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| La Pastoral Obrera de toda la Iglesia (Propuesta operativa) |
LXII ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
LA PASTORAL OBRERA DE
TODA LA IGLESIA (Propuesta Operativa)
18 de Noviembre de 1994
ÍNDICE
PRESENTACIÓN I.- INTRODUCCIÓN II.- ¿A
QUÉ REALIDAD NOS REFERIMOS, CUANDO HABLAMOS DEL MUNDO OBRERO? III.- DIMENSIONES
BÁSICAS DE LA PASTORAL OBRERA 1. La Pastoral
Obrera es obra de toda la Iglesia. 2.
La Pastoral Obrera "especialmente necesaria" en la actividad pastoral de
la Iglesia. 3. La Pastoral Obrera, una pastoral
específica. IV.- PROPUESTAS 1. Presencia de la Pastoral
Obrera en la vida y misión de la Iglesia:
2. Presencia de la Pastoral Obrera en la sociedad:
3. Formación de militantes obreros cristianos:
4. Extensión de la Pastoral Obrera: V.- REFLEXIÓN FINAL
S I
G L A S
AA Concilio Vaticano II. Apostolicam Actuositatem (1965).
AS Apostolado
Seglar. Conferencia Episcopal Española (1972).
CA Centesimus Annus. Encíclica. Juan Pablo II
(1991).
CLIM «Los Cristianos Laicos, Iglesia en el Mundo». Conferencia Episcopal Española
(1991).
CVP « Católicos en la Vida Pública». Conferencia Episcopal Española (1986).
CHL Christifideles
Laici. Exhortación apostólica. Juan Pablo II (1988).
EN Evangelii Nuntiandi. Exhortación apostólica.
Pablo VI (1975).
GS Gaudium et Spes. Concilio Vaticano II (1965).
LE Laborem Exercens.
Encíclica. Juan Pablo II (1981).
LG Lumen Gentium. Concilio Vaticano II (1965).
MM Mater
et Magistra. Encíclica. Juan XXIII (1961).
PO Presbyterorum Ordinis. Concilio Vaticano II
(1965).
PP Populorum Progressio. Encíclica. Pablo VI (1967).
SRS Sollicitudo Rei Socialis. Encíclica. Juan
Pablo II (1987).
VL «La Verdad os hará Libres». Conferencia Episcopal Española
(1990).
PRESENTACIÓN
El presente Documento, aprobado por la LXII Asamblea Plenaria de
la Conferencia Episcopal Española, es el resultado de un proceso
largo en el tiempo y que marca una fecha histórica,
llena de esperanza en la evangelización del Mundo Obrero.
Es el
fruto de reflexiones y encuentros que se comenzaron a coordinar
en España el año 1985. La Subcomisión de Pastoral Obrera
-C.E.A.S. de la Conferencia Episcopal ha ido recogiendo las experiencias
de los militantes obreros cristianos de los Movimientos especializados de
Acción Católica, la experiencia de tantos otros militantes que, orientados
e impulsados por la Doctrina Social de la lglesia, entregaron
su vida para anunciar a Jesucristo y su Mensaje al
mundo obrero en momentos muy difíciles y, en muchas ocasiones,
con recelos e incomprensiones.
La aprobación de este Documento adquiere una
importancia especial para la vida de la Iglesia. En los
distintos documentos de la Conferencia Episcopal sobre Apostolado Seglar se
ha hecho mención muchas veces de la Pastoral Obrera. Pero
en la pequeña e intensa historia de los Movimientos especializados
de Acción Católica, es la primera vez que surge un
Documento específico íntegramente dedicado a la Pastoral Obrera. Sentimos, por
ello una especial emoción. Miramos a la Pastoral Obrera con
esperanza e ilusión. Estamos convencidos de que Jesucristo es la
respuesta a los problemas del mundo obrero y, a pesar
de las difíciles situaciones por las que actualmente pasa, hay
muchos signos positivos: los diálogos Iglesia-Organizaciones Obreras, la potenciación de
la Acción Católica y de los Movimientos especializados dentro de
ella, la toma de postura que suponen las 32 propuestas
aprobadas en el documento que publicamos.
Expresamos con la aprobación de
este Documento un punto de llegada. A la vez, y
esto es lo más importante para toda la Iglesia, es
un punto de partida. Empieza ahora con más fuerza, si
cabe, el trabajo paciente y constante de tantos que ya
lo están haciendo y de toda la Iglesia, para que
hagamos verdad las palabras del profeta Isaías:
«El Espíritu del Señor
está sobre mí, porque Él me ha ungido para que
dé la buena noticia a los pobres. Me ha enviado
para anunciar la libertad a los cautivos y la lvista
a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos,
para proclamar el año de gracia del Señor» (Is 61,1-2)
Que
en este Adviento nos dispongamos a hacer nuestras las palabras
del Maestro.
«Hoy, en vuestra presencia, se ha cumplido este pasaje»
(Lc 4,21)
+ Elías Yanes Álvarez Arzobispo de Zaragoza Presidente de la Conferencia
Episcopal Española
I. INTRODUCCIÓN
El camino que en nuestro país ha recorrido
la Iglesia en el servicio al mundo obrero, ha ido
creando las condiciones y ha puesto las bases, para que
podamos abordar cuanto concierne a la pastoral obrera con la
suficiente madurez.
Conscientes de la situación por la que atraviesan los
trabajadores, y animados por las personas y grupos que prestan
su servicio en la evangelización del mundo del trabajo, nos
decidimos, hace ya tiempo, a abrir un proceso de reflexión
sobre la Pastoral Obrera, que debía confluir en una Asamblea
Plenaria dedicada a este tema.
Como reflejan las actas que nos
han llegado de las distintas diócesis, el proceso de reflexión
y revisión que hemos realizado durante estos años, así como
los encuentros que hemos tenido, nos han enriquecido a todos.
El presente documento, fruto en gran medida del trabajo eclesial
ya hecho, quiere ser expresión de nuestra preocupación y compromiso
por la evangelización del mundo obrero, así como testimonio de
nuestra cercanía, aliento y estímulo a cuantos se dedican con
generosidad y paciencia a llevar la Buena Noticia de la
liberación y de la salvación cristianas al mundo del trabajo.
Con él queremos promover la Pastoral Obrera en el seno
de la Pastoral General de la Iglesia y ofrecemos para
ello algunas orientaciones y líneas de acción.
Nos dirigimos, en primer
lugar, a toda la comunidad eclesial, porque toda ella es
corresponsable de la evangelización del mundo obrero. Pero con especial
interés nos dirigimos a aquellas parroquias, movimientos, comunidades, grupos y
personas, que se siente específicamente enviados por la Iglesia a
realizar su misión en el mundo del trabajo. Queremos también
invitar al trabajo apostólico en este campo a aquellos miembros
de la comunidad eclesial que, procedentes del mundo del trabajo,
no sienten, sin embargo la llamada que la Iglesia les
hace a realizar en él su misión evangelizadora.
El presente documento
tiene su contexto más apropiado en el anterior documento de
la CEE «Los Cristianos Laicos. Iglesia en el mundo». Ahí
se encuentran las claves adecuadas para comprender, fundamentar y llevar
a cabo cuanto ahora decimos refiriéndonos específicamente al mundo obrero.
También existe una estrecha relación de complementariedad con el documento
recientemente aprobado sobre «La caridad en la vida de la
Iglesia ».
II. ¿A QUÉ REALIDAD NOS REFERIMOS, CUANDO HABLAMOS DEL
MUNDO OBRERO?
No se trata ahora de hacer un estudio sociológico
sobre la realidad social del mundo del trabajo. Pero sí
es conveniente constatar que se trata de una realidad compleja,
a fin de no caer en la tentación de la
simplificación, afirmando o que nada ha cambiado o que ha
cambiado todo.
Los años de desarrollo primero, el impacto de las
nuevas tecnologías después, la mundialización de la economía, y, por
último, la crisis y las estrategias de salida de la
crisis basadas en la flexibilización del mercado de trabajo impuestas
por el capital, han provocado en el mundo del trabajo
transformaciones profundas, una creciente fragmentación y heterogeneidad, una pérdida importante
de la conciencia obrera y, en importantes sectores del mundo
obrero, un progresivo empobrecimiento, que llega hasta, lo que se
denomina hoy "exclusión social". Parece como si la realidad obrera
se difuminase hasta el punto de perder su propia entidad.
Al menos, así piensan algunos.
Sin embargo, el mundo obrero, centro
de la preocupación eclesial en este documento, continúa siendo la
realidad más importante social y numéricamente en nuestra sociedad, aunque
esa realidad se encuentre hoy en fuerte proceso de transformación
y en su seno exista una gran variedad de situaciones;
este mundo ya no sólo se encuentra en la industria
y los servicios, sino también en el campo, el mar,
la emigración...; está formado por quienes trabajan legalmente o por
los que tienen que hacerlo en la economía ilegal o
sumergida; por obreros fijos, eventuales y en paro; por parados
de larga duración, con contratos intermitentes, a tiempo parcial, o
los llamados de aprendizaje; por trabajadores con una alta cualificación
profesional que, o no tienen trabajo, o lo tienen inestable
y mal pagado. Forman, además, el mundo obrero los trabajadores
autónomos a menudo con dificultades de subsistencia. Lo forman quienes
tienen conciencia clara de ser obreros. Todos estos: jóvenes y
adultos, activos y jubilados, barrios populares, familias enteras..., con sus
condiciones de trabajo y de vida marcadas por la precariedad,
modestia económica, dependencia... con sus diferentes situaciones y con sus
luces y sombras constituyen la realidad incuestionable del mundo obrero
actual.
El mundo obrero sigue existiendo. Aunque su rostro haya cambiado,
el puesto que ocupa en el sistema de producción sigue
siendo el mismo; están subordinados y han de estar sometidos
a las exigencias del capital, (activos financieros, multinacionales, poderes o
decisiones de tipo político, etc.), que es quien impone las
condiciones de trabajo y de vida en función de sus
intereses. «No obstante, es necesario denunciar la existencia de unos
mecanismos económicos, financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por
la voluntad de los hombres, funcionan de modo casi automático,
haciendo más rígida las situaciones de riqueza de los unos
y de pobreza de los otros. Estos mecanismos, maniobrados por
los países más desarrollados de modo directo o indirecto, favorecen
a causa de su mismo funcionamiento los intereses de los
que los maniobran, aunque terminan por sofocar o condicionar las
economías de los países menos desarrollados. Es necesario someter en
el futuro estos mecanismos a un análisis atento bajo el
aspecto ético-moral» (SRS 16). Aquí está la raíz de las
situaciones de explotación, de pobreza y de creciente exclusión social
que existen dentro del mundo obrero.
De este modo, la Doctrina
Social de la Iglesia, reconoce el sentimiento que hay en
el mundo obrero de cómo en extensas capas de su
seno se va instalando el sufrimiento y la marginación social.
La regulación, que, legalmente o al margen de la ley,
se está imponiendo a muchos trabajadores es, en múltiples ocasiones,
incompatible con la dignidad de la persona humana y con
el respeto a los derechos humanos. Todo ello va creando
una situación social en la que, si bien no se
puede identificar el mundo obrero con los pobres, éstos sí
son una parte muy importante del mundo obrero y tienen
una estrecha relación con él. El Papa nos lo ha
dicho con toda claridad y contundencia: «Los pobres... aparecen en
muchos casos como resultado de la violación del trabajo humano;
bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo -es
decir, por la plaga del desempleo-, bien porque se desprecian
el trabajo y los derechos que fluyen del mismo, especialmente
el derecho al justo salario, a la seguridad de la
persona del trabajador y de su familia» (LE 8).
"La Iglesia
está vivamente comprometida en esta causa, porque la considera como
su misión, su servicio, como verificación de su fidelidad a
Cristo, para poder ser verdaderamente ´la Iglesia de los pobres´"
(LE 8). Por eso ella ha de mostrarse hondamente sensible
al mundo del trabajo y prestarle una atención y dedicación
especial.
III.- DIMENSIONES BÁSICAS DE LA PASTORAL OBRERA
La evangelización del
mundo obrero, objetivo central de la Pastoral Obrera, es preocupación,
responsabilidad y tarea de toda la Iglesia (EN 14; CLIM
19). Es ella, en cuanto cuerpo visible de la presencia
de Cristo entre nosotros, quien recibe de El la misión
de «ir por el mundo entero predicando la Buena Noticia
a toda la humanidad» (Mc. 15, 15-20). Fiel a la
voluntad de su Señor, toda la Iglesia ha de sentirse
y ha de mostrarse corresponsablemente unida, también en el testimonio
cristiano, en el servicio evangélico a los trabajadores y también
a la voluntad transformadora de eses condiciones sociales que tan
directamente afectan al mundo obrero.
Por ello es fundamental que en
la comunidad creyente exista y se consolide una conciencia común,
sinceramente compartida por todos los miembros del Pueblo de Dios,
acerca de la necesidad, importancia y dimensiones fundamentales de una
Pastoral Obrera verdaderamente eclesial.
LíNEAS DE ACCIÓN
Las líneas de acción
que presentamos a la comunidad cristiana arrancan de estas convicciones,
actualizadas y profundizadas en la reflexión común sobre la práctica
pastoral que hemos venido realizando durante estos años.
1. La Pastoral
Obrera es obra de toda la Iglesia
La evangelización del mundo
obrero ha de ser comprendida, asumida y vivida por toda
la Iglesia como obra propia. La Iglesia reconoce y apoya
la misión específica de comunidades, movimientos y personas, que han
recibido este carisma en el seno de la misma Iglesia.
La Pastoral Obrera nunca debiera ser considerada como la tarea
particular y exclusiva de algunas comunidades, movimientos y personas, que,
por su propia cuenta y riesgo, han decidido dedicarse a
la misión en el mundo obrero.
Para ello, será necesario cultivar
y fortalecer, en todos los miembros de la comunidad eclesial,
-Obispos, Presbíteros, Religiosas/religiosos y seglares- la convicción y el sentimiento
de que es la Iglesia quien envía a evangelizar en
el mundo obrero y quien, por ello, se compromete a
acompañar, sostener y animar a quienes realizan ahí esta misión.
Para avanzar en esta dirección ofrecemos las siguientes líneas de
acción:
1. La Pastoral Obrera debe ser comprendida
y vivida como obra de toda Iglesia Diocesana, por esta
razón, debe ser animada e impulsada por el Obispo y
demás ministerios, representada en los consejos pastorales diocesanos y parroquiales,
como debe estar dotada de los medios y recursos necesarios.
2. Se debe cuidar y fortalecer la conexión
y relación entre la Pastoral General, que hoy más que
nunca ha de ser verdaderamente misionera, y la Pastoral Obrera,
para que entre ambas existan relaciones positivas de armonía y
colaboración y no de desconocimiento mutuo y divergencia. Para ello
es necesario que entre las personas y grupos responsables existan
actitudes de diálogo, coordinación y colaboración estrecha. Así toda la
Iglesia responderá más eficazmente a su misión evangelizadora única.
3. La Pastoral General, además, deberá contribuir positivamente a
hacer posible y facilitar la existencia de la Pastoral que
la Iglesia necesita para la evangelización del mundo obrero. Ello
implica:
* Favorecer y cuidar la formación de la conciencia social
y política de todos los cristianos, haciéndoles conscientes de las
implicaciones sociales de la fe y ayudándoles a descubrir que
la dimensión social no es un añadido de la fe
cristiana, sino un componente esencial de la misma. De todo
ello hablamos reiteradamente en «Cristianos Laicos, Iglesia en el Mundo».
*
Crear los cauces y medios necesarios para que todos los
cristianos conozcan la Doctrina Social de la Iglesia y tengan,
en lo posible, una presencia y compromiso en la vida
pública coherentes con ella. Este compromiso llevará a incidir de
una manera decisiva en las condiciones de vida del mundo
obrero. Sólo así podrá surgir y expresarse la urgencia de
la tarea evangelizadora.
* En cuanto a aquellos cristianos que forman
parte del mundo obrero, será necesario ayudarles a despertar su
conciencia obrera y a cultivarla en coherencia con su fe
cristiana, animándoles también a participar en las organizaciones obreras y
asumir la responsabilidad que tienen en la evangelización de sus
compañeros de trabajo.
* Será necesario poner los medios para que
toda la comunidad cristiana conozca la situación del mundo obrero,
comprenda sus justas aspiraciones y se sienta solidaria con ellas.
La razón es que no se ama lo que no
se conoce.
* Más en concreto, dar a conocer los movimientos
y grupos que se dedican a la evangelización del mundo
obrero y crear un clima favorable a la labor que
realizan, ayudar a superar prejuicios y recelos, facilitarles su labor
y acompañarlos cuando fuere necesario.
* Por último será necesario cultivar
y potenciar las relaciones entre la Iglesia y el Mundo
Obrero, analizando con sinceridad y libertad profética, en actitud de
conversión la situación real y al mismo tiempo que se
profundiza en sus causas. Desde el desconocimiento, la desconfianza o
los recelos mutuos seguirá siendo imposible la evangelización del mundo
obrero hasta el punto de que la Iglesia tenga estabilidad
en él. Las experiencias de encuentro y diálogo entre la
Iglesia y el Mundo Obrero, vividas en el proceso de
reflexión que hemos seguido y con motivo de algunas situaciones
y acontecimientos recientes, pueden ser el comienzo de un camino
en el que hemos de profundizar y el que debemos
ensanchar.
2. La Pastoral Obrera "especialmente necesaria" en la actividad
pastoral de la Iglesia
«Uno de los contenidos más importantes de
la Nueva Evangelización está constituido por el anuncio del "Evangelio
del Trabajo" que he presentado en mi encíclica Laborem Exercens,
y que, en las condiciones actuales, se ha vuelto especialmente
necesario. Ello supone una intensa y dinámica pastoral de los
trabajadores, tan necesaria hoy, como en el pasado, respecto del
cual, bajo algunos aspectos, se ha vuelto todavía más difícil.
La Iglesia tiene que buscar siempre nuevas formas y nuevos
métodos, sin ceder al desaliento». (Alocución de Juan Pablo II,
15 de Enero, 1993).
Cuando la comunidad eclesial reflexiona desde su
fe cristiana sobre el significado que el trabajo tiene en
la vida personal, familiar y social dentro de nuestra sociedad,
encuentra motivaciones, múltiples y profundas, para dar a la evangelización
del mundo obrero un lugar preferente en su actividad pastoral
(Cf. Alocución Juan Pablo II, 18-11-1983, nº 22). He aquí
algunas de estas motivaciones:
* Aceptando que
no es justo identificar el mundo obrero con los pobres,
también es justo reconocer que una parte muy amplia del
mundo de los pobres, destinatarios preferentes de la evangelización, pertenece
al mundo del trabajo, ya que existe una conexión objetiva
muy estrecha entre la situación laboral y el mundo de
la pobreza, la emigración, la marginación.
* En la organización del trabajo, en su realización y
en las relaciones sociales que de la misma se derivan
la dignidad de la persona humana, punto central de la
fe cristiana y de la doctrina social de la Iglesia,
es negada objetivamente y sus derechos no son reconocidos y
respetados en múltiples situaciones y ocasiones (SRS 33).
* En nuestra sociedad, el trabajo juega un
papel fundamental y decisivo en la vida personal, familiar y
social. Cuando el trabajo y sus condiciones se ven profundamente
deteriorados, como ocurre en estos momentos, toda la vida personal,
familiar y social se ve afectada negativamente. En cambio, cuando
el trabajo es realizador y gratificante, toda la existencia se
humaniza. Juan Pablo II nos lo ha dicho con claridad:
«el trabajo... ocupa el centro mismo de la cuestión social»
y «es una clave, quizás la clave esencial, de toda
la cuestión social» (GS 38. LE 3). Por eso el
trabajo y la situación de los trabajadores ocupa un lugar
central en la doctrina social de la Iglesia y la
Pastoral de la Iglesia debe tener como perspectiva preferente la
situación del mundo obrero.
* Finalmente
los trabajadores son mayoría en nuestra sociedad y en la
Iglesia. Sería una contradicción grande que la actividad pastoral dirigida
a ellos no ocupara un lugar preferente en la actividad
pastoral de la Iglesia.
La comunidad eclesial, por tanto, debe
poner los medios para que todos sus miembros descubran estas
motivaciones. En la medida en que ellas calen en la
conciencia comunitaria, en esa medida impulsarán a la comunidad eclesial
a plantearse la Pastoral Obrera como tarea preferente de su
servicio evangelizador.
3. La Pastoral Obrera, una pastoral específica
El mundo obrero,
a pesar de su realidad compleja y en permanente transformación,
tiene su propia historia y su cultura, su situación social
y los problemas que ella genera, sus organizaciones y sus
militantes, su manera de situarse ante la Iglesia y su
modo de relacionarse con ella (Cf. SRS 9 y LE
8 y 13).
La Pastoral Obrera, sin ser una pastoral de
especialistas, deberá ser sensible a las características peculiares del mundo
obrero y deberá tenerlas muy presentes a la hora de
plantear su evangelización, como deberá formar a los que han
de llevarla a cabo, deberá elegir para ello la metodología
adecuada y por último tendrá que seleccionar las tareas y
actividades pastorales. Así pues, la Pastoral Obrera tendrá en cuenta:
* La dimensión misionera en la evangelización
del mundo obrero y el anuncio gozoso de la Buena
Nueva del Señor en este mundo.
*
La encarnación del mundo obrero: su cultura, problemas, aspiraciones, luchas...
* La formación de militantes obreros cristianos,
para que estos descubran a Cristo en la Iglesia, su
propia dignidad de trabajadores y la necesidad de la transformación
de la sociedad.
* La mayor cercanía
entre la Iglesia y el mundo obrero, para que Ella
nazca y crezca en ese mundo, y para que este
se haga presente en la Iglesia.
*
La respuesta desde la fe y los criterios evangélicos a
los problemas y la denuncia de las situaciones por las
que pasan los trabajadores.
Para terminar afirmamos con gozo que
en todo este proceso no se parte de cero. En
nuestra Iglesia hay ya un largo camino recorrido y una
rica experiencia vivida por comunidades, movimientos, grupos y personas que
han dedicado lo mejor de su vida a la evangelización
del mundo obrero. Esta experiencia es la que inspira, y
en cierto sentido también avala, las líneas de acción y
las propuestas más concretas y específicas, que se ofrecen a
continuación, divididas en cuatro capítulos.
PROPUESTAS
1ª. PRESENCIA DE LA PASTORAL
OBRERA EN LA VIDA Y MISIÓN DE LA IGLESIA
PROMOCIÓN, PRESENCIA
Y PARTICIÓN
1. «Como expresión y exigencia en la comunión y
misión de la Iglesia»1. «La Conferencia Episcopal, en el ámbito
nacional, y cada uno de los Obispos en sus respectivas
diócesis, promoverán aquellas asociaciones o movimientos»2 presentes en el mundo
obrero e integrados en la Pastoral Obrera:
1.
Potenciando la presencia y participación de los trabajadores cristianos en
las citadas asociaciones y movimientos.
2. Asegurando en
las respectivas Planificaciones Pastorales, los procesos de iniciación cristiana y militante
a tales asociaciones y movimientos, allí donde aún no están
presentes.
3. Ofreciendo los medios pastorales y materiales
necesarios para garantizar la preparación y la plena dedicación de
sacerdotes3, diáconos permanentes, religiosos y religiosas y laicos, a fin
de facilitar la tarea educativa y evangelizadora en el mundo
obrero.
4. Estando cercanos, afectiva y efectivamente, a
la realidad obrera, a través de contactos periódicos con los
militantes, comunidades y parroquias.
ANIMACIÓN E INSERCIÓN
Parroquias, arciprestazgos, vicarías y
zonas
2. «Si la parroquia es la Iglesia que se encuentra
entre las casas de los hombres, ella vive y obra
entonces profundamente injertada en la sociedad humana e íntimamente solidaria
con sus aspiraciones y dramas»4. La Pastoral Obrera ayudará y
animará este tipo de parroquia cercana y solidaria.
3. Las Iglesias
particulares facilitarán a los grupos, movimientos apostólicos y asociaciones de
Pastoral Obrera, la oportunidad y los medios para dar a
conocer las líneas de acción y objetivos en las parroquias,
arciprestazgos, vicarías y zonas5.
4. Puesto que la Pastoral Obrera nace
en el seno de la comunidad, la insertarán, a través
de estos grupos, movimientos apostólicos y asociaciones en sus órganos
de corresponsabilidad: Consejo Pastoral parroquial, arciprestal y diocesano6.
5. Por su
parte, estos grupos, movimientos apostólicos y asociaciones promoverán, desde su
opción específica de Pastoral Obrera, la corresponsabilidad y participación del
conjunto de los cristianos y de sus miembros en las
parroquias7:
1. Compartiendo sus acciones-campañas de sensibilización obrera
y celebrando juntos la fe. 2. Manteniendo contacto
con el resto de organizaciones y grupos presentes en la
parroquia. 3. Ayudando a que la comunidad parroquial
tenga un estilo de vivir y trabajar austero, solidario, sencillo
y cercano a las personas y familias más necesitadas del
mundo obrero. 4. Cuidando la acogida a las
personas que se acercan a pedir sacramentos, y propiciando en
la liturgia (lenguaje, símbolos...) otras celebraciones más centradas en la
vida obrera. 5. Asegurando que Cáritas Parroquial, junto
con la tarea de asistencia y promoción de personas, esté
también atenta a la lucha por la promoción de la
justicia social8 . 6. Colaborando a cuidar que
los procesos catequéticos tengan en cuenta la vida obrera, la
Doctrina Social de la Iglesia. 7. Potenciando la
creación de Grupos o Equipos de Pastoral Obrera en las
parroquias para analizar la situación y hacerla llegar a la
comunidad, ayudando a la formación de la conciencia social de
los cristianos y tratando de responder pastoralmente.
Delegaciones de Pastoral
Obrera
6. Las Iglesias particulares impulsarán y consolidarán9 la Delegación de
Pastoral Obrera y los Secretariados o coordinadoras interdiocesanos, teniendo en
consideración las orientaciones que la Subcomisión de Pastoral Obrera ha
ido elaborando a lo largo de estos años.
7. La Delegación
de Pastoral Obrera participará en la elaboración del Plan Diocesano
de Pastoral, someterá a aprobación su propio plan y aportará
el proyecto diocesano de Pastoral Obrera, donde se recoja, entre
otros:
1. Los medios de formación e información
a las personas y grupos de parroquias que trabajan en
la Pastoral Obrera. 2. La formación de la
conciencia social de los cristianos de la diócesis.
3. los encuentros (convivencias, retiros, conferencias, jornadas...) entre los distintos
movimientos, parroquias especialmente las que están presentes en barrios y
ambientes populares y entre religiosos/as en el mundo obrero, sacerdotes,
diáconos permanentes y seminaristas.
8. La Delegación de Pastoral Obrera
trabajará coordinadamente con otras delegaciones diocesanas: juventud, familia, Cáritas... para
mejor servir a la evangelización del mundo obrero10.
Comunidades de religiosos
y religiosas insertos en el mundo del trabajo y en
la vida de los barrios
9. Las Iglesias particulares han de
reconocer y valorar el testimonio de encarnación, silencioso a veces,
pero sólido y profundo de muchas comunidades de religiosos y
religiosas que:
1. Comparten la vida en las
mismas condiciones de las gentes de los barrios obreros, de
los pequeños pueblos, 2. Evangelizan y hacen presente
a la Iglesia entre los trabajadores/as, con su presencia constante
y directa también en colegios, escuelas, dispensarios, comedores...
10. A
través de la Delegación de Pastoral Obrera diocesana:
1. Ha de recogerse su experiencia acumulada por medio de
escritos, monografías, conferencias, encuentros de formación, celebraciones, 2.
Ha de potenciarse su integración en la Delegación de Pastoral
Obrera, 3. Han de promoverse encuentros en el
plano diocesano o de provincia eclesiástica entre Religiosos y mundo
obrero, 4. Finalmente se les ayudará para que
coordinen su reflexión con religiosos y religiosas en el mundo
obrero, en el ámbito general.
Sacerdotes y Diáconos permanentes
11. Las
Iglesias particulares reconozcan y valoren el testimonio de encarnación de
aquellos -sacerdotes y diáconos permanentes- que tomaron la opción por
trabajar en el mundo obrero a través de las parroquias
presentes en barrios y ambientes populares, consiliarías de grupos y
movimientos apostólicos de pastoral obrera, y de los sacerdotes obreros.
Más en concreto:
1. Ayuden a que otros
sacerdotes o diáconos conozcan su experiencia evangelizadora y su estilo
de vida austero, solidario, sencillo... 2. Dediquen en
lo posible más sacerdotes a estos ambientes obreros, a los
diáconos permanentes que por sus condiciones de vida familiar, laboral
y social están insertos en el mundo del trabajo,
3. Faciliten la formación especial de los consiliarios que
acompañen a los grupos, movimientos y asociaciones de Pastoral Obrera11
.
II. PRESENCIA DE LA PASTORAL OBRERA EN LA
SOCIEDAD
«La presencia pública de la Iglesia es una exigencia de
su misión evangelizadora»12.
La Evangelización del mundo obrero en una nueva
situación histórica
12. «En muchas ocasiones los Obispos españoles hemos ofrecido
a los católicos y a la sociedad en general, nuestros
análisis, reflexiones y sugerencias sobre el momento actual, con sus
luces y sombras... La solidaridad de la Iglesia con los
pobres, "participando en los gozos y esperanza, las tristezas y
angustias de todos"»13 , siguiendo a Jesús y la esperanza
en el Reino de Dios, nos impulsa a afrontar con
realismo la actual situación social con sus elementos contrapuestos y
sus aspectos negativos»14. Entre otros señalamos:
*
La desigualdad entre Norte y Sur -en el mundo, en
el país, en las regiones. * El
tipo de desarrollo productivista, tecnificado, antiecológico... y por lo tanto
poco humano15. * La falta de participación
democrática real del pueblo16. * La burocratización
de la vida política. * La corrupción
político-social-económica17 . * Unos modelos y estilos
de vida antihumanos e insolidarios, que llevan a la desmesurada
exaltación del dinero, del éxito....18 * La
construcción de una Europa insolidaria de grandes desequilibrios y desigualdades19.
A través de la Pastoral Obrera ha de plantearse, desde
dentro de ese mundo, cómo anunciar ahí la Buena Noticia,
cómo iluminar y trabajar por la transformación de esa realidad
desde los valores del Evangelio, cómo ser ahí instrumento dócil
a la acción del Espíritu, para que la Iglesia de
Jesucristo nazca, eche raíces y se consolide en el mundo
del trabajo20.
Por todo lo cual vemos necesario:
Participación de los laicos
13.
Las comunidades eclesiales, asociaciones y movimientos apostólicos, deberán impulsar la
participación de sus miembros en la vida pública a través
de las instituciones políticas, sindicales, culturales, sociales....21 a fin de
construir y reconstruir el tejido social en línea de justicia,
fraternidad, libertad...
El Anuncio, Presencia y Compromiso
14. Las comunidades eclesiales, asociaciones
y movimientos apostólicos no sólo potenciarán la presencia de sus
asociados en las realidades temporales, como exigencia de su propio
bautismo22, sino que ayudarán a que lo hagan desde valores
y criterios evangélicos, como levadura que dinamiza, como luz en
el candelero y como ciudad construida sobre el monte que
anuncia la Buena Noticia de Cristo, el Señor, potenciando la
formación integral de la persona, la opción por los sectores
más pobres del mundo obrero y el discernimiento cristiano de
los acontecimientos y de las propias actuaciones.
Denuncia profética
15. Las comunidades
eclesiales, asociaciones y movimientos apostólicos, en el ejercicio de su
misión evangelizadora, denunciarán las situaciones de injusticia o explotación, tanto
individuales como colectivas, contrarias al Plan de Dios.23
Relación con otras
organizaciones
16. Para mejor conocer la realidad y la situación por
la que pasa el mundo obrero, las comunidades eclesiales, asociaciones
y movimientos apostólicos mantendrán contactos periódicos con las organizaciones sindicales
y asociaciones que el mundo obrero se da a sí
mismo.
Acompañamiento y la animación
17. Los cristianos que se sientan especialmente
vocacionados a compartir, total o parcialmente, la vida de los
distintos fragmentos del mundo obrero actual: trabajo, paro, vivienda... en
sus compromisos y opciones deberán ser alentados y acompañados por
la comunidad.24
18. Para animar el compromiso de los cristianos laicos
en la vida pública y el necesario acompañamiento pastoral, hay
que promover la formación adecuada y animar la disponibilidad y
dedicación de sacerdotes, diáconos permanentes y religiosos .25
Relación Pastoral Social-
Pastoral Obrera
19. La Conferencia Episcopal y las Iglesias particulares promoverán
las relaciones entre Pastoral Social y Pastoral Obrera para recoger
la sensibilidad de Pastoral Obrera hacia grupos de marginación social
(drogadictos, tercera edad, emigrantes e inmigrantes...) y asegurar que la
Pastoral Social dé respuestas que impliquen, en la práctica, promoción,
liberación, lucha por la justicia...26
III. FORMACIÓN DE MILITANTES OBREROS
CRISTIANOS
Urgencia y prioridad
20. «La formación no es un privilegio de
algunos, sino un derecho y un deber de todos»27.
«La formación
de los fieles laicos se ha de colocar entre las
prioridades de la diócesis y se ha de incluir en
los programas de acción pastoral, de modo que todos los
esfuerzos de la comunidad (sacerdotes, laicos y religiosos) concurran a
este fin»28.
«La formación implica un dinamismo, una actividad, una metodología
y una preocupación que abarcan toda la vida y que
estimulan la autoafirmación basada en la responsabilidad personal»29.
«El cristiano laico
se forma especialmente en la acción. Un método eficaz en
su formación es la Revisión de vida, avalado por la
experiencia y recomendado por el magisterio de la Iglesia »30.
En
esto partimos de la larga experiencia que los movimientos apostólicos
tienen ya en la Iglesia que ha puesto de manifiesto
la importancia de la formación en los militantes obreros cristianos
para asumir su propio protagonismo laical y su misión evangelizadora,
tanto personal como comunitaria.
21. Las Iglesias particulares en la elaboración
de cualquier Plan de Formación o documentos que hayan de
publicar, tendrán en cuenta 31:
1. Partir del
conocimiento directo y vivo de la realidad, sintiéndola como propia,
con el corazón y no sólo con la razón.
2. Analizar las causas profundas de la desigualdad social,
descubriendo cómo influyen en las personas, qué víctimas crea, y
señalando, a la vez, los valores, aspiraciones y esfuerzos, también
de incoherencias de los trabajadores. 3. Tomar conciencia
de la actuación del Espíritu de Dios, que anima y
mueve sus esfuerzos y sus luchas. 4. Comprometerse
en la transformación de la realidad según el proyecto de
Dios incidiendo de manera especial en las causas.
Promover Escuelas
e Instituciones de formación
22. La Conferencia Episcopal, reconociendo que las
Instituciones y Escuelas de formación de laicos existentes son tan
necesarias como insuficientes32, animará o promoverá la creación de instituciones
para la formación integral y acompañamiento de los laicos comprometidos
en los distintos ámbitos de la vida pública33: Escuelas Sociales
o Centros de formación que ayuden a conocer la Doctrina
Social de la Iglesia y sus exigencias34, la Historia del
Movimiento Obrero, cursillos especializados sobre política económica 35 y sobre
formación bíblica, teológica, catequética...36.
Animar la formación de sacerdotes, diáconos permanentes,
religiosos y seminaristas
23. «Para que se dé una pastoral verdaderamente
incisiva y eficaz hay que desarrollar la formación de los
formadores» 37.
Los candidatos al sacerdocio, los diáconos permanentes, los sacerdotes
y religiosos, han de formarse específicamente para reconocer y promover
los carismas de los laicos38, conociendo la historia del mundo
obrero, sus relaciones con la Iglesia, su cultura y religiosidad,
las líneas básicas de la Pastoral Obrera de la diócesis,
la Doctrina Social de la Iglesia...39.
Participación de los laicos en
la formación de los seminaristas y sacerdotes
25. «Los Obispos promoverán
la presencia y participación de los laicos en la formación
de los candidatos al sacerdocio y en la formación permanente
del clero»40, potenciando Encuentros de Seminaristas-Mundo Obrero, cursillos de formación
y Jornadas programadas por los grupos y movimientos apostólicos Obreros41.
Estilo
de vida personal coherente con el Evangelio de Jesucristo
25. «La
formación de los laicos ha de contribuir a vivir en
la unidad dimensiones que, siendo distintas, tienden con frecuencia a
escindirse...»42. En este sentido, por ejemplo, hoy, más que nunca
hay que:
* Potenciar nuevos tipos de
relaciones laborales, donde se comparta el trabajo, se asegure el
tiempo libre y la dedicación a la familia, cultura... se
denuncie los abusos del trabajo: el pluriempleo, horas extras, el
trabajo precario... * Promover la solidaridad que
educa en el compartir y crecer en conciencia de fraternidad.
* Asegurar formas de vida de mejor
calidad natural y humana, no apoyadas en el consumo y
por el consumo. * Potenciar experiencias de
vida comunitaria entre los cristianos que hacen presentes los valores
del Reino de una manera cercana y visible (participación en
asociaciones, cooperativismo, comunicación de bienes...) cristianos que estén abiertos a
todos aquellos que los quieren compartir... *
Avanzar, en el seno de la propia Iglesia, en mayor
justicia social con los trabajadores con los que tienen relaciones
laborales.
Espiritualidad
26. «En la formación de los laicos, el cultivo
de la espiritualidad ha de ocupar un lugar preeminente»43.
«Para que
la fe sea plenamente acogida, enteramente pensada, fielmente vivida»44 hay
que:
1. Potenciar una espiritualidad donde se asegure
la oración personal, se parta de la vida, se eduque
la mirada a la realidad, se una la acción y
la contemplación... Donde se cuide la celebración festiva de la
fe, especialmente, a través de la Eucaristía -culmen de nuestra
vida cristiana- y a través del Sacramento de la Penitencia
y de otros medios que, desde la experiencia acumulada a
lo largo de los años en grupos y movimientos de
Pastoral Obrera han ayudado a descubrir el paso salvador del
Señor, en: retiros, ejercicios espirituales, Revisiones de Vida, Estudios del
Evangelio... 2. Asegurar una espiritualidad de acompañamiento, al
estilo de Jesús con los de Emaús; a fin de
que el militante y el agente de la Pastoral Obrera:
*
Se sienta miembro de la comunidad eclesial y ciudadano de
la sociedad civil45.
* Sea solidario con los hombres y testigo
del Dios vivo.
* Se comprometa en la liberación de los
hombres y sea contemplativo46.
* Esté empeñado en la renovación de
la humanidad y en la propia conversión personal47
* «Viva en
el mundo sin ser del mundo (Jn. 17, 14-19),como el
alma en el cuerpo, así los cristianos en el mundo»48.
IV. EXTENSIÓN DE LA PASTORAL OBRERA
Exigencia interna de una
nueva Evangelización
«La evangelización no es sólo una urgencia histórica. Es,
ante todo, una exigencia y tarea permanente de la Iglesia.
Nosotros mismos hemos reconocido y propuesto que la hora actual
de nuestra Iglesia tiene que ser -es- una hora de
evangelización»49. Por eso ante los desafíos de una nueva sociedad
que influyen directamente en el mundo del trabajo y para
mejor responder pastoralmente:
27. La Conferencia Episcopal habilitará procesos de reflexión
a fin de que, dada la realidad actual de Pastoral
Obrera, se sigan dando los pasos necesarios para que dentro
de la misma Conferencia se aseguren en todo momento los
cauces adecuados de coordinación e impulso de la misma Pastoral
Obrera.
28. Los Obispos, en sus respectivas diócesis deberían oír y
consultar a las Delegaciones de Pastoral Obrera, a los movimientos
y grupos de Pastoral Obrera, para conocer, interpretar e incluso
para pronunciarse ante las diversas situaciones por las que pasa
el mundo del trabajo.
Movimientos Apostólicos
29. La presencia de los Movimientos
Apostólicos en la Iglesia ha puesto de manifiesto su fecundo
trabajo en el resurgimiento de militantes obreros cristianos y en
la extensión de la Pastoral Obrera. Habrá, por tanto, que
hacer un esfuerzo por cuidar y potenciar estos instrumentos evangelizadores
y que la misma Iglesia se ha dado a sí
misma, para la evangelización del mundo obrero, así como preparar,
orientar, dedicar y enviar a evangelizadores a este mundo.
Escuelas sociales
30.
Para desarrollar la dimensión social y política de la fe
-objetivo fundamental dentro de la formación de los laicos-50, deberán
crearse, donde no existen y se potenciarán, donde ya están
presentes, las Escuelas de Formación Social, en orden al conocimiento,
profundización, aplicación y difusión de la Doctrina Social de la
Iglesia, de la formación de la conciencia social de los
cristianos y del compromiso de los mismos en las realidades
temporales.
Teólogos, expertos...
31. La Pastoral Obrera necesita hoy, más que nunca,
teólogos expertos en Ciencias Sociales y personas con experiencia en
la acción social y obrera, a fin de:
* Profundizar en la teología del trabajo.
* Ayudar a profundizar en el mensaje cristiano a
todos los que trabajan en la evangelización del mundo obrero.
* Hacer verdadera síntesis entre experiencia cristiana
y presencia militante en el mundo del trabajo.
* Aprender a formular la fe cristiana en la
cultura del mundo del trabajo. * Celebrar
y expresar la misma fe cristiana de una manera adecuada
al mundo obrero.
Prensa, Radio, Televisión...
32. Desde la Pastoral Obrera:
1. Se potenciará la sensibilización de los cristianos
en la importancia de estos medios de comunicación social (revistas,
radio, vídeo, televisión). 2. Se animará la presencia
en estos medios, para dar a conocer sus orientaciones.
3. Se apoyarán los medios internos y externos que
ya tienen los Movimientos o aquellos, que en esta línea
de exigencia evangélica, pudieran darse como cauces de información y
expresión.
REFLEXIÓN FINAL
Hemos intentado con estas reflexiones ser fieles
a la misión de la Iglesia, tal como ha sido
descrita por la Constitución Lumen Gentium n° 1: la de
ser "sacramento, esto es, signo e instrumento de la íntima
unión con Dios y de la unidad de todo el
genero humano". Unión y unidad que se realizan, sobre todo,
en la doble y, a la vez, única virtud de
la caridad de cara a Dios y de cara a
los hombres (Cf. Mt. 22,34-40).
La Iglesia "no tiene necesidad de
recurrir a sistemas o ideologías para amar, defender y colaborar
en la liberación del hombre" (Juan Pablo II. 28.I.79). Su
única finalidad es "la atención y responsabilidad hacia el hombre,
confiado a ella por Cristo mismo, hacia este hombre que,
como el Concilio Vaticano II recuerda, es la única criatura
que Dios ha querido por si misma y sobre la
cual tiene su proyecto, es decir, la participación en la
salvación eterna. No se trata del hombre abstracto, sino del
hombre real, concreto e histórico. Se trata de cada hombre,
porque a cada uno llega el misterio de la redención,
y con cada uno se ha unido Cristo para siempre
a través de este misterio" (CA. 53).
Desde esa caridad sentimos
como propio el sufrimiento y el dolor por el que
pasan tantas familias, tantos hombres y mujeres, jóvenes, adultos y
niños del mundo obrero.
Hemos señalado unas líneas de acción que
apelan al realismo de una planificación y programación pastoral para
toda la Iglesia, a la vez que nos exigen sentirnos
responsables cada uno.
El impulso necesario para emprender esas tareas solo
puede provenir del sentido de gratuidad, que se revela como
buena noticia sobre la dignidad de la persona, clave de
sentido para la propia vida y trabajo, respuesta sobreabundante a
los anhelos de verdad y justicia que laten en el
corazón de los hombres, caridad que anima toda auténtica solidaridad,
esperanza cierta de liberación y salvación para todos. Y todo
el resto se dará por añadidura, aunque cueste muchas fatigas.
Que
María, La Madre del Redentor, la cual permanece junto a
Cristo en su camino hacia los hombres y con los
hombres, y que precede a la Iglesia en la peregrinación
de la fe, nos ayude a entonar el canto de
los pobres que saltan alegres, porque Dios está con ellos
y en contra de los soberbios de corazón, de los
ricos y poderosos, porque solo El es el "Poderoso y
Santo".
¡María, Madre de Dios y Nuestra, préstanos tu voz, canta con
nosotros! ¡Pide a tu Hijo que en todos nosotros se realicen plenamente
los designios del Padre!
NOTAS FINALES
1. CLIM, 96. Cf. AA, 18;
AS, 4. 2.CLIM, 104. Cf. AA 24. CHL, 31. 3.Cf. AA, 25;
Cf. CLIM, 129. 4. CHL 27. Y como dice Juan XXIII,
ser la "fuente de la aldea" a la que todos
acuden a calmar la sed. 5. Cf. CLIM, 106. 6. Cf. CLIM,
107. 7. Cf. CHL 26. Sínodo 87, proposición 11. Congreso Parroquia
Evangelizadora, documento final, 21. 8. «La Caridad en la vida de
la Iglesia». Propuestas para la promoción de la justicia. 9. Cf.
CLIM, 108. 10. Cf. CLIM, 110. 11. Cf. CLIM 131. CVP 190. 12.
CLIM, 49. 13. Cf. GS, 1. 14. CLIM, 132. 15. Cf. PP, 14,
15, 20-21. 16. Cf. CA, 46. 17. Cf. VL, 17, 64. 18. Cf.
VL, 18. 19. Cf. «La dimensión socio-económica de la Unión Europea.
Valoración ética». Nota Permanente del Episcopado, Septiembre, 93. 20. Cf. EN,
18 y 29. 21. CLIM, 62. Cf. GS, 42. CVP, 125-149,
158 y 187. 22. Cf. LG 31. CHL, 15. 23. Cf. «La
caridad en la vida de la Iglesia». I.2.C 24. Cf. CVP,
190. 25. CLIM, 69. Sínodo 90. 26. Cf. «La caridad en la
vida de la Iglesia». Propuesta nº 2, 3, b. 27. CHL,
63. 28. Sínodo 87, 40. CHL, 57. 29. CLIM, 70. 30. MM, 236.
CLIM, 77. 31. Cf. CLIM, 74. 32. CLIM, 85. Cf. CVP, 170
y 184. 33. CLIM, 85. 34. Cf. SRS, 41. Sínodo 87, 22.
CHL, 60. 35. Cf. CVP, 188. CLIM, 83. 36. Cf. CHL, 60. 37.
CHL, 63. 38. CLIM, 87 y 88. Cf. PO, 9. CHL,
61. 39. Cf. La formación para el ministerio presbiteral nº 108,
111 y 121. 40. CLIM, 88. Cf. CHL, 61. Sínodo 90,
61. 41. Cf. La Preparación de los formadores en los Seminarios.
Directrices de la congregación para la educación católica, nn. 20
y 21. 42. CLIM, 77. Cf. EN, 76. CHL, 59,15. 43. CLIM,
76. Cf. CHL, 59. 44. CHL. 59. Discurso Juan Pablo II,
16-1-1982. 45. Cf. CHL, 59. 46. Cf. EN, 76. 47. Cf. EN, 76. 48.
Carta de Diogneto. 49. CLIM, 134. TDV, 53. 50. Cf. CLIM, 74. |
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