exterior- el presupuesto del bien común está
condicionado por la relación amigo -enemigo, y en este sentido
la tarea de la política consiste en superar esa enemistad
y establecer la paz.
El logro de la vida buena, el
famoso eu zen griego o la bona vita romana bajo
el aspecto de política interior se llama concordia = cum
cordis, significa compartir el corazón, sentir de la misma manera.
Así como compañero viene de cum panis, que es compartir
el pan. La concordia supone la superación de la enemistad
interna. Esa concordia interior se funda en la participación en
un proyecto común, dado por valores a realizar que en
política se entienden como metas o fines.
Vemos cómo la seguridad
y la concordia constituyen los dos aspectos de un mismo
bien, el fin de la práxis política, entendido como logro
del bien común o bien del pueblo. Estos dos aspectos
aseguran la paz. Pero como la felicidad supone un mínimo
de prosperidad no puede haber paz interior sin prosperidad (trabajo,
salud, educación, justicia). Vemos entonces, cómo la política, un
arte todo de ejecución que intenta hacer posible lo necesario
tiene la exigencia, además, de ser eficaz.
Esta comunidad de miras
e identidad de sentimientos expresados a través de la concordia
se concreta en las ideas de Patria y Pueblo, Nación
y Estado, con lo que pasamos el tercero y último
de los puntos de esta propedéutica a la teoría política.
Patria
y Pueblo
La patria como pater = tierra de los padres,
nos indica no sólo el lugar de nacimiento, que no
elegimos, sino además el patrimonio y tradición común, cultural, étnico,
lingüístico, religioso que nos signa desde el momento que caemos
a la existencia y que nos distingue del resto de
los mortales. A la patria está vinculado el país y
éste está enraizado con el paisaje, ese espacio geográfico e
histórico que nos contiene. De ahí nace nuestro carácter de
paisanos.
Así los paisanos, los hijos del país, constituimos un pueblo,
esto es, una comunidad de hombres y mujeres unidos por
una conciencia común de pertenencia a un mundo de
valores (culturales, religiosos, lingüísticos, etc.) pero no necesariamente con una
conciencia política común. Los pueblos no deciden cómo quieren ser;
simplemente son, existen. Cuando poseen una conciencia política de lo
que quieren ser allí pasamos a la idea de Nación
o a ser el pueblo de tal o cual Nación.
Nación
y Estado
Brevemente podemos definir la Nación como proyecto de vida
histórico que se da un pueblo cuando se transforma en
una comunidad política. Es el pueblo cuando tiene un propósito
político decidido.
La idea de proyecto (pro-iectum) significa, como su nombre
lo indica, algo tirado, yecto delante, pero al mismo tiempo
un proyecto político genuino exige un anclaje en el pasado,
éxtasis temporal que el pensamiento progresista rechaza de plano. Pues
cuando él se vuelve sobre el pasado lo hace siempre
como víctima. La idea de antiguo lo espanta, porque la
vanguardia es su método.
En la política hodierna, no sólo hay
una incomprensión histórica sino, por lo que acabamos de afirmar,
existe una incomprensión funcional de la idea de proyecto. Pues
todo proyecto se piensa genuinamente a partir de una tradición
de pensamiento nacional, de lo contrario es un producto de
la razón ilustrada con lo cual se transforma en una
nada de proyecto o en un proyecto inverosímil.
El fin de
la política nacional como arquitectónica de nuestra sociedad, tiene
que partir de un fundamento metafísico que me dice que
la realidad (el ente) es lo que es más, lo
que puede ser. Es sobre ese poder ser donde debe
actuar la política, si es tal y no sólo apariencia.
Y si actúa sobre lo que puede llegar a ser,
debe actuar con pro-yectos y así la política será el
principal agente del cambio de la realidad económica, social y
cultural. De lo contrario seguirá convalidando y consolidando el statu
quo vigente.
En cuanto al Estado definido como la nación
jurídicamente organizada, no tiene un ser en sí (Stato fine
como pensó el fascismo) sino que existe en y a
través de sus aparatos. No es tampoco la máquina para
mantener la dominación de una clase sobre otra (como pensó
el marxismo-leninismo), sino que es el instrumento que sirve como
gestor al gobierno para el logro del bien común, entendido
como felicidad del pueblo y grandeza de la nación
·- ·-·
-······-· Alberto Buela
(1) Castoriadis, C: Le monde morcelé, París, Seuil, 1990,
p.125.- Retoma este autor la distinción entre la política y
lo político formulada por el eminente politólogo y jurista Carl
Schmitt y desarrollada luego, próximo a nuestros días, en la
escuela del realismo político por autores como Julien Freund, Gianfranco
Miglio o Michel Maffesoli..
(2) Molina Jerónimo: Julien Freund: lo político
y la política, Madrid, Sequitur, 2000, p.34
(3) Fue Carl Schmitt
quien en un trabajo de 1932, El concepto de lo
político, realizó la primera caracterización de esta distinción política fundamental.
Así sostiene inmediatamente ab initio: "La distinción propiamente política es
la distinción entre amigo y enemigo. Ella da a los
actos y a los motivos humanos sentido político. Este criterio
no se deriva de ningún otro, representa en lo político,
lo mismo que la oposición relativamente autónoma del bien y
el mal en la moral, lo bello y lo feo
en estética, lo útil y lo dañoso en economía" |
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