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Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org No todo se puede comprar
Análisis del texto de John Bogle, La Batalla por el Alma del Capitalismo en el que se reflexiona sobre la economía y la necesidad de los valores humanos y espirituales para hacer un mercado ético.
No todo se puede comprar
Continúa el debate ético sobre el mercado Tras el colapso del
comunismo y la adopción de políticas de libre mercado por
casi todos los países y partidos políticos, debería triunfar el
capitalismo de mercado. Pero libros recientes ponen de relieve los
defectos de los mercados libres.
En «The Battle for the Soul
of Capitalism» (La Batalla por el Alma del Capitalismo) (Yale
University Press), John Bogle analiza lo que él considera fallos
cruciales en los mercados financieros. Bogle, antiguo jefe ejecutivo del
Vanguard mutual fund group, querría que el sistema funcionara en
interés de los accionistas y propietarios, en lugar de hacerlo
en interés de los gestores.
Bogle sostiene que en las
dos últimas décadas se ha contemplado una grave erosión en
la conducta y en los valores de los líderes empresariales,
en los banqueros inversionistas y en los gestores de dinero.
Firme defensor del capitalismo y de los mercados libres, Bogle
lamenta, no obstante, la excesiva atención prestada a los valores
de la bolsa, en lugar de a los valores intrínsecos
de las corporaciones.
Gracias a su propia experiencia en el
mercado de los fondos sociales, considera cuánto ha contribuido este
sector a los actuales problemas. Estos fondos no sólo mueven
grandes sumas de dinero en forma de honorarios y en
beneficios de las ganancias en bolsa. También sirven para aislar
a los gestores de cualquier forma de control por parte
de los accionistas, sostiene Bogle. Los inversores institucionales en general,
así como los fondos para la jubilación y los fondos
sociales, poseen actualmente dos tercios de todos los valores negociables
de Estados Unidos. De hecho, los 100 fondos más importantes
suman no menos del 52% de todos los valores negociables.
Otro factor que afecta de modo adverso a los mercados
financieros, observa Bogle, es la concentración en las ganancias a
corto plazo. Hace pocas décadas, los fondos sociales veían cómo
cerca de un 15% de sus inversiones se remuneraban en
un año. A finales de los noventa, esto había subido
hasta un 100%, porque los gestores de los fondos perseguían
rápidas remuneraciones en un mercado en crecimiento. Esta tendencia que
va de la inversión a la especulación a corto plazo
significa que los fondos están menos interesados en presionar a
las compañías a mejorar su ética o su gestión.
Igualmente,
todos, los directores de las corporaciones, los auditores, y los
legisladores, han fallado a la hora de asegurar un seguimiento
suficiente de cómo funcionan las compañías, lo que ha llevado
a los escándalos de los últimos años. Necesidad de valores
«El capitalismo requiere una estructura y un sistema de valores
en los que crea la gente y de la que
se pueda depender», sostiene Bogle. Esto incluye confiar en la
palabra del otro, y la seguridad de que el sistema
funcionará con equidad. Y durante mucho tiempo esto ha funcionado;
el capitalismo logró ventajas económicos notables.
A finales del siglo
XX el sistema cambió y se volvió una forma de
«capitalismo de directivos». En casos extremos, se vieron compañías que
funcionaban en beneficio de sus gestores, y no en beneficio
de sus propietarios o accionistas. Prueba de ello es el
altísimo nivel de remuneración dado a los ejecutivos de las
compañías en años recientes, una tendencia que Bogle critica con
dureza.
Los accionistas también se han beneficiado, reconoce Bogle. Incluso
teniendo en cuenta el «estallido de la burbuja» en el
2002, el mercado de valores de Estados Unidos subió una
media anual del 13% desde 1982 hasta principios del 2005.
(Añade, no obstante, que una gran proporción de acciones que
se vendieron antes del estallido de la burbuja, fueron vendidas
por los ejecutivos de las empresas).
Bogle propone una serie
de reformas para superar las deficiencias que él subraya: una
remuneración de los ejecutivos basada en el buen funcionamiento; un
gobierno corporativo mejor; una mejora de las prácticas contables; una
vuelta al enfoque a largo plazo; y una separación más
clara entre propiedad y dirección.
Otro libro que ha llamado
la atención sobre cómo los mercados financieros causan graves problemas
es «Capitalism´s Achilles Heel» (El Talón de Aquiles del Capitalismo)
(John Wiley & Sons). Escrito por Raymond Baker, antiguo hombre
de negocios y, actualmente, profesor invitado en la Brookings Institution
de Washington, el libro llama la atención sobre problemas como
el soborno, el blanqueo de dinero, la evasión de impuestos
y las desigualdades en las rentas.
Baker, así lo expresa,
está a favor del capitalismo. Pero se muestra preocupado de
que hoy mucha gente se aproveche de sus debilidades en
vez de construir sobre sus puntos fuertes. Se muestra especialmente
preocupado por el hecho de que los defectos que él
pone de relieve hayan contribuido a abrir una enorme brecha
entre ricos y pobres, que, a su vez, está minando
las perspectivas de prosperidad futuras. Mercado ético
El mercado también
tiene muchos aspectos positivos. Uno de sus defensores es John
Meadowcroft, director del Institute of Economic Affairs de Londres y
autor del libro «The Ethics of the Market» (La Ética
del Mercado) (Palgrave).
Sostiene que el mercado es una importante
escuela de virtud, y que la participación en una economía
de mercado, más que debilitar, refuerza instituciones como la familia.
El mercado no impone un sistema específico de valores. Los
mecanismos del mercado, como tales, observa Meadowcroft, pueden utilizarse fácilmente
tanto para fines altruistas como hedonistas.
El sistema de mercado
permite a los individuos hacer elecciones que son cuestionables moralmente,
observa. No obstante sostiene que sería un error intentar forzar
moralmente a las personas. Hay buenas razones para creer, sostiene
Meadowcroft, que, allí donde el papel del estado ha aumentado,
éste ha rechazado las instituciones de la sociedad civil y
ha disminuido su posibilidad de contribuir al capital moral de
la sociedad.
La justificación ética del mercado reside en ser
el mecanismo más eficaz para ayudar a personas de las
que no tenemos un conocimiento personal directo. Además, da a
los individuos la posibilidad más grande posible de determinar su
propio destino.
En el mercado, las personas persiguen sus propios
fines y el mercado puede regular la actividad económica y
asegurar la mayor eficiente a través del funcionamiento libre del
sistema de precios. Éste no es sólo un sistema individualista,
sostiene Meadowcroft. El mercado es, más bien, un proceso social
en que los individuos aprenden que sus propios fines pueden
lograrse sólo si se concilian de alguna manera con los
de otras personas.
Al exigir a la gente que continuamente
revise sus fines a la luz de la información sobre
los demás, comunicada a través de las señales de los
precios, el mercado coordina una multitud de fines y valores
en competencia hacia una actividad económica coordinada.
En este sentido,
no es correcto pensar que el mercado funciona, como lo
describía Adam Smith, a través del amor propio. No es
el egoísmo el que guía al mercado. Más bien, los
individuos se ven motivados a responder a las señales generadas
por los precios. La coordinación económica depende de las personas
que están alerta ante estas señales, sean egoístas o altruistas
los fines que busquen.
¿Y qué se puede decir sobre
la acusación de que el sistema de mercado lleva a
una distribución desigual de la riqueza? Meadowcroft replica que esto
es simplemente el resultado del valor de las contribuciones económicas
determinadas por las percepciones de los consumidores y productores. La
desigualdad es una parte de cómo funciona el mercado. Además,
es parte de un sistema que trae consigo beneficios para
todos los miembros de la sociedad. Sostiene, sin embargo, que
el estado debería garantizar un ingreso mínimo para asegurar que
a nadie se le deja en la pobreza absoluta. Una
visión más amplia
El Compendio de la Doctrina Social de
la Iglesia tiene una amplia sección dedicada a la economía.
Reconoce (en el No. 347, por ejemplo) el papel positivo
jugado por los mercados, que permite que se desarrolle con
eficacia el potencial económico.
No obstante, el Compendio indica que
también es necesario que las personas recuerden aspectos como el
asegurar la justicia y la solidaridad. Deben evitar el error
de ver la acumulación de bienes materiales como el único
fin de su actividad.
Además, la actividad económica es sólo
una faceta de la actividad humana y es necesario colocarla
en el contexto más amplio de la persona. Considerar las
cosas dentro de esta perspectiva más amplia es, de hecho,
un punto clave planteado por el Compendio. Esto puede resultar
duro para algunos, pero es algo que abriría un camino
para evitar las deficiencias de funcionamiento del mercado.
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