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| Obispos mexicanos por un trato justo para los inmigrantes |
A medida que se acerca la votación en el Senado
de los Estados Unidos sobre las nuevas leyes de control
de la inmigración, la presión de los obispos de México
y Estados Unidos se intensifica.
A la reciente junta interconfesional
de Estados Unidos, liderada por el cardenal Theodore E. McCarrick,
arzobispo de Washington, se une, ahora, un comunicado de la
Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), en el que reconoce que
si bien «las personas deben tener la oportunidad de permanecer
en su tierra natal y encontrar en ella una vida
plena para ellos mismos y para sus familias», también es
cierto que cuando esto no sucede, tienen la posibilidad de
emigrar a buscar el sustento en otros países.
Para lograr
que las personas no emigren, dice la CEM, «resulta de
gran importancia desarrollar las economías de los países en que
se originan las emigraciones, incluyendo a México, para que los
flujos migratorios sean determinados por la decisión y no la
necesidad».
Sin embargo, tampoco hay que dejar de reconocer que
«los Estados Unidos y México comparten una relación especial que
requiere un atento enfoque en los intereses comunes».
De acuerdo
con el órgano de comunicación de la CEM, los obispos
reconocen que «las realidades de la migración entre ambas naciones
exigen políticas migratorias que den amplia respuesta al fenómeno y
sean implementadas en forma coordinada».
«La relación actual queda debilitada
por políticas inconsistentes, divergentes y unilaterales que, en muchos casos,
se dirigen a atender los síntomas y no las causas
del fenómeno migratorio», subrayan los obispos mexicanos.
En otra parte
de su comunicado advierte la CEM que «los Estados Unidos
y México están viviendo una integración económica, social y cultural
sin precedente, por lo que es urgente que ambos gobiernos
reconozcan formalmente esta realidad, implementando reformas en los sistemas migratorios
de ambos países».
Cálculos del Episcopado mexicano indican que hay
alrededor de 12 millones de mexicanos viviendo en Estados Unidos
actualmente; la mitad de ellos en calidad de indocumentados.
Cada
año, según la misma fuente, alrededor de 150 mil inmigrantes
mexicanos ingresan a los Estados Unidos sin documentos, «y trabajan
en industrias como la agricultura, servicios, entretenimiento y construcción, contribuyendo
con ello a la economía de ambas naciones, por lo
que resulta alarmante que con frecuencia las autoridades de ambos
países los traten como criminales y se promuevan proyectos de
ley como el impulsado por el legislador republicano James Sensenbrenner»,
concluye el comunicado de la CEM.
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