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Autor: Mons. Carlos Quintero Arce, Arzobispo Emérito de Hermosillo | Fuente: Cem.org.mx Laicidad y laicismo
Mons. Carlos Quintero Arce, Arzobispo Emérito de Hermosillo habla sobre la relación Iglesia Estado
Laicidad y laicismo
En nuestro México las relaciones entre Iglesia y Estado se
han entendido como relaciones entre dos poderes, entre dos autoridades,
entre dos fuerzas contrapuestas en las que una de las
partes trataba de imponer a la otra: La Jerarquía y
el Gobierno.
Para superar este antagonismo quiero resumir lo que el
Concilio Vaticano II estableció sobre la Independencia mutua y la
cooperación de la jerarquía y el gobierno, porque ambas entidades
tienen como finalidad el servicio a la persona humana.
Aunque se
trata de la relación entre dos autoridades, sin embargo existen
deferencias: La autoridad del Estado depende de la voluntad popular;
y la de los Obispos NO. Insistió el Concilio vaticano
II, en que la Iglesia no busca el poder, ni
el control de nadie, sino ponerse al servicio de la
persona humana y de la sociedad.
Aunque la Iglesia está formada
de pecadores que pueden equivocarse, es bueno reflexionar sobre estos
temas:
Historia: en el año 1992, se reformaron cinco artículos de
la Constitución Política y se promulgó la Ley de Asociaciones
Religiosas y de Culto Público. Así se reconoció la personalidad
jurídica de las Iglesias, porque antes vivíamos simplemente en la
simulación.
Este nuevo marco jurídico constituyó un paso para superar esa
simulación forzada y la Iglesia Católica pudo establecer relaciones diplomáticas
entre México y la Santa Sede, en un clima de
Independencia, cooperación y diálogo.
Así, pues, es necesario distinguir el LAICISMO
de la LAICIDAD.
- El Laicismo significa la privación de lo
religioso y su exclusión de la vida pública.
- La Laicidad,
es la sana y necesaria separación entre Iglesia y Estado,
asumiendo lo religioso como parte de la esfera social.
Recordemos ahora
algunos datos de nuestra historia:
- Primero existió una aceptación pragmática
y utilitarista del Estado respecto de la Iglesia Católica.
- Después
se negó la existencia y se canceló la Iglesia Católica.
Debemos
reconocer cierta complicidad de la iglesia que llevó a una
cultura de la simulación que no ha sido superada del
todo. Sin duda la iglesia en parte se prestó a
ese juego. Después de la independencia se emitieron varias leyes
que no tuvieron casi repercusión, porque fueron abrogadas al poco
tiempo de emitidas.
Durante el Porfiriato, existió una tolerancia en la
relaciones iglesia-estado, tolerancia que estaba al margen de la Constitución
y de las leyes existentes. En 1926, cuando Plutarco Elías
Calles trató de aplicar la ley, recordamos que el pueblo
se levanto en armas y tuvimos la guerra cristera; hasta
el año 1929, en que se firmaron los famosos “acuerdos”.
Mediante estos acuerdos, se prometió la amnistía para los “rebeldes”
y la restitución de los templos. Aunque por desgracia estos
acuerdos no se cumplieron a cabalidad.
Después, la Iglesia restableció el
Culto y se comprometió a no intervenir en los problemas
Nacionales. Sin embargo la Ley seguía vigente, pero por acuerdo
de las partes no se iban a cumplir. Existió entonces
un dicho que dice: “El gobierno permite que la iglesia
viole la constitución y la iglesia permite que el gobierno
viole los mandamientos”.
Como recordamos, el 28 de Enero de 1992,
se reformó la Constitución en la materia de la Libertad
Religiosa, y el 15 de Julio del mismo año, se
promulgó la “Ley de Asociaciones Religiosas y de Culto Público”,
así en parte se elimino la simulación en las relaciones
Iglesia-Estado. Se puede decir que se modernizó el País y
se reconoció la personalidad Jurídica de las Iglesias, como sujeto
de derechos y deberes.
Aunque como toda Ley, es perfectible. Puedo
añadir que esta Ley no significa que los ciudadanos manifiesten
solamente en la esfera privada su religión y las convicciones
propias, y su manifestación de creencias fundamentales; sino que, se
garantiza el carácter asociativo y público de la religión.
Añadimos que
es responsabilidad del Estado, garantizar en plenitud la autonomía de
las Asociaciones Religiosas y así garantizar el LIBRE ejercicio y
el DERECHO a la libertad Religiosa. Tanto en forma individual,
como asociada, pública o privadamente.
Podemos decir que los mexicanos desde
1992 contamos con un nuevo marco Jurídico en el
que se establecen los principios de responsabilidad del estado y
de las iglesias, y se reconoce la responsabilidad jurídica de
la misma iglesia. Lo que entendemos pues, como una sana
laicidad.
Afectísimo en Jesucristo; Le Bendigo de todo corazón.
+ Mons. Carlos
Quintero Arce Arzobispo Emérito de Hermosillo
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