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| Debate Actual. Revista de religión y vida pública. |
Una publicación que pretende cubrir un vacío en el panorama
católico español de vital importancia, el de la participación de
los creyentes en la vida pública, y que desde la
triple conexión sobre la que se articula: ser una iniciativa
de una institución de la Iglesia, estar vinculada al mundo
académico y abierta a otras iniciativas similares, y mantener el
contacto con la realidad a través de los congresos y
jornadas, seguro que tiene mucho que aportar.
Desde 1999, la Asociación
Católica de Propagandistas (ACdP) a través de su obra más
emblemática, la Fundación Universitaria CEU San Pablo, viene celebrando el
Congreso Católicos y Vida Pública, una actividad que a lo
largo de sus ocho ediciones se ha consolidado como un
foro de referencia esencial para seguir las inquietudes de los
católicos españoles sobre las grandes cuestiones de índole social y
política que afectan a nuestra nación. Y ello no sólo
por el esforzado trabajo de la dirección del Congreso (que
se refleja en el cuidado y la precisión con que
sus responsables abordan esta tarea desde la elección del tema
general para cada convocatoria hasta la organización de cada una
de las mesas redondas que lo conforman, y aquí desde
la selección del tema concreto de cada mesa hasta la
elección de los ponentes en cada una de ellas), sino
también y especialmente por las numerosas comunicaciones que, procedentes de
toda España (y también del extranjero) tanto en el ámbito
geográfico como en el social y religioso, y siendo cada
vez más numerosas –unas 150 en esta última edición–, son
las que mejor nos sirven de muestreo de esas inquietudes
y de las preocupaciones y expectativas que afectan al católico
de a pie en España.
El éxito creciente de este Congreso
en cada nueva convocatoria y su proyección ha hecho que
durante este último año hayan surgido una serie de encuentros
locales con el mismo nombre, las Jornadas Católicos y Vida
Pública, de las que ya se han celebrado más de
una docena en lugares como Alicante, Bilbao, Burgos, Castellón, Guadalajara,
Málaga, Murcia, Santander, Talavera… –e incluso más allá de nuestras
fronteras, en las tierras hermanas de América, con congresos en
Chile y próximamente en Colombia–, y de las que hay
previstas otra media docena de aquí al próximo verano, en
un intento de extender esa actividad del Congreso a toda
nuestra geografía y hacer que con ello se convierta, a
su vez, en un seguimiento permanente de la actualidad. En
esta misma línea, aparece la publicación que nos ocupa, Debate
Actual. Revista de religión y vida pública, bajo la dirección
de los mismos responsables de estos encuentros.
En palabras de Carla
Díez de Rivera, directora de ambos, congreso y revista, en
su carta de presentación de la misma: «desde la cuarta
edición del Congreso Católicos y Vida Pública, querido lector, venías
pidiendo no tener que esperar hasta la siguiente cita para
encontrarnos y tener un hilo conductor que nos mantuviera unidos
entre un encuentro y el siguiente. Para dar respuesta a
lo primero, se crearon las Jornadas (…) Cuando hoy afrontamos
la octava edición del Congreso, bajo el título “El desafío
de ser hombre”, ponemos también en marcha esta nueva revista,
con el propósito de mantener una continuidad entre nuestras celebraciones
anuales y favorecer así el cumplimiento de sus fines.»
Con
lo que se da contestación a la segunda demanda, la
de ese hilo conductor, como se deduce inmediatamente. Acertada iniciativa,
pues, la edición de esta revista, no sólo por lo
que supone de darle continuidad en el tiempo, sino por
lo que supone de órgano común para la expresión de
las ideas que, a través del Congreso y las sucesivas
Jornadas, pretenden responder a esas inquietudes y expectativas que decía
al principio de esta reseña. Y más acertada si tenemos
en cuenta que, al proliferar el número de encuentros y
celebrarse éstos de forma individualizada, uno de los riesgos “técnicos”
que se corre es el de que esa corriente de
pensamiento que se recoge en el Congreso pueda fragmentarse, peligro
al cual se pone coto precisamente con esta revista como
medio no sólo de comunicación, sino también de comunión.
Al margen
de esa vinculación de Debate Actual con el Congreso Católicos
y Vida Pública, hay otro aspecto que hace que la
aparición de esta revista sea una magnífica noticia para el
catolicismo español: la necesidad de una publicación especializada en la
participación de los católicos en la “cosa pública”. Y es
que sobre este asunto los católicos en España arrastramos un
grave déficit; por muchos motivos, sí, pero que, aunque sean
en algún caso de sobra conocidos, resultan injustificables a estas
alturas. No se trata aquí de repasar la historia reciente
de nuestro país ni de pretender ajustar cuentas con el
papel institucional de la Iglesia o con el rol desempeñado
por diversas tendencias eclesiásticas durante y desde la Transición (que,
a toro pasado, todos sabemos hacer faena).
Pero sí hay
que recordar que, inexplicablemente –aunque esto lo sea sólo en
apariencia–, los católicos españoles hemos renunciado a ejercer un papel
propio en la vida política y social de nuestra nación.
En unos casos, proclamando que la religión era algo perteneciente
a nuestro ámbito privado, con lo que a cambio de
creer asegurada la tranquilidad de nuestra conciencia personal, rechazábamos cimentar
una posición pública en la fe; otras veces, relegando esa
acción a esperar las correspondientes pronunciamientos de la jerarquía y
tomar posición con posterioridad, sin ni siquiera comprometernos a secundarlas
y hasta permitiéndonos la discrepancia abierta, una actitud que oscila
entre un clericalismo inercial, selectivo y oportunista, y un desentendimiento
acomodaticio y connivente.
Así, hemos querido entender “secularización” no por “separación
Iglesia–Estado”, sino por desacralización de la política (o, usando la
palabra en sentido literal, “profanación” de la política; dicho así,
¿no es cierto que suena de forma muy distinta, mucho
más cruda, pero por ello más real?). El resultado está
a la vista de todos: lenta y sutilmente, el proceso
de laicización de la sociedad española ha alcanzado extremos como
no se sospechaban desde la persecución religiosa durante la Segunda
República y la Guerra Civil. Y ahora vemos a una
gran cantidad de cristianos escandalizarse, clamando con asombro: “¿cómo es
posible que estemos llegando a esto?”, pues hemos llegado a
esto simplemente renunciando a actuar como católicos antes que otra
cosa. Gracias a Dios, cuando los cristianos nos hemos dado
cuenta de esos errores y constatamos la necesidad de recuperar
un papel propio, una publicación como Debate Actual puede ser
un referente de primer orden desde la reflexión intelectual, desde
el mundo de las ideas. Pero una reflexión y unas
ideas ancladas en la fe y en el mensaje de
Cristo. En este sentido, Debate Actual cuenta con la experiencia
previa de First Things, una revista norteamericana que se publica
desde 1990, todo un ejemplo en esta línea de acción;
no en vano el redactor jefe de esta publicación de
los Estados Unidos, el canadiense Richard John Neuhaus, figura en
el consejo editorial de Debate Actual.
Dejando estas reflexiones generales y
pasando ya a los contenidos de este primer número, nos
encontramos con tres secciones en la revista, aunque no están
formalmente así expuestas. La primera parte la constituyen los artículos
centrales, dedicados a la reflexión. Una segunda viene formada por
una especie de miscelánea sobre aspectos más concretos o actuales,
en cierto sentido paralela a la anterior, pero diferenciándose en
que mientras la primera es básicamente teórica, esta segunda lo
es práctica. Y la tercera parte la forman los trabajos
de crítica de arte y libros y las notas de
actualidad que recoge la revista.
En cuanto a los artículos de
fondo, cinco en este volumen, giran todos ellos, como es
fácil comprender, alrededor de un mismo eje: la secularización de
la política en nuestros días y la necesidad de devolver
a la religión su papel en la vida pública.
Así,
nos encontramos en primer lugar con un texto del citado
Neuhaus, “La secularización no se produce por sí sola”. Se
trata de la traducción de un artículo publicado en First
Things en marzo de 2005. A partir de una reseña
de una recopilación de trabajos de diversos sociólogos e historiadores
coordinados por el sociólogo Christian Smith, Neuhaus aborda dos aspectos
cruciales en el proceso de secularización que se nos exponen
reiteradamente como algo asumido, sin que se nos expliquen en
realidad: en primer lugar, se suele presentar esa secularización como
si fuera un proceso natural, “lógico” e inevitable, una explicación
que no es sino una visión determinista que tiene mucho
de caprichosa; segundo, se nos presenta es mismo proceso como
algo que se produce por sí solo, obviando completamente que,
como todos los procesos humanos, es obra de personas determinadas
que actúan conforme a intereses y deseos concretos, cuestión que,
conociéndola, nos permite cuestionar ese carácter inevitable que se pretende
dar a la secularización y ofrecer respuestas alternativas a la
misma.
El segundo trabajo, “Cuestión de vida o muerte: restaurar las
raíces cristianas de la política europea”, de la catedrático noruega
Janne Haaland–Matlary, es el texto de la ponencia con la
que esta profesora clausuró el V Congreso Católicos y Vida
Pública, dedicado al tema ¿Qué cultura? La autora rechaza de
plano la pretensión actual de construir la identidad europea desde
el laicismo dominante, ninguneando a Dios como se ha visto
en el ya manido asunto del preámbulo del proyecto de
Constitución Europea, por muy políticamente correcto que esto.
Frente a
ello, secunda la iniciativa lanzada por Juan Pablo II en
su exhortación Ecclesia in Europa, afirmando que esa identidad europea
es incomprensible sin sus raíces cristianas y concretando los aspectos
sustanciales de la política en que hoy es necesario que
se haga patente la voz de los cristianos: la dignidad
humana, la solidaridad, la familia y la libertad religiosa.
En el
tercero de los artículos, “El problema de Europa–y el nuestro”,
del estadounidense George Weigel, –otra traducción de First Things, esta
de un original de febrero de 2004–, el autor sostiene
la tesis de que más allá de las divergencias entre
la política de los Estados Unidos y Europa, cuestión que
tanto preocupa a ese lado del océano y que se
expresa en esa dicotomía entre hard power y soft power,
estas diferencias no dejan de ser meramente coyunturales, que la
raíz última del problema es algo común a ambos polos
de Occidente: la secularización absoluta de nuestra sociedad.
El siguiente trabajo,
“El cristianismo en la vida pública: simples valores o una
presencia verdadera”, del político y periodista italiano Roberto Formignoni, otra
ponencia de uno de los Congresos –en este caso del
primero de ellos–, parte de una más que interesante y
oportuna afirmación: «el significado de las palabras de Jesús en
el Evangelio, “al César lo que es del César, y
a Dios lo que es de Dios”, ha sido tergiversado
por unos y por otros para expulsar al sujeto cristiano
de la historia.» A partir de ahí y apoyándose en
la Doctrina Social de la Iglesia, desde el Sillabus hasta
la Centesimus annus pasando por la Gaudium et spes, insiste
en que la presencia del católico en la sociedad no
puede limitarse a ser un motor íntimo o privado de
la acción individual de los cristianos, sino todo lo contrario,
es a través esa acción personal, pero manifestada sin complejos
como fruto del compromiso del cristiano en el mundo, como
el cristianismo se hace presente en nuestra sociedad y puede
dar respuesta a aquellos problemas que nos inquietan.
El último texto
de esta serie de artículos de fondo es un breve
pero sustancioso escrito del renombrado catedrático Dalmacio Negro titulado “Religión
y política”, en el que afirma la unidad esencial de
ambos términos y cómo la religión es un aspecto de
la vida netamente superior a la política, y por tanto
debe ser ésta la que se someta a la fe,
pero no desde un planteamiento de política cultual o política
clerical, sino entendiendo la religión como conciencia objetiva de la
acción política del hombre, algo que rechaza el mundo actual.
Tras
estos artículos, se nos ofrece a continuación una miscelánea de
temas diversos pero que no se aparta del tema principal
de este número ni de la línea editorial de la
revista, formada por tres notas. En primer término, una semblanza
de Ángel Herrera, uno de los fundadores de la ACdP
y su primer presidente, luego sacerdote y cardenal, y posiblemente
quien mejor imprimió a esta institución esa preocupación por la
vida pública que se plasma en su actividad. En segundo
lugar, una entrevista a Alfonso Coronel de Palma, presidente saliente
de la ACdP, complementaria de la semblanza anterior, pues vemos
a través de ambas cómo ese compromiso con la sociedad
se mantiene desde los orígenes de la Asociación hasta el
momento presente, con el Congreso y la aparición de esta
revista como prueba de ello. Y cierra en tercer puesto
esta sección un interesantísimo análisis de la situación de la
enseñanza universitaria en Europa titulado “¿Necesitamos un Harvard?: el debate
sobre la educación superior en Europa”, de la pluma de
uno de los más sólidos intelectuales con que cuenta la
ACdP en estos momentos, el historiador Alejandro Rodríguez de la
Peña; un análisis especialmente clarificador en lo que respecta a
los planteamientos sobre la enseñanza que nos han llevado a
las circunstancias actuales, la pugna entre un igualitarismo tendente a
la mediocridad frente al intento de mantener una meritocracia académica,
más que una descripción de las normativas académicas vigentes, lo
que nos permite entender realmente qué es lo que está
en juego y desde qué posiciones en un tema tan
importante como es el de la educación superior para el
futuro de una sociedad.
Concluye la revista con una sección de
crítica articulada en tres ejes: una crítica de las artes,
en este caso centrada sobre obras cinematográficas, una crítica de
libros, siempre necesaria y cada vez más valiosa, y unas
notas de actualidad sobre otras actividades que ayudan a agitar
las mentes titulada “espacios para el debate” donde se recogen
noticias sobre otras publicaciones, asociaciones, encuentros, etc.
En definitiva, una publicación
que pretende cubrir un vacío en el panorama católico español
de vital importancia, el de la participación de los creyentes
en la vida pública, y que desde la triple conexión
sobre la que se articula: ser una iniciativa de una
institución de la Iglesia, estar vinculada al mundo académico y
abierta a otras iniciativas similares, y mantener el contacto con
la realidad a través de los congresos y jornadas, seguro
que tiene mucho que aportar, por lo que no nos
queda sino felicitarnos por su aparición. |
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