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Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org Luchando contra el tráfico de armas ligeras
El Vaticano se suma a las voces que piden que se emprendan acciones. Reporte del encuentro en la ONU la situación del comercio internacional de armas.
Luchando contra el tráfico de armas ligeras
En ocasiones lo que cuenta son las cosas pequeñas y
esto es especialmente verdad cuando se habla de armamento. Durante
dos semanas, 9 a 20 de enero, las Naciones Unidas
han estado revisando los progresos llevados a cabo para reducir
el comercio de armas ligeras.
Las estimaciones de Naciones Unidas
apuntan a que hay más de 600 millones de armas
ligeras en circulación en el mundo. Provienen de diversas fuentes,
incluyendo el tráfico ilegal, los excedentes de los conflictos, y
el robo de arsenales del ejército y la policía.
La
International Relations and Security Network, con sede en Zurich, en
un informe publicado el 11 de enero, afirmaba que las
armas ligeras son responsables de más de medio millón de
muertes al año, incluyendo 300.000 en los conflictos armados y
200.000 más de homicidios y suicidios.
El encuentro de Naciones
Unidas en Nueva York reunió a un comité preparatorio, que
preparará una conferencia a gran escala sobre la cuestión de
las armas ligeras, que tendrá lugar del 26 de junio
al 7 de julio. Este último encuentro tendrá el incómodo
título: «Conferencia de Naciones Unidas para examinar los Progresos Alcanzados
en la Ejecución del Programa de Acción para prevenir, combatir
y erradicar el Tráfico Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras
en todos sus Aspectos».
El Programa de Acción fue adoptado
unánimemente por los estados miembros de las Naciones Unidas en
el 2001 y consistía esencialmente en desarrollar y reforzar las
normas y medidas destinadas a coordinar los esfuerzos por contener
el tráfico ilegal de armas pequeñas y ligeras.
Desde el
2001, los estados miembros de las Naciones Unidas han aprobado
protocolos para coordinar la puesta en práctica. Las Naciones Unidas
también crearon un organismo compuesto de 16 departamentos y agencias,
el mecanismo para coordinar la acción sobre armas ligeras, para
intercambiar información.
Abriendo el encuentro del comité el 9 de
enero, Nobuyasu Abe, subsecretario general de Naciones Unidas para asuntos
de desarme, declaró que se han hecho progresos significativos en
la lucha contra la plaga de las armas ligeras ilegales.
No obstante, según una nota de prensa oficial, añadió que
estas armas son todavía un problema masivo – matan, mutilan
y amenazan a los individuos todos los días, y desestabilizan
estados y regiones y obstaculizan su desarrollo.
El representante de
la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Nueva York,
Mons. Celestino Migliore, también habló al comité el 9 de
enero. El proceso comenzado en el 2001, declaró, «está teniendo
importantes repercusiones sobre la promoción del desarme, la paz y
la reconstrucción tras los conflictos, la lucha contra el terrorismo,
y el crimen organizado a gran y pequeña escala».
El
representante del Vaticano invitó a las Naciones Unidas a que
consideraran la posibilidad de negociar un instrumento de prohibición a
nivel legal sobre el comercio internacional de armas, basado en
los principios del derecho internacional, y en particular en la
cuestión de los derechos humanos y la ley humanitaria. Limitar
el comercio Una organización activa a la hora de presionar
por medidas que restrinjan las armas ligeras es International Action
Network on Small Arms. IANSA es una especie de red
global de organizaciones de la sociedad civil que trabajan para
parar la proliferación y mal uso de las armas ligeras.
IANSA quiere que los gobiernos refuercen algunas de las disposiciones
existentes, como el clarificar las responsabilidades de los estados para
regular las transferencias de armas ligeras. También está presionando para
que se adopte una serie de principios globales para las
transferencias de armas, basados en el derecho internacional, para cerrar
las escapatorias legales explotadas por los comerciantes de armas. Esto
llevaría, en teoría, a un instrumento de prohibición a nivel
legal para controlar a los traficantes de armas, operen donde
operen.
IANSA ha preparado algunos documentos de posicionamiento para el
encuentro concluido en Nueva York. Entre los temas tratados estaba
la cuestión de cómo regular el tráfico internacional de armas
ligeras.
No es fácil afrontar el problema. Casi la mitad
de los países del mundo fabrican armas ligeras. Y casi
todos los países están implicados en la exportación internacional, re-exportación,
tránsito e importación de armas ligeras. Además, la gran mayoría
de los países tienen escasos controles sobre la transferencia internacional
de estas armas.
El documento introductorio observaba que, junto con
el derecho de los estados a comprar armas para su
legítima defensa propia y la aplicación responsable de la ley,
también tienen la responsabilidad de asegurar que las armas ligeras
transferidas no se usen para violar los derechos humanos o
la ley humanitaria internacional, o para obstaculizar el desarrollo.
En
julio se dio un significativo paso adelante, cuando entró en
vigor el Protocolo sobre Armas de Fuego de las Naciones
Unidas. El protocolo confía a los estados la regulación de
la fabricación y el comercio de armas de fuego a
través de un sistema de licencias. También exige que se
las armas de fuego se marquen en la fabricación y
en la importación, con archivos que deben guardarse al menos
diez años. Sin embargo, el protocolo no regula las transferencias
entre estados. Lagunas en los controles Un área que es
necesario afrontar, según IANSA, es el control de las actividades
de los traficantes de armas. Estos son los intermediarios que
fijan o facilitan la transferencia de armas; normalmente trabajan con
transportistas de armas, financieros y funcionarios del estado.
Pocos países,
observaba IANSA, tienen leyes que regulen las actividades del tráfico
de armas. Existen algunos marcos legales regionales, pero menos de
40 países tienen controles sobre los traficantes de armas en
su propio país.
Cuando las actividades de un traficante se
prohíben en un país, él simplemente traslada sus operaciones a
otra nación. Parte del problema residen en el hecho de
que un traficante no está cubierto por las leyes sobre
exportación e importación de armas, porque las armas nunca entra
en el país donde el traficante opera.
Un ejemplo de
los problemas creados por esta actividad no regulada es el
genocidio de Rwanda de 1994. Los investigadores descubrieron después la
existencia de redes de tráfico que armaron a los autores
de las masacres en la Región de los Grandes Lagos,
violando las sanciones de Naciones Unidas.
El comercio de armas
también afecta al desarrollo económico, creando y ayudando a perpetuar
la pobreza. De hecho, 22 de los 34 países más
pobres del mundo están inmersos o emergen de un conflicto
armado, afirmaba IANSA. Y, según la FAO, la violencia armada
es la principal causa del hambre.
IANSA citaba datos de
la Organización Mundial de la Salud, que estima que por
cada persona asesinada por un arma hay otras tres heridas.
Y muchas de las víctimas son jóvenes, que deberían estar
produciendo.
El alto coste de la violencia es claramente evidente
en el caso de El Salvador. El conflicto ha causado
una pedida de cerca de los 1.700 millones de dólares
de 2003, el equivalente al 5% del producto interior bruto,
y más de dos veces lo que el país gasta
en salud y educación juntas.
Parte de la solución del
problema de estos conflictos reside en dar a los ex
combatientes una alternativa. Esto significa reintegrarlos nuevamente en las comunidades
– no sólo quitarles las armas.
Esto a su vez,
requiere alternativas realistas y económicamente viables para el licenciamiento, para
prevenir una vuelta a las armas como un medio para
ganarse la vida. También es importante prestar atención a las
necesidades de los adolescentes, dirigiendo sus energías a los deportes,
los programas educativos, el empleo y la preparación de líderes.
En su discurso al encuentro del comité de Naciones Unidas,
Mons. Migliore trató también la importancia de tratar los problemas
subyacentes. Declaró que, junto con los acuerdos internacionales, la resolución
de los problemas creados por los conflictos requiere la promoción
de una «verdadera cultura de la paz y la vida
entre todos los miembros de la sociedad».
En septiembre y
octubre también habló en otros encuentros de Naciones Unidas sobre
cuestiones de armas y desarme. El segundo discurso, el 3
de octubre, concluyó con la afirmación de que la humanidad
merece «liberarse de la plaga de la autodestrucción». Una meta
con un largo camino por delante.
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