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Autor: Carlos Ferrero | Fuente: Nueva evangelización en el ámbito económico VE-Multimedia 5. Economía de la participación
En las relaciones del trabajo debemos forjar un sistema de producción que armonice las partes con el conjunto, particularmente que integre al trabajador dentro de empresas en las que pueda encontrarse un "alma propia".
5. Economía de la participación
En las relaciones del trabajo debemos forjar un sistema
de producción que armonice las partes con el conjunto, particularmente
que integre al trabajador dentro de empresas en las que
pueda encontrarse un "alma propia".
En el Perú, por ejemplo,
recién al tercer año de la privatización se empezó a
ofrecer acciones de las empresas al público en general. El
accionariado difundido es un excelente camino para des-privilegiar la propiedad
privada y de esa manera verdaderamente salvarla.
Veamos el "sueldo justo".
Al respecto, no está de más recordar la reiterada defensa
que hacen las encíclicas al concepto del salario "mínimo", palabra
que según los liberales contradice la fijación del precio del
trabajo en función de la ley "divina" del mercado.
Sin
embargo para nosotros éste es otro concepto fundamental que marca
la diferencia entre el trabajo como simple herramienta y el
trabajo como derecho humano. En el mismo camino está el
seguro del desempleo, ejemplo que los políticos neoliberales siempre olvidan
mencionar cuando alaban el modelo de los países desarrollados.
6. ¿Cuál
libertad? Al final se termina siempre revisando el concepto de la
libertad. Ésta no puede nunca ser absoluta, porque ningún derecho
del hombre lo es. Su límite está marcado por el
ejercicio responsable de la misma, es decir que no atropelle
a los demás. Su referente último es, nuevamente, Dios.
Si
bien somos libres o no de obedecerlo, no somos libres
de negar que Él nos señala un camino confirmado en
nuestra conciencia. Siguiendo ese razonamiento, no podemos aceptar como única
norma la auto-regulación, porque si todos nos auto-regulamos, cada grupo
tendría sus propias normas y ninguna norma sería para todos
los grupos.
Me refiero, por ejemplo, al campo de los
medios de comunicación que sostienen que no debe haber ninguna
restricción a la "libertad" de opinar, salvo aquella que los
propios dueños se han establecido para sí. El resultado negativo
de este criterio hoy predominante no requiere probarse.
7. Dos nuevas
perspectivas A partir de la Centesimus annus hay dos temas que
merecen una atención especial. El primero es el tema de
las nacionalidades; su relación con la aplicación histórica desde la
misma naturaleza; el reconocimiento de su supervivencia a pesar del
fenómeno de la globalización; su ventaja integradora y la fortaleza
que da al grupo el sentido de pertenencia.
La nacionalidad
entendida como una nueva y más grande expresión de "institución
intermedia" que es tan apreciada por el pensamiento socialcristiano.
Y el
otro tema es la conquista del espacio. En ella empieza
ya a desarrollarse la misma política de predominio similar a
la que los europeos implementaron sobre Asia, Europa y África
quinientos años atrás.
Con la salvedad que hasta ahora hablamos
sólo de superficies, aparentemente sin vida. ¿Acaso no podría plantearse,
(términos adaptados de la propia Mater et Magistra), el destino
universal de los bienes siderales? Dejo la cuestión planteada.
8. Distancias Paralelo
a todo lo anterior sufrimos una avalancha de "informatización" que
no es sino -aquí también- una refiguración del maquinismo que
indujo la revolución industrial hace ciento cincuenta años.
La informatización descontrolada
no sólo frecuentemente nos aisla a unos de otros, sino
que establece una supuesta "comunicación" ilimitada que abre para un
sector privilegiado el acceso al conocimiento sin restricciones morales de
ninguna clase, al puro libre albedrío. Se genera así un
nuevo filtro separador que acentúa la marginación de los más
pobres en relación a la conexión con la cultura y
el conocimiento.
Éstos últimos son los que al no tener acceso
a la vía del tren, lógicamente el tren comunicacional que
pasa los deja de lado. No es, por supuesto, problema
insoluble. Sólo señalo una situación. Menos del 1% de la
población mundial ha entablado entre sí un lenguaje propio. El
99% restante continúa sumergido en su ignorancia y desenganchado del
avance tecnológico al que se arriba mucho más rápido por
la informatización.
9. La comunicación Me gusta recordar por qué nuestro Señor
Jesucristo dejó la arena y subió a la barca para
predicar. Es irrefutable que buscaba una manera de "llegar" a
su público.
Dos mil años después los católicos tenemos que
preguntarnos si somos lo suficientemente hábiles en utilizar medios apropiados
para que la Palabra de Dios se irradie. Digámosle violentamente...:
¿Por qué no, por ejemplo, un satélite de la Santa
Sede, desde el cual se pase información directamente a nuestras
estaciones de televisión en todo el mundo?
Quiero recordar que
así como el Catecismo apareció siglos después que los Evangelios,
de la misma manera ahora tenemos que adecuar nuestras comunicaciones
a las necesidades de los tiempos.
10. El camino de la
evangelización No perdamos de vista que cada hombre por sí mismo
tiene un fin que la sociedad no puede enajenarle ni
siquiera por el mandato del número.
Sin embargo caminamos hacia Dios
no sólo individualmente. Como humanidad misma también nos dirigimos a
Él. Porque todos somos de Él y en Él terminamos
para comenzar recién a ser. Esa ruta sólo tiene un
norte: dar para recibir y así crecer.
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