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| Artículo 3, La justicia social |
TERCERA PARTE LA VIDA EN CRISTO
PRIMERA SECCIÓN LA VOCACIÓN DEL HOMBRE: LA VIDA
EN EL ESPÍRITU
CAPÍTULO SEGUNDO LA COMUNIDAD HUMANA
ARTÍCULO 3 LA JUSTICIA SOCIAL
1928. La
sociedad asegura la justicia social cuando realiza las condiciones que
permiten a las asociaciones y a cada uno conseguir lo
que les es debido según su naturaleza y su vocación.
La justicia social está ligada al bien común y al
ejercicio de la autoridad.
I El respeto de la persona humana
1929.
La justicia social sólo puede ser conseguida sobre la base
del respeto de la dignidad trascendente del hombre. La persona
representa el fin último de la sociedad, que está ordenada
al hombre:
La defensa y la promoción
de la dignidad humana ‘nos han sido confiadas por el
Creador, y de las que son rigurosa y responsablemente deudores
los hombres y mujeres en cada coyuntura de la historia’
(SRS 47).
1930 El respeto de la persona humana implica
el de los derechos que se derivan de su dignidad
de criatura. Estos derechos son anteriores a la sociedad y
se imponen a ella. Fundan la legitimidad moral de toda
autoridad: menospreciándolos o negándose a reconocerlos en su legislación positiva,
una sociedad mina su propia legitimidad moral (cf PT 65).
Sin este respeto, una autoridad sólo puede apoyarse en la
fuerza o en la violencia para obtener la obediencia de
sus súbditos. Corresponde a la Iglesia recordar estos derechos a
los hombres de buena voluntad y distinguirlos de reivindicaciones abusivas
o falsas.
1931 El respeto a la persona humana pasa por
el respeto del principio: ‘Que cada uno, sin ninguna excepción,
debe considerar al prójimo como «otro yo», cuidando, en primer
lugar, de su vida y de los medios necesarios para
vivirla dignamente’ (GS 27, 1). Ninguna legislación podría por sí
misma hacer desaparecer los temores, los prejuicios, las actitudes de
soberbia y de egoísmo que obstaculizan el establecimiento de sociedades
verdaderamente fraternas. Estos comportamientos sólo cesan con la caridad que
ve en cada hombre un ‘prójimo’, un hermano.
1932 El deber
de hacerse prójimo de los demás y de servirlos activamente
se hace más acuciante todavía cuando éstos están más necesitados
en cualquier sector de la vida humana. ‘Cuanto hicisteis a
uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me
lo hicisteis’ (Mt 25, 40).
1933 Este mismo deber se extiende
a los que piensan y actúan diversamente de nosotros. La
enseñanza de Cristo exige incluso el perdón de las ofensas.
Extiende el mandamiento del amor que es el de la
nueva ley a todos los enemigos (cf Mt 5, 43-44).
La liberación en el espíritu del Evangelio es incompatible con
el odio al enemigo en cuanto persona, pero no con
el odio al mal que hace en cuanto enemigo.
II Igualdad
y diferencias entre los hombres
1934 Creados a imagen del Dios
único y dotados de una misma alma racional, todos los
hombres poseen una misma naturaleza y un mismo origen. Rescatados
por el sacrificio de Cristo, todos son llamados a participar
en la misma bienaventuranza divina: todos gozan por tanto de
una misma dignidad.
1935 La igualdad entre los hombres se deriva
esencialmente de su dignidad personal y de los derechos que
dimanan de ella:
Hay que superar y
eliminar, como contraria al plan de Dios, toda forma de
discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea
social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición
social, lengua o religión. (GS 29,2).
1936 Al venir al
mundo, el hombre no dispone de todo lo que es
necesario para el desarrollo de su vida corporal y espiritual.
Necesita de los demás. Ciertamente hay diferencias entre los hombres
por lo que se refiere a la edad, a las
capacidades físicas, a las aptitudes intelectuales o morales, a las
circunstancias de que cada uno se pudo beneficiar, a la
distribución de las riquezas (GS 29, 2). Los ‘talentos’ no
están distribuidos por igual (cf Mt 25, 14-30, Lc 19,
11-27).
1937 “Estas diferencias pertenecen al plan de Dios, que quiere
que cada uno reciba de otro aquello que necesita, y
que quienes disponen de ‘talentos’ particulares comuniquen sus beneficios a
los que los necesiten. Las diferencias alientan y con frecuencia
obligan a las personas a la magnanimidad, a la benevolencia
y a la comunicación. Incitan a las culturas a enriquecerse
unas a otras:
Yo no doy todas
las virtudes por igual a cada uno... hay muchos a
los que distribuyo de tal manera, esto a uno, aquello
a otro... A uno la caridad, a otro la justicia,
a éste la humildad, a aquél una fe viva... En
cuanto a los bienes temporales las cosas necesarias para la
vida humana las he distribuido con la mayor desigualdad, y
no he querido que cada uno posea todo lo que
le era necesario para que los hombres tengan así ocasión,
por necesidad, de practicar la caridad unos con otros... He
querido que unos necesitasen de otros y que fuesen mis
servidores para la distribución de las gracias y de las
liberalidades que han recibido de mí. (S. Catalina de Siena,
dial. 1, 7).
1938. Existen también desigualdades escandalosas que afectan
a millones de hombres y mujeres. Están en abierta contradicción
con el Evangelio:
La igual dignidad de las personas exige que
se llegue a una situación de vida más humana y
más justa. Pues las excesivas desigualdades económicas y sociales entre
los miembros o los pueblos de una única familia humana
resultan escandalosas y se oponen a la justicia social, a
la equidad, a la dignidad de la persona humana y
también a la paz social e internacional (GS 29, 3).
III
La solidaridad humana
1939 El principio de solidaridad, expresado también con
el nombre de ‘amistad’ o ‘caridad social’, es una exigencia
directa de la fraternidad humana y cristiana (cf SRS 38-40;
CA 10):
Un error, ‘hoy ampliamente extendido,
es el olvido de esta ley de solidaridad humana y
de caridad, dictada e impuesta tanto por la comunidad de
origen y la igualdad de la naturaleza racional en todos
los hombres, cualquiera que sea el pueblo a que pertenezca,
como por el sacrificio de redención ofrecido por Jesucristo en
el altar de la cruz a su Padre del cielo,
en favor de la humanidad pecadora’ (Pío XII, enc. "Summi
pontificatus").
1940 La solidaridad se manifiesta en primer lugar en
la distribución de bienes y la remuneración del trabajo. Supone
también el esfuerzo en favor de un orden social más
justo en el que las tensiones puedan ser mejor resueltas,
y donde los conflictos encuentren más fácilmente su solución negociada.
1941
Los problemas socioeconómicos sólo pueden ser resueltos con la ayuda
de todas las formas de solidaridad: solidaridad de los pobres
entre sí, de los ricos y los pobres, de los
trabajadores entre sí, de los empresarios y los empleados, solidaridad
entre las naciones y entre los pueblos. La solidaridad internacional
es una exigencia del orden moral. En buena medida, la
paz del mundo depende de ella.
1942 La virtud de la
solidaridad va más allá de los bienes materiales. Difundiendo los
bienes espirituales de la fe, la Iglesia ha favorecido a
la vez el desarrollo de los bienes temporales, al cual
con frecuencia ha abierto vías nuevas. Así se han verificado
a lo largo de los siglos las palabras del Señor:
‘Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas
cosas se os darán por añadidura’ (Mt 6, 33):
Desde hace dos mil años vive y persevera
en el alma de la Iglesia ese sentimiento que ha
impulsado e impulsa todavía a las almas hasta el heroísmo
caritativo de los monjes agricultores, de los libertadores de esclavos,
de los que atienden enfermos, de los mensajeros de fe,
de civilización, de ciencia, a todas las generaciones y a
todos los pueblos con el fin de crear condiciones sociales
capaces de hacer posible a todos una vida digna del
hombre y del cristiano (Pío XII, discurso de 1 junio
1941).
Resumen
1943 La sociedad asegura la justicia social procurando las
condiciones que permitan a las asociaciones y a los individuos
obtener lo que les es debido.
1944 El respeto de la
persona humana considera al prójimo como ‘otro yo’. Supone el
respeto de los derechos fundamentales que se derivan de la
dignidad intrínseca de la persona.
1945 La igualdad entre los hombres
se vincula a la dignidad de la persona y a
los derechos que de ésta se derivan.
1946 Las diferencias entre
las personas obedecen al plan de Dios que quiere que
nos necesitemos los unos a los otros. Esas diferencias deben
alentar la caridad.
1947 La igual dignidad de las personas humanas
exige el esfuerzo para reducir las excesivas desigualdades sociales y
económicas. Impulsa a la desaparición de las desigualdades inicuas.
1948 La
solidaridad es una virtud eminentemente cristiana. Es ejercicio de comunicación
de los bienes espirituales aún más que comunicación de bienes
materiales. |
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