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La Doctrina Social de la Iglesia y los Empresarios Católicos | categoría
Exhortaciones y Doctrina Social | tema
Autor: Sumo Pontífice Pablo VI
Evangelii Nuntiandi
Publicada después de la tercera asamblea general del Sínodo de los Obispos sobre la Evangelización, celebrado en Roma en 1974, esta Exhortación quiere conmemorar el 10º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.
 
Evangelii Nuntiandi
Evangelii Nuntiandi

EVANGELII NUNTIANDI

Exhortación apostólica de Pablo VI sobre la evangelización en el mundo moderno


(Diciembre de 1975)

Publicada después de la tercera asamblea general del Sínodo de los Obispos sobre la Evangelización, celebrado en Roma en 1974, esta Exhortación quiere conmemorar el 10º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II. Entre los documentos postconciliares más citados, Evangelii Nuntiandi es una demostración ulterior del interés profundo del Papa Pablo VI por los problemas de la evangelización y se considera como una continuación directa del Decreto conciliar sobre la actividad misionera de la Iglesia "Ad Gentes".

La Exhortación hace referencia a los medios de comunicación en el capítulo IV, dedicado a los métodos y medios de evangelización. Efectivamente, también los otros medios de evangelización enumerados en este capítulo deben mirarse a la luz de un concepto amplio de la comunicación social como medio de comunicación de la Iglesia. Por este motivo se ha preferido volver a publicar aquí todo el capítulo (nn. 40-48), que en el documento sigue a los capítulos: 1) Desde Cristo evangelizador a la Iglesia evangelizadora; II) ¿Qué es la Evangelización?; III El contenido de la evangelización.

Después del capítulo IV sobre los métodos y medios de evangelización, la Exhortación prosigue con los capítulos sobre los agentes (V) y los destinatarios de la evangelización (VI) y el espíritu de la evangelización (VII).

A la búsqueda de los medios aptos

40. La importancia evidente del contenido de la evangelización no debe ocultar la importancia de las vías y de los medios.

Este problema de "Cómo evangelizar" es siempre actual porque los modos varían según las circunstancias del tiempo, lugar, cultura y lanzan a un desafío en nuestra capacidad de descubrimiento y de adaptación.

Especialmente a los pastores de la Iglesia les incumbe el cuidado de recrear con audacia y prudencia, siendo fieles al contenido, los modos más aptos y más eficaces para comunicar el mensaje evangélico a los hombres de nuestro tiempo. Nos basta, en esta reflexión, recordar algunas vías que, por una razón u otra, tienen una importancia fundamental.

El testimonio de la vida
41. Ante todo, sin repetir lo que hemos dicho antes, está bien subrayar esto: para la Iglesia, el testimonio de una vida auténticamente cristiana, abandonada en Dios con una comunión que nadie puede interrumpir, e igualmente entrega al prójimo con un celo sin límites, es el primer medio de evangelizar." El hombre contemporáneo escucha de mejor gana los testimonios que los maestros -,decíamos el curso pasado a un grupo de laicos - o se escucha a los maestros porque son testimonios". San Pedro decía claramente eso cuando describía el espectáculo de una vida casta y respetuosa que " conquista sin necesidad de palabras a aquellos que rechazan creer en la Palabra"( 1 Pt 3,1). Es mediante su conducta, su vida como la Iglesia evangelizará a todo el mundo, un testimonio vivido en la fidelidad al Señor: pobreza frente al egoísmo, libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra, santidad.

Una experiencia viva
42. No es superfluo subrayar la importancia y la necesidad de la predicación. " ¿Cómo podrán creer, sin haber oído hablar? ¿Y cómo podrán oír hablar sin alguien que lo anuncie?... La fe depende desde la predicación si actúa por la palabra de Cristo. Esta ley planteada un día por san Pablo conserva hoy toda su fuerza.

Sí, es siempre indispensable la predicación, esta proclamación verbal de un mensaje. Sabemos bien que el hombre moderno harto de discursos se muestra a menudo cansado de escuchar, y peor aún, inmunizado contra la palabra. Conocemos también las ideas de numerosos sicólogos y sociólogos, que afirman que el hombre moderno ha superado la civilización de la palabra, ineficaz e inútil, y vive hoy en la civilización de la imagen. Estos hechos deberían animarnos a poner en práctica la transmisión del mensaje evangélico mediante los medios modernos pensados por esta civilización. Tentativas mucho más válidas ya se han cumplido en tal sentido. No nada más que alabarlos y animarlos para que se desarrollen todavía más. La fatiga que provocan tantos discursos vacíos, y la actualidad de muchas otras formas de comunicación no deben, sin embargo, disminuir la fuerza permanente de la palabra, ni perder su confianza en ella. La palabra queda siempre actual, sobre todo cuando es portadora de la palabra de Dios. Para esto tenemos el axioma de san Pablo:" La fe depende de la predicación": es la Palabra escuchada la que lleva a creer.

Liturgia de la Palabra
43. Esta predicación evangelizadora asume parecidas formas, que el celo inspirará recreándolas hasta el infinito. Son innumerables los acontecimientos de la vida y la situaciones humanas que ofrecen la ocasión de un anuncio discreto, pero incisivo, de lo que el Señor tiene que decir en esta circunstancia. Basta una verdadera y espiritual sensibilidad para saber leer en los acontecimientos el mensaje de Dios. Pero, desde el momento en que la liturgia renovada por el Concilio ha valorizado mucho la "Liturgia de la Palabra", sería un error no ver en la homilía un instrumento válido y apto de evangelización. Hace falta conocer y sacar provecho de las exigencias y posibilidades de la homilía para que ella adquiera toda la eficacia pastoral Hace falta, sobre todo, estar convencidos y dedicarse con amor. Esta predicación inserta en la celebración eucarística de la que recibe la fuerza y el vigor, tiene un papel especial en la evangelización, en la medida en que se expresa la fe profunda del ministro sagrado que predica y está impregnada de amor. Loa fieles reunidos para formar una Iglesia pascual, que celebra la fiesta del Señor presente en medio de ellos, esperan mucho de esta predicación y sacan fruto cuando es clara, sencilla , directa, adaptada, profundamente enraizada en la enseñanza del Evangelio y fiel al Magisterio de la Iglesia, animada por un ardor apostólico equilibrado que proviene del propio carácter, de la plena esperanza, alimentada por la fe y generadora de paz y de unidad.

Muchas comunidades parroquiales y de otro tipo viven y se consolidan gracias a la homilía de cada domingo, cuando tiene esas cualidades.

Añadamos que, gracias a la misma renovación litúrgica, la celebración eucarística no es el sólo momento apropiado para la homilía. Esta encuentra su puesto en los demás Sacramentos o en la paraliturgias y en el ámbito de las asambleas de fieles. Siempre será una ocasión privilegiada para comunicar la Palabra del Señor.

La catequesis
44. Otro camino de la evangelización es la Catequesis. La inteligencia, sobre todo la de los niños y adolescentes, tiene necesidad de aprender, mediante una enseñanza religiosa sistemática, los datos fundamentales, el contenido vivo de la verdad que Dios ha querido transmitirnos y que la Iglesia ha expresado de modo cada vez más rico en el transcurso de su larga historia.

Esta enseñanza no se imparte sólo a la inteligencia sino para inculcar costumbres de vida cristiana. El esfuerzo de evangelización será de gran provecho en el plano catequético en las familias, escuelas e iglesias si los catequistas disponen de textos apropiados, puestos al día con sabiduría y competencia, bajo la autoridad de los Obispos. Los métodos deberán adaptarse a la edad, cultura, a la capacidad de las personas, haciendo que se fijen en la inteligencia, en la memoria y en el corazón las verdades esenciales que deberán impregnar la vida entera.

Hace falta preparar buenos catequistas, preocupados por perfeccionarse en este arte superior, indispensable y exigente de la enseñanza religiosa. Hoy día se hace cada vez más urgente la enseñanza de la catequesis bajo la forma de catecumenado para numerosos jóvenes y adultos que, tocados por la gracia, descubren poco a poco el rostro de Cristo y experimentan la necesidad de entregarse a él.

Utilización de los medios de comunicación
45. En nuestro siglo, caracterizado por los medios o instrumentos de comunicación social, el primer anuncio, la catequesis o la profundización posterior de la fe, no pueden prescindir de estos medios.

Puestos al servicio del Evangelio, son capaces de extender casi hasta el infinito el campo de escucha de la Palabra de Dios y logran que la Buena Noticia llegue a millones de personas. La Iglesia se sentiría culpable ante el Señor si no trabajase con estos poderosos medios que la inteligencias humana los hace cada día más perfectos; sirviéndose de ellos la Iglesia "predica " el mensaje del que es depositaria; en ellos se encuentra una versión moderna y eficaz del púlpito. Gracias a ellos se consigue hablar a multitudes.

Sin embargo, el uso de los instrumentos de comunicación social para la evangelización presenta un desafío: el mensaje evangélico debería llegar a las muchedumbres, pero con la capacidad de penetrar en la conciencia de cada uno, depositarse en el corazón de cada uno como si fuese único, con todo lo que tiene de particular y personal, obtener el favor de la adhesión y el compromiso de toda la persona.

Indispensable contacto personal
46. Por eso, junto a la predicación general del Evangelio, la otra forma de transmisión de persona a persona, sigue siendo válida e importante. El Señor la ha practicado a menudo - como ejemplo tenemos sus contactos con Nicodemo, Zaqueo, la Samaritana, Simón el fariseo y otros, incluidos los mismos apóstoles.

En el fondo es quizá una forma diversa de exponer el Evangelio, que transmite a otros la propia experiencia de fe. No debería ocurrir que la urgencia por anunciar la Buena Nueva a las masas, olvidase esta forma de anuncio mediante la cual la conciencia personal de un hombre se siente tocada por una palabra extraordinaria recibida de otro. No podemos alabar lo suficiente a aquellos sacerdotes que, mediante el Sacramento de la Penitencia o mediante el diálogo pastoral, se muestran prestos a guiar a personas por los caminos del Evangelio, a confirmarlas en sus esfuerzos, a levantarlas sin han caído, a asistirlas siempre con discernimiento y disponibilidad.

El papel de los Sacramentos
47. No se insistirá jamás lo suficiente en el hecho de que la evangelización no se contenta con la simple predicación o enseñanza de la doctrina. Debe unirse a la vida: la vida natural a la que da un sentido nuevo, gracias a las perspectivas evangélicas a las que abre; y la vida sobrenatural, que no es negación, sino la purificación y la elevación de la vida natural. Esta vida sobrenatural encuentra su expresión viva en los siete Sacramentos y en su admirable irradiación de gracia y santidad.

La evangelización despliega toda su riqueza cuando realiza la unión íntima, y mejor aún una intercomunicación ininterrumpida entre Palabra y Sacramentos.

En cierto sentido, es un equívoco oponer- como se hace a veces -, la evangelización y la sacramentalización. Es verdad que un cierto modo de conferir los Sacramentos, sin un sólido sostén de la catequesis sobre los mismos Sacramentos y una catequesis global, terminaría por privarlos en gran parte de su eficacia. El deber de la evangelización es precisamente el de educar en la fe de modo que ella lleve a cada cristiano a vivir los Sacramentos como verdaderos Sacramentos de la fe, y a no recibirlos pasivamente, o a sufrirlos.

La piedad popular
48. Aquí tocamos un aspecto de la evangelización que no puede dejarnos insensibles. Queremos hablar de aquella realidad que se designa a menudo hoy con el término de religiosidad popular.

Tanto en las regiones en donde la Iglesia se ha implantado desde hace siglos como aquellas en las que se está implantando, se encuentran en el pueblo expresiones particulares de la búsqueda de Dios y de la fe. Durante algún tiempo se consideraron menos puras, a veces despreciadas, estas expresiones forman hoy el objetivo de una descubrimiento. Los Obispos han profundizado en su significado en el curso del reciente Sínodo, con un realismo pastoral y un celo notables.

La religiosidad popular tiene sus límites. Está a menudo abierta a la penetración de muchas deformaciones de la religiosidad, sobre todo de supersticiones. Frecuentemente se reducen a manifestaciones cultuales sin comprometerse en una auténtica adhesión de fe. Puede llevar también a la formación de sectas y a poner en peligro la verdadera comunidad eclesial.

Pero si se orienta bien, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, es rica en valores. Manifiesta una sed de Dios que sólo los sencillos y los pobres pueden conocer; puede llegar hasta el heroismo y sacrificio cuando se trata de manifestar la fe; comporta un sentido agudo de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante; genera compromisos interiores raramente observados en la paciencia, el sentido de la cruz en la vida diaria, el desapego, la apertura a los otros, la devoción. Por todos estos motivos, la llamamos gustosamente "piedad popular", es decir, religión del pueblo, más bien que religiosidad.

La caridad pastoral debe sugerir a todo los que el Señor ha puesto al frente de comunidades eclesiales, las normas de comportamiento en los encuentros con esta realidad, tan rica y al mismo tiempo tan vulnerable. Antes de nada, hay que ser sensibles, saber captar sus dimensiones interiores y sus valores innegables, estar dispuestos a ayudarla a superar sus riesgos de desviación. Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo.



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