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| Libertatis Nuntius, Instrucción sobre la "teologia de la liberación" |
Libertatis nuntius
Instrucción sobre algunos aspectos
de la "teología de la liberación
Congregación para la Doctrina
de la Fe
6 de agosto de 1984
El Evangelio de
Jesucristo es un mensaje de libertad y una fuerza de
liberación. En los últimos años esta verdad esencial ha sido
objeto de reflexión por parte de los teólogos, con una
nueva atención rica de promesas.
La liberación es ante todo
y principalmente liberación de la esclavitud radical del pecado. Su
fin y su término es la libertad de los hijos
de Dios, don de la gracia. Lógicamente reclama la liberación
de múltiples esclavitudes de orden cultural, económico social y político,
que, en definitiva, derivan del pecado, y constituyen tantos obstáculos
que impiden a los hombres vivir según su dignidad. Discernir
claramente lo que es fundamental y lo que pertenece a
las consecuencias es una condición indispensable para una reflexión teológica
sobre la liberación.
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Índice General
INTRODUCCIÓN
I. UNA ASPIRACIÓN
II. EXPRESIONES DE
ESTA ASPIRACIÓN
III. LA LIBERACION, TEMA CRISTIANO
IV. FUNDAMENTOS BíBLICOS
V.
LA VOZ DEL MAGISTERIO
VI. UNA NUEVA
INTERPRETACIÓN DEL CRISTIANISMO
VII. EL ANÁLISIS MARXISTA
VIII. SUBVERSIÓN DEL SENTIDO DE LA VERDAD
Y VIOLENCIA
IX. TRADUCCIÓN "TEOLÓGICA" DE ESTE
NÚCLEO
X. UNA NUEVA HERMENEÚTICA
XI. ORIENTACIONES
CONCLUSIÓN
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Libertatis nuntius
Instrucción sobre algunos aspectos
de la "teologia de la liberación"
Congregación para la Doctrina
de la Fe
6 Agosto 1984
INTRODUCCIÓN
El
Evangelio de Jesucristo es un mensaje de libertad y una
fuerza de liberación. En los últimos años esta verdad esencial
ha sido objeto de reflexión por parte de los teólogos,
con una nueva atención rica de promesas.
La liberación es
ante todo y principalmente liberación de la esclavitud radical del
pecado. Su fin y su término es la libertad de
los hijos de Dios, don de la gracia. Lógicamente reclama
la liberación de múltiples esclavitudes de orden cultural, económico social
y político, que, en definitiva, derivan del pecado, y constituyen
tantos obstáculos que impiden a los hombres vivir según su
dignidad. Discernir claramente lo que es fundamental y lo que
pertenece a las consecuencias es una condición indispensable para una
reflexión teológica sobre la liberación.
En efecto, ante la urgencia
de los problemas, algunos se sienten tentados a poner el
acento de modo unilateral sobre la liberación de las esclavitudes
de orden terrenal y temporal, de tal manera que parecen
hacer pasar a un segundo plano la liberación del pecado,
y por ello no se le atribuye prácticamente la importancia
primaria que le es propia. La presentación que proponen de
los problemas resulta así confusa y ambigua. Además, con la
intención de adquirir un conocimiento más exacto de las causas
de las esclavitudes que quieren suprimir, se sirven, sin suficiente
precaución crítica, de instrumentos de pensamiento que es difícil, e
incluso imposible, purificar de una inspiración ideológica incompatible con la
fe cristiana y con las exigencias éticas que de ella
derivan.
La Congregación para la Doctrina de la Fe no
se propone tratar aquí el vasto tema de la libertad
cristiana y de la liberación. Lo hará en un documento
posterior que pondrá en evidencia, de modo positivo, todas sus
riquezas tanto doctrinales como prácticas.
La presente Instrucción tiene un
fin más preciso y limitado: atraer la atención de los
pastores, de los teólogos y de todos los fieles, sobre
las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la
fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas
de teología de la liberación que recurren, de modo insuficientemente
crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista.
Esta llamada de atención de ninguna manera debe interpretarse como
una desautorización de todos aquellos que quieren responder generosamente y
con auténtico espíritu evangélico á "la opción preferencial por los
pobres". De ninguna manera podrá servir de pretexto para quienes
se atrincheran en una actitud de neutralidad y de indiferencia
ante los trágicos y urgentes problemas de la miseria y
de la injusticia. Al contrario, obedece a la certeza de
que las graves desviaciones ideológicas que señala conducen inevitablemente a
traicionar la causa de los pobres. Hoy más que nunca,
es necesario que la fe de numerosos cristianos sea iluminada
y que éstos estén resueltos a vivir la vida cristiana
integralmente, comprometiéndose en la lucha por la justicia, la libertad
y la dignidad humana, por amor a sus hermanos desheredados,
oprimidos o perseguidos. Más que nunca, la Iglesia se propone
condenar los abusos, las injusticias y los ataques a la
libertad, donde se registren y de donde provengan, y luchar,
con sus propios medios, por la defensa y promoción de
los derechos del hombre, especialmente en la persona de los
pobres.
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I. UNA ASPIRACIÓN
1. La poderosa y casi irresistible aspiración de los pueblos
a una liberación constituye uno de los principales signos de
los tiempos que la Iglesia debe discernir e interpretar a
la luz del Evangelio (1) .Este importante fenómeno de nuestra
época tiene una amplitud universal, pero se manifiesta bajo formas
y grados diferentes según los pueblos. Es una aspiración que
se expresa con fuerza, sobre todo en los pueblos que
conocen el peso de la miseria y en el seno
de los estratos sociales desheredados.
2. Esta aspiración traduce la
percepción auténtica, aunque oscura, de la dignidad del hombre, creado
"a imagen y semejanza de Dios" (Gen 1, 26-27), ultrajada
y despreciada por las múltiples opresiones culturales, políticas, raciales, sociales
y económicas, que a menudo se acumulan.
3. Al descubrirles
su vocación de hijos de Dios, el Evangelio ha suscitado
en el corazón de los hombres la exigencia y la
voluntad positiva de una vida fraterna, justa y pacífica, en
la que cada uno encontrará el respeto y las condiciones
de su desarrollo espiritual y material. Esta exigencia es sin
duda la fuente de la aspiración de que hablamos.
4.
Consecuentemente, el hombre no quiere sufrir ya pasivamente el aplastamiento
de la miseria con sus secuelas de muerte, enfermedades y
decadencias. Siente hondamente esta miseria como una violación de su
dignidad natural. Varios factores, entre los cuales hay que contar
la levadura evangélica, han contribuido al despertar de la conciencia
de los oprimidos.
5. Ya no se ignora, aun en
los sectores todavía analfabetos de la población, que, gracias al
prodigioso desarrollo de las ciencias y de las técnicas, la
humanidad, en constante crecimiento demográfico, sería capaz de asegurar a
cada ser humano el mínimo de los bienes requeridos por
su dignidad de persona humana.
6. El escándalo de irritantes
desigualdades entre ricos y pobres ya no se tolera, sea
que se trate de desigualdades entre países ricos y países
pobres o entre estratos sociales en el interior de un
mismo territorio nacional. Por una parte, se ha alcanzado una
abundancia, jamás conocida hasta ahora, que favorece el despilfarro; por
otra, se vive todavía en un estado de indigencia marcado
por la privación de los bienes de estricta necesidad, de
suerte que no es posible contar el número de las
víctimas de la mala alimentación.
7. La ausencia de equidad
y de sentido de la solidaridad en los intercambios internacionales
se vuelve ventajosa para los países industrializados, de modo que
la distancia entre ricos y pobres no deja de crecer.
De ahí, el sentimiento de frustración en los pueblos del
Tercer Mundo, y la acusación de explotación y de colonialismo
dirigida contra los países industrializados.
8. El recuerdo de los
daños de un cierto colonialismo y de sus secuelas crea
a menudo heridas y traumatismos.
9. La Sede Apostólica, en
la línea del Concilio Vaticano II, así como las Conferencias
Episcopales, no han dejado de denunciar el escándalo que constituye
la gigantesca carrera de armamentos que, junto a las amenazas
contra la paz, acapara sumas enormes de las cuales una
parte solamente bastaría para responder a las necesidades más urgentes
de las poblaciones privadas de lo necesario.
Notas
1. *Texto
latino original en Acta Apostolicae Sedis 76 (1984) 876 ss.
Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes,
n. 4.
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II.
EXPRESIONES DE ESTA ASPIRACIÓN
1. La aspiración a la justicia
y al reconocimiento efectivo de la dignidad de cada ser
humano requiere, como toda aspiración profunda, ser iluminada y guiada.
2. En efecto, se debe ejercer el discernimiento de las
expresiones teóricas y prácticas, de esta aspiración. Pues son numerosos
los movimientos políticos y sociales que se presentan como portavoces
auténticos de la aspiración de los pobres, y como capacitados,
también por el recurso a los medios violentos, a realizar
los cambios radicales que pondrán fin a la opresión y
a la miseria del pueblo.
3. De este modo, con
frecuencia, la aspiración a la justicia se encuentra acaparada por
ideologías que ocultan o pervierten el sentido de la misma,
proponiendo a la lucha de los pueblos para su liberación
fines opuestos a la verdadera finalidad de la vida humana,
y predicando caminos de acción que implican el recurso sistemático
a la violencia, contrarios a una ética respetuosa de las
personas.
4. La interpretación de los signos de los tiempos
a la luz del Evangelio exige, pues, que se descubra
el sentido de la aspiración profunda de los pueblos a
la justicia, pero igualmente que se examine, con un discernimiento
crítico, las expresiones, teóricas y prácticas, que son datos de
esta aspiración.
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III. LA
LIBERACION, TEMA CRISTIANO
1. Tomada en sí misma, la aspiración
a la liberación no puede dejar de encontrar un eco
amplio y fraternal en el corazón y en el espíritu
de los cristianos.
2. Así, en consecuencia con esta aspiración,
ha nacido el movimiento teológico y pastoral conocido con el
nombre de "teología de la liberación", en primer lugar en
los países de América Latina, marcados por la herencia religiosa
y cultural del cristianismo, y luego en otras regiones del
Tercer Mundo, como también en ciertos ambientes de los países
industrializados.
3. La expresión "teología de la liberación" designa en
primer lugar una preocupación privilegiada, generadora del compromiso por la
justicia, proyectada sobre los pobres y las víctimas de la
opresión. A partir de esta aproximación, se pueden distinguir varias
maneras, a menudo inconciliables, de concebir la significación cristiana de
la pobreza y el tipo de compromiso por la justicia
que ella requiere. Como todo movimiento de ideas, las "teologías
de la liberación" encubren posiciones teológicas diversas; sus fronteras doctrinales
están mal definidas.
4. La aspiración a la liberación, como
el mismo término sugiere, toca un tema fundamental del Antiguo
y del Nuevo Testamento. Por tanto, tomada en sí misma,
la expresión "teología de la liberación" es una expresión plenamente
válida: designa entonces una reflexión teológica centrada sobre el tema
bíblico de la liberación y de la libertad, y sobre
la urgencia de sus incidencias prácticas. El encuentro de la
aspiración a la liberación y de las teologías de la
liberación no es pues fortuito. La significación de este encuentro
no puede ser comprendida correctamente sino a la luz de
la especificidad del mensaje de la Revelación, auténticamente interpretado por
el Magisterio de la Iglesia (2) .
Notas
2. Cf. IDEM,
Constitución dogmática Dei Verbum, n. 10
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IV. FUNDAMENTOS BíBLICOS
1. Así, una teología
de la liberación correctamente entendida, constituye una invitación a los
teólogos a profundizar ciertos temas bíblicos esenciales, con la preocupación
de las cuestiones graves y urgentes que plantean a la
Iglesia tanto la aspiración contemporánea a la liberación como los
movimientos de liberación que le hacen eco más o menos
fielmente. No es posible olvidar ni un solo instante las
situaciones de miseria dramática de donde brota la interpelación así
lanzada a los teólogos.
2. La experiencia radical de la
libertad cristiana (3) constituye aquí el primer punto de referencia.
Cristo, nuestro Liberador, nos ha librado del pecado, y de
la esclavitud de la ley y de la carne, que
es la señal de la condición del hombre pecador. Es
pues la vida nueva de gracia, fruto de la justificación,
la que nos hace libres. Esto significa que la esclavitud
más radical es la esclavitud del pecado. Las otras formas
de esclavitud encuentran pues en la esclavitud del pecado su
última raíz. Por esto, la libertad en pleno sentido cristiano,
caracterizada por la vida en el Espíritu, no podrá ser
confundida con la licencia de ceder a los deseos de
la carne. Ella es vida nueva en la caridad.
3.
Las "teologías de la liberación" tienen en cuenta ampliamente la
narración del Exodo. En efecto, éste constituye el acontecimiento fundamental
en la formación del pueblo elegido. Es la liberación de
la dominación extranjera y de la esclavitud. Se considera que
la significación específica del acontecimiento le viene de su finalidad,
pues esta liberación está ordenada a la función del pueblo
de Dios y al culto de la Alianza celebrado en
el Monte Sinaí (4) .Por esto la liberación del Éxodo
no puede referirse a una liberación de naturaleza principal y
exclusivamente política. Por otra parte es significativo que el término
liberación sea a veces reemplazado en la Escritura por el
otro, muy cercano, de redención.
4. El episodio que originó
el Éxodo jamás se borrará de la memoria de Israel.
A él se hace referencia cuando, después de la ruina
de Jerusalén y el Exilio a Babilonia, se vive en
la esperanza de una nueva liberación y más allá en
la espera de una liberación definitiva. En esta experiencia, Dios
es reconocido como el Liberador. El sellará con su pueblo
una Nueva Alianza, marcada con el don de su Espíritu
y la conversión de los corazones (5) .
5. Las múltiples
angustias y miserias experimentadas por el hombre fiel al Dios
de la Alianza proporcionan el tema a varios salmos: lamentos,
llamadas de socorro, acciones de gracias hacen mención de la
salvación religiosa y de la liberación. En este contexto, la
angustia no se identifica pura y simplemente con una condición
social de miseria o con la de quien sufre la
opresión política. Contiene además la hostilidad de los enemigos, la
injusticia, la muerte, la falta. Los salmos nos remiten a
una experiencia religiosa esencial: sólo de Dios se espera la
salvación y el remedio. Dios, y no el hombre, tiene
el poder de cambiar las situaciones de angustia. Así los
"pobres del Señor" viven en una dependencia total y de
confianza en la providencia amorosa de Dios (6) .Y por
otra parte, durante toda la travesía del desierto, el Señor
no ha dejado de proveer a la liberación y la
purificación espiritual de su pueblo.
6. En el Antiguo Testamento
los Profetas, después de Amós, no dejan de recordar, con
particular vigor, las exigencias de la justicia y de la
solidaridad, y de hacer un juicio extremadamente severo sobre los
ricos que oprimen al pobre. Toman la defensa de la
viuda y del huérfano. Lanzan amenazas contra los poderosos: la
acumulación de iniquidades no puede conducir más que a terribles
castigos. Por esto la fidelidad a la Alianza no se
concibe sin la práctica de la justicia. La justicia con
respecto a Dios y la justicia con respecto a los
hombres son inseparables. Dios es el defensor y el liberador
del pobre.
7. Tales exigencias se encuentran en el Nuevo
Testamento. Aún más, están radicalizadas, como lo muestra el discurso
sobre las Bienaventuranzas. La conversión y la renovación se deben
realizar en lo más hondo del corazón.
8. Ya anunciado
en el Antiguo Testamento, el mandamiento del amor fraterno extendido
a todos los hombres constituye la regla suprema de la
vida social (7) .No hay discriminaciones o límites que puedan
oponerse al reconocimiento de todo hombre como el prójimo (8)
.
9 La pobreza por el Reino es magnificada. Y en
la figura del Pobre, somos llevados a reconocer la imagen
y como la presencia misteriosa del Hijo de Dios que
se ha hecho pobre por amor hacia nosotros (9) .Tal
es el fundamento de las palabras inagotables de Jesús sobre
el Juicio en Mt 25,31-46. Nuestro Señor es solidario con
toda miseria: toda miseria está marcada por su presencia.
10.
Al mismo tiempo, las exigencias de la justicia y de
la misericordia ya anunciadas en el Antiguo Testamento, se profundizan
hasta el punto de revestir en el Nuevo Testamento una
significación nueva. Los que sufren o están perseguidos son identificados
con Cristo (10) .La perfección que Jesús pide a sus
discípulos (Mt 5,18) consiste en el deber de ser misericordioso
"como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6,36).
11. A la
luz de la vocación cristiana al amor fraterno y a
la misericordia, los ricos son severamente llamados a su deber
(11) San Pablo, ante los desórdenes de la Iglesia de
Corinto, subraya con fuerza el vínculo que existe entre la
participación en el sacramento del amor y el compartir con
el hermano que está en la necesidad (12) .
12. La
Revelación del Nuevo Testamento nos enseña que el pecado es
el mal más profundo, que alcanza al hombre en lo
más íntimo de su personalidad. La primera liberación, a la
que han de hacer referencia todas las otras, es la
del pecado.
13. Sin duda, para señalar el carácter radical
de la liberación traída por Cristo, ofrecida a todos los
hombres, ya sean políticamente libres o esclavos, el Nuevo Testamento
no exige en primer lugar, como presupuesto para la entrada
en esta libertad, un cambio de condición política y social.
Sin embargo, la Carta a Filemón muestra que la nueva
libertad, traída por la gracia de Cristo, debe tener necesariamente
repercusiones en el plano social.
14. Consecuentemente no se puede
restringir el campo del pecado, cuyo primer efecto es introducir
el desorden en la relación entre el hombre y Dios,
a lo que se denomina "pecado social". En realidad, sólo
una justa doctrina del pecado permite insistir sobre la gravedad
de sus efectos sociales.
15. No se puede tampoco localizar
el mal principal y únicamente en las "estructuras" económicas, sociales
o políticas malas, como si todos los otros males se
derivasen, como de su causa, de estas estructuras, de suerte
que la creación de un "hombre nuevo" dependiera de la
instauración de estructuras económicas y sociopolíticas diferentes. Ciertamente hay estructuras
inicuas y generadoras de iniquidades, que es preciso tener la
valentía de cambiar. Frutos de la acción del hombre, las
estructuras, buenas o malas, son consecuencias antes de ser causas.
La raíz del mal reside, pues, en las personas libres
y responsables, que deben ser convertidas por la gracia de
Jesucristo, para vivir y actuar como criaturas nuevas, en el
amor al prójimo, la búsqueda eficaz de la justicia, del
dominio de sí y del ejercicio de las virtudes (13)
.
Cuando se pone como primer imperativo la revolución radical de
las relaciones sociales y se cuestiona, a partir de aquí,
la búsqueda de la perfección personal, se entra en el
camino de la negación del sentido de la persona y
de su trascendencia, y se arruina la ética y su
fundamento que es el carácter absoluto de la distinción entre
el bien y el mal. Por otra parte, siendo la
caridad el principio de la auténtica perfección, esta última no
puede concebirse sin apertura a los otros y sin espíritu
de servicio.
Notas
3. Cf. Gal 5,1 s
4.
. Cf. Ex
5. . Cf. Jer
31,31-34; Ex 36,26
6. s. Cf. Sof 3,12
7. ss. Cf. Dt 10,1
8. -19.
Cf. Lc 10,
9. -37. Cf. 2
Co
10. 8,9. Cf. Mt 25,31-46; Act 9,4-5;
Co
11. 1,24. Cf. Sant
12. ,1
ss. Cf. 1 Cor 1
13. ,17-34.
Cf. Sant
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V.
LA VOZ DEL MAGISTERIO
1. Para responder al desafío lanzado
a nuestra época por la opresión y el hambre, el
Magisterio de la Iglesia, preocupado por despertar las conciencias cristianas
en el sentido de la justicia, de la responsabilidad social
y de la solidaridad con los pobres y oprimidos, ha
recordado repetidas veces la actualidad y la urgencia de la
doctrina y de los imperativos contenidos en la Revelación.
2.
Contentémonos con mencionar aquí algunas de estas intervenciones, los documentos
pontificios más recientes: Mater et magistra y Pacem in terris,
Populorum progressio, Evangelii nuntiandi. Mencionemos igualmente la Carta al Cardenal
Roy, Octogesima adveniens.
3. El Concilio Vaticano II, a su
vez, ha abordado las cuestiones de la justicia y de
la libertad en la Constitución pastoral Gaudium et spes.
4.
El Santo Padre ha insistido en varias ocasiones sobre estos
temas, especialmente en las Encíclicas Redemptor hominis, Dives in misericordia
y Laborem exercens. Las numerosas intervenciones recordando la doctrina de
los derechos del hombre tocan directamente los problemas de la
liberación de la persona humana respecto a los diversos tipos
de opresión de la que es víctima. A este propósito
es necesario mencionar especialmente el Discurso pronunciado ante la XXXVI
Asamblea general de la O.N.U. en Nueva York, el 2
de octubre de 1979 (14) .El 28 de enero del
mismo año, Juan Pablo II, al inaugurar la III Conferencia
del CELAM en Puebla, había recordado que la verdad sobre
el hombre es la base de la verdadera liberación (15)
.Este texto constituye un documento de referencia directa para la
teología de la liberación.
5. Por dos veces, en 1971
y 1974, el Sínodo de los Obispos ha abordado temas
que se refieren directamente a una concepción cristiana de la
liberación: en la de justicia en el mundo y el
de la relación entre la liberación de las opresiones y
la liberación integral o la salvación del hombre. Los trabajos
de los Sínodos de 1971 y de 1974 llevaron a
Pablo VI a precisar en la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi
los lazos entre evangelización y liberación o promoción humana (16)
.
6. La preocupación de la Iglesia por la liberación y
por la promoción humana se ha manifestado también mediante la
constitución de la Comisión Pontificia Justicia y Paz.
7. Numerosos
son los Episcopados que, de acuerdo con la Santa Sede,
han recordado también la urgencia y los caminos de una
auténtica liberación cristiana. En este contexto, conviene hacer una mención
especial de los documentos de las Conferencias Generales del Episcopado
latinoamericano en Medellín en 1968 y en Puebla en 1979.
Pablo VI estuvo presente en la apertura de Medellín, Juan
Pablo II en la de Puebla. Uno y otro abordaron
el tema de la conversión y de la liberación.
8.
En la línea de Pablo VI, insistiendo sobre la especificidad
del mensaje del Evangelio (17) ,especificidad que deriva de su
origen divino, Juan Pablo II, en el discurso de Puebla
ha recordado cuáles son los tres pilares sobre los que
debe apoyarse toda la teología de la liberación auténtica: la
verdad sobre Jesucristo, la verdad sobre la Iglesia, la verdad
sobre el hombre (18) .
Notas
14. ,14-26. Cf. AAS
71 (1979) 1
15. -1160. Cf.
16.
b. 196. Cf Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi,
25-33: AAS 68 (197
17. ) 23-28. C
18. . ib. 32. Cf. AAS 71 (197
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VI. UNA NUEVA
INTERPRETACIÓN DEL CRISTIANISMO
1. No se puede olvidar el ingente
trabajo desinteresado desarrollado por cristianos, pastores, sacerdotes, religiosos o laicos
que, impulsados por el amor a sus hermanos que viven
en condiciones inhumanas, se esfuerzan en llevar ayuda y alivio
a las innumerables angustias que son fruto de la miseria.
Entre ellos, algunos se preocupan de encontrar medios eficaces que
permitan poner fin lo más rápidamente posible a una situación
intolerable.
2. El celo y la compasión que deben estar
presentes en el corazón de todos los pastores, corren el
riesgo de ser desviados y proyectados hacia empresas tan ruinosas
para el hombre y su dignidad como la miseria que
se combate, si no se presta suficiente atención a ciertas
tentaciones.
3. El angustioso sentimiento de la urgencia de los
problemas no debe hacer perder de vista lo esencial, ni
hacer olvidar la respuestade Jesús al Tentador (Mt 4, 4):
"No sólo de pan vive el hombre, sino de toda
palabra que sale de la boca de Dios" (Dt 8,
3). Así, ante la urgencia de compartir el pan, algunos
se ven tentados a poner entre paréntesis y a dejar
para el mañana la evangelización: en primer lugar el pan,
la Palabra para más tarde. Es un error mortal el
separar ambas cosas hasta oponerlas entre sí. Por otra parte,
el sentido cristiano sugiere espontáneamente lo mucho que hay que
hacer en uno y otro sentido (19) .
4. Para otros,
parece que la lucha necesaria por la justicia y lalibertad
humanas, entendidas en su sentido económico y político, constituye lo
esencial y el todo de la salvación. Para éstos, el
Evangelio se reduce a un evangelio puramente terrestre.
5. Las
diversas teologías de la liberación se sitúan, por una parte,
en relación con la opción preferencial por los pobres reafirmada
con fuerza y sin ambigüedades, después de Medellín, en la
Conferencia de Puebla (20) ,y por otra, en la tentación
de reducir el Evangelio de la salvación a un evangelio
terrestre.
6. Recordemos que la opción preferencial definida en Puebla
esdoble: por los pobres y por los jóvenes (21) .Es
significativo que la opción por la juventud se haya mantenido
totalmente en silencio.
7. Anteriormente hemos dicho (cfr. IV, 3)
que hay una auténtica "teología de la liberación", la que
está enraizada en la Palabra de Dios, debidamente interpretada.
8.
Pero, desde un punto de vista descriptivo, conviene hablar de
las teologías de la liberación, ya que la expresión encubre
posiciones teológicas, o a veces también ideológicas, no solamente diferentes,
sino también a menudo incompatibles entre sí.
9. El presente
documento sólo tratará de las producciones de la corriente del
pensamiento que, bajo el nombre de "teología de la liberación"
proponen una interpretación innovadora del contenido de la fe y
de la existencia cristiana que se aparta gravemente de la
fe de la Iglesia, aún más, que constituye la negación
práctica de la misma.
10. Préstamos no criticados de la
ideología marxista y el recurso a las tesis de una
hermenéutica bíblica dominada por el racionalismo son la raíz de
la nueva interpretación, que viene a corromper lo que tenía
de auténtico el generoso compromiso inicial en favor de los
pobres.
Notas
19. ) 188-196. Cf. Gaudium et spes,
39; Pío XI, Encíclica Quadragesimo anno: AAS 23
20.
(1931) 207. Cf. 1134-1165
21. y 1166-1205.
Cf. Documentos de
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VII. EL ANÁLISIS MARXISTA
1. La impaciencia y una voluntad
de eficacia han conducido a ciertos cristianos, desconfiando de todo
otro método, a refugiarse en lo que ellos llaman "el
análisis marxista".
2 Su razonamiento es el siguiente: una situación
intolerable y explosiva exige una acción eficaz que no puede
esperar más. Una acción eficaz supone un análisis científico de
las causas estructurales de la miseria. Ahora bien, el marxismo
ha puesto a punto los instrumentos de tal análisis. Basta
pues aplicarlos a la situación del Tercer Mundo, y en
especial a la de América Latina.
3. Es evidente que
el conocimiento científico de la situación y de los posibles
caminos de transformación social es el presupuesto para una acción
capaz de conseguir los fines que se han fijado. En
ello hay una señal de la seriedad del compromiso.
4.
Pero el término "científico" ejerce una fascinación casi mítica, y
todo lo que lleva la etiqueta de científico no es
de por sí realmente científico. Por esto precisamente la utilización
de un método de aproximación a la realidad debe estar
precedido de una examen crítico de naturaleza epistemológica. Este previo
examen crítico le falta a más de una "teología de
la liberación".
5. En las ciencias humanas y sociales, conviene
ante todo estar atento a la pluralidad de los métodos
y de los puntos de vista, de los que cada
uno no pone en evidencia más que un aspecto de
una realidad que, en virtud de su complejidad, escapa a
la explicación unitaria y unívoca.
6. En el caso del
marxismo, tal como se intenta utilizar, la crítica previa se
impone tanto más cuanto que el pensamiento de Marx constituye
una concepción totalizante del mundo en el cual numerosos datos
de observación y de análisis descriptivo son integrados en una
estructura filosófico-ideológica, que impone la significación y la importancia relativa
que se les reconoce. Los apriori ideológicos son presupuestos para
la lectura de la realidad social. Así, la disociación de
los elementos heterogéneos que componen esta amalgama epistemológicamente híbrida llega
a ser imposible, de tal modo que creyendo aceptar solamente
lo que se presenta como un análisis resulta obligado aceptar
al mismo tiempo la ideología. Así no es raro que
sean los aspectos ideológicos los que predominan en los préstamos
que muchos de los "teólogos de la liberación" toman de
los autores marxistas.
7. La llamada de atención de Pablo
VI sigue siendo hoy plenamente actual: a través del marxismo,
tal como es vivido concretamente, se pueden distinguir diversos aspectos
y diversas cuestiones planteadas a los cristianos para la reflexión
y la acción. Sin embargo, "sería ilusorio y peligroso llegar
a olvidar el íntimo vínculo que los une radicalmente, aceptar
los elementos del análisis marxista sin reconocer sus relaciones con
la ideología, entrar en la práctica de la lucha de
clases y de su interpretación marxista dejando de percibir el
tipo de sociedad totalitaria a la cual conduce este proceso
(22) .
8. Es verdad que desde los or