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Autor: Padre Manuel Loza Macías | Fuente: USEM ¿Votar? y ¿por quién votar?
No es difícil recordar aquella elección democrática convocada por Pilato. Pilato y el pueblo entraron en el juego de aceptar la decisión mayoritaria. Como en toda democracia los participantes saben y aceptan de antemano, reconocer el triunfo de la mayoría
¿Votar? y ¿por quién votar?
No es difícil recordar aquella elección democrática convocada por
Pilato. Pilato y el pueblo entraron en el juego de
aceptar la decisión mayoritaria. Como en toda democracia los participantes
saben y aceptan de antemano, reconocer el triunfo de la
mayoría. Y esto, aun cuando el resultado no sea el
que uno desearía que fuese, si faltara esta previa decisión,
sencillamente no se entendería el juego democrático.
Aquella experiencia tuvo dos
momentos: en el primero, la alternativa era o a Jesús
como rey o al César, como emperador romano. El resultado
de esta primera votación fue un rotundo No a Jesús
y Sí al Cesar. En el segundo momento la disyuntiva
era Jesús o Barrabás. La mayoría abrumadora votó: ?suelta a
Barrabás y crucifica a Jesús?.
La propuesta de Jesús era justicia,
amor, perdón y paz. Su personalidad era reconocida por haber
pasado haciendo el bien. Había sobrado fundamento de que cumpliría
en caso de ser el favorecido.
La propuesta por el
Cesar era sumisión, esclavitud, guerra y temor. Era de suponerse
que, teniendo en cuenta sus antecedentes personales, lo seguiría haciendo.
Votaron por él. Y así les fue con el imperio
romano.
Barrabás era un facineroso y asesino. ¿Que podrá esperarse
de él en caso de salir elegido? Optaron por él.
Y después, su presencia se esfumó en el laberinto de
la fábulas.
Y uno se pregunta: ¿en los dos casos, nadie
votó por Jesús? En algunos casos, cuando los votos hubieran
sido emitidos en su favor, debieron ser de una minoría
insignificante.
¿Quines podrían haber votado por Jesús? Los que mejor conocían
su personalidad y su doctrina. Eran pocos y temerosos. Uno
había renegado de su amistad y otro lo traicionó. Los
demás se plegaron al abstencionismo que no compromete. Tal
vez Juan votó por Jesús pero no tuvo eco. Algunas
mujeres habrían votado por Jesús, pero no tenían derecho de
voto.
Y uno vuelve a preguntarse: ¿Los electores no cotejaron
con los principios básicos de todo orden social humano, a
los candidatos, a sus propuesta y a sus estrategias?
La
dignidad de las personas, el bien común, la sociabilidad, la
solidaridad, la subsidiaridad, y la autoridad-servicio son parámetros indispensables para
toda decisión razonada y responsable cuando se participa en
unas elecciones democráticas.
Nos toca votar en los próximos comicios. Para
no repetir la historia acerca de Jesús, nos incumbe conocer
las propuestas, las respectivas estrategias y a quienes las hacen.
Debemos razonar nuestra postura. No hemos de caer en una
pasividad malsana.
Los hombres de empresa tienen una mayor experiencia
en la toma de decisiones por su gran influjo en
la sociedad. Su ejemplo es muy valioso. Por otra parte,
ningún ciudadano debe ni puede tomar a la ligera el
presente juego democrático. Nuestro futuro próximo puede conjeturarse por las
urnas de ahora.
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