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Autor: Andreas Boehmler | Fuente: www.arbil.org
La Antropología del Dinero
El proceso cultural está caracterizado por el despliegue del "espíritu objetivo", esto es, la separación creciente entre deseos subjetivos y su satisfacción mediante la producción objetiva: el mundo de los medios.
 
La Antropología del Dinero
La Antropología del Dinero


Dinero: mediación e institución
Una vez cimentada la relación entre el carácter sustancial y funcional del dinero Simmel emprende la tarea de situar el dinero antropológicamente. El hombre se investiga en cuanto agente. La acción del hombre, sin embargo, queda enfocada exclusivamente como "póiesis": actuar es objetivar.

El hombre es autoconstrucción mediante la interacción entre sujeto y objeto. Ésta constituye el proceso cultural. El "obrar por fines" (práxis), en la antropología simmeliana, se reduce a "obrar por objetivos" (póiesis). La razón pragmática se pone al servicio de la objetivación. El proceso cultural está caracterizado por el despliegue del "espíritu objetivo", esto es, la separación creciente entre deseos subjetivos y su satisfacción mediante la producción objetiva: el mundo de los medios. Entre la infinitud del desear humano y su respectiva finalidad se intercala el mundo de los medios. El proceso cultural es mediación. Simmel desarrolla, dentro de su esfuerzo de situar al dinero, una portentosa teoría de la acción (ética utilitarista) y, en consecuencia, de las instituciones sociales (filosofía política pragmática). Simmel afirma que aquel estatuto de "homo faber"67 configura tanto la grandeza como la miseria del hombre: por la técnica (medios) puede mucho, pero la misma necesidad de medios para alcanzar sus fines indica su limitación68. En el dilema análogo se encuentra el dinero porque es medio y mediador por excelencia, es el instrumento absoluto en tanto que ha dejado atrás todo carácter cualitativo, o sea: limitante. El dinero es pura cantidad. Esta teoría invoca, de algún modo, la filosofía aristotélica que dice que en cierto modo la potencia es "nada", dotada, sin embargo, del accidente «cantidad». El dinero, para poder ser instrumento absoluto, en cierto modo tiene que ser "nada": pura potencialidad.

Ahora bien, de este «carácter» suyo precisamente la «falta de todo carácter», Simmel parte para tratar lo que es más explícitamente objeto de la parte segunda de la "Filosofía del dinero": el carácter fáustico-trágico del dinero, algo que podría llamarse "obscuración de los fines" del hombre inmerso en un mundo economizante que sólo trata de los medios. Este carácter medial, además, ha ido usurpando sucesivamente todos los ámbitos de la vida humana, revolucionando las relaciones "medio-fin", "cantidad-cualidad", "función-sustancia", "forma-contenido". Estos aspectos Simmel los abarca más detenidamente en las secciones II y III del tercer capítulo: "El Dinero en los Ordenes Teleológicos", de la parte analítica de dicho libro, y más propiamente en la Parte Segunda.

Ahora intentaremos entender cómo Simmel sitúa el dinero dentro de una visión antropológica, comenzando por el análisis de su teoría de la accion que desarrolla en la sección primera de este capítulo.

Simmel distingue conceptualmente entre dos tipos de acción: la acción causal y la acción teleológica; ambas son distintas pero no separables. En la primera el impulso, el instinto, es el motor que empuja, es una fuerza que se libra mediante un mecanismo, una regla. Este tipo de obrar es propio al animal aun cuando no se limita a él. El término: "acción causal" tiene carácter más bien pasivo, no es propiamente activo sino que se padece un movimiento; es necesario: se carece de libertad. Por tanto, lo propio del hombre es "operari propter finem": la acción teleológica. Aun cuando el fin es principio de acción lo es sólo idealmente, pero no realmente. Idealmente, por lo tanto, el fin es causa, realmente no hay identidad entre ambos.

Bien sabido es que Simmel, siguiendo a Kant, ya no distingue entre "agere" y "facere". Para él, entonces, acción se reduce a producción, propia del "homo faber", y "fin" a "efecto". Mientras la acción causal queda clausurada en el sujeto, es decir, no trasciende a si misma69 la acción teleológica "busca, en primer lugar, la consecución de un cierto resultado objetivo. ... La acción teleológica supone la mezcla consciente de nuestras energías70 subjetivas con un ser objetivo". La objetivación se interpone entre una doble operación sujetiva que es como su principio y su fin: "(A)nticipación de su contenido (real) en la foma de intención subjetiva y... retroacción de su realización, bajo la forma de un sentimiento subjetivo".

Ahora, volvamos al dinero, esta realidad específicamente humana. Pronto se entenderá por qué. Dice Simmel: "(N)uestra actividad es... el puente sobre el cual el contenido final pasa de su forma psíquica a la forma de la realidad. Por razón de su esencia, (sin embargo,) el fin está vinculado al hecho del medio", porque el paso entre estos dos momentos subjetivos no es inmediato, sino mediatizado por la interacción con un "otro que": un objeto. Obrar -en terminología moderna-es objetivar, es producir objetos que nos son medios con vistas a un efecto subjetivo. Los medios, entonces, tienen un carácter doble: de un lado nos hacen sentir nuestra impotencia porque nuestro querer no es inmediatamente poder sobre el fin, del otro es el modo de superar esta distancia entre el querer y su satisfacción. La objetivación intercalada es producción de medios, es mecanismo: "un mecanismo que lleva del espíritu al espíritu... (al igual que) una curva cuyo orígen y final reside en el alma". Con la dinámica de mediaciones "comienzan las complicaciones sociales que culminan con la creación del dinero".

En este análisis percibimos toda la problemática de la actividad económica en cuanto objeto de ciencia. La ciencia económica en uso dice tratar de los medios y en consecuencia se inscribe en el ámbito de las ciencias naturales. La economía sería por tanto un mecanismo. El modelo mecanicista se refiere a las causas eficientes: el efecto sigue necesariamente a la causa. Adam Smith, el padre del liberalismo económico, paradójicamente, es un «mecanicista» que aplica las leyes newtonianas de la mecánica a la economía71. Las "intenciones de fines" quedan fuera del modelo. Descubrimos de nuevo una aplicación práctica de la escisión moderna entre naturaleza y libertad -el dualismo "res extensa" y "res cogitans" cartesiano que, junto a las enseñanzas newtonianas, influyeron tanto en el dualismo o la dialéctica kantiana.

En esta linea de argumentación se situa Simmel aun cuando une naturaleza y espíritu sujetándolas a la interacción. La palabra mágica, de nuevo, es "relatividad". Esto significa que debe concebir un "algo" radicalmente separado. Habla de "mezcla del ser natural y el espiritual". Simmel identifica lo natural con causalidad en cuanto opuesta a, -pero relacionado con-, finalidad, de tal modo que lo causal y lo teleológico, lo objetivo y lo subjetivo evolucionan interrelacionándose: "La longitud de los órdenes teleológicos depende de la longitud de los órdenes causales; por otro lado, la existencia y posesión de los medios origina inumerables veces, no sólo la realización del objetivo, sino, también, la propia idea del mismo". Con esto, por cierto, Simmel contribuye a una posible superación del mecanicismo moderno al dibujar una doble línea hacia la libertad. Las «intenciones de fines» están relacionadas con la economía. Ésta tan sólo en un sentido demasiado estricto sería un mecanismo: en cuanto que se refiere a medios. Sin embargo, el hombre siempre cuando actua lo hace con la intención de fines. Por consiguiente, el mecanismo económico es algo irreal; la economia "pura" no existe sino conceptualmente. En Simmel, -aunque éste no lo vea-, tenemos un instrumental analítico que nos ayuda a descubrir que hacer economía siempre es también hacer o deshacer al hombre. La economía como actividad humana, -o sea: como intencionalidad-, por definición propia implica su carácter moral. El mecanicismo económico nada nos dice acerca de intenciones y fines del obrar; por consiguiente, tenemos que eligir. La libertad radica en el acto de querer; queremos fines y medios. Por tanto urge recuperar una racionalidad más completa que la técnico-instrumental (razón de medios). Lo económico como mecanismo, el mundo de los medios, por muy extenso que parezca, propiamente pensado es algo ficticio, es una "realidad" «en y para sí» tan reducida, que sin el elemento teleológico no puede operar. Para recuperar una visión teleológica completa la filosofía clásica nos ofrece el instrumental de la racionalidad práctica72. Son las virtudes el nexo y la síntesis entre lo natural y lo espiritual. Somos libres por naturaleza, pero adquiriendo virtudes incrementamos nuestra libertad. Las virtudes son libertad hecha naturaleza: "verbum caro factum".

Llegado a este punto del análisis se ve ya poca coincidencia entre la teoría de la acción (ética) clásica y moderna. La primera invoca el "hábito de los primeros principios" -que es un auténtico "haber" nuestro-; la otra habla de autoproducción aunque de modo pluriforme. En Simmel -en este punto es hegeliano- el proceso cultural es mera interacción entre sujeto y objeto en cuanto peculiar modo de autoproducción del sujeto mediante lo puesto fuera de sí: el "ob-jectum". El proceso cultural es "prolongación de la serie causal". Esta expansión de lo mediato (medios, mecanicismo) "significa que el sujeto cada vez permite más que las fuerzas del objeto trabajen para él"73. En lugar de integrar lo técnico dentro de lo ético observamos cómo Simmel ve estos elementos escindiéndose: El sentimiento, "este eslabón final imprecindible en la cadena de la actividad no tiene por qué ser su último término; nuestra voluntad, determinada teleológicamente, suele detenerse en su resultado objetivo, conscientemente, sin continuar inquiriendo por encima de éste". "En una palabra, la evolución de la cultura se orienta hacia la prolongación de los órdenes teleológicos para lo objetivamente cercano y a una reducción de los mismos para lo objetivamente lejano". Esto Llano lo llama escisión entre lo ´tecnoestructural´ y lo ´ético´: en el primer ámbito es patente el olvido del "telos", todo es mediatez; en el segundo sólo se habla de satisfacciones, todo es inmediatez. Este anhelo de "inmediación" frente a la mediación objetiva caracteriza al mundo actual, llamado por algunos posmoderno. En este sentido Simmel forma parte de la vanguardia de la posmodernidad. La posmodernidad es sociologizante. Simmel tiene conciencia de cómo el abismo entre sujeto y objeto está abriéndose pero todavía confía en que cada parte encuentre su propia perfección en este proceso desgarrador.


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