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Autor: Alberto Buela | Fuente: Arbil.org La Autoridad
Alberto Buela (Arbil.org)comparte este breve ensayo sobre la autoridad como una práctica de servicio
La Autoridad
La naturaleza o esencia de la autoridad se nos muestra
a dos puntas: por un lado en el reconocimiento del
superior por el inferior y por otro el servicio del
superior al inferior para el logro de una práctica bien
hecha
Uno de los puntos débiles del pensamiento políticamente correcto es
el obviar, ignorar o no considerar ciertos temas de todos
los días como es el caso del dolor, el envejecimiento,
la muerte, la jerarquía, el orden, la autoridad.
Respecto de este
último tema sabemos que desde la Ilustración (siglo XVIII) hasta
el progresismo de nuestros días se ha producido la negación
sistemática de la autoridad para remplazarla por los criterios que
brinda la sola razón. Sin percatarse que no puede existir
ningún tipo de conocimiento libre de la autoridad pues ella
es elemento constitutivo de él. Si bien la autoridad no
puede reemplazar al juicio propio ello no excluye que la
autoridad sea fuente de verdad.
Por otra parte, ningún hombre puede
pensar a partir de “su sola razón” sino que comienza
a pensar dentro de una determinada tradición de pensamiento o
cultura. Todo hombre nace dentro de grandes ecúmenes culturales que
son las que condicionan su sentido de ser en el
mundo.
Cualquiera que escucha el término autoridad inmediatamente lo asocia con
la figura del que manda y su correlato aquel que
obedece. La relación mando-obediencia se impone de entrada como la
dupla a partir de la cual comenzamos a entender aquello
que menta el concepto de autoridad. Esta última la podemos
caracterizar en una primera definición como la imposición de la
voluntad de un hombre sobre otro.
Pero a poco que nos
detengamos a pensar vemos que esta determinación no es del
todo suficiente porque nos habla mas bien de la consecuencia
del ejercicio de la autoridad y no de la autoridad
misma. Y las definiciones para ser completas y acabadas tienen
que encerrar la esencia de aquello que se quiere definir
y no sólo su finalidad.
La versión autoritaria de la autoridad
la vincula con la obediencia “por principio” ciega o mecánica.
De hecho esta concepción de la autoridad ha estado vinculada
a las órdenes militares o religiosas sobre todo en el
período de formación de sus miembros. Autoritario es aquel que
ejerce su poder para obtener la obediencia de otro.
Pero como
dijimos la naturaleza de la autoridad no se agota en
la obediencia sino que hay que buscarla a partir del
acto de reconocimiento de un saber superior en cualquier aspecto
de la vida que un hombre realiza de otro. La
superioridad del saber del otro sobre el de uno mismo
es el origen de la autoridad.
La autoridad no se recibe
sino que mas bien es concedida por un hombre a
otro. Es concedida por aquel que reconoce en el otro
un saber o conocimiento superior al que él posee en
la materia o tema determinado de que se trate. Nadie
es autoridad en todo, se es siempre autoridad en algún
orden de cosas, dominios o disciplinas, aunque ninguno de nosotros
está libre de “los todólogos”. La única tuttología aceptable es
aquella de los padres que se ocupan de sus hijos
y solo hasta los seis o siete años.
La autoridad se
funda en el saber reconocido de alguien y en la
necesidad que ese conocimiento genera. El centenario filósofo Hans Gadamer
(1900-2002) escribió: La autoridad correctamente entendida tiene que ver no
con la obediencia, sino con el conocimiento.
El hombre desde el
momento en que reconoce a otro como autoridad confía en
que lo que dice es cierto, es verdadero. Es por
ello que la autoridad presupone el conocimiento o saber de
aquel que la ejerce, mientras que la obediencia manifiesta el
poder, nos está indicando el ejercido concreto de la autoridad
de aquel que la ejerce.
Así la autoridad que como ejercicio
se manifiesta en el plano político-social pudo ser definida muy
acertadamente por filósofo escéptico Giuseppe Rensi (1871-1941) en su libro
Filosofía de la autoridad (1920) como: “el acto que determina
lo que de hecho vale como justicia y moral…..entre opuestas
verdades teóricas racionalmente posibles es la autoridad la que decide
lo que de hecho debe valer como si fuese la
justicia, el bien, la verdad”
La objeción que nace desde la
politología y la sociología al observar que en nuestras sociedades
no todas las autoridades dicen la verdad, pues existen autoridades
que infunden conocimientos falsos para manipular el control de las
personas, objeción que también puede aplicarse al control y manejo
de grupos sociales menores. Esta objeción es difícil de remontar.
Hay que hacer la distinción entre potestas y auctoritas. La
autoridad en tanto es entendida como poder puede mentir y
de hecho miente para logar la obediencia, pero la autoridad
en tanto auctoritas , es decir, en sí misma se
funda en la verdad. Pues conocimiento es siempre verdadero, un
falso conocimiento es un desconocimiento.
Si bien la autoridad genera obediencia,
ella no es obediencia, ésta es la consecuencia del ejercicio
de la autoridad. Pero,¿ la autoridad tiene por finalidad sólo
el logro de la obediencia o busca o puede logar
algo más?
Una vez más tenemos que aplicar el viejo principio
metodológico de la filosofía clásica distinguere ut iungere (distinguir para
unir) y así discriminar entre bienes externos e internos. La
autoridad en el campo de los bienes externos puede en
una práctica mal hecha (una pseudoinvestigación) lograr prestigio, fama y
dinero. Hay tantísimos académicos de pacotilla que padecemos hoy día.
Pero, por el contrario la autoridad en la bienes intrínsecos
solo se puede afirmar realizando bien la práctica en cuestión.
Los bienes internos a determinada práctica solo se pueden obtener
realizando bien esa práctica.
Así, ha podido afirmar ese gran filósofo
escocés Alasdair MacIntayre(1929-) que la virtud (analógicamente la autoridad) solo
puede ser definida en relación con las prácticas y con
sus bienes internos.
Y estos bienes internos no son solo para
el que los realiza sino bienes para toda la comunidad.
Una autoridad, aun la más aislada, es siempre una autoridad
socialmente reconocida.
Así el pseudoinvestigador del ejemplo, estos especialistas de lo
mínimo del Conicet y las academias, usurpadores de becas, prestigios
y canonjías podrán tener un curriculum abultado y ganar buen
dinero, pero aquello que nunca tendrán es la satisfacción de
haber podido ampliar los conocimientos de sus disciplinas metodológicamente garantizados
por la práctica de investigar y la autoridad que los
guía.
Vemos entonces como la naturaleza o esencia de la autoridad
se nos muestra a dos puntas: por un lado en
el reconocimiento del superior por el inferior y por otro
el servicio del superior al inferior para el logro de
una práctica bien hecha. La finalidad última de la autoridad
sería el progreso existencial de aquellos que la acatan. Se
da por cumplido así el último sentido etimológico de auctoritas
que los romanos entendían como reconocimiento, respeto y aceptación, que
deriva del sustantivo auctor= creador, autor, instigador, a su vez
derivado del verbo augere que significa aumentar, hacer progresar.
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