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Autor: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org ¿Jesús nos habla de finanzas?
Siempre me llamó la atención la cantidad de parábolas que en las escrituras se refieren a los buenos administradores, a cuestiones de finanzas y al buen resguardo de las riquezas.
¿Jesús nos habla de finanzas?
Siempre me llamó la atención la cantidad de parábolas
que en las escrituras se refieren a los buenos administradores,
a cuestiones de finanzas y al buen resguardo de las
riquezas.
La parábola de los talentos es una de mis
preferidas, pero también la del buen administrador, la de los
obreros de la viña que negocian su salario, y varias
otras que de modo directo o indirecto se refieren a
la buena gestión de los negocios. Es como que las
cuestiones financieras permiten trazar buenos paralelos con la vida espiritual,
y por eso Jesús echó mano tan a menudo a
estos asuntos en Sus parábolas.
¿Y cual es la base
de las finanzas, sino la contabilidad?. A propósito, ¿saben quien
fue el que inventó la contabilidad moderna, como hoy la
utilizamos?. ¡Sorpresa!. Fue un monje, el fraile Lucca Pacciolo, varios
siglos atrás. ¿Será que se inspiró en las Escrituras?. Quien
sabe...
Lo concreto es que su invención se basa en la
llamada “partida doble”, perfecto equilibrio entre débitos y créditos, entre
sumas y restas. Pero quizás lo esencial no sea tanto
la existencia de débitos y créditos, como la existencia del
saldo, el balance permanente entre débitos y créditos. Cuando unos
superan a otros, el saldo será deudor o acreedor, positivo
o negativo, tinta negra o tinta roja, según sea el
signo final resultante de esta ecuación.
Y miren qué maravilloso
es este método, porque grafica realmente la gestión que realizamos
de nuestra propia vida. Los débitos son nuestras buenas acciones,
las que suman, las que agregan valor a nuestra alma,
luz, virtud. En cambio los créditos son nuestras faltas y
caídas, pecado, sombra y oscuridad, son acciones que restan valor
a nuestra vida espiritual. El saldo, mientras tanto, nos muestra
a cada instante el estado de nuestra alma, deudor o
acreedor, positivo o negativo, a cobrar o a pagar. ¡Es
una verdadera cuenta corriente espiritual!.
Nuestra vida es un constante
cúmulo de débitos y créditos, y el saldo varía instante
a instante. Cuando el saldo es deudor, tenemos una cuenta
a cobrar, un bien a recibir. ¿Sabes qué es?. ¡El
Reino!. Pero cuidado, que el cobro sólo se produce cuando
llega el cierre de ejercicio, la fecha de cierre del
balance espiritual. El saldo puede ser deudor en un momento
de nuestra vida, y sin embargo luego descarrilarse y revertirse
por el cúmulo de malas acciones y falta de virtud.
¡Demasiados créditos y muy pocos débitos!. ¿Y que ocurre cuando
el saldo es acreedor, inmensamente acreedor, ante la enorme acumulación
de créditos, malas acciones y olvido de Dios?. Pues lo
que le ocurre a cualquier empresa que tiene un pasivo,
una deuda que se torna impagable: quiebra. ¡Cualquier similitud entre
la quiebra y el infierno va por cuenta de tu
imaginación!.
Pero, gracias a Dios, el Gran Administrador creó el concurso
de acreedores, que nos permite salir de la situación de
quiebra inminente y recuperarnos, el chapter eleven, como le dicen
en Estados Unidos. ¿Ves alguna similitud entre esto y el
Purgatorio?. Quizás...
Como verás, el Creador también nos ha dado las
finanzas para que sepamos administrar nuestra vida espiritual. Y nos
ha mostrado a algunas almas que han llegado al cierre
de su ejercicio contable, a la fecha de balance, con
un saldo deudor enorme, una cuenta a cobrar gigantesca. ¡Los
santos!
Ellos recorrieron la vida acumulando una enorme proporción de
débitos y una pequeña cantidad de créditos, amasando una fortuna
espiritual gigantesca que hizo crecer el precio de su acción
más y más en el Cielo, en el lugar de
las eternas delicias. ¡Qué enorme es la tasa de rentabilidad
de los santos, qué elevado es el retorno sobre capital
espiritual invertido!.
El fraile Lucca Pacciolo debe mirar desde el
Cielo lo que se hizo con su invento, con la
contabilidad, y se debe tomar la cabeza. ¡Miren para que
la utilizamos hoy en día!.
Seamos buenos administradores de nuestra
alma, buenos financistas espirituales. Que los débitos poco a poco
reviertan el saldo de nuestra cuenta corriente espiritual, la saquen
de la zona de tinta roja, y se torne en
un saldo bien deudor, indicador de un creciente activo espiritual
que realizaremos el día de cierre de nuestro ejercicio terrenal.
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me gusta mucho este artículo que pone en su justa medida la necesidad que Cristo hacía de tener una buena administración de las finanzas pero sobre todo de la vida en todos sus aspectos.
saludos