 |
| Clave conceptual: Prójimo |
En la Biblia es el conciudadano, el vecino, aquel que
concretamente comparte la existencia. En el precepto de Lv 19,17
equivale a un miembro del pueblo hebraico. Aunque ya en
el AT se perfila una dilatación del amor al prójimo.
También hay deberes de justicia y de solidaridad humana hacia
el forastero (cf. Ex 22,10) y hasta hacia el enemigo
(cf. Ex 23,4). La lectura profética y sapiencial desarrolla la
conciencia de pertenecer a un único género humano (cf. Sb
11,23; Mal 2,10).
Pero es con el NT que se
cumple la plena universalización del amor al prójimo. Jesús, no
sólo hace su mandamiento antiguo, sino que lo une directamente
al más grande precepto del amor de Dios (cf. Mc
12,28-31). Él no sólo ratifica la regla de oro de
no hacer a los demás lo que uno no quiere
que le hagan (cf. Tb 4,15; Rm 13,8-10), sino que
la cambia al positivo, pidiendo hacer a los demás lo
que se quiere para sí mismo (cf. Mt 7,12). Los
destinatarios de este mandamiento no son solamente los conciudadanos, sino
todos los hombres indistintamente (anthrôpoi). La parábola del Buen Samaritano
es el texto más emblemático de este universalismo (Lc 10,29-37).
El amor verdadero al prójimo consiste en acercarse a él
y ayudar al necesitado, dejando de lado cualquier otra consideración
de tipo religiosa o étnica. En verdad, el Extranjero que
se ha hecho prójimo de la humanidad, que muere,
no es otro que el mismo Señor Jesús. Él ha
sido el primero en demostrar que no se puede amar
al Dios invisible sin amar al hermano (cf. 1 Jn
4,20) |
|