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| Tercero, ofrecer – algo más - y no más de lo mismo. |
Los laicos creyentes estamos obligados a poner
en nuestra acción lo mejor de nosotros mismos y
– algo más- es decir, proponer una marco
axiológico y referentes valóricos, no-negociables, al servicio
de nuestras Patrias. Cuando se escuchar que el
único absoluto de una sociedad postmoderna es que no existe
ese absoluto, el mandamiento del amor para nosotros es un
valor absoluto e intransable.”Tengan un mismo amor, un mismo espíritu
,un único sentir y no hagan nada por rivalidad o
vanagloria” ( Fil.2,1) Esta comunión entre creyentes y con el
resto de la humanidad es parte de nuestra identidad.
Ese común
denominador que une a los fieles cristianos les da
un código de conducta y una visión transversal, que
cruza por sobre las legítimas diferencias ideológico-partidarias y
ese aire fresco, sin duda rejuvenecerá la Política
y la democracia hacia el Bicentenario. Se trata de proponer
- algo más- y no más de lo
mismo.
El Sen. Carlos Ominami del Partido Socialista, refiriéndose
a los gobiernos de la Concertación hizo su autocrítica
porque en su evaluación final “ no se
hizo lo que se quiso, sino lo que se pudo”.
A esta visión negativa respondió René Cortazar, ex ministro,
enumerando los logros del gobierno, entre ellos, “
Redujimos la pobreza a menos de la mitad, hemos tenido
los 14 años de mayor crecimiento de nuestra historia…se consolidó
la democracia y hemos avanzado en la reconciliación de los
chilenos”(12.09)
Nuestra sugerencia de dar –como creyentes- “ un
plus “ a la política chilena de ninguna
manera desconoce los evidentes logros históricos del país en
todos sus aspectos pero se advierte que el conformismo es
un mal consejero. Como señaló Cortazar respondiendo a cierto pesimismo
de Ominami : “ La política democrática exige
ser capaces de grandes sueños y valores, para luego aterrizarlos
tomando en cuenta los límites que impone la realidad” y
el articulista nos recordó, que “la Concertación representa solo
un poco mas de la mitad del país, así como
que debemos tomar en cuenta lo que quiere la otra
mitad de los chilenos”
Esta misión de ser los
mejores en todo, en especial en el servicio,
a veces es una tarea ingrata,
silenciosa y sin el magnetismo de las pantallas. Proponer ese
- algo más – es riesgoso
en una sociedad donde predomina una suerte de empate político
y de inmovilismo institucional, sobre todo cuando está terminando
una administración y viene otro gobierno. Nadie quiere jugarse por
nada y este empate psicológico, produce una parálisis política e
institucional.
Se impone por vías subliminales un paradigma único, una
sola manera políticamente correcta de hacer las cosas y
donde el miedo a perder el trabajo o,
los privilegios, sirve de excusa para seguir navegando
con la corriente. En este clima de riesgo, la
moral evangélica, a veces es considerada, como un
aguafiestas.
Como nos recuerda el Padre Hurtado “ Un reducido
número de operarios inteligentes y decididos podría influir en la
salvación de nuestra Patria…Vida cristiana en nuestra profesión, vida cristiana
en el cine, el baile ,en el deporte. El cristianismo
, o es una vida entera de donación, una transformación
en Cristo, o es una ridícula parodia que mueve a
risa y a desprecio”
Como una profecía auto cumplida,
ante el desprecio de muchos, el escarnio y
un shock mediático ofensivo, a veces, se ha paralizado o
al menos desorientado nuestro accionar.
En un clima de
semi parálisis institucional , ese gigante dormido, quiere despertar
porque parece que muchos católicos confundieron “ No
tengáis miedo ” con “ No estéis preparados “.
En la actualidad, el clima de confusión entre los
católicos no se ha disipado, y obliga
a una mayor preparación y formación de líderes . Al
respecto, iniciativas cono la creación de un Instituto Santo
Tomás Moro como medio para difundir e investigar las
materias que deben ser iluminadas a la luz de la
fe, ha surgido como otra iniciativa pastoral de la
CECH para el futuro inmediato.
Es cierto que en muchas
partes seguimos llenando las paginas de carteleras y crónicas
rojas contra una marea creciente de
expertos en curaciones, textos de ética “ a la
carta, o, light “, opinólogos, portadas, titulares, películas, programas
de televisión y comentarios al aire, que dan cuenta
de una ridiculización de la Iglesia, de su mensaje,
de algunos de sus miembros y de su misión.
¿Será
que ha dejado de mostrar a Cristo en nuestras
vidas? No hay Iglesia de fieles consagrados
y laicos que pueda caer en el juego de
hacer solamente lo políticamente correcto. El código
de las Bienaventuranzas no se puede subordinar
al rating o, el aplausómetro, como
la medida que determina la calidad de la
acción pastoral o de una política pública.
Ante esta nueva coyuntura, SS Juan Pablo II nos
urge : “ Si el no comprometerse ha sido
siempre algo inaceptable, el tiempo presente lo hace aún
más culpable. A nadie le es lícito permanecer ocioso”.
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