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| La teología de Jon Sobrino |
14 de marzo de 2007 La Gaceta de los Negocios (Madrid)
En las películas
de propaganda, siempre queda claro quiénes son los buenos y
quiénes los malos. Tanto si hace la película la izquierda
comunista como la derecha bienpensante. En la vida, las cosas
suelen ser más mezcladas.
La Santa Sede acaba de hacer público una nota
de diez páginas señalando los errores doctrinales de Jon Sobrino,
teólogo jesuita, nacido en Barcelona (1938) afincado en El Salvador
y profesor de la Universidad Católica. Se centra sobre todo,
en dos libros sobre Jesucristo y su misión, que se
usan en muchos seminarios latinoamericanos.
Jon Sobrino es un representante conocido de la
Teología de la Liberación. Hacían una teología con la buena
intención de liberar a los pobres de sus distintas opresiones
y provocar la revolución liberadora. Tenían la buena voluntad de
ponerse en favor de los pobres. Pero para conseguir la
revolución, deformaban la doctrina y la práctica de la Iglesia,
mezclándola con la doctrina y la praxis marxista.
Ahora, la Santa Sede se
queja de que Jon Sobrino no defiende la doctrina cristiana
sobre quién es Jesucristo, como Hijo de Dios y redentor
del hombre. La Iglesia tiene unas fórmulas muy precisas para
hablar de los misterios de la fe y el P.
Jon Sobrino, al cambiar algunas, parece deformar de manera importante
la confesión cristiana sobre Jesucristo, que está contenida en el
Credo. El problema principal, según la nota, se centra en
que Sobrino separa demasiado lo que es el Hijo de
Dios de lo que es el hombre Jesucristo. Hay que
introducirse bastante en la historia de la teología para percibir
todos los matices y las consecuencias.
Se trata de un diálogo con el
autor que empezó en el año 2001. En el 2004,
se le comunicaron algunas quejas y, después, de unos intercambios,
se ha visto conveniente publicar estas razones. Sólo deberían interesar
a las personas dedicadas a la teología y a la
enseñanza. Pero, como siempre, han tenido un eco desmedido.
Algunos medios laicistas españoles
(hay bastantes), que no admitirían la más mínima disidencia en
sus redacciones, han puesto el grito en el cielo. Como
siempre. Ellos apoyan todas las disidencias de la Iglesia, especialmente,
las más críticas. La Iglesia es una sociedad inmensa, extendida
por todo el mundo y tiene un nivel de pluralismo
que es mucho mayor que, por ejemplo, cualquiera de los
partidos políticos españoles. O, como se ha dicho, cualquiera de
los medios que la critican con tanta dedicación.
Pero, mientras no se sabe
por qué los medios tienen dogmas, la Iglesia sí se
sabe por qué los tiene. La fe cristiana es como
es y los que deben enseñarla tienen que acomodarse a
ella, dentro de un amplio pluralismo. Lo único que sucede
ahora es que la Santa Sede declara que lo que
enseña Jon Sobrino, sin querer retractarse, no es la doctrina
cristiana. Esto, para todos, en la Iglesia, es un disgusto.
Pero la autoridad tiene esa obligación de declarar lo que
no está bien, sobre todo cuando tiene una relevancia pública. |
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