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Autor: VIS | Fuente: Vatican.va Una denuncia razonada de los errores de la crisis económica
Palabras del Papa Benedicto XVI relacionadas con la crisis económica mundial, la formación de los sacerdotes, la evangelización, la emergencia educativa y el valor de la liturgia.
Una denuncia razonada de los errores de la crisis económica
CIUDAD DEL VATICANO, 27 FEB 2009 (VIS).-Durante el encuentro de
ayer por la mañana con los párrocos y el clero
de la diócesis de Roma, que tuvo lugar en el
Aula de las Bendiciones, en el Vaticano, el Papa respondió
a ocho preguntas relacionadas con la crisis económica mundial, la
formación de los sacerdotes, la evangelización, la emergencia educativa y
el valor de la liturgia.
Benedicto XVI explicó que la Iglesia
tiene el deber de denunciar en modo razonable y razonado
los errores que han provocado la actual crisis económica. Este
deber, dijo, forma parte de la misión de la Iglesia
y se ejerce con valor y concreción, sin recurrir a
moralismos, sino motivándolo con razones concretas y comprensibles para todos.
Refiriéndose
a su próxima encíclica social, el Papa propuso una lectura
sintética de la actual crisis en dos niveles. El primero,
el macroeconómico, pone de relieve los fracasos de un sistema
basado en la idolatría del dinero y en el egoísmo,
que oscurecen en el hombre la razón y la voluntad
y lo conducen por caminos errados. Aquí la Iglesia está
llamada a hacer oír su voz -a nivel nacional e
internacional- para contribuir a corregir la dirección y mostrar así
el camino de la recta razón iluminada por la fe:
en definitiva, el camino de la renuncia a sí mismo
y de la atención de los necesitados.
En cuanto al segundo
nivel, el microeconómico, el Santo Padre recordó que los grandes
proyectos de reforma no pueden realizarse sin un cambio de
ruta individual. Si no hay justos no puede tampoco haber
justicia. Desde aquí invito, dijo, a intensificar el trabajo humilde
y cotidiano de la conversión de los corazones. Un trabajo
que involucra sobre todo a las parroquias; su actividad no
está limitada solo a la comunidad local, sino que se
abre la entera humanidad.
Por lo que respecta al tema de
la labor evangelizadora con las personas alejadas de la fe,
el Papa subrayó la importancia del testimonio personal, de personas
que vivan no para sí mismas sino para los otros.
Este aspecto del testimonio va unido al de la palabra:
lo primero, de hecho, da credibilidad a lo segundo, revelando
que la fe no es una filosofía ni una utopía,
sino una realidad que se hace vida.
Para este servicio, continuó,
son necesarios sacerdotes y catequistas formados culturalmente, pero sobre todo
capaces de hablar al hombre de hoy con la sencillez
de la verdad. Para mostrarle que Dios, en realidad, no
es un ser lejano, sino una persona que habla y
actúa en la vida de cada uno.
Hablando de la liturgia,
el Papa comentó que es como una escuela para aprender
el arte de ser persona y para experimentar la familiaridad
de Cristo. La Eucaristía, en particular, debe ser vivida, afirmó,
como signo y semilla de caridad.
El Santo Padre explicó a
raíz de una pregunta sobre el significado de la misión
del obispo de Roma, que es garantía de la universalidad
de la Iglesia y que ésta no se identifica con
ninguna cultura, porque trasciende nacionalismos y fronteras para acoger a
todos los pueblos en el respeto de sus riquezas y
peculiaridades.
Al responder a una cuestión sobre la emergencia educativa, Benedicto
XVI señaló que hoy falta una visión común del mundo,
una orientación ética que permita al ser humano no caer
en el arbitrio. Si la fe está siempre abierta a
todas las culturas, constituye también su criterio de discernimiento y
su punto de orientación.
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