La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Andreas Boehmler | Fuente: www.arbil.org La Antropología del Dinero
El proceso cultural está caracterizado por el despliegue del "espíritu objetivo", esto es, la separación creciente entre deseos subjetivos y su satisfacción mediante la producción objetiva: el mundo de los medios.
La Antropología del Dinero
Dinero: mediación e institución Una vez cimentada la relación
entre el carácter sustancial y funcional del dinero Simmel emprende
la tarea de situar el dinero antropológicamente. El hombre se
investiga en cuanto agente. La acción del hombre, sin embargo,
queda enfocada exclusivamente como "póiesis": actuar es objetivar.
El hombre
es autoconstrucción mediante la interacción entre sujeto y objeto. Ésta
constituye el proceso cultural. El "obrar por fines" (práxis), en
la antropología simmeliana, se reduce a "obrar por objetivos" (póiesis).
La razón pragmática se pone al servicio de la objetivación.
El proceso cultural está caracterizado por el despliegue del "espíritu
objetivo", esto es, la separación creciente entre deseos subjetivos y
su satisfacción mediante la producción objetiva: el mundo de los
medios. Entre la infinitud del desear humano y su respectiva
finalidad se intercala el mundo de los medios. El proceso
cultural es mediación. Simmel desarrolla, dentro de su esfuerzo de
situar al dinero, una portentosa teoría de la acción (ética
utilitarista) y, en consecuencia, de las instituciones sociales (filosofía política
pragmática). Simmel afirma que aquel estatuto de "homo faber"67 configura
tanto la grandeza como la miseria del hombre: por la
técnica (medios) puede mucho, pero la misma necesidad de medios
para alcanzar sus fines indica su limitación68. En el dilema
análogo se encuentra el dinero porque es medio y mediador
por excelencia, es el instrumento absoluto en tanto que ha
dejado atrás todo carácter cualitativo, o sea: limitante. El dinero
es pura cantidad. Esta teoría invoca, de algún modo, la
filosofía aristotélica que dice que en cierto modo la potencia
es "nada", dotada, sin embargo, del accidente «cantidad». El dinero,
para poder ser instrumento absoluto, en cierto modo tiene que
ser "nada": pura potencialidad.
Ahora bien, de este «carácter» suyo
precisamente la «falta de todo carácter», Simmel parte para tratar
lo que es más explícitamente objeto de la parte segunda
de la "Filosofía del dinero": el carácter fáustico-trágico del dinero,
algo que podría llamarse "obscuración de los fines" del hombre
inmerso en un mundo economizante que sólo trata de los
medios. Este carácter medial, además, ha ido usurpando sucesivamente todos
los ámbitos de la vida humana, revolucionando las relaciones "medio-fin",
"cantidad-cualidad", "función-sustancia", "forma-contenido". Estos aspectos Simmel los abarca más detenidamente
en las secciones II y III del tercer capítulo: "El
Dinero en los Ordenes Teleológicos", de la parte analítica de
dicho libro, y más propiamente en la Parte Segunda.
Ahora
intentaremos entender cómo Simmel sitúa el dinero dentro de una
visión antropológica, comenzando por el análisis de su teoría de
la accion que desarrolla en la sección primera de este
capítulo.
Simmel distingue conceptualmente entre dos tipos de acción: la
acción causal y la acción teleológica; ambas son distintas pero
no separables. En la primera el impulso, el instinto, es
el motor que empuja, es una fuerza que se libra
mediante un mecanismo, una regla. Este tipo de obrar es
propio al animal aun cuando no se limita a él.
El término: "acción causal" tiene carácter más bien pasivo, no
es propiamente activo sino que se padece un movimiento; es
necesario: se carece de libertad. Por tanto, lo propio del
hombre es "operari propter finem": la acción teleológica. Aun cuando
el fin es principio de acción lo es sólo idealmente,
pero no realmente. Idealmente, por lo tanto, el fin es
causa, realmente no hay identidad entre ambos.
Bien sabido es
que Simmel, siguiendo a Kant, ya no distingue entre "agere"
y "facere". Para él, entonces, acción se reduce a producción,
propia del "homo faber", y "fin" a "efecto". Mientras la
acción causal queda clausurada en el sujeto, es decir, no
trasciende a si misma69 la acción teleológica "busca, en primer
lugar, la consecución de un cierto resultado objetivo. ... La
acción teleológica supone la mezcla consciente de nuestras energías70 subjetivas
con un ser objetivo". La objetivación se interpone entre una
doble operación sujetiva que es como su principio y su
fin: "(A)nticipación de su contenido (real) en la foma de
intención subjetiva y... retroacción de su realización, bajo la forma
de un sentimiento subjetivo".
Ahora, volvamos al dinero, esta realidad
específicamente humana. Pronto se entenderá por qué. Dice Simmel: "(N)uestra
actividad es... el puente sobre el cual el contenido final
pasa de su forma psíquica a la forma de la
realidad. Por razón de su esencia, (sin embargo,) el fin
está vinculado al hecho del medio", porque el paso entre
estos dos momentos subjetivos no es inmediato, sino mediatizado por
la interacción con un "otro que": un objeto. Obrar -en
terminología moderna-es objetivar, es producir objetos que nos son medios
con vistas a un efecto subjetivo. Los medios, entonces, tienen
un carácter doble: de un lado nos hacen sentir nuestra
impotencia porque nuestro querer no es inmediatamente poder sobre el
fin, del otro es el modo de superar esta distancia
entre el querer y su satisfacción. La objetivación intercalada es
producción de medios, es mecanismo: "un mecanismo que lleva del
espíritu al espíritu... (al igual que) una curva cuyo orígen
y final reside en el alma". Con la dinámica de
mediaciones "comienzan las complicaciones sociales que culminan con la creación
del dinero".
En este análisis percibimos toda la problemática de
la actividad económica en cuanto objeto de ciencia. La ciencia
económica en uso dice tratar de los medios y en
consecuencia se inscribe en el ámbito de las ciencias naturales.
La economía sería por tanto un mecanismo. El modelo mecanicista
se refiere a las causas eficientes: el efecto sigue necesariamente
a la causa. Adam Smith, el padre del liberalismo económico,
paradójicamente, es un «mecanicista» que aplica las leyes newtonianas de
la mecánica a la economía71. Las "intenciones de fines" quedan
fuera del modelo. Descubrimos de nuevo una aplicación práctica de
la escisión moderna entre naturaleza y libertad -el dualismo "res
extensa" y "res cogitans" cartesiano que, junto a las enseñanzas
newtonianas, influyeron tanto en el dualismo o la dialéctica kantiana.
En esta linea de argumentación se situa Simmel aun cuando
une naturaleza y espíritu sujetándolas a la interacción. La palabra
mágica, de nuevo, es "relatividad". Esto significa que debe concebir
un "algo" radicalmente separado. Habla de "mezcla del ser natural
y el espiritual". Simmel identifica lo natural con causalidad en
cuanto opuesta a, -pero relacionado con-, finalidad, de tal modo
que lo causal y lo teleológico, lo objetivo y lo
subjetivo evolucionan interrelacionándose: "La longitud de los órdenes teleológicos depende
de la longitud de los órdenes causales; por otro lado,
la existencia y posesión de los medios origina inumerables veces,
no sólo la realización del objetivo, sino, también, la propia
idea del mismo". Con esto, por cierto, Simmel contribuye a
una posible superación del mecanicismo moderno al dibujar una doble
línea hacia la libertad. Las «intenciones de fines» están relacionadas
con la economía. Ésta tan sólo en un sentido demasiado
estricto sería un mecanismo: en cuanto que se refiere a
medios. Sin embargo, el hombre siempre cuando actua lo hace
con la intención de fines. Por consiguiente, el mecanismo económico
es algo irreal; la economia "pura" no existe sino conceptualmente.
En Simmel, -aunque éste no lo vea-, tenemos un instrumental
analítico que nos ayuda a descubrir que hacer economía siempre
es también hacer o deshacer al hombre. La economía como
actividad humana, -o sea: como intencionalidad-, por definición propia implica
su carácter moral. El mecanicismo económico nada nos dice acerca
de intenciones y fines del obrar; por consiguiente, tenemos que
eligir. La libertad radica en el acto de querer; queremos
fines y medios. Por tanto urge recuperar una racionalidad más
completa que la técnico-instrumental (razón de medios). Lo económico como
mecanismo, el mundo de los medios, por muy extenso que
parezca, propiamente pensado es algo ficticio, es una "realidad" «en
y para sí» tan reducida, que sin el elemento teleológico
no puede operar. Para recuperar una visión teleológica completa la
filosofía clásica nos ofrece el instrumental de la racionalidad práctica72.
Son las virtudes el nexo y la síntesis entre lo
natural y lo espiritual. Somos libres por naturaleza, pero adquiriendo
virtudes incrementamos nuestra libertad. Las virtudes son libertad hecha naturaleza:
"verbum caro factum".
Llegado a este punto del análisis se
ve ya poca coincidencia entre la teoría de la acción
(ética) clásica y moderna. La primera invoca el "hábito de
los primeros principios" -que es un auténtico "haber" nuestro-; la
otra habla de autoproducción aunque de modo pluriforme. En Simmel
-en este punto es hegeliano- el proceso cultural es mera
interacción entre sujeto y objeto en cuanto peculiar modo de
autoproducción del sujeto mediante lo puesto fuera de sí: el
"ob-jectum". El proceso cultural es "prolongación de la serie causal".
Esta expansión de lo mediato (medios, mecanicismo) "significa que el
sujeto cada vez permite más que las fuerzas del objeto
trabajen para él"73. En lugar de integrar lo técnico dentro
de lo ético observamos cómo Simmel ve estos elementos escindiéndose:
El sentimiento, "este eslabón final imprecindible en la cadena de
la actividad no tiene por qué ser su último término;
nuestra voluntad, determinada teleológicamente, suele detenerse en su resultado objetivo,
conscientemente, sin continuar inquiriendo por encima de éste". "En una
palabra, la evolución de la cultura se orienta hacia la
prolongación de los órdenes teleológicos para lo objetivamente cercano y
a una reducción de los mismos para lo objetivamente lejano".
Esto Llano lo llama escisión entre lo ´tecnoestructural´ y lo
´ético´: en el primer ámbito es patente el olvido del
"telos", todo es mediatez; en el segundo sólo se habla
de satisfacciones, todo es inmediatez. Este anhelo de "inmediación" frente
a la mediación objetiva caracteriza al mundo actual, llamado por
algunos posmoderno. En este sentido Simmel forma parte de la
vanguardia de la posmodernidad. La posmodernidad es sociologizante. Simmel tiene
conciencia de cómo el abismo entre sujeto y objeto está
abriéndose pero todavía confía en que cada parte encuentre su
propia perfección en este proceso desgarrador.
Si te interesan estos
temas, te invitamos a participar en nuestro
Foro de Empresarios Católicos donde puedes compartir tus dudas, experiencias
y problemas, con aquellos que, asumiendo su compromiso cristiano, buscan
dignificar el trabajo, humanizando, dirigiendo y sirviendo en su empresa,
de acuerdo con los lineamientos de la Doctrina Social Cristiana.
Para entrar al foro da un click
aquí.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR