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| México, hacia una Sociedad de la VERDAD |
“Amar a la patria, es vivir con profundidad el
valor que procura cultivar el respeto y la veneración que
le debemos como ciudadanos, mediante nuestro trabajo honesto y la
contribución personal al bienestar común”.
Reflexionar en torno a la situación
política de nuestro país, sin tomar en cuenta las raíces
y la finalidad del auténtico quehacer político, sería caer de
manera ociosa en un círculo que sólo provocaría alarma y
desconfianza ante el momento social y político por el que
pasa actualmente México. Esta dimensión es una problemática, que no
sólo es de unos cuantos, sino de todos los mexicanos
y que se enraiza mucho más por la falta de
participación informada y objetiva. Por ejemplo, los recientes escándalos de
corrupción en determinados sectores gubernamentales, las presuntas relaciones del narcotráfico
con algunas figuras públicas y políticas, los obscuros casos de
homicidio que aún quedan sin resolverse, el desempleo, la impunidad,
la mentira comercial, los actos atroces contra la vida humana
entre otras cosas más, ha provocado en la ciudadanía, en
especial entre los jóvenes mexicanos, una terrible incertidumbre en cuanto
a su futuro se
Como ciudadanos conscientes de nuestro derecho
y deber para participar en el ámbito cívico, social y
político, nos preguntamos con profundidad, valentía y humildad de manera
constante: ¿cuál debe ser una de las grandes misiones y
retos de la política en México? ¿cuál la de todos
nuestros funcionarios públicos? ¿por qué la política, casi de manera
inconsciente, significa para nosotros uno de los grandes vicios que
México ha sufrido? ¿qué papel jugamos los jóvenes en el
ámbito social, político, religioso, familiar y económico, si somos la
principal fortaleza de esta nación?, ¿entonces qué está entendiendo el
pueblo de México por la Transición? ¿la democracia se origina
sólo en el Honorable Congreso de México?. Nosotros nos asumimos,
no cómo la parte más frágil del Estado, sino como
la pieza que fundamenta cualquier política de desarrollo social y
humano. No nos pueden tratar así, hemos estado ignorados ya
más de 60 años, nunca como hoy,
Ante esto, debemos
ser claros y precisos, la Verdad de la política, es
una Verdad humana, no sólo de fondo, sino también de
forma. Reconocer humanismo en un quehacer que es humano por
excelencia, es estar en la línea de formar una sociedad
que se fundamenta y plenifica en la dimensión de la
Verdad. México se prepara y madura cada vez más hacia
la llamada “Sociedad de la Verdad”. Pero, no nos subamos
a los universales, ni reflexionemos en el aire, sin antes
puntualizar qué es la Verdad. Pregunta fuerte y de raíz,
cuestión que se levanta y que calla muchas veces, y
que hoy por hoy, muy pocos la conocen.
Hablar de
la Verdad es reconocer con la inteligencia la realidad de
las cosas, es la satisfacción que le produce al intelecto
encontrar su objeto deseado. La Verdad, despierta la conciencia, ama
el bien, los que se adhieren a la verdad no
permiten manipulaciones y desprecian la mentira. Los que reconocen la
Verdad en la realidad no quedan mudos ante nadie, no
son indiferentes, participan e incomodan, no se dejan abatir por
ninguna presión social, ni por corrientes relativistas que ha invadido
ya, muchos sectores humanos. En México la Verdad y los
que hablan junto con ella, muchas veces han sido mancillados.
Parece que entre más se trata de callar a los
verdaderos, la realidad habla por sí sola, entre más de
trata de ensordecer a los que escuchan la voz de
la Verdad, son los mismo atentados los que hablan por
sí solos, pero entre más se oprimen las mentes que
piensan y que actúan, surgen nuevas generaciones que lo primero
que buscan es
Pero la Verdad no anda sola, la
acompaña también la Justicia, que es dar a cada quien,
no lo que se merece, sino lo que se debe,
y hoy, muchos falsos políticos le deben mucho a México
y su pueblo, tanta ignominia y sufrimiento, humillaciones y lágrimas,
desprecios e ingratitudes y por todos traicionada desde la secreta
cávala.
La Verdad de la democracia no la hacen los
partidos políticos, ni los videos, ni las manifestaciones, ni los
medios de comunicación, ni la diplomacia internacional, ni las revistas
tendenciosas; la democracia la hacemos nosotros los ciudadanos, los propios
mexicanos, que informados en la verdad y en la objetividad,
no podemos seguir siendo objeto de manipulación de ninguna fuerza
política. La transición que todos buscamos, y por ello, salimos
a votar en Julio del 2000, no es sólo la
alternacia en el poder, esto sólo es el principio; vivir
e impulsar la transición desde fondo, es asumir nuestro derecho
y deber por buscar un verdadero cambio que transforme de
raíz la manera de hacer política.
La política es una labor
excelsa. Sin en México no hay políticos al nivel de
nuestro país, exijamos a verdaderos políticos que en verdad busquen
el Bien Común de México, no su bien personal, ni
generacional. La historia no miente, en México han existido y
seguirán existiendo aquellos a los que sólo les interesa traicionar
desde el poder, y traicionar no sólo a sus ideales,
sino a su gente, a sus promesas. Como jóvenes que
intentamos construir un México verdadero, hacemos el llamado vigoroso a
proponer con carácter de “URGENTE” una nueva opción de verdadera
formación integral humana, que cubra sólidamente aspectos y valores tradicionales
y culturales propios de nuestra nación, tales como: la familia,
la política, la economía, la religión, la educación, el trabajo,
la salud y la cultura.
Faltan espacios de verdadera formación
“humana”, que respondan adecuadamente a las necesidades principales de los
jóvenes y que nos garanticen la oportunidad de ser sabios,
artistas y audaces. Formación a promotores, y a figuras públicas
que favorezcan e incidan positivamente en el medio cultural, principalmente
profesionistas y educadores.
Es necesario fortalecer la educación cívica, es decir,
la educación para vivir juntos, que involucra un interés individual
y colectivo a la vez. Individual, porque supone la adquisición
de competencias que permiten a cada persona relacionarse adecuadamente con
el mundo que lo rodea; y colectivo, porque uno de
los objetivos de la sociedad es fomentar el civismo, pues
éste se plasma en acciones colectivas y políticas en su
real sentido: política como participación y servicio en aras de
colaborar con el bien común.
Creo que toda participación cívica
debe originarse cuando la persona se siente interpelada por todo
aquello que atañe a su comunidad, y tal interpelación se
origina por el sentido de pertenencia a dicha comunidad. Hace
falta, una educación que tome en consideración dos aspectos: a
la persona y a la comunidad. Es necesario, por tanto,
proponer al joven actual un horizonte vital que le aporte
crecimiento, un horizonte guiado por los valores universales, así como
una educación en las virtudes humanas, pues una persona ética
no es sólo la que tiene valores, sino ante todo,
la persona que forja virtudes para poder vivir los valores.
Aquí
entra en juego la libertad humana, que no se afirma
dando las condiciones para que la persona esté en circunstancias
propicias para elegir muchas opciones, sino la libertad se afirma
eligiendo aquello que la hace crecer, aquello que le conviene
al ser de la persona, “eligiendo lo que nos conviene”.
He aquí el punto nodal de este escrito, “que una
búsqueda atenta de tal redención nacional, no puede negar en
ningún momento la búsqueda de la Verdad. Debemos mostrar el
coraje de poder reconocer este aspecto del ser humano y
no avergonzarnos de ello en la palestra pública. Una juventud
que no se plantee siquiera la cuestión de su trascendencia,
o queda frustrada ante el fracaso de no encontrar la
respuesta, o se adhiere a soluciones parciales que censuran los
elementos del problema. Ya no se trata de preguntarse sólo
a nivel racional, sino también a nivel humano, con todo
el ser.
¡Jóvenes!, como mexicanos tenemos “el deber de aportar
a la vida pública el concurso material y personal requerido
por el bien común”.
El joven que vive en la
Verdad también actúa en la vida pública, no puede guardar
su convicción para mejor ocasión. Por el contrario, ha de
ser luz y sal donde se encuentre, y ha de
esforzarse en convenir el mundo en un lugar más humano
y amable, donde los hombres encuentren con más facilidad el
camino que les lleve a perfeccionarse. Lo lograremos a través
de la concordia entre su vida y su audacia, con
la caridad fraterna, participando en las condiciones de vida, trabajos,
sufrimientos y aspiraciones de nuestros hermanos, los hombres; con plena
conciencia de nuestro papel en la edificación de una sociedad
donde impere el nombre de la Verdad.
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