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| El Bioderecho, una herramienta del Biopoder |
El biopoder es un fenómeno que se viene presentando a
raíz de los avances en ciencia y tecnología, y que
sin duda cambia el escenario mundial que hasta entonces conocíamos,
si bien la pretensión de ejercer control sobre las diversas
formas de vida no es nuevo, es ahora con estos
avances donde se ha potenciado dicho comportamiento, abriéndose las puertas
a una intervención que puede llegar a modificar, condicionar o
seleccionar el tipo de vida que se quiere, siempre teniendo
como centro intereses de orden político y económico. Sumado a
lo anterior, aparece el bioderecho, que se puede definir como
la respuesta jurídica que reciben las preguntas formuladas por la
bioética. Sin duda, esta “nueva” disciplina esta fuertemente influenciada al
poder político, llegando a ser una herramienta suya
Términos como bioderecho,
biopoder, bioética, entre otros, son hoy estudiados por la academia
con gran interés. Para muchos, estos temas siguen perteneciendo a
la ciencia ficción, cobrando vida solo gracias al séptimo arte,
aunque, por el contrario, son más cotidianos que nunca; sólo
que no resulta conveniente que se divulguen en sentido pleno,
al menos no sus peligros; además, pone a tambalear más
de un discurso, y exige una visión crítica que descubra
que tras la fachada de grandes avances científicos, muchas veces
se ocultan los verdaderos y más perversos intereses que ponen
en riesgo la vida humana.
En este artículo, solo he de
referirme al bioderecho y su relación con el llamado biopoder.
Aclarando de qué se trata a grandes rasgos la problemática,
para llegar al concepto, la importancia de esta nueva disciplina
y por último la relación entre ambos términos.
Para comenzar, es
necesario entender cuál es la situación que se presenta, así
de manera muy breve diremos que el escenario mundial, actualmente,
muestra que la ciencia y la tecnología, en nombre del
progreso, han entrado a manipular la vida, con procesos como
el aborto, la eutanasia, la procreación humana asistida, la criopreservación,
la clonación, entre otras, sin medir límites, ni consecuencias de
ninguna índole. De ahí la importancia de la valoración bioética,
disciplina ésta que ha venido desarrollando un diálogo entre el
humanismo y la ciencia, para intentar hallar soluciones en un
marco de reflexión interdisciplinaria, llegando a cuestionar al Derecho con
el fin de obtener respuestas jurídicas, lo cual da origen
a una nueva rama de éste denominada Bioderecho. A raíz
de lo planteado surgen los dos conceptos fundamentales que estamos
estudiando: el bioderecho y el biopoder. A este último no
le dedicaremos mucho, pues solo nos interesa aquí su relación
con el primero, sin embargo, hay dos puntos básicos que
sí se deben conocer: Primero, decir que surge cuando la
ciencia y la tecnología desde la intervención que hacen en
la vida humana (vulnerando muchas veces la dignidad) o en
su entorno, sirven como mecanismos en las relaciones de poder;
Segundo, saber que el biopoder en la búsqueda del control
o la administración de la vida, en sus diversas manifestaciones,
divide sus actuaciones en dos ramas: la Biopolítica y la
Anatomopolítica [1] .
Respecto al otro término, el bioderecho, tengamos en
cuenta que es una disciplina muy nueva dentro del mundo
académico, incluso la doctrina no ha unificado la denominación, se
habla entonces de: derecho genético, biojurídica, derecho biológico, biolegislación, derecho
tecnológico, biotecnología jurídica, derecho médico, iusgenética, bionómica, entre otras.
La
Dra. Gloria Naranjo en su obra, “Investigación en genética humana
y Derecho”, trae una reflexión sobre el origen y la
importancia de esa disciplina, donde expresa:
“…se reclama un marco normativo
jurídico con el fin de ordenar el accionar de la
comunidad científica y con miras a establecer soluciones a
conflictos de intereses, que se deriven del mismo; pero el
derecho tradicional es insuficiente para cumplir dicho cometido y se
hace necesario su replanteamiento, con el fin de adaptarlo a
las nuevas realidades sociales, dando origen al bioderecho. No en
vano se afirma que el bioderecho -el cual se ha
convertido en el mayor desafío al que ha sido sometido
el sistema jurídico en los últimos tiempos-, surge como respuesta
a las preguntas que la bioética le plantea al derecho.”
[2]
Continuando la explicación, es conveniente precisar que el bioderecho se
divide en dos corrientes: la personalista y la utilitarista. La
primera concepción se fundamenta en preceptos antropológicos y Kantianos, como
el reconocimiento del ser humano como un fin en sí
mismo, el respeto por la dignidad de cada persona humana;
por tanto, hará un análisis y una valoración desde los
principios biológicos, antropológicos y jurídicos, antes de aceptar y adoptar,
jurídicamente, una solución jurídica a un hecho que involucre la
relación ciencia-humanismo. Mientras que la utilitarista, se basa en conceptos
de tipo económico, ligeramente ocultos tras un aparente “interés general”
que debe prevalecer sobre el particular, lo cual justifica, jurídicamente,
los daños que se puedan ocasionar al utilizar una tecnología,
una técnica o un procedimiento en un ser vivo o
en su entorno. Así, por su carácter, la corriente utilitarista
es la que mas fuerza publicitaria recibe ya que no
choca, ni cuestiona el sistema del biopoder, sino que, por
el contrario, lo sustenta, incluso con un lenguaje muy particular
que distrae y engaña.
De seguir una u otra línea dependerá
la relación con el biopoder, lo intentará limitar o legitimar.
Nótese que en esta relación juega un papel muy importante
el lenguaje, más aun por ser jurídico donde, como bien
sabemos, cada palabra tiene un sentido muy preciso, justamente por
eso es vital la técnica legislativa.
Retomando la idea del biopoder,
como la intención o la fuerza que intenta guiar a
la sociedad hacia ciertos supuestos, diremos que la forma o
la herramienta que emplea para logar tales fines es el
mencionado bioderecho que consiste en la normatividad jurídica que se
pretende dar sobre cuestiones que versan sobre la vida y
la dignidad humana. Así, el bioderecho se convierte en una
herramienta que emplea el biopoder para llevar a cabo sus
deseos.
Ahora bien, es pertinente para comprender mejor, observar en la
realidad cómo se da esta relación, para explicarlo tomaremos el
caso del aborto.
El biopoder promueve el aborto, y detrás de
esto vemos que más allá de las razones que se
proclaman, está la intención de hacer un control de natalidad,
además de tener un prototipo de hombre al hablar de
las malformaciones del feto como una razón para matar.
Este caso,
podemos analizarlo bajo las dos corrientes del bioderecho antes mencionadas.
Así, para los personalistas, el aborto es matar a un
ser humano en sus estadíos primigenios, desde allí el bioderecho
actúa como un límite al biopoder, en defensa de la
vida y la dignidad humana; Mientras que para los utilitaristas,
el hecho constituye una simple “interrupción voluntaria del embarazo”, donde
simplemente existía un amasijo de células, comparable a un tumor,
en este caso se hace una reglamentación de lo que
el biopoder propone.
Frente a este ejemplo hay que tener presente
lo que anunciábamos sobre la importancia del lenguaje, desde la
denominación del suceso, hasta la descripción del mismo, ya que
está marcada por una determinada intencionalidad; entonces, si se penaliza
el aborto, es porque estamos ante la muerte ilegítima de
un ser humano indefenso, pero si se despenaliza, aunque sea
“en circunstancias especiales”, deja de llamarse aborto y adquiere la
denominación de “interrupción voluntaria del embarazo”, lo cual nos pone
ante la muerte legítima de un ser humano. Nótese que
el manejo del lenguaje posiblemente busca generar menos escozor en
la sociedad intentando lograr aceptación de lo que, en el
lenguaje común, sería inaceptable, teniendo en cuenta la evidencia meramente
objetiva que presenta la biología: hay vida y es humana.
Para
no entrar en discusiones que pueden entorpecer el mensaje, es
importante aclarar que si bien es lógico que la ciencia
y la tecnología pretendan innovar, el bioderecho no busca ser
un obstáculo a ello arbitrariamemente; pero sí busca poner límites
que previamente ha señalado la bioética y que para ser
ejecutados se reclama un marco jurídico.
Para colofonar, y a manera
de conclusión, hay dos invitaciones claves para la comunidad académica:
Lo primero, es cuestionar hasta dónde un cambio es realmente
un avance o simplemente debe ser catalogado como una novedad,
allí la investigación cobra un papel protagónico, ya que no
solo se aportarán ideas nuevas, sino que se podrá hacer
un control mas efectivo de las propuestas que se quieren
imponer.
Lo segundo, es señalar que el discurso de defensa de
la vida, generalmente y con ayuda de los medios de
comunicación (de nuevo el lenguaje entra en juego) se ha
querido enmarcar en un plano netamente religioso, para poder desentenderse
de él más fácilmente, aludiendo al argumento de no ser
católicos, desconociendo que el problema no es de tal índole,
sino que es antropológico y que la religión católica no
es la única que se esmera en el llamado al
respeto de la vida y dignidad humanas [3] . Sin
embargo, hay que hacer un fuerte llamado de atención para
que se analicen estos temas con mayor seriedad, pues es
algo que nos involucra a todos, y desde un plano
interdisciplinario tenemos frente a esta problemática una responsabilidad profesional que
no podemos olvidar.
·- ·-· -······-· Beatriz Eugenia Campillo Vélez
[1] Foucault estima
que el poder sobre la vida se desarrolló desde el
siglo XVII en dos formas principales, de un lado se
centró en el cuerpo como máquina, “su educación, el aumento
de sus aptitudes, el arrancamiento de sus fuerzas, el crecimiento
paralelo de su utilidad y de su docilidad, su integración
en sistemas de control eficaces y económicos, todo ello quedó
asegurado por procedimientos de poder característicos de las disciplinas: la
anatomopolítica del cuerpo humano.” Por otro lado, a mediados
del siglo XVIII, aparece otra forma de poder centrado en
el cuerpo-especie, “es el cuerpo transido por la mecánica de
lo viviente y que sirve de soporte a los procesos
biológicos: la proliferación, los nacimientos y la mortalidad, el nivel
de salud, la duración de la vida y la longevidad,
con todas las condiciones que pueden hacerlos variar; todos esos
problemas los toma a su cargo una serie de intervenciones
y controles reguladores: una biopolítica de la población.” Cfr. FOUCAULT,
Michel. Historia de la sexualidad (V.1 - La voluntad del
saber). México: Siglo XXI, 1986
[2] NARANJO RAMÍREZ. Gloria Patricia. Investigación
en Genética Humana y Derecho. Medellín: Editorial UPB, 2006. p.12
[3]
También lo hacen otras religiones como la presbiteriana, la judía,
la budista, las cristianas no católicas, entre otras. |
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