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| Clave conceptual: Justicia |
Es la virtud moral y social por lo que se
cumple aquello que es recto y se da a cada
uno lo que le corresponde. En la Biblia la justicia
(tsedaka-dikaiosyne), en cuanto atributo de Yhwh, es siempre fuente de
→ Salvación. El Señor manifiesta su justicia librando a los
oprimidos y protegiendo a los débiles, haciéndose "abogado de la
viuda y del huérfano". Los israelitas están llamados a hacer
lo mismo, conformándose a la Ley del Señor (Torah) y
observando sus mandamientos que representan el Derecho (Mishpat).
Éste consta
de condivisión y hospitalidad, de equidad salarial y de rectitud
judicial, y hasta de ausencia de rencor y de benevolencia
hacia el enemigo (cf. Dt 6,25; Es 23,4-5; Lv 19,13ss).
Los profetas (especialmente Is) acentuaron que sólo en la escuela
de Yhwh se aprende la justicia: "Con toda mi alma
te anhelo en la noche, y con todo mi espíritu
por la mañana te busco.
Porque cuando tú juzgas a
la tierra, aprenden justicia los habitantes del orbe" (Is 26,9).
"Mas en esto se alabe quien se alabare: en tener
seso y conocerme, porque yo soy Yahveh, que hago merced,
derecho y justicia sobre la tierra, porque en eso me
complazco" (Jr 9,23). "Lavaos, limpiaos, quitad vuestras fechorías de delante
de mi vista, desistid de hacer el mal, aprended a
hacer el bien, buscad lo justo, dad sus derechos al
oprimido, haced justicia al huérfano, abogad por la viuda" (Is
1,16-17). Y solamente las → obras de justicia son el
verdadero culto que agrada a Dios (cf. Is 58,1-8; Ez
18,5-9).
Quien acoge el amaestramiento del Señor es así descrito:
"el que anda en justicia y habla con rectitud; el
que rehusa ganancias fraudulentas, el que se sacude la palma
de la mano para no aceptar soborno, el que se
tapa las orejas para no oír hablar de sangre, y
cierra sus ojos para no ver el mal. Ese morará
en las alturas, subirá a refugiarse en la fortaleza de
las piedras, se le dará su pan y tendrá el
agua segura" (Is 33,15-16).
Pero la promesa del verdadero cumplimiento
de la justicia, precursora de paz, concierne un futuro mesiánico:
cuando "He aquí que para hacer justicia reinará un rey"
(Is 32,1) y "Al fin será derramado desde arriba sobre
nosotros espíritu. Se hará la estepa un vergel, y el
vergel será considerado como selva. Reposará en la estepa la
equidad, y la justicia morara en el vergel; el producto
de la justicia será la paz, el fruto de la
equidad, una seguridad perpetua. Y habitará mi pueblo en albergue
de paz, en moradas seguras y en posadas tranquilas. La
selva será abatida y la ciudad hundida" (Is 32,1.15-19).
La
misión del Mesías consiste, de hecho, principalmente en llevar el
Derecho y la Justicia: "He aquí mi siervo a quien
yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma.
He puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las
naciones. No vociferará ni alzará el tono, y no hará
oír en la calle su voz. Caña quebrada no partirá,
y mecha mortecina no apagará. Lealmente hará justicia: no desmayará
ni se quebrará hasta implantar en la tierra el derecho
y su instrucción atenderán las islas. Así dice el Dios
Yahveh, el que crea los cielos y los extiende, el
que hace firme la tierra y los extiende, el que
da aliento al pueblo que hay en ella, y espíritu
a los que por ella andan. Yo, Yahveh, te he
llamado en justicia, y te así de la mano, te
formé, y te he destinado a ser alianza del pueblo
y luz de las gentes, para abrir los ojos ciegos,
par sacar del calabozo al preso, de la cárcel a
los que viven en tinieblas" (Is 42,1-7).
Jesús es consciente que
inaugura la Justicia mesiánica (cf. Lc 4,16-21). En el sermón
de la montaña, predica una justicia nueva (Mt 5-7) que
cumple y radicaliza espiritualmente la Torah. Ella se actúa en
la conversión del corazón humano transformado en filial con respecto
a Dios, y por tanto libre del temor, de la
concupiscencia, de la hipocresía y del rencor, hecho capaz de
confiarse en Dios y de → gratuidad y caridad hacia
el → prójimo.
En el NT la justicia de Dios
se identifica con Cristo mismo, "al cual hizo Dios para
nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención" (1 Co 1,30). La
misericordia de Cristo lo ha llevado a condenar en sí
mismo el pecado para salvar a los pecadores (cf. 2
Co 5,17ss). La renovada condición del pecador justificado mediante la
fe y el don de la gracia lo habilita para
vivir a servicio de la justicia (Rm 6,13). |
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