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Autor: Catecismo de la Iglesia Católica | Fuente: Vatican.va III La doctrina social de la Iglesia
Fragmento del Catecismo de la Iglesia Católica: Tercera parte, la vida en Cristo; Segunda Sección, los Diez Mandamientos; Capítulo segundo, Amarás a tu prójimo como a ti mismo; Artículo 7 El Séptimo Mandamiento; Apartado III La Doctrina Social de la Igles
III La doctrina social de la Iglesia
Catecismo de la Iglesia Católica
* TERCERA
PARTE LA VIDA EN CRISTO
o SEGUNDA SECCIÓN LOS DIEZ MANDAMIENTOS
+ CAPÍTULO SEGUNDO «AMARÁS A
TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO»
# Artículo 7
EL SÉPTIMO MANDAMIENTO
* III La doctrina social de la Iglesia
2419 ‘La revelación
cristiana... nos conduce a una comprensión más profunda de las
leyes de la vida social’ (GS 23, 1). La Iglesia
recibe del Evangelio la plena revelación de la verdad del
hombre. Cuando cumple su misión de anunciar el Evangelio, enseña
al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y
su vocación a la comunión de las personas; y le
descubre las exigencias de la justicia y de la paz,
conformes a la sabiduría divina.
2420 La Iglesia expresa un juicio
moral, en materia económica y social, ‘cuando lo exigen los
derechos fundamentales de la persona o la salvación de las
almas’ (GS 76, 5). En el orden de la moralidad,
la Iglesia ejerce una misión distinta de la que ejercen
las autoridades políticas: ella se ocupa de los aspectos temporales
del bien común a causa de su ordenación al supremo
Bien, nuestro fin último. Se esfuerza por inspirar las actitudes
justas en el uso de los bienes terrenos y en
las relaciones socioeconómicas.
2421 La doctrina social de la Iglesia se
desarrolló en el siglo XIX, cuando se produce el encuentro
entre el Evangelio y la sociedad industrial moderna, sus nuevas
estructuras para producción de bienes de consumo, su nueva concepción
de la sociedad, del Estado y de la autoridad, sus
nuevas formas de trabajo y de propiedad. El desarrollo de
la doctrina de la Iglesia en materia económica y social
da testimonio del valor permanente de la enseñanza de la
Iglesia, al mismo tiempo que del sentido verdadero de su
Tradición siempre viva y activa (cf CA 3).
2422 La enseñanza
social de la Iglesia contiene un cuerpo de doctrina que
se articula a medida que la Iglesia interpreta los acontecimientos
a lo largo de la historia, a la luz del
conjunto de la palabra revelada por Cristo Jesús y con
la asistencia del Espíritu Santo (cf SRS 1; 41). Esta
enseñanza resultará tanto más aceptable para los hombres de buena
voluntad cuanto más inspire la conducta de los fieles.
2423 La
doctrina social de la Iglesia propone principios de reflexión, extrae
criterios de juicio, da orientaciones para la acción:
Todo sistema según
el cual las relaciones sociales deben estar determinadas enteramente por
los factores económicos, resulta contrario a la naturaleza de la
persona humana y de sus actos (cf CA 24).
2424 Una
teoría que hace del lucro la norma exclusiva y el
fin último de la actividad económica es moralmente inaceptable. El
apetito desordenado de dinero no deja de producir efectos perniciosos.
Es una de las causas de los numerosos conflictos que
perturban el orden social (cf GS 63, 3; LE 7;
CA 35).
Un sistema que ‘sacrifica los derechos fundamentales de la
persona y de los grupos en aras de la organización
colectiva de la producción’ es contrario a la dignidad del
hombre (cf GS 65). Toda práctica que reduce a las
personas a no ser más que medios con vistas al
lucro esclaviza al hombre, conduce a la idolatría del dinero
y contribuye a difundir el ateísmo. ‘No podéis servir a
Dios y al dinero’ (Mt 6, 24; Lc 16, 13).
2425
La Iglesia ha rechazado las ideologías totalitarias y ateas asociadas
en los tiempos modernos al ‘comunismo’ o ‘socialismo’. Por otra
parte, ha rechazado en la práctica del ‘capitalismo’ el individualismo
y la primacía absoluta de la ley de mercado sobre
el trabajo humano (cf CA 10, 13.44). La regulación de
la economía por la sola planificación centralizada pervierte en su
base los vínculos sociales; su regulación únicamente por la ley
de mercado quebranta la justicia social, porque ‘existen numerosas necesidades
humanas que no pueden ser satisfechas por el mercado’ (CA
34). Es preciso promover una regulación razonable del mercado y
de las iniciativas económicas, según una justa jerarquía de valores
y con vistas al bien común.
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