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| La solidez de los valores morales dignifica a una sociedad |
CIUDAD DEL VATICANO, 30 OCT 2009 (VIS).-El Santo Padre recibió
hoy las cartas credenciales del nuevo embajador de Panamá, Delia
Cárdenas Christie.
En su discurso, el Papa puso de relieve que
"la identidad de Panamá, que se ha ido forjando durante
siglos como un mosaico de etnias, pueblos y culturas, se
presenta como un signo elocuente ante toda la familia humana
de que es posible una convivencia pacífica entre personas de
orígenes diversos, en un clima de comunión y cooperación". En
este sentido, animó a todos los compatriotas "a trabajar por
una mayor igualdad social, económica y cultural entre los distintos
sectores de la sociedad, de manera que renunciando a los
intereses egoístas, afianzando la solidaridad y conciliando voluntades se vaya
desterrando, en palabras del Papa Pablo VI, "el escándalo de
las disparidades hirientes".
Benedicto XVI subrayó que "el mensaje del Evangelio
ha jugado un papel esencial y constructivo en la configuración
de la identidad panameña, formando parte del patrimonio espiritual y
del acerbo cultural de esa Nación".
"Especial relevancia tiene -dijo- la
presencia de la Iglesia en el campo educativo y en
la asistencia a los pobres, los enfermos, los encarcelados y
los emigrantes, y en la defensa de aspectos tan primordiales
como el compromiso por la justicia social, la lucha contra
la corrupción, el trabajo en favor de la paz, la
inviolabilidad del derecho a la vida humana desde el momento
de su concepción hasta su muerte natural, así como la
salvaguardia de la familia basada en el matrimonio entre un
hombre y una mujer. Èstos son elementos irreemplazables para crear
un sano tejido social y edificar una sociedad vigorosa, precisamente
por la solidez de los valores morales que la sustentan,
ennoblecen y dignifican".
El Papa se refirió a continuación al compromiso
de las autoridades panameñas "de fortalecer las instituciones democráticas y
una vida pública fundamentada en robustos pilares éticos. A este
respecto, no se han de escatimar esfuerzos para fomentar un
sistema jurídico eficiente e independiente, y que se actúe en
todos los ámbitos con honradez, transparencia en la gestión comunitaria
y profesionalidad y diligencia en la resolución de los problemas
que afectan a los ciudadanos. Esto favorecerá el desarrollo de
una sociedad justa y fraterna, en la que ningún sector
de la población se vea olvidado o abocado a la
violencia y la marginación".
"Es digno de mención -resaltó- el valioso
papel que Panamá está desempeñando para la estabilidad política del
área centroamericana, en unos momentos en los que la coyuntura
actual pone de relieve cómo un progreso consistente y armónico
de la comunidad humana no depende únicamente del desarrollo económico
o los descubrimientos tecnológicos".
El Santo Padre concluyó indicando que "estos
aspectos han de ser necesariamente completados con aquellos otros de
carácter ético y espiritual, pues una sociedad avanza sobre todo
cuando en ella abundan personas con rectitud interior, conducta intachable
y firme voluntad de esmerarse por el bien común, y
que, además, inculcan a las nuevas generaciones un verdadero humanismo,
sembrado en la familia y cultivado en la escuela, de
modo que la pujanza de la Nación sea fruto del
crecimiento integral de la persona y de todas las personas".
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