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| Apostolatus Maris, Sobre la Iglesia en el Mundo Actual |
Apostolatus Maris
Sobre la Iglesia
en el Mundo Actual
Pontificio Consejo para la Pastoral de
los Emigrantes e Itinerantes
5 de octubre de 2002
Mensaje a los marinos
A nuestros hermanas y hermanos,
gentes del mar, de parte de sus hermanas y hermanos
reunidos en el XXI Congreso Mundial del Apostolado del Mar
en Rio de Janeiro, Brasil.
Agradecemos a la comunidad maritima
de Rio de Janeiro su gentil y efectiva acogida
Reciban
nuestro cordial saludo. Ustedes han estado presentes en nuestras mentes,
corazones y oraciones mientras deliberabamos sobre el fenomeno de la
Globalizacion que afecta a la gente del mar. Sabemos que
la globalizacion puede traer aumento de empleos y oportunidades pero
tambien sentimos que puede ser una nueva forma de colonizacion
y explotacion para las gentes del mar.
Esperamos que este
encuentro mundial, el primero en America Latina, contribuya a impulsar
la respuesta que hemos de dar a los retos y
necessidades de una region donde el Apostolado del Mar no
muestra aun todo su potential.
Como Congreso, nos hemos comprometido
a seguir siendo un corazon acogedor en cooperacion con otras
organisaciones e institutiones que estan presentes en los puertos donde
ustedes viven y llegan.
Como Congreso, nos hemos propuesto a
trabajar con las esposas y las familias de los marinos
y de los pescadores para alcanzar la auspiciada justicia y
mejorar las condiciones humanas.
Pero, sobre todo, como Congreso, quedamos
convencidos de que – en este mundo de globalizacion –
hemos de ser promotores y animadores de solidaridad y respeto
por la dignidad humana y los derechos fundamentales. Esta mision
nuestra nos llegar asimismo a conoces las culturas, respetar las
diversas religiones y cuidar el medio ambiente.
Para concluir, los
invitamos a compartir su vida con nosostros para llegar a
ser un solo pueblo de Gentes del Mar unido en
la alegria y en el dolor, en la celebracion y
el sufrimiento, siempre en comunion con el Amor de Dios
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Índice
General
I. Discurso de apertura
1. Saludos.
2. La preparación del Congreso
3. El tema.
4. 1997-2002
5. Conclusión
II. Observaciones conclusivas
1. Continuidad.
2. Unidad en la
diversidad.
3. El mar.
4. La globalización y el apostolado del mar
5. La globalización en general y su “governance”.
6. ¿Hacia dónde vamos?
7. Despedida
y agradecimientos
III. Documento final
1.
Preámbulo
2. Observaciones y resoluciones.
3. Métodos.
4. Objetivos
5. Conclusiones
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Apostolatus Maris
Sobre la Iglesia en el Mundo Actual
Pontificio
Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes
5 de octubre de 2002
I. Discurso
de Apertura
Arzobispo Stephen Fumio HAMAO
Presidente del Pontificio Consejo
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1.
Saludos
Hace escasos minutos, estábamos reunidos en la bella iglesia
de la Candelaria y pedíamos al Señor el don de
que busquemos siempre cumplir su voluntad. Hemos llegado a Rio
con el renovado compromiso de servir, lo mejor que podamos,
al mundo marítimo. Ahora, estamos aquí, en este confortable Centro
de Conferencias del Guanabara Palace Hotel, para hacer lo que
hemos venido a hacer: orar, reflexionar, compartir y programar el
futuro en torno al tema de nuestro Congreso: “ El
Apostolado del Mar en un nuevo mundo globalizado ”
Nos encontramos
en Rio de Janeiro. Es la primera vez que un
Congreso del Apostolado del Mar se celebra en Latinoamérica y
éste es, además, conviene subrayarlo, el lugar donde se celebró
la Cumbre de la Tierra en 1992.
Antes de pasar
adelante, déjenme presentarles el primero de mis colaboradores, S.E. Mons.
Agostino Marchetto, Secretario del Pontificio Consejo. Él ha aceptado muy
amablemente presidir los trabajos del Congreso y, a su debido
tiempo, compartir con todos nosotros sus observaciones finales.
Os doy
a todos mi más cordial bienvenida. Saludo, en primer lugar,
a los Arzobispos y Obispos Promotores de los 15 países
aquí representados. Saludo a los observadores y a cuantos han
aceptado intervenir en el Congreso con sus ponencias o en
el trabajo de grupos. Dirijo un saludo muy particular al
Rev. Sakari Lahmuskallio y a sus compañeros en la dirección
de ICMA, que representa aquí a 28 Agencias Cristianas Marítimas
al servicio de los marinos y de sus familias, codo
con codo con el Apostolado del Mar.
Mi saludo de
bienvenida a todos los capellanes y agentes pastorales del Apostolado
del Mar, a los laicos delegados de casi 60 países:
pescadores, marineros, esposas de marinos, voluntarios de los centros, personal
marítimo. Creo que algunos de Ustedes han asistido ya a
cuatro o cinco Congresos del AM. Para muchos otros ésta
será la primera vez. Por eso quiero mencionar a los
países que por primera vez están representados en un Congreso
Mundial del AS: Cuba, Ecuador, Nigeria, Perú, Samoa, Ucrania y
Venezuela.
Deseo dedicar un recuerdo a algunos de nuestros amigos
conocidos por muchos de Ustedes y que el Señor llamó
al puerto de la gloria: P. Ray Maher, P. François
Le Gall, P. Michel Maes, Mons. Costantino Stefanetti, Mons. Frans
Lambrecht, H. Yves Aubron y Sr. Graham Chambers. Tal vez
Ustedes estén pensando también en otros. Tengámosles presentes en nuestras
oraciones y en nuestro pensamiento durante este Congreso.
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2. La preparación
del Congreso
Durante los dos últimos años se hicieron grandes
esfuerzos por preparar este Congreso. Quiero mencionar el trabajo de
los coordinadores regionales del AM y el de nuestro equipo
en Roma; la labor de las conferencias nacionales y regionales
que se han tenido en todo el mundo en vistas
a este Congreso, y la labor entusiasta del Comité Organizador
Local, aquí en Rio. Estoy profundamente agradecido a todos. No
hemos podido disponer de muchos recursos económicos, pero deseo expresar
nuestro profundo agradecimiento a los bienhechores particulares y a las
Agencias que han hecho posible el Congreso. En particular, quiero
mencionar la Seafarers Trust de la ITF, a CAFOD, CCFD,
MISEREOR y a los Dicasterios de la Santa Sede que
han colaborado a este fin.
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3. El tema
El tema que
escogimos nos ayudará a tratar los puntos más urgentes con
que nos topamos cada día en los puertos. Desde una
perspectiva universal, la globalización es el marco en el que
el AM debe ofrecer hoy su apoyo fraterno a todos
los marinos y a sus familias, de cualquier cultura y
religión, y proporcionar a miles y miles de católicos de
casi todas las regiones del planeta, el serivicio pastoral específico
al que tienen derecho. Las cuestiones a las que deberemos
responder durante este Congreso son éstas: ¿Está preparado el AM
para abordar los problemas, especialmente los pastorales, con los que
se encuentra la gente de mar en este nuevo contexto?
¿Cuenta con los medios adecuados para hacerlo con seguridad, competencia
y profesionalidad? ¿Qué debe hacer para procurarse tales medios?
Desde
los días en que los marineros, como adelantados, demostraron a
la humanidad sin sombra de duda que nuestro mundo es
casi redondo, casi como una esfera, la dimensión global de
toda empresa marinera ha adquirido proporciones difíciles de imaginar o
de describir. La nueva dimensión global repercute, por supuesto, tanto
en quienes trabajan en los barcos de pesca o mercantes,
como en quienes lo hacen en los puertos, en unas
dimensiones hoy en día difíciles de cancular y de controlar.
Los “seres humanos” que están al centro de nuestra preocupación,
de cuantos nos reunimos hoy aquí para este XXI Congreso,
son los millones de mujeres y de hombres de todo
el mundo cuya vida y trabajo están relacionados con el
mar. Confiamos que al final de este encuentro les conoceremos
mejor y que el Apostolado del Mar estará mejor dotado
para acompañarlos y poder sostenerlos tanto en el ámbito espiritual,
y sacramental, para los católicos, como en el práctico.
En
este intento, el Santo Padre nos ofrece su guía y
su apoyo. En los últimos veinte años él ha sido
un defensor infatigable de los derechos de la persona y
de su dignidad. Una y otra vez ha venido repitiendo
que la persona humana no ha sido creada para la
economía, sino que la economía está al servicio del desarrollo
del ser humano.
“La globalización no es, a priori, ni
buena ni mala, dice el Santo Padre. “Todo dependerá de
lo que los hombres hagan de ella. Si nos hallamos
ante un fenómeno humano, ello significa que es un signo
de los tiempos en el que es preciso descubrir los
aspectos positivos, como, también, los negativos” (Discurso a la Academia
de Ciencias Sociales, 27 abril 2001).
Para Su Santidad Juan
Pablo II, el principio básico que debe regir toda actividad
humana es “el valor inalienable de la persona humana, fuente
de todos los derechos humanos y de todo el orden
social. El ser humano debe ser siempre el fin y
jamás un medio, un sujeto y jamás un objeto o
un producto de mercado” (Discurso a la Academia de Ciencias
Sociales). Por consiguiente, la globalización de la economía debe ir
acompañada de una auténtica globalización de los derechos del hombre.
En este contexto, queda clara la labor del Apostolado del
Mar: contribuir, con lo mejor de nuestras posibilidades, a la
construcción de esta “globalización de la solidariedad” en el mundo
marítimo. Hacerlo a pesar de los efectos siempre crecientes y
a veces amenazadores que cierta globalización económica tiene sobre las
condiciones de vida y de trabajo de la gente de
mar. Los valores del Evangelio son, en definitiva, el indicador
con que podremos juzgar la labor del Apostolado del Mar.
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4.
1997 – 2002
No partimos de la nada. Veinte Congresos
Mundiales han constituido la columna vertebral del desarrollo del Apostolado
del Mar. El Congreso de Davao, celebrado en 1997, sólo
escasos meses después de la publicación de la Carta Apostólica
Stella Maris , no cayó en saco roto. Quisiera mencionar
algunos de sus efectos:
La consolidación de las Regiones y
del papel de los Coordinadores Regionales,
que ahora se reúnen una vez al año;
Los programas
de formación elaborados por el Apostolatus
Maris de Gran Bretaña, Italia,
Australia, Ucrania, Méjico, además de otros países;
La creación de
nuevos web y el creado por AM en Europa
( stellamaris.net ), que abarca todo
el mundo;
La incorporación de mayor número
de laicos en la dirección de
AM y el compromiso de un número mayor de personal
portuario en nuestro Apostolado;
La plena
participación de AM en los programas
iniciados por la ICMA, como el Programa de preparación para
situaciones de crisis (CPC), el Programa
de formación para el ministerio marítimo (SMT),
la Red internacional de asistencia a los marinos (ISAN),
sin olvidar el Proyecto de Capellanes
a bordo. Precisamente sobre este proyecto, será
presentado un interesante informe en el transcurso de este
encuentro.
Quiero mencionar, además, la memorable celebración del Jubileo de
la Gente de Mar, junto al Santo Padre, hace ahora
dos años, y que tuve el gozo de guiar.
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5. Conclusión
Durante el Congreso vamos a seguir el programa establecido. Me
ha parecido muy apropiado y sugerente. No quiero avanzar nada
más; Mons. Marchetto se encargará de exponerlo día a día.
Quisiera, eso sí, recordar únicamente que nuestro objetivo es ofrecer
un mejor servicio del Apostolado del Mar, en la línea
de nuestra constitución, por supuesto.
Finalizo estas palabras de apertura,
refiriéndome de nuevo a a Su Santidad Juan Pablo II,
que en la Solicitudo rei socialis (n. 17): “Debería ser
una cosa sabida que el desarrollo o se convierte en
un hecho común a todas las partes del mundo, o
sufre un proceso de retroceso aun en las zonas marcadas
por un constante progreso”. Una solidariedad activa es la
mejor garantía del desarrollo sostenible para cuantos trabajan en las
industrias pesquera y mercante, así como para las comunidades costeras
de pescadores. Es el mejor pasaporte para su prosperidad.
Muchas
gracias.
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II.
Observaciones conclusivas *
Arzobispo Agostino MARCHETTO
Secretario del Pontificio Consejo
Es
suficiente decir que nuestro XXI Congreso Mundial es el primero
de un nuevo Milenio de nuestra era cristiana para comprender
su importancia y sus perspectivas. Esto ha sido reafirmado en
el tema que hemos elegido, “ El Apostolado del Mar
en la era de la Globalización ”. Debemos tener juntas
estas dos realidades: el apostolado (es decir, presencia, encarnación, salvación,
evangelización, celebración de la Palabra de Dios y de los
sacramentos), y nuestro mundo, nuestra familia humana y universal, que
actualmente está más caracterizada por la globalización. En otras palabras,
es necesario conservar nuestra especificidad - que encontramos en la
Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, para la visión de
la Iglesia ad intra , y en la Gaudium et
Spes en su presentación de la Iglesia ad extra -
y tener en consideración el nuevo mundo que está naciendo
al inicio de este Tercer Milenio. Yo quisiera exhortarles, en
esta perspectiva, a leer nuevamente la Carta Apostólica Novo Millennio
Ineunte .
En el contexto de los documentos del Concilio Vaticano
II, el punto de referencia permanece, específicamente, la Carta Apostólica
Stella Maris . El valor real de esta Carta es
que ofrece una estructura básica para nuestro trabajo y, muy
oportunamente, atrae la atención acerca de la llamada fundamental en
la que los cristianos, que forman la “Gente del Mar”,
pueden vivir su vocación bautismal y ser verdaderamente la Iglesia
encarnada en el mundo marítimo.
Por consiguiente, no obstante la
‘novedad’ de nuestro diálogo y de nuestras discusiones, de las
estructuras, de la globalización, y del milenio, es importante comprender
que existe una continuidad con el pasado, algo que no
cambia, que no puede cambiar, y que nosotros no debemos
cambiar. Esto es aun más verdadero sí, en la historiografía
presente, después de la grande visión de continuidad propuesta por
Braudel y por la “Escuela de los Anales”, nosotros hacemos
una exaltación del “evento”, como algo del todo nuevo, revolucionario
y extraordinario.
Nosotros, especialmente en la Iglesia católica, tenemos que
- como yo he dicho - enfatizar la Tradición (con
T mayúscula) y, repito, la continuidad.
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1. Continuidad
En efecto, la
misión que Jesús confió a sus Apóstoles ha sido, es
aún hoy y continuará siendo, la única y misma misión
para todos los tiempos y lugares. Nosotros, en virtud de
nuestro bautismo, somos enviados a nuestra misión, para vivir la
vida de amor y reconciliación que Jesús comparte con nosotros,
y para dar testimonio de la ternura y de compasión
del Padre.
Debido a esta continuidad, me gustaría aquí subrayar
la necesidad que el logotipo del Apostolatus Maris y el
nombre tradicional de Stella Maris para nuestros Centros sean mantenidos
en todas partes.
Según la Carta Apostólica Stella Maris del
Santo Padre Juan Pablo II, la ‘Gente del Mar’ representa
la Iglesia en el mundo marítimo, y la plenitud de
la Iglesia requiere un Sucesor de los Apóstoles, un Obispo,
en la comunión con el Colegio Apostólico, “cum Petro et
sub Petro”, y su sucesor hoy, el Papa Juan Pablo
II. Pues a nuestro Pontificio Consejo ha sido delegada parte
de su solicitud pastoral, de ahí nosotros debemos considerar también
el papel específico de los Obispos en el Apostolado del
Mar.
Es particularmente gratificante que tantos Obispos hayan venido y
tomado parte activa en este Congreso. De hecho, en Roma,
inicié mi entrevista sobre él en la Radio Vaticana, atreviéndome
a decir que habría sido un pequeño “sínodo”. La Carta
Apostólica reconoce el papel del Obispo Promotor del A. M.,
que es aquel de guiar y vigilar la pastoral marítima
en el territorio de su Conferencia Episcopal, a través del
Capellán o Director Nacional. Por lo tanto, yo agradezco, a
los Obispos Promotores, aquí presentes, como a todos los demás,
por sus esfuerzos. El Obispo local - el Obispo del
puerto - tiene un papel vital, sobre todo porque él
tiene la responsabilidad final de nombrar el Capellán local, que
es esencial para el A. M. Naturalmente, nosotros animamos a
nuestros hermanos en el Episcopado a exhortar todos los Obispos
a reconocer y enfatizar la presencia y la acción del
A. M. en sus diócesis, sobre todo en aquellas marítimas
porque es evidente la existencia de puertos, algunos de ellos
importantes, y enteras regiones, donde el A. M. no existe
o existe de una manera poco visible.
Esto es, sobre
todo, una realidad en América Latina, y nosotros esperamos que
la celebración de nuestro Congreso aquí en Río ayudará la
Ecclesia in America a promover nuevamente este servicio eclesial en
el mundo marítimo. La presencia aquí, junto a Obispos, sacerdotes,
diáconos, religiosos y religiosas, de un gran número de laicos
cualificados me ofrece la oportunidad de enfatizar la importancia de
su papel específico en el A. M., “ servatis servandis
", según la terminología eclesiástica.
Ellos serán siempre más necesarios,
debido a la falta, de ordenación de ministros en muchas
partes del mundo. Este compromiso creciente en el servicio de
evangelización y la promoción humana merece una atención particular, porque
ambas están profundamente unidas.
En este contexto, yo deseo agregar,
que la Carta Apostólica Stella Maris declara que las relaciones
entre el A. M. y las Organizaciones Internacionales con los
objetivos similares son de competencia de nuestro Pontificio Consejo.
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2. Unidad
en la diversidad
Ciertamente que, el A. M. trabaja en
diferentes maneras según la realidad de los países, culturas y
situaciones. A nivel mundial, el A. M. no va visto
como una pirámide, de manera uniformemente estructurada a todos los
niveles y en todos los lugares. Más bien - para
utilizar la bella imagen del Card. Cheli al final del
último Congreso – “es como una galaxia de estrellas, donde
no hay dos precisamente iguales, algunas son más grandes y
luminosas, otras más pequeñas y más oscuras, pero, todavía continúan
a iluminar y a dar calor. Es como una confederación
(o comunión, para decirlo en términos teológicos) de iniciativas diversas
de las Iglesias locales y de la Iglesia a bordo,
todas animadas por el mismo Espíritu, el Espíritu que procede
del Padre y del Hijo, que nos ha sido dado
a través de la fe, en el bautismo, compartiendo la
única y misma misión”.
En esta misión nosotros no estamos
solos. Los Rev. Berend van Dijken y Sakari Lelimuskallio nos
han ayudado magníficamente a situarnos en el espíritu de la
cooperación ecuménica, esencial para afrontar los desafíos de la globalización,
compartiendo, todos, el ministerio pastoral del Sr. Eddie Luceno, de
las Srtas. Karen Lai e Maria Terezinha Costa, y del
Sr. Tony McAvoy, según su papel específico.
Para terminar esta
parte de mi intervención conclusiva, quisiera enfatizar la importancia de
la Pastoral Marítima, como lo hice en la 15 aAsamblea
Plenaria del Pontificio Consejo de la Pastoral de los Emigrantes
e Itinerantes, que se realizó desde el 29 abril al
1° de mayo de este año en el Vaticano, allá
se evidenciaron las oportunidades pastorales, pero también los desafíos que
emergen del mundo de la movilidad humana, que están íntimamente
relacionados con la inmensidad del mar, para dotarse de los
medios necesarios para ir al encuentro de estos (ver “People
on the Move” N. 88-89).
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3. El mar
El Santo Padre
en su discurso a los participantes a la Asamblea Plenaria
nos animó a que reconociéramos las grandes oportunidades para llevar
la presencia de Cristo Buen Pastor y su Buena Nueva
en las vías terrestres y del mar de la humanidad,
como también promover el respeto por la dignidad de las
personas, de las familias, del ambiente y las culturas que
están unidos al mar.
Entre las conclusiones de la Asamblea
Plenaria, quisiera citar las siguientes:
1. La movilidad humana es
una característica creciente de la globalización. Debido a esto, hoy
existen nuevas barreras y desafíos que hay que enfrentar y
el Señor nos ofrece nuevas posibilidades pastorales. La Iglesia debe
aceptar estos nuevos desafíos siendo el Buen Samaritano en los
caminos y sendas del mar de la humanidad, promoviendo la
solidaridad en la migraciones, igualmente a través del ejercicio de
caridad.
a) Teniendo en cuenta el tema de nuestra Plenaria,
‘ El mundo del mar, mar y migraciones, mar y
turismo ’, el mar resulta ser el medio de transporte
en una nueva era de migración que une a las
personas de todos los continentes en la fraternidad, diálogo, y
comercio, pero, al mismo tiempo, provoca reacciones xenófobas e incluso
racistas, cuando lleva a los emigrantes y solicitantes de asilo,
y esconde el drama humano cotidiano de los marineros y
pescadores.
b. El Turismo - en las playas y el
mar - también está constantemente en aumento, como una característica
de la globalización, de nuevo decimos, con aspectos positivos
y negativos para las personas y lugares que acogen a
los turistas y para los mismos visitantes.
2. Desde que
la movilidad humana es por definición un fenómeno de movimiento
y cambio, que se extiende casi en modo ingobernable, en
general más allá de los límites trazados, la cooperación y
la solidaridad a niveles internacionales y regionales necesitan ser nuevamente
enfatizadas. Eso también le concierne a la Iglesia en la
cual el Señor llama a cada uno de sus miembros
a promover la comunión, la solidaridad y la cooperación, sobre
todo en este campo, entre las Iglesias particulares y locales
así como en el campo ecuménico e interreligioso.
3. Además
la evangelización en el Tercer Milenio, a la cual estamos
llamados, pide una planificación pastoral según el texto y el
espíritu de la Novo Millennio Ineunte . En el mundo
del turismo en aumento esto significa asegurarse la presencia de
la Iglesia Peregrina para hacer el turismo más digno de
la persona humana, inspirando un nuevo espíritu, ofreciendo ocasiones para
nuevos encuentros con Dios y los hermanos y hermanas de
otras culturas y religiones. En este modo el turismo contribuirá
al diálogo entre las civilizaciones. Esto podría ser considerado un
tipo de nueva evangelización, en la cual el fiel laico
tendrá responsabilidades especiales, también con la contribución de los movimientos
eclesiales.
4. La Iglesia en un mundo globalizado está llamada,
de todos modos, a intensificar su papel como promotora y
animadora de solidaridad y de respeto por la dignidad humana
y los derechos fundamentales, así a menudo amenazados por nuevas
formas de esclavitud y explotación. Este papel, además, se extiende
al respeto por las culturas y las identidades culturales, los
lugares sagrados, incluyendo aquellos de otras religiones, y el ambiente.]
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4.
La globalización y el apostolado del mar
Nuestra vocación de
testimoniar el bautismo se realiza en un mundo cambiante -
como hemos escuchado – donde cambian, aun rápidamente, las circunstancias.
En una palabra, todo lo llamamos “globalización”.
Después de la
“Presentación del Tema” por nuestro Presidente, escuchamos la intervención del
P. Dr. Joël Portella Amado, combinando “Globalización y Fe”. El
fenómeno de interés particular durante este Congreso fue examinado y,
después presentado por los Coordinadores Regionales del A.M., y completado
con una exposición histórica del “Padroado” presentada por el P.
Dr. Edvino A. Steckel.
Hemos experimentado profundamente las consecuencias actuales
de la globalización que afligen a los marineros y sus
familias, a quienes trabajan en la pesca industrial y en
la pesca tradicional, sin olvidar la industria del crucero en
el rápido desarrollo, en el contexto de las diversas perspectivas
de la mundialización. Hemos escuchado las experiencias, estudios y presentaciones
excelentes del Sr. Dip. Peter Morris, del Sr. Turner de
Jeremy, del Sr. David Ardill, del P. Bruno Ciceri, y
de las Srtas. Josette Laharrague, Engracia Micayabas, de los Sres.
Antonio Fritz, Claudio Décourt, del P. Thomas X. Kocherry, del
Sr. Fé1ix Randrianasoavina, del P. Joao van der Heijen, s.d.v.,
del Diácono Renato Causa, y de la Dra. Minghua Zhao.
Hemos compartido la trágica situación de los marineros abandonados y
también hemos sido informados sobre los “permisos de desembarco y
los documentos de identidad” gracias al conocimiento de los Sres.
Ángel Llorente y Douglas B. Stevenson. A todas estas personas
lleguen nuestros sinceros y calurosos agradecimientos.
Una parte muy conmovedora
de nuestro Congreso fue el momento de las declaraciones personales
y de los testimonios presentados. Podríamos decir: estas son la
"gente del mar" que habla de sí misma. Estos testimonios,
sobre todo en los talleres (con ocho temas), junto a
los informes regionales, han dado frescura y realismo a nuestro
análisis. El mundo marítimo es, en primer lugar y sobre
todo un mundo de personas - no sólo de pescados,
transportes y problemas industriales - sino de personas que se
sienten, cada vez más pequeñas y que paulatinamente se sienten
aún más pequeñas en un mundo de ‘big business’ y
‘big money’ (el aspecto financiero de la globalización es el
más pesado y significativo del fenómeno), y las grandes naves.
Así a menudo, como hemos escuchado, ellos se consideran “pequeños”,
insignificantes, marginados, olvidados. Después, a través del sistema de las
banderas de conveniencia y de muchas otras maneras, ellos se
exponen a la injusticia y a la explotación.
Por esto
yo hago un llamado desde este Congreso, a todas aquellas
personas que pertenecen al Apostolado del Mar del mundo, para
que ellos continúen a acoger, servir y apoyar todos los
marineros, sin diferencias de cultura, nacionalidad y religión, a acompañarlos
y a ayudarlos, en la solidaridad, en la lucha por
la justicia. Ésto será solamente una semilla pequeña para un
mundo nuevo, más humano y más fraterno, pero será una
semilla importante.
Es maravilloso cuando esto puede ser realizado a
través de un Centro Stella Maris o un Centro ecuménico.
Pero, quiero decirlo claramente, el trabajo del A. M. no
depende solamente de tales edificios y, aún diría más, los
edificios no pueden reemplazar lo que es realmente importante: un
corazón acogedor. Pueden, pues, formarse equipos pastorales compuestos por miembros
de las parroquias de las ciudades portuarias - grandes y
pequeñas -, en los pueblos de pescadores y de las
comunidades costeras, y así sucesivamente. Estos equipos, con la guía
y apoyo del capellán local y del Director Nacional del
A. M., pueden vivir plenamente la misión cristiana fundamental, acogiendo
y dando la bienvenida a los marineros y a las
naves que llegan al puerto. Este deseo y esta exhortación
se expresaron hace cinco años durante el XX Congreso y
todavía son válidos e importantes. Esperamos que en los próximos
cinco años, se lleve a cabo una multiplicación de estos
“pequeños” equipos del A. M.
De las “pequeñas” cosas llegamos
a las más “grandes”...
Gracias al rápido progreso y a
la mejoría de las comunicaciones, a través del facsímil y
el correo electrónico, la coordinación y la cooperación (también podríamos
decir la “comunión”) entre las organizaciones del A.M. de los
diferentes países y regiones resultarán más fáciles. Además, queremos expresar
nuestro reconocimiento a los Coordinadores Regionales por su trabajo realizado
hasta ahora e, igualmente, en la preparación de este Congreso.
Con el transcurrir de los años, el papel y el
trabajo de los Coordinadores Regionales serán siempre más importantes. Yo
les deseo a ellos valentía y fuerza.
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5. La globalización en
general y su “governance”
Aunque si no soy un economista,
después de haber considerado la globalización particularmente bajo el aspecto
de sus consecuencias negativas para nuestros “hermanos y hermanas del
mar” (con una apelación implícita a globalizar la solidaridad), me
gustaría animarles a superar la tentación de formular un juicio
ideológico acerca de este fenómeno.
Aquí nos puede ser muy
útil la enseñanza del Papa Juan Pablo II.
En su
discurso a los miembros de la Academia Pontificia de las
Ciencias Sociales, el 27 de abril del año pasado, el
Santo Padre dijo: La “globalización, a priori , no es
ni buena ni mala. Ésa será lo que las personas
harán de ella. Ningún sistema es un fin en sí
mismo y es necesario insistir en el hecho que la
globalización, como cualquier otro sistema, debe ser al servicio de
la persona humana; de la solidaridad y del bien común”.
Yo agregaría otro breve pasaje de este mismo discurso que
es muy significativo: “la globalización no debe ser un nuevo
tipo de colonialismo. Debe respetar la diversidad de las culturas...
Cuando la humanidad se encamina en el proceso de globalización,
ya no puede prescindir de un código ético común”.
Quisiera
citar, además, algunas consideraciones del Magisterio sobre la “ governance
” de esta globalización.
Al respecto, y dado que yo
provengo de Vicenza (Italia), tengo el agrado de iniciar, en
primer lugar, con el discurso del Papa Juan Pablo II
a los participantes a la reunión organizada por la Fundación
“Ética y Política” de Bassano del Grappa. El título que
lo sintetiza L´Osservatore Romano me parece bien elegido y significativo:
“La globalización de la solidaridad exige una nueva cultura, nuevas
normas, nuevas instituciones, a nivel nacional e internacional” (O.R. 18
de mayo del 2001, p.4).
La necesidad de una “autoridad
política mundial” ha sido mencionada de este modo por el
difunto Cardenal F. X. Nguyen Van Thuân. Él dio énfasis
al hecho que la governance no significa automáticamente government.
[He
aquí sus palabras: “La governance de la nueva economía tiene
necesidad, sin embargo, de las estructuras, jurídicas y políticas, capaces
de orientar hacia el bien común las inmensas potencialidades de
la nueva economía. Esto se hará en el conocimiento que
el hombre, como dice la Centesimus Annus, es al mismo
tiempo ‘santo y pecador’. La Doctrina Social de la Iglesia
continúa apoyando la necesidad de una ‘autoridad pública mundial’ (Juan
XXIII, en Pacem en Terris , 137) mayormente solicitada actualmente
dado que los fenómenos de la nueva economía son,
precisamente, mundiales. Pero governance no significa automáticamente government . Los
principios de gradación y subsidiariedad implican ambos un realismo con
el cual proceder, aumentando los instrumentos internacionales presentes, mejorando su
actuación y las relaciones recíprocas, haciendo a los diversos participantes
más responsable y autorizándolos actuar. Percibimos la necesidad de aumentar
“la coordinación entre los países más poderosos” (Juan Pablo II,
Centesimus Annus , N.58), para transferir conocimiento y tecnología a
los países pobres, dado que ‘el traslado fácil de recursos
y de medios de producción´ (Juan Pablo II, Discurso a
la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales del 25 de
abril de 1997, n. 4) hecho posible gracias a las
nuevas tecnologías, puede facilitar hoy semejantes procesos de solidaridad subsidiaria,
para conectar mejor las iniciativas de las Instituciones Financieras Internacionales
con las necesidades auténticas de los Países pobres y con
los actores de la sociedad civil de estos Países” (O.R.
9-10 de julio del 2001, p. 8) ].
[Entonces] la
dialéctica entre ‘global’ y ‘no global’ es abstracta e ideológica.
De hecho, gran parte del debate actual sobre la globalización,
sus causas y sus efectos, está deformada por los prejuicios,
etimológicamente hablando, que parecen seguir una tradición de mecanismos basados
en el análisis dinámico de fuerzas impersonales, [como ha sido
afirmado, no hace mucho tiempo, por la Profa. Simona Beretta,
a cuyo pensamiento me refiero aquí].
En palabras simples, es
como si se confrontaran dos corrientes principales: por un lado,
aquella del “laissez-faire” neo-capitalista, que apoya una globalización que está
presente en el DNA de los procesos económicos, dónde el
“mercado” va más allá de las fronteras nacionales creando grande
acumulación de riqueza (y teniendo presente que sólo después de
haber creado tanta riqueza como era posible, entonces, podrá ser
distribuida), por otro lado, la corriente no global resiste a
esta tendencia del mercado en nombre de los objetivos del
anti-mercado, porque el mundo no está “a la venta”.
[Se
podría decir que estas dos posiciones, y el amplio conflicto
entre las dos, siguen los indicios de un antiguo debate
entre el “Estado” y el “mercado”.
Estas dos realidades sociales
han sido vistas como dos entidades completamente opuestas, cada una
dominada por una propia racionalidad, y ambas en una contradicción
natural una con la otra. Se decía, entonces, en este
debate, que “más Estado” significaba “menos mercado” y viceversa.
Pero
ambas posiciones padecen de la misma desventaja mencionada: se confía
excesivamente de los mecanismos “asistenciales” (el Estado, para algunos de
ellos, y el libre mercado, para los otros), para satisfacer
las necesidades de los hombres. Nosotros no sabemos de la
existencia de recetas fáciles para realizar éstos deseos que toman
forma en condiciones de “fuerte” incertidumbre y no encontramos ninguna
respuesta en los mecanismos “asistenciales”. La respuesta sólo podemos encontrarla
gracias a la realidad del tiempo y asumiendo el riesgo
por aquello que es deseado como algo sobre el cual
se apuesta, y realizado con toda libertad y responsabilidad por
un “actor” que actúa recíprocamente con otros].
El “laissez-faire” neo-capitalista
y el no global se encuentran detrás de barricadas opuestas,
pero del punto de vista cultural, son el resultado de
una mala antropología y de una misma visión parcial de
dinamismos económicos y políticos. [No obstante, “es importante restaurar un
principio de realidad: no es verdad que los mercados anónimos
e impersonales producen lo mejor del bienestar, porque las transacciones
más importantes (concernientes las inversiones y el crédito), tienen que
tener en cuenta sea del tiempo así como de la
incertidumbre y pueden fácilmente encontrar en una relación personalizada que
está destinada a perdurar en el tiempo. Por la misma
razón, no es verdad que el Estado produce el máximo
de bienestar social: el Estado no tiene toda las informaciones
necesarias para cumplir opciones correctas y no está dotado de
una inteligencia superior”].
Lo que parece ser una perspectiva más
realista es aquella de concentrarse sobre la importancia de las
acciones deliberadas de los diversos "actores", en el campo económico,
especialmente los más numerosos, sobre las modalidades de la interacción
social y las instituciones emergentes y que funcionan. En este
escenario podemos determinar tres categorías de “actores” que pueden hacer
avanzar u oponerse a los procesos de integración internacional: los
Estados nacionales, con los otros “actores” de las políticas domésticas,
aquellos de la integración económica; y los “actores” de la
participación democrática.
Intentemos perfilar los principios que crean una interacción
entre los mercados, gobiernos y la sociedad civil, en los
procesos de integración económica. Podemos representarles sintéticamente, con la imagen
significativa de un “trío incompatible”. Es como si el actual
mundo globalizado fuese puesto ante tres fuerzas diferentes, cada una
de ellas se justifica a sí misma, pero no está
en armonía con las otras dos (para ulteriores referencias, véase
D. Rodrik, “ How far will international economic integration go?
”, en Journal of Economic Perspective, vol. 14, (2000), N.
1, pp. 177-186).
[La primera de estas fuerzas es la
tendencia por parte de los Estados nacionales, (es decir, aquellos
que poseen actualmente el poder político y parte del poder
económico) de conservar en sus manos la propia soberanía. La
segunda fuerza es la tendencia a una integración siempre más
profunda de los mercados relacionados con los bienes y servicios,
así como de las estructuras y de los factores de
producción, y sobre todo de los mercados financieros. Una tercera
fuerza importante que puede resumirse bajo el título de “participación
democrática” en los eventos económicos y políticos de la globalización,
se expresa en modalidades diferentes y múltiples. Éstas varían por
la oposición al proceso de la globalización al esfuerzo de
guiarlo por medio de un consentimiento general (por parte de
la influencia pública, que tiende a ser global) de estos
grupos con intereses y necesidades particulares, o mediante la participación
de organizaciones no-gobernativas en las decisiones de las instituciones internacionales.
Según el principio del “trío incompatible”, estas tres fuerzas pueden
encontrar una posición institucionalmente equilibrada si se toman en grupos
de dos, pero no las tres juntas, a menos que
no sean ayudadas por una conjunción “astral” favorable.
Por ejemplo,
la integración económica objetiva, comporta una opción múltiple, realmente doble,
que es aquella de conservar la Nación-Estado, que ayudará a
reducir su actual influencia económica, gobernando y aprovechando la mayor
parte de los recursos domésticos.
La otra alternativa consiste en
la sustitución progresiva de una orientación nacional para la regulación
de las políticas económicas mediante un sistema de “federalismo global”,
caracterizado por una participación política de las masas. La sociedad
civil se convierte aquí en el primer interlocutor del gobierno
supranacional.
Del mismo modo, un gobierno caracterizado por un gran
número de grupos identificado en los varios intereses obligará a
elegir entre dos alternativas: o la participación y salvaguardia de
los intereses por esos grupos al interno del Estado-Nación, que
renuncia a la integración económica (y adopta políticas proteccionistas dónde
el daño de los mercados abiertos amenazan los intereses domésticos)
o, viceversa, la participación a los procesos de governance mundial
con leyes e instituciones que determinan el ámbito de integración
del mercado.
De nuevo, si nosotros queremos conservar el Estado-Nación
en su área de supremacía económica, podemos elegir entre participación
política de las masas e integración económica. De hecho, un
País que está bien integrado en los mercados internacionales de
los bienes y del capital puede conservar un enérgico control
en sus recursos económicos, con tal de que se respeten
las “reglas del juego” del mercado global y ése pueda
resistir a la oposición de la tercera fuerza representada por
aquellos grupos de presión que se sienten amenazados por la
integración global de mercados (es decir, los sindicatos de los
Países desarrollados o incluso los sectores de la producción doméstica
tradicionalmente protegido por políticas nacionales)
¿Qué produce la tendencia a
la integración económica en el “modelo del trío” incompatible, después
de haber sido introducido por los partidarios de la empresa
libre? Eso depende esencialmente de la opción de la fuerza
que se ha seleccionado como aliada. En la “primera” globalización,
la fuerza aliada, apoyada por empresarios, comerciantes y banqueros, aún
claramente “nacional”, era cada Estado nacional. No era casual que
sus aliados encontraban la estabilidad institucional debido a una reducción
dramática - en aquella época - de las expresiones de
la participación democrática (derecho a voto limitado, papel marginal de
las organizaciones sindicales). A causa de la dependencia de la
fuerza nacional de un estado de una de las empresas
nacionales, la situación se había debilitado dada la posibilidad de
un conflicto entre los Estados-Naciones, con la finalidad de defender
los intereses políticos y económicos (conflictos que realmente aparecían dramáticos).
Hoy día, quizás, la tendencia predominante hacia la integración económica,
provocada por "actores" unidos ahora en forma velada a un
Estado-Nación particular, podría quizás anticiparse un escenario institucional completamente diferente,
dónde los Estados-Naciones se encontrarían en competencia de modo que
los medios de producción sean localizados en su territorio.
Esto
significaría un escenario “hacia abajo deprisa” que aplica normas de
trabajo y de ambiente, con la tasación del capital y
de las ganancias. ¡Ésto no es particularmente atractivo, sobre todo
para los hombres de negocios! Pero, si miramos más lejos,
este modelo puede evitarse reforzando los procesos de la governance
supranacional y reduciendo el Estado-Nación a un “espacio más pequeño”,
mejorando la capacidad, desde un punto de vista organizativo, para
respetar el bienestar social].
Por consiguiente, concluyo afirmando que no
existe una sola globalización, amada u odiada, según las opiniones
neo-capitalistas o no global , y esto vale la pena
evidenciarlo.
[Ellos provienen por lo menos de dos maneras elementales
diferentes, según la interacción provocada por las tres fuerzas que
han sido identificadas.
Quizá, mi análisis acerca de este preocupante
argumento es un poco largo y difícil, pero] no es
necesario, yo pienso, ser demasiado simplista en nuestra orientación sobre
la globalización. Ocurre, además evitar una visión ideológica. Las ideologías,
a pesar de todo, han sido superadas, como atesta el
siguiente pasaje del Mensaje del Santo Padre para la Jornada
Mundial de la Paz, el 1° de enero del 2000.
Cito:
“Es especialmente urgente reconsiderar los modelos que inspiran las
opciones de desarrollo .
A este respecto, se tendrán que armonizar
mejor las legítimas exigencias de eficacia económica con las de
participación política y justicia social, sin recaer en los errores
ideológicos cometidos en el siglo XX. En concreto, ello significa
entretejer de solidaridad las redes de las relaciones recíprocas entre
lo económico, político y social, que los procesos de globalización
en la actualidad tienden a aumentar.
Estos procesos exigen una
reorientación de la cooperación internacional, en los términos de una
nueva cultura de la solidaridad. Pensada como germen de paz,
la cooperación no puede reducirse a la ayuda y a
la asistencia, menos aún buscando las ventajas del rendimiento de
los recursos puestos a disposición. En cambio, la cooperación debe
expresar un compromiso concreto y tangible de solidaridad, de tal
modo que haga de los pobres protagonistas de su desarrollo
y permita al mayor número posible de personas fomentar, dentro
de las concretas circunstancias económicas y políticas en las que
viven, la creatividad propia del ser humano, de la que
depende también la riqueza de las naciones.
Ésta es una
gran tarea, [expertos, responsables y líderes necesitan valentía para encontrar
las oportunidades de las relaciones duraderas, inclusivas e integrantes. Cada
empresa económica, así como cada iniciativa política, si debe nacer
y crecer, necesita ante todo de una orientación ‘amistosa’, del
conocimiento que existen riesgos y que somos nosotros mismos a
ponernos en juego. Ésta es la manera de hacer los
negocios. Y, de esta manera, la polis - y quizás
el mundo - se transformarán en un lugar mejor donde
vivir].
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6. ¿Hacia dónde vamos?
Pienso que esté aquí, por lo
menos en parte, la respuesta a la pregunta que está
ahora en nuestros labios: ¿Adónde vamos después de Río de
Janeiro?
Creo que durante este Congreso se haya realizado un
trabajo muy importante, sobre el cual fundamentar nuestro futuro, sea
en el escenario o detrás de éste. Creo que el
Espíritu haya soplado aquí en Río durante estos días de
análisis, oración, celebración, discusión y diálogo. Creo que las semillas
que se han sembrado darán fruto en los próximos años
en un Apostolado del Mar más fuerte en todo el
mundo.
Hemos recogido mucho pescado, hemos tenido un bello crucero
y transportado muchos containers. Regresamos ahora a nuestro trabajo, (todavía
con otros peces, transportes y cruceros) a nuestro apostolado, con
alegría, satisfacción y un espíritu renovado.
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7. Despedida y agradecimientos
Finalmente,
concluyendo, pienso que una palabra especial de saludo y gratitud
es necesaria por parte del Pontificio Consejo. Naturalmente, hablo también
en nombre de nuestro Presidente, S.E. Mons. Hamao.
Mi primer
agradecimiento va a S.E. Mons. Eusebio O. Scheid, a su
clero, a las religiosas y religiosos y a sus
fieles, que han contribuido generosamente al éxito de nuestro Congreso,
con su tiempo o su dinero. Un reconocimiento especial
va, además, al P. Claudio Ambrozio y a su equipo
de voluntarios por el enorme trabajo que han realizado
para nosotros. Ellos son nuestros amigos y merecen nuestro
aplauso.
Y ahora quisiera agradecer a cada uno de vosotros:
vosotros sois el Congreso, como un pequeño “sínodo” universal. Vosotros
sois el Apostolado del Mar, vosotros sois aquellos que llevarán
el Evangelio, la ternura y la compasión del Señor de
la Misericordia en el mundo azul.
Nuestra gratitud va también
a la Sra. Antonella Farina, al P. Gérard Tronche y
al P. Jacques Harel. Son personas extremamente abnegadas que no
han ahorrado tiempo ni sacrificios para realizar una tarea tan
exigente. Gracias, también al P. Andrea Duczkowski, que nos ha
acompañado para ayudar “una tantum” en el aspecto administrativo, y
al P. Bruno Ciceri de Taiwán. Nuestros agradecimientos lleguen también
a nuestros interpretes porque sabemos cuanto es arduo el trabajo
que han debido realizar.
A todos aquellos que han contribuido
a hacer nuestras celebraciones litúrgicas en vivos momentos de alabanza
a Dios y fuente de estimulo para nuestras almas, queremos
decirles un caluroso “gracias”.
No quiero olvidar, finalmente, la dirección
y el personal del Guanabara Palace Hotel que han sido
tan pacientes y amables en contentarnos. También a ellos un
sincero agradecimiento.
Quedamos unidos en la oración y en el
amor cristiano, y que Dios omnipotente y misericordioso nos colme
generosamente de sus bendiciones. María, Estrella del Mar, nos guíe
hacia el puerto eterno del Cielo, porque Ella es la
Madre de Dios. En el nombre del Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo. Amén.
*Arzobispo Marchetto no leyó los
párrafos entre los paréntesis cuadrados.
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III. Documento final
1. Preámbulo
El XXI Congreso Mundial del Apostolado del Mar
ha tenido lugar en Rio de Janeiro, Brasil, del 29
de septiembre al 5 de octubre 2002.
Los 240 participantes
– Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y agentes pastorales laicos, miembros
y voluntarios del APM, marinos y personal marítimo, observadores e
invitados – procedentes de 60 países, reflexionaron sobre el tema
El Apostolado del Mar en la era de la globalización
, tratando importantes problemas con los que se enfrentan los
pescadores, los trabajadores del comercio marítimo y de cruceros, sus
familias y el mundo marítimo en general.
Los capellanes y
sus colaboradores laicos se saben testigos diarios del ambiente internacional
en que la libre competición favorece casi siempre los países
industrializados, provocando una creciente explotación del hombre y miseria en
los países en vías de desarrollo. La globalización será una
bendición únicamente cuando sea en grado de beneficiar, en particular,
a los pobres y a los débiles. Cosa que no
sucede hoy en día.
Por eso, si bien algunos hechos
pueden considerarse como un progreso o un beneficio prometedor, como
son los acuerdos de pesca bilaterales y multilaterales, el acceso
a nuevas tecnologías y unas mayores oportunidades de trabajo, el
coste de la globalización resulta elevado. Un cierto sector no
estandarizado de la industria marítima del comercio o de la
pesca engaña, abusa, explota y abandona impunemente los marinos, condenándoles,
a ellos y a sus familias, a una gran miseria.
Las banderas de conveniencia ocultan las connivencias entre armadores, naves
y equipaje. Con frecuencia se desarrolla una trama de corrupción
y de intereses en perjuicio de los mismos equipajes, especialmente
en las naves de crucero. Hay que lamentar, además, que
algunos gobiernos toleren el enrolamiento ilegal.
Durante este Congreso hemos
escuchado el grito de quienes son víctimas del impacto negativo
de la globalización. El Evangelio y la Iglesia nos enseñan
que el esencial valor a respetar debe ser, ante todo,
la dignidad del hombre, y que la economía es para
el hombre, y no el hombre para la economía. La
pobreza que deriva de una globalización salvaje es, en efecto,
una de las peores violaciones de la dignidad humana. Las
Iglesias y las comunidades eclesiales asumen, por eso, un deber
particular de testimoniar conjuntamente, en el ámbito ecuménico, su diaconia
al servicio del hombre, con vistas a controlar los excesos
de la globalización. Deberán, igualmente, abrirse a la colaboración, en
bien de la humanidad, con todas las personas de buena
voluntad, de cualquier religión.
Consciente de que las reglas de
esta economía global del mercado atemorizan a muchos, aun cuando
se trata de normas establecidas sólo parcialmente y sujetas a
intenso debate, el Apostolado del Mar está llamado a dotar
de un rostro humano a la globalización en el mundo
marítimo y a contribuir a la formulación de las normas
de un nuevo orden mundial, basado en principios éticos, sobre
la solidariedad y sobre la inviolabilidad de la dignidad humana.
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2.
Observaciones y resoluciones
La toma de conciencia de esta realidad
ha llevado a los participantes al Congreso a considerar la
necesidad de que el Apostolado del Mar adecue, en consecuencia,
sus propias estructuras, métodos, y objetivos.
1. Estructuras:
a) A
través de sus estructuras nacionales e internacionales , el Apostolado
del Mar deberá hacer frente a los excesos de la
globalización:
reforzando su propia red y su
visibilidad en el mundo marítimo y fuera de él;
procurando que sus miembros, la opinión
pública, las Iglesias y comunidades eclesiales, así como la
sociedad en general, estén informados de los
problemas cruciales en juego;
favoreciendo, a través del
Pontificio Consejo de la Pastoral de los Emigrantes
e Itinerantes, una colaboración estrecha con
todas las agencias, católicas y de otras
confesiones, que trabajan a favor del bienestar de la
gente de mar, y también con
los Gobiernos, las Agencias Internacionales
e ONG. En este contexto, la cooperación ecuménica es
esencial.
b) En el ámbito local ,
el AM deberá:
asegurar una mejor formación
de los capellanes y de los agentes pastorales;
apoyar
a los marineros en su formación;
asistir a los afectados por el
AIDS en el mundo marítimo: marineros, familias y huérfanos;
participar
en la organización de programas de
los organismos portuarios a favor del bienestar de los
marinos, o estimular su creación ahí donde
aún no existan.
c) Será necesario intentar crear antenas del
Apostolado del Mar en todos los puertos. Las autoridades diocesanas,
el clero y los fieles a este fin deberan prestar
un reconocimiento siempre mayor a la Obra del Apostolado del
Mar y a las necesidades específicas de la gente de
mar.
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3. Métodos:
a) en el ámbito global:
El mejor modo
de cumplir nuestra misión es a
través del testimonio y de la gratuidad de nuestro
servicio voluntario. Somos en verdad proféticos, cuando
somos humildes, sinceros y respetuosos para
con los demás, sin miedo a la autocrítica. Será
preciso, por tanto:
* desarrollar una
espiritualidad de servicio,
* defender los derechos y
la dignidad humana, animando a todos los
cristianos a realizar la ya
conocida opción preferencial por los pobres.
El
Congreso hace un llamamiento a todas
las Iglesias y comunidades eclesiales para que trabajen
conjuntamente en la promoción de los valores humanos.
En esta perspectiva:
* Acogemos con gozo la
creciente participación de los diáconos permanentes en el
Apostolado del Mar, y deseamos que
se intensifique y se extienda.
* Apoyamos la adopción de
un documento de identidad del marítimo,
reconocido internacionalmente, que elimine la necesidad
de visados especiales para quienes desean bajar a
tierra durante las escalas de sus itinerarios.
*
Constatamos que las visitas pastorales a
las naves cobran siempre mayor importancia y que debería ser
desarrollada, hasta convertirse en un programa
de “capellanes navegantes” a bordo de
naves mercantes o de pasajeros. Puede tomarse en
consideración por ejemplo el proyectado por el I.C.M.A.
* Animamos a procurar una mayor profesionalidad y una
mejor formación en vista del apoyo
psicológico y pastoral a dar, necesario en momento de crisis,
y en las acciones a favor
de la justicia.
Debemos dar pruebas de
nuestra capacidad de innovación, usando la tecnología Internet.
El
Congreso pide a los Coordinadores Regionales, a los Directores Nacionales
y a las demás autoridades del Apostolado del Mar, que
se reúnan dentro de un año, para examinar el cumplimiento
de las decisiones tomadas en Rio y determinar lo que
queda por hacer, así como los medios para realizarlo.
b)
en el ámbito individual :
* aplaudimos el creciente papel
de la mujer en la comunidad marítima,
especialmente a través de las asociaciones
femeninas. Invitamos, pues, a las mujeres que todavía no lo
han hecho, a avanzar con confianza,
en el seno del Apostolado del Mar, más
allá de su papel meramente doméstico. Ellas deberán,
en efecto: emplear sus propios
talentos y su espíritu de iniciativa
para apoyar las familias marítimas
que se encuentran en apuros; hacer
sentir su voz en
defensa de los derechos humanos y de la
familia.
Es preciso promover también la
presencia de Ministros extraordinarios de la Eucaristía y animadores de
la oración en el mundo marítimo,
quienes a tal fin deberán recibir una
formación adecuada.
Se anima a todos a que
utilicen la página de Internet www.stellamaris.net y
contribuyan a su mantenimiento con informaciones
correctas.
El Apostolatus Maris siente aún
la necesidad de acrecentar el número de sus propios miembros
y voluntarios, hombres y mujeres de
oración, que vivan con fervor en su vida personal los
valores del Evangelio.
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4. Objetivos
a) En
relación con las familias de la gente de mar
Deben
ser estimuladas y promovidas en todas partes las Asociaciones de
Familias o de Esposas de los marineros. Las esposas, los
hijos y las familias, en efecto, están llamadas a participar
de forma más plena en el “ministerio marítimo”. Se les
anima, además, a tomar iniciativas para reunir la comunidad portuaria,
en el seno de las capellanías locales del Apostolado del
Mar, para sostenerla y procurarle un liderato espiritual y práctico.
b) En relación con la marina mercante internacional
El A.M.
muestra su satisfacción por los esfuerzos ya realizados por el
Grupo de Trabajo del IMO/OIT a favor de los marineros
abandonados en los puertos y sobre las responsabilidades de los
armadores, por lo que se refiere a los accidentes y
fallecimiento de los marineros, y expresa su confianza en que
las directivas existentes se transformen en Convenciones Internacionales. El A.M.
apoya, asimismo, cualquier iniciativa tendente a dotar a la O.I.T.
de la competencia de actuación de las Convenciones marítimas.
Después
del 11 de septiembre resulta comprensible que los Países establezcan
medidas de seguridad más eficaces. Ahora bien, nos sentimos preocupados
por la salud física, psicológica y espiritual de los equipajes,
desde el momento en que disposiciones demasiado restrictivas les niegan
el permiso de desembarcar.
Expresamos nuestro agradecimiento al Seafarers’ Trust
de la I.T.F. por su papel activo en asegurar el
apoyo financiero necesario a las actividades a favor del bienestar
de los marítimos.
Deseamos dar a conocer a todos los
marítimos la existencia de un nuevo instrumento a su disposición
para peticiones de ayuda. Se trata de la Red Internacional
de Asistencia a los Marítimos (I.S.A.N.), que en cualquier parte
del mundo ofrece un número de teléfono gratuito y disponible
las 24 horas (00 800 SEAFARERS).
c) En relación con
la pesca artesanal o industrial
Unos 500 millones de personas
en todo el mundo dependen de la pesca para su
subsistencia. La pesca, sin embargo, incluida la industrial, adolece de
problemas. Constatamos, incluso, que la dignidad de los pescadores es,
a menudo, objeto de desprecio.
El Congreso reconoce la profesionalidad
y la contribución de los pescadores al bien común, incluidos
los dedicados a la pesca artesanal y tradicional, y quiere
apoyarles a fin de que puedan ocuparse de sus problemas
profesionales, de sus infraestructuras y de su economía. Se recomienda
que, gracias a los instrumentos internacionales, los pescadoras puedan gozar
de las ayudas y de la protección social equivalentes a
aquellas que pueden tener, por ejemplo, los marinos de la
marina mercante.
El A.M. valora y apoya la aplicación completa
y rápida del Código de Conducta por una Pesca Responsable.
Se recomienda, por último, la constitución de un “Comité Pesca”
del A.M., que esté integrado por miembros que trabajan pastoralmente
con los pescadores y que están en relación con sus
respectivas organizaciones en el ámbito local, nacional e internacional.
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5. Conclusiones
Durante el Congreso se ha evidenciado la coincidencia en el
convencimiento sobre tres puntos básicos:
* Es necesario globalizar la
solidariedad;
* Es fundamental dar un
rostro humano a la globalización;
*
El Apostolado del Mar cuenta con
un papel específico a desarrollar en la perspectiva de un
nuevo orden mundial globalizado: que éste
tenga en cuenta los valores del Evangelio y
de la doctrina social de la Iglesia.
*
De este modo, abriendo nuestros corazones al amor de Dios
y al de nuestros hermanos y hermanas, estaremos en situación
de configurar la historia según los designios de Dios. El
Señor nos ha asegurado: “No tengáis miedo. Yo estoy con
vosotros hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).
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