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| Persistir y rebotar |
A dos ejecutivos se les negó un ascenso debido a
la evaluación negativa de un superior.
Ante el contratiempo, uno reaccionó
con ira e imaginaba que mataba a su jefe; se
quejaba ante quien quisiera escucharlo y vivió un periodo de
alcoholismo.
"Era como si se me acabara la vida", dijo más
adelante. Evitaba a su jefe, bajando la cabeza cuando se
cruzaban en el vestíbulo.
"Aunque estaba furioso y me sentía burlado",
añade, "en el fondo temía que él tuviera razón, que
yo fuera un inútil, que hubiera fracasado sin remedio".
El otro
ejecutivo también estaba estupefacto y enfadado, pero su perspectiva era
mucho más abierta.
"En realidad, no puedo decir que me haya
tomado por sorpresa. Él y yo tenemos ideas muy diferentes
y hemos discutido mucho".
Este hombre platicó el contratiempo con su
esposa para dilucidar qué había salido mal y qué podía
hacer al respecto. Con un poco de introspección cayó en
la cuenta de que no había realizado su máximo esfuerzo.
Al
comprenderlo, su enojo desapareció y resolvió hablar con el jefe.
El resultado: "Mantuve algunas discusiones con él y las cosas
salieron muy bien.
"Creo que él estaba preocupado por lo que
había hecho. Y yo estaba preocupado por no haber puesto
todo de mí. Desde entonces, las cosas han sido mejor
para ambos".
La aptitud clave, en este caso, es el optimismo,
que se articula sobre nuestra manera de interpretar los contratiempos.
Un
pesimista, como el primer ejecutivo, toma cada revés como confirmación
de que en él hay un defecto fatal, imposible de
cambiar.
El resultado neto de una actitud tan derrotista es, desde
luego, la desesperanza y la impotencia: Si uno está condenado
a fracasar, ¿para qué esforzarse?
Los optimistas, por el contrario, toman
cada revés como el resultado de factores que ellos pueden
alterar. Como el segundo ejecutivo, saben reaccionar ante un contratiempo
con una solución positiva.
Optimismo y esperanza
La prima hermana del optimismo
es la esperanza: Saber lo que es preciso hacer para
llegar a un objetivo y tener energías para dar esos
pasos. Es una fuerza motivadora primordial y su ausencia resulta
paralizante.
Los estudios de aptitud demuestran que los mejores trabajadores de
servicios humanos (todo lo que va desde la atención de
la salud y el asesoramiento psicológico, hasta la docencia) expresan
esperanza a quienes tratan de ayudar.
En empleos donde el estrés
es marcado y las frustraciones son comunes, una visión optimista
puede proporcionar mejores resultados.
La esperanza es crucial cuando se asume
una tarea difícil; las expectativas positivas suelen resultar sumamente benéficas
en los trabajos más difíciles, en los que el optimismo
puede ser una estrategia laboral pragmática. (Daniel Goleman) |
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