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Autor: MAURICIO GUERRERO M., Revista USEM | Fuente: www.usem.org.mx Futuro Viejo
Una mujer anciana, sin pensión y sin ningún tipo de asistencia social, cuyo soporte económico sea un hijo único empleado en una actividad informal y sin sueldo fijo, será uno de los ejemplos típicos de la sociedad mexicana sin futuro...
Futuro Viejo
Una mujer anciana, sin pensión y sin ningún tipo
de asistencia social, cuyo soporte económico sea un hijo único
empleado en una actividad informal y sin sueldo fijo, será
uno de los ejemplos típicos de la sociedad mexicana sin
futuro, cuando su población esté envejecida y una persona de
cada cuatro sea mayor de 65 años. Tal es el
pronóstico de Virgilio Partida, director de Investigación demográfica del Consejo
Nacional de Población (Conapo).
En el futuro mediato los mexicanos tendremos
todas las condiciones demográficas en contra, añade Miguel Székely, especialista
en temas de población del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Los problemas no se deberán, como en el pasado, al
crecimiento poblacional, sino todo lo contrario: al control de natalidad
implementado en México desde los años 60.
El paulatino envejecimiento de
los mexicanos es inexorable. La población en edad escolar (de
seis a 14 años) llegó a su máximo histórico en
1999 (20 millones) y en adelante disminuye paulatinamente; los menores
de 15 años, que este año representan 33.2 % de
la población, disminuirán gradualmente y en 2050 sólo serán 14.6
% del total. En cambio, los mayores de 65 años
se multiplicarán casi por seis dentro de cinco décadas, según
proyecciones de la Conapo.
Los inconvenientes que plantea esta dinámica se
reflejarán principalmente en la seguridad social y la generación de
fondos económicos para el sostén de los senescentes, y en
las condiciones de salud de la población, que implican recursos,
atención y cuidados particulares. Frente a esta necesidad de destinar
grandes cantidades de dinero en las próximas décadas para pagar
las pensiones y atenciones médicas de la vejez, la población
económicamente activa (PEA, de 15 a 65 años) que deberá
generar tales recursos, en cambio, será proporcionalmente menor: de 62
% del total en el presente año pasará a 60.7
% en 2050.
A su vez, aunque la economía mexicana creciera
a una tasa promedio anual de entre 5 y 6
%, la pobreza no será erradicada hasta dentro de, por
lo menos, tres décadas, según un estudio elaborado por el
BID. Y tampoco el desempleo podrá ser erradicado en menos
de 20 años, según un análisis de la Organización Internacional
del Trabajo (OIT).
¿Viejos y pobres? Entonces, ¿México será un país de
viejos y pobres? "Son dos tendencias visibles en la sociedad
mexicana", responde Verónica Montes de Oca, especialista del Instituto de
Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El envejecimiento de la población representa un problema sólo si
se conjunta con la pobreza del país, agrega.
En Europa occidental,
por ejemplo, hay gran proporción de ancianos que gozan de
un aceptable nivel de vida porque las sociedades europeas, a
diferentes velocidades, logran fortalecerse económicamente y luego, poco a poco,
envejecieron en un lapso de 250 años. "México, en cambio,
envejecerá en 40 años, causando significativos niveles de pobreza", advierte
Roberto Ham, demógrafo del Colegio de la Frontera Norte y
del Colegio de México.
Control natal A principios del siglo XX las
políticas de la población en América Latina alentaban la natalidad
con la intención de poblar el territorio y, en consecuencia,
impulsar el desarrollo del país. Ya para 1950, el aumento
de las tasas de fecundidad y el descenso de la
mortalidad, propiciando por las acciones a favor de la salud,
conformaron la llamada "explosión demográfica", considerada como un problema por
los gobiernos latinoamericanos, que impulsaron el control natal con intensas
campañas educativas.
Predominó entonces el pensamiento maltusiano -formulado desde el siglo
XIX por Thomas Malthus-, según el cual la población aumenta
geométricamente mientras que los medios de subsistencia lo hacen aritméticamente,
cuya consecuencia es el empobrecimiento progresivo e la población. La
llamada "demografía apocalíptica" fue la base conceptual de las políticas
que en México, desde 1974, se abocaron a reducir las
tareas de fecundidad.
Esa fue una de las principales causas de
que la población mexicana envejeciera gradual pero inexorablemente. La edad
media de la población pasará de casi 27 años en
2000 a 45 en 2050; y lo que parecía increíble:
para 2049 el crecimiento natural será negativo, es decir, los
recién nacidos no podrán siquiera reemplazar a los fallecidos, según
estimaciones de Conapo.
El reto es cómo generar recursos para mantener
a una población que, en general, no puede sostenerse por
sí misma. La mayoría de la gente selecta depende económicamente
de su familia o de una pensión insuficiente.
A pesar que
el cambio demográfico por el envejecimiento acarrea desafíos, también presenta
oportunidades positivas, puesto que la PEA aumentará en 13 millones
de personas en el próximo decenio, y dentro de medio
siglo será 18 millones mayor, cuando llegue a 80 millones.
Ventajas De
acuerdo con Székely, existen cuatro ventaja derivadas del aumento de
la PEA. Se espera que haya más ingresos para México
generados por un mayor número de recursos humanos, que se
eleve la productividad, pues el capital y la capacidad instalada
que casi siempre es subutilizada podrá explotarse en 100 %;
se espera mayor aportación fiscal, porque habrá mayor base impositiva;
y finalmente que los niveles educativos mejoren debido a que
habrá más recursos por estudiante si es que en México,
como ha sucedido en los países que han enfrentado procesos
de envejecimiento, no disminuye el gasto en ese sector.
A la
iniciativa privada también se le abrirán oportunidades, si toma en
cuenta el cambio de mercado, principalmente en el sector de
alimentos y medicamentos, señala Montes de Oca, de la UNAM.
No
obstante, el incremento de la población activa también puede ocasionar
problemas, porque habrá una cantidad mucho mayor de personas que
demanden trabajo. Y, si la economía es incapaz de generado,
en lugar de crear más ahorro y producción, puede traducirse
en presiones sociales a causa del desempleo.
"Los recursos deben aplicarse
con oportunidad, eficiencia y equidad para superar los enormes rezagos
acumulados, apuntalar las inversiones sociales y generar los puestos de
trabajo que se requieran (...). De no ser así, el
subempleo y el desempleo alcanzarán límites sociales intolerables, nuestras carencias
y desigualdades se reproducirán e intensificarán -aunque esta vez en
una escala mayor- y lo que es peor, estaremos condenados
a convertimos en un país de viejos y de pobres"
advierte Virgilio Partida, director de investigación demográfica de Conapo.
De no
haberse instrumentado el control natal quizás la situación sería más
complicada, pero lo cierto es que la promesa de que
una familia pequeña conllevaría una mejora en la calidad de
vida aún no es palpable para los mexicanos. Actualmente se
tienen la mitad de los hijos que hace tres décadas,
pero la pobreza persiste.
Riesgo en salud La carga económica que generan
los ancianos para la familia, en la mayoría de los
casos es mucho más elevada que los ingresos que aportan,
Según estudios realizados en Europa, mientras el gasto de consumo
de un niño es 27 % menor al de un
adulto activo, en un anciano es 27 % mayor.
Dos claves
para mitigar el problema de la vejez en el presupuesto
familiar son mejorar las condiciones económicas y sociales en el
campo y abrir más oportunidades laborales a las mujeres, porque
en el futuro la mayor proporción de ancianos se ubica
en el agro y allí los índices de pobreza son
más altos, y la mayoría de la población envejecida serán
mujeres debido a que su esperanza de vida es más
prolongada.
Otra consecuencia del cambio demográfico, de acuerdo con Székely, es
que en todas las poblaciones que envejecen se incrementa la
desigualdad. Los ingresos de la PEA joven, de entre 15
y 25 años, son similares entre los individuos con estudios
o sin éstos, pero se polariza en la edad adulta,
cuando -teóricamente- los de mayor preparación técnica y académica gozarán
de una mejor situación económica. Pero "de todas las causas y
consecuencias del envejecimiento, las más críticas en términos individuales y
colectivos son las referidas a la salud.
Se concuerda que
en las décadas por venir la mayor preocupación sobre el
envejecimiento no será el pago de pensiones u otras necesidades,
sino la atención a la salud de las personas en
edad avanzada", considera un estudio de Conapo.
Un estudio en Costa
Rica hecho en 1985 concluyó que la población senescente demandó
más consultas y sus estancias hospitalarias fueron más prolongadas y
costosas que las de niños y adultos. Investigaciones estadounidenses subrayan
que una tercera parte de las personas de 65 años
en adelante sufre una caída al año y, a medida
que avanza la edad, la frecuencia se incrementa.
En México, la
nueva realidad obligará a transformar los servicios de salud, poniendo
énfasis en el cuidado de enfermedades crónico-degenerativa (causa de 62
% de las defunciones en personas mayores de 60 años,
según la Conapo). Además hasta la fecha no se ha
preparado suficiente personal especializado en geriatría, pese a ser el
único país latinoamericano en ofrecer la carrera de gericultista. La
creciente demanda de esta especialidad requiere un mayor número de
profesionistas, reconoce la Conapo.
La mayoría de las instituciones públicas de
bienestar social y las de asistencia privadas (asilos y albergues)
sólo aceptan ancianos "sanos´´, por la falta de personal capacitado
y, como consecuencia, uno enfermo o disminuido debe recurrir a
hospitales o clínicas con fines de lucro. El problema es
que, quien padece en mayor medida las incapacidades y enfermedades
crónico degenerativas, es la población envejecida más pobre, señala Ham,
quien agrega que la respuesta gubernamental en el ámbito de
la salud no es suficiente.
La obligación del Estado es reforzar
a la familia con recursos, información y educación para que
sostenga a sus ancianos, principalmente a aquellos enfermos o discapacitados;
aún hay tiempo para prevenir y educar a la sociedad
en alimentación, y en cuidados y hábitos de salud, agrega
el académico. El problema del retiro Actualmente, las pensiones representan sumas claramente
insuficientes para mantener un retiro digno e independiente: 96 %
de la totalidad de las otorgadas por el Instituto Mexicano
del Seguro Social (IMSS) son de sólo un salario mínimo,
mientras los pensionados del Instituto de Seguridad Social al Servicio
de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) reciben un promedio de 1.5
salarios mínimos. Además de acuerdo propio al IMSS, más de
la mitad de la PEA, representada por los trabajadores rurales,
el sector informal y los desempleados, está fuera de los
sistemas de seguridad social. Esto significa que, una vez retirados,
el grupo familiar es el que debe contribuir para su
mantenimiento.
Por otra parte, la seguridad social se concebía antes como
una función del Estado, como solidaridad entre grupos sociales, donde
los cotizantes activos financiaban con sus aportes a los pensionados.
Pero en 2000 los pensionados ya superan a los trabajadores
activos que cotizan en sistemas de retiro, y para 2020
los duplicará, según cálculos de la Conapo.
El IMSS y el
ISSSTE eran deficitarios en su presupuesto y tenían carencias de
recursos para satisfacer plenamente sus compromisos con los beneficiarios de
jubilaciones y otras prestaciones. Pero ese sistema jubilatorio fue substituido
en 1997 por uno de cuentas individuales en empresas privadas,
representadas por las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores).
Éstas se encargan de invertir los aportes de los trabajadores
en instrumentos financieros.
No obstante, un obstáculo que enfrenta el nuevo
esquema de retiros estriba en que para otorgar pensiones dignas
a los jubilados, entre otros factores, depende de que las
condiciones de que las colocaciones hechas con los fondos de
los trabajadores devuelvan rentabilidades reales suficientes para ello, de modo
que requiere de un sistema financiero competitivo respecto de la
inflación y capaz de soportar un choque económico externo. En
caso de que estalle una crisis financiera internacional o local
que provoque un quebranto en las inversiones de las Afores,
la ley establece que los recursos públicos deberán rescatar el
ahorro de los cotizantes.
¿Qué hacer? Para conjurar al máximo esa posibilidad,
de acuerdo con Székely, es preciso fortalecer las regulaciones de
las Afores para que continúen sin permitir la inversión en
fondos de riesgo o en mercados extranjeros. "El sistema financiero es
la clave del vínculo entre cambio demográfico y sistema económico
-señala-. Y si México no transforma radicalmente sus finanzas será
muy difícil tomar las oportunidades y enfrentar los retos demográficos".
La
verdadera solución para combatir el empobrecimiento de los futuros ancianos
está en atender a las generaciones activas, enfatiza Montes de
Oca. En el futuro mediato, se explica, se debe proveer
de empleos bien remunerados a los individuos que están en
edad productiva, de forma que puedan generar ahorros suficientes para
que, cuando envejezcan y se jubilen, su pensión les permita
sostenerse por sí mismos.
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