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| Obispos de Centroamérica y el proyecto de ley de inmigración estadounidense |
Señores miembros del Senado de los Estados Unidos de Norteamérica
Distinguidos señores:
«Cuando un forastero viva junto a ti, en
tu tierra, no lo molestes. Al forastero que viva con
ustedes lo miraran como a uno de ustedes y lo
amarás como a ti mismo, pues ustedes también fueron forasteros
en Egipto» (Levítico 19: 33 – 34.). En el Nuevo
Testamento, Jesús nos invita a recibir a los forasteros o
migrantes (Cf. Mateo 25: 35-43).
Nosotros, los Obispos que conformamos
el Secretariado Episcopal de Centro América (SEDAC), queremos externar nuestra
preocupación por la reforma de las leyes de inmigración que
ustedes empiezan a discutir. Nos proponemos escuchar la voz de
los que estamos afuera de su país para que los
ayude a entender las graves implicaciones que tendrá la aprobación
de dicha ley para nuestros países de la región Centro
Americana, agobiados por la pobreza y extrema pobreza.
La aprobación,
en diciembre pasado por la Cámara de Representantes de la
«Ley de seguridad fronteriza, antiterrorismo y actos de control de
la inmigración ilegal 2005, H. R. 4437», ha generado una
gran preocupación en las Conferencias Episcopales y en la población
de Centro América. La aprobación de la ley H.R.4437 será
un desastre devastador que involucrará a miles de persona, familias,
comunidades de la región centroamericana. Sería un desastre económico-social aún
mayor que los últimos desastres naturales que azotaron la región.
En la actualidad, Centro América vive bajo a una inestabilidad
económica y política tan grave, que se puede equiparar a
la crisis de los años setentas y ochentas. Nuestra solicitud
es que en sus discusiones sobre la ley migratoria contemplen
una ley con rostro humano y consideren una solución humanitaria
y comprensiva para el bien común de todas aquellas personas
que buscan alternativas a la grave crisis económica de la
región Centro- Americana. Asimismo, que examinen cuidadosamente el desarrollo económico
y la estabilidad política de donde se originan los trabajadores
migratorios, así como los que ya se encuentran trabajando en
Estados Unidos, sin importar su situación. También, que valoren con
prudencia el muro en la frontera, pues el mensaje que
se está transmitiendo en el sur del continente es de
un verdadero «apartheid» social.
Entre los 11 millones de inmigrantes que
viven en los Estados Unidos de forma indocumentada y sin
los permisos laborales, existe una gran y significativa cantidad de
América Central. Los grandes flujos de trabajadores migratorios de la
región se iniciaron con el auge de los conflictos armados
de la región en los años setentas y ochentas, y
se han incrementado en los últimos años. A ellos han
seguido sus familiares, para la reunificación. Hoy, los familiares de
los Centroamericanos perciben significativas cantidades de remesas de los inmigrantes
que viven y trabajan en los Estados Unidos. Dichas remesas
ayudan a la población y comunidades a salir adelante ante
la situación de miseria y la falta de proyectos de
desarrollo económico sostenible. Actualmente, las remesas desde Estados Unidos constituyen
el segundo rubro de ingresos en la región Centro América.
Las consecuencias económicas que traería la aprobación de la Ley
H.R. 4437 ocasionarían, sin lugar a dudas, un desastre en
la economía nacional y en las familias, haciendo la región
aun más vulnerable. En caso que la aprobación de la
Ley ocurra, impulsará a la población asumir mayores riesgos para
obtener trabajo en Estados Unidos y se incrementará otra ola
mayor de migración, facilitando así, el tráfico de migrantes y
la trata de personas.
Los efectos sociales de la entrada
en vigor de la Ley H.R. 4437 agudizarían la violencia
y la inestabilidad socio económico y política de la región.
La incidencia directa, indudablemente, en la región derrumbaría nuestra frágil
democracia, generando mayor ingobernabilidad, y en el peor de los
casos, podría llevarnos a un conflicto de una magnitud incalculable.
Ante estas preocupaciones, solicitamos que se consideren estos efectos, no
sólo porque son vitales a la supervivencia del pueblo Centroamericano,
sino también, como ustedes han manifestado en muchas ocasiones, este
es un interés de Estados Unidos a largo plazo. La
estabilidad económica, política y la equidad social de la región
siempre han sido de un gran interés para Estados Unidos.
Es importante la comprensión de ustedes sobre el tema de
las inmigraciones. Es por ello que nosotros, los Obispos de
Centroamérica, les exhortamos a que no pierdan de vista cómo
sus decisiones impactarán a sus vecinos del sur.
Desde la
visión de la Iglesia Católica en Centroamérica, queremos enfatizar que
los migrantes tienen derechos y dignidad. En los últimos años,
Estados Unidos se ha esforzado en controlar la inmigración en
las fronteras con tecnología e infraestructura moderna, sin grandes éxitos.
Mientras las leyes de inmigración de Estados Unidos y sus
acuerdos económicos no estén sincronizados con las realidades económicas de
forma equitativa, en el hemisferio las migraciones seguirán siendo un
desafío importante.
Un vez más, exhortamos a que legislen una
vía humanitaria para los trabajadores en Estados Unidos y que
permita la reunificación familiar. Y a los que se encuentran
de forma indocumentada, que puedan salir de las sombras y
se sumen dignamente a la sociedad estadounidense a construir su
desarrollo. Esta es la única forma de garantizar la seguridad
fronteriza sin sacrificar el desarrollo económico, sin violar los derechos
humanos y mantener la estabilidad socio - económica y política
de la región centro americana.
En un mundo globalizado, estamos
llamados a globalizar la solidaridad con los más excluidos y
marginados. Para los migrantes y para la Iglesia no debe
de haber muros y fronteras, sino puentes que nos unan
como hermanos y hermanas.
Hacemos propicia la ocasión para expresar
nuestra más alta estima y quedamos a la espera de
que la Ley H.R. 4437 no entre en vigor, y
que tengamos una ley que atienda a las necesidades del
ser humano, y confiamos en la protección de Dios que
dicho proyecto de ley no se concretice.
Sin otro particular
y esperando su apoyo incondicional a nuestra solicitud, nos suscribimos
de ustedes, en nombre del Secretariado Episcopal de Centroamérica.
Monseñor
José Francisco Ulloa Rojas Obispo Diocesano de Cartago - Costa
Rica Presidente del SEDAC
Monseñor Ángel Sancasimiro Fernández Obispo Diocesano
de Ciudad Quesada-Costa Rica Secretario General SEDAC
Nos encantaría conocer tu
opinión sobre el tema; participa en el foro de discusión
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