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| Declaración ecuménica sobre los tratados de libre comercio en América |
Los días 7 Y 8 de septiembre, se reunieron en
la ciudad de Washington, Estados Unidos, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas,
pastores de diferentes confesiones, laicos y laicas, comprometidos en la
pastoral social y Caritas de la mayoría de los países
de América Latina y el Caribe, Estados Unidos y Canadá,
representantes del Banco Interamericano de Desarrollo.
Esta «Reunión ecuménica sobre
integración de las Américas: comercio, crecimiento y reducción de la
pobreza; política pública, aspectos morales y justicia social» fue convocada
conjuntamente por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el
Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
Esta es la declaración final que acaba de publicar en
su página web el CELAM
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1. Los días
7 y 8 de septiembre del presente año, nos hemos
reunido en la ciudad de Washington, Estados Unidos de Norteamérica,
Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, pastores de diferentes confesiones, laicos y
laicas, comprometidos en la Pastoral Social y Caritas de la
mayoría de los países de América Latina y el Caribe,
Estados Unidos y Canadá, representantes del Banco Interamericano de Desarrollo.
Esta “Reunión Ecuménica sobre Integración de las Américas: Comercio, crecimiento
y reducción de la pobreza; política pública, aspectos morales y
Justicia Social” fue convocada conjuntamente por el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) y el Departamento de Justicia y Solidaridad del
Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
2. En un clima de fraternidad,
seriedad, rigor técnico y preocupación ética, hemos intercambiado nuestras visiones
acerca de los Tratados de Libre Comercio (TLC) y sus
efectos en las mayorías empobrecidas y excluidas de nuestro Continente,
dentro del sistema global de comercio que promueven por doquier
dichos tratados. De esta manera hacemos nuestras las preocupaciones de
los pobres porque “los gozos y las esperanzas, las tristezas
y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, son
a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de
los discípulos de Cristo” (GS, 1). Es necesario un verdadero
humanismo integral y solidario. Buscamos la paz, que será fruto
de la justicia y de la solidaridad.
3. Nos reunimos
en momentos en que nuestros hermanos y hermanas de la
Región del golfo de México están sufriendo los efectos terribles
del Huracán Katrina. Las víctimas de esta catástrofe han estado
en nuestras oraciones, como también la preocupación sobre cómo reconstruir
las comunidades destruidas. Ofrecemos nuestras oraciones y expresamos nuestra solidaridad
con todos los hermanos y hermanas que han resultado afectados
por este fenómeno de la naturaleza que nos ha hecho
recordar la fragilidad de la vida humana, nuestra común dignidad,
la vulnerabilidad de los pobres y el mandato de solidaridad,
especialmente en tiempos de crisis. Ese mismo espíritu de solidaridad
ha permeado nuestras discusiones sobre la realidad de la globalización
de los mercados y sus efectos en las personas de
los más pobres y excluidos. Estamos preocupados tanto por quienes
perdieron todo debido AL huracán como por los que van
a perder por los efectos de los Tratados de Libre
Comercio.
I. Tratados de Libre Comercio: consideraciones generales
4. Según
nuestra visión pastoral, que se inspira en el Evangelio y
la Enseñanza Social de la Iglesia, la persona humana debe
estar en el centro de toda actividad económica. De lo
contrario, como señala el Papa Juan Pablo II, “los pobres
parecen tener bien poco que esperar” (Ecclesia de Eucharistia, 20).
En efecto, “si la globalización se rige por las meras
leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos,
lleva a consecuencias negativas” (Ecclesia in América, 20). nos cuestiona
la palabra de Jesús: “Yo he venido para que tengan
vida y la tengan en abundancia” (Jn, 10,10). Por eso
no podemos evadir la apremiante pregunta de Dios en los
albores de la humanidad: ”¿Dónde está tu hermano?” (Gen 4,
9).
5. La situación general en que viven los pueblos
de la región está marcada por la pobreza, la exclusión,
una brecha creciente entre ricos y pobres, la inviabilidad de
la pequeña producción agraria y de la micro y pequeña
empresa, sectores que además contribuyen al empleo de un importante
sector de la Población Económicamente Activa (PEA) de nuestros países.
a lo anterior se añaden carencias vitales tales como sistemas
inadecuados de educación y de salud pública, inseguridad y violencia,
inexistencia de una soberanía alimentaria y migración causada sobre todo
por la falta de oportunidades que conduce no sólo a
la “expulsión” de sus propios países sino a sufrir situaciones
de exclusión en los países de destino . Existe un
real peligro de que asuntos de importancia sean finalmente decididos
por una estructura cada vez más centralizada y poco participativa
que existe en y entre nuestros países.
6. Las políticas
de comercio tienen que ser formuladas para estimular el crecimiento
pero enfocadas dentro de una propuesta de desarrollo integral como
alternativa para combatir la pobreza, la exclusión y superar el
hambre. Urgimos a los líderes políticos y funcionarios públicos A
tener presentes estas metas. Como pastores de los pueblos de
América Latina y El Caribe, estamos preocupados porque no vemos
que los Tratados de Libre Comercio (TLC) que se vienen
negociando entre los Estados Unidos y los países de la
región sean capaces de incrementar las oportunidades para las personas
más pobres y vulnerables, de modo que efectivamente sean incorporadas
en condiciones de equidad. Conviene que los países interesados aprendan
lecciones de las experiencias de TLC actualmente en curso como
las de México y Chile y cómo vienen afectando a
dichas personas más pobres y vulnerables. Hay que asegurar que
no consoliden un modelo económico excluyente.
7. Para que los
pobres se beneficien realmente del comercio, deben preverse con anterioridad
impactos negativos como los efectos distributivos de las políticas que
van a aplicarse. Por ello nos parece que el tratado
debe reestructurarse y que se debe impulsar una agenda de
medidas de transformación institucional y de políticas públicas, especialmente en
el campo de la educación, salud pública, financiamiento, transferencia tecnológica
y otros que modifiquen las actuales tendencias excluyentes y de
concentración de la riqueza. al mismo tiempo, es necesario implementar
medidas complementarias que creen oportunidades para que los empobrecidos y
excluidos puedan beneficiarse del comercio y se atiendan las circunstancias
específicas de las personas con discapacidades, así como el fortalecimiento
de la democracia participativa.
8. Por otra parte, nos preocupa
que en los TLC la educación superior esté siendo manejada
en gran parte como una mercancía. La educación, en este
contexto, ya no es vista como un ¨bien público¨ y
un derecho humano fundamental. Por esta razón se recomienda a
los gobiernos que no suscriban ningún compromiso en esta materia
en el marco del Acuerdo general sobre el Comercio de
Servicios (GATS) de la OMC. (ver Carta de Porto Alegre
emanada de la III Cumbre Iberoamericana de Rectores de Universidades
Públicas, 2002).
II. Tratados de Libre Comercio: algunas consideraciones sobre
puntos específicos
9. Tomando en cuenta la Enseñanza Social de
la Iglesia y la situación de nuestros pueblos, quisiéramos hacer
algunas consideraciones sobre puntos claves de los TLC y señalar
algunos aspectos que proponemos se tomen en cuenta:
10. En
primer lugar, reconocemos la importancia del comercio y de los
tratados comerciales; celebramos el hecho que el intercambio, si está
estructurado adecuadamente, tiene la potencialidad de fomentar la productividad, la
creatividad Y el crecimiento económico, el cual podría ser un
aporte importante para el desarrollo humano integral. Pero no podemos
olvidar que, si bien el mercado tiene su propia lógica
y fomenta la eficiencia, no tiene su propia ética para
asegurar de por sí dicho desarrollo humano integral.
11. Por
eso consideramos importante garantizar que el marco moral y jurídico
de los TLC, además de asegurar los derechos de adecuadas
políticas agrarias, estándares laborales justos, regulaciones efectivas del medio ambiente,
propiedad intelectual equitativa, promuevan el bien común de todos, especialmente
de los pobres y excluidos.
12. Dicho lo anterior, desde
la perspectiva moral de la iglesia, presentamos las siguientes observaciones:
--Agro. Los TLC podrían dejar más vulnerables a los pequeños
productores de nuestros países. Dada la enorme asimetría entre la
economía del agro de los Estados Unidos y la de
los pequeños agricultores de nuestros países, agravada por los enormes
subsidios recibidos por los agro-negocios en los Estados Unidos, los
plazos de desgravación y otras medidas propuestas para reemplazar el
sistema actual de bandas de precios, dichos tratados pueden resultar
insuficientes. También los programas actuales para sustituir la coca y
otros cultivos ilícitos podrían ser afectados por los TLC. Se
requiere, por tanto, de una voluminosa agenda de cooperación orientada
al desarrollo rural que permita a los productores locales competir
en condiciones favorables en plazos proporcionales a las transformaciones que
se logren. Por su parte, cada uno de nuestros países
tendría que adoptar políticas que permitan a los agricultores y
trabajadores rurales producir alimentos para sus pueblos, mantener un ingreso
estable y ser actores de un auténtico desarrollo sostenible.
13.
Propiedad intelectual. Aunque la protección de la propiedad intelectual es
un aspecto fundamental del estado de derecho, las condiciones actuales
de la economía internacional favorecen el control monopólico de las
grandes empresas transnacionales sobre el conocimiento, con especial repercusión en
los campos de la salud y la agricultura. De ahí
la urgencia de salvaguardar, en los tratados de libre comercio,
el carácter de bien público del conocimiento, y sus posibilidades
de creación, diseminación y uso en nuestros países, si se
quiere permitir realmente su acceso a la nueva sociedad de
conocimiento. Además debe considerarse en particular que los TLC permitirían
patentar semillas y seres vivos, así como la proliferación de
productos transgénicos, además de la ampliación del período actual del
monopolio que las empresas farmacéuticas tienen para la venta de
medicamentos. Estas medidas pueden poner en peligro la biodiversidad, el
acceso de los productores agrícolas a recursos que son necesarios
y la posibilidad de que los pobres adquieran medicinas a
bajo precio.
14. Cuestiones Laborales. Los TLC deberían ofrecer una
oportunidad para fortalecer la protección de los trabajadores y trabajadoras.
Pero en ausencia de compromisos vinculantes para respetar sus derechos,
la mayoría de los (las) trabajadores (as) pobres o sin
organizaciones que les defiendan, no podrían gozar de los beneficios
potenciales de un aumento en el comercio. Hay que tener
en cuenta, Además, el peligro de un aumento de la
explotación de amplios sectores de trabajadores -en especial de las
mujeres- en los ámbitos del comercio informal y las maquiladoras.
También se debe considerar la posible pérdida del empleo rural
y la migración resultante hacia las ciudades o fuera de
la región, debido a la falta de suficientes salvaguardas para
proteger a los agricultores pequeños y medianos.
15. Medio Ambiente
y derechos de las comunidades. Un aumento en el intercambio
comercial podría significar un mayor consumo irresponsable de productos nocivos
a la salud, inútiles para la vida, depredadores del medio
ambiente y generadores de desechos de todo tipo. Sin protecciones
adecuadas vinculantes para el medio ambiente, los TLC no van
a estar a la altura de contribuir realmente al uso
racional de recursos tales como el agua, el aire, la
tierra y los bosques, especialmente por la importancia que los
ecosistemas y la biodiversidad tienen para muchos de nuestros países.
Nos preocupa de manera particular la vida de las personas
y grupos humanos más vulnerables, como son las comunidades indígenas;
en este caso, es necesario defender sus derechos fundamentales, como
el derecho a su identidad cultural, tan fuertemente marcada por
los valores espirituales como el respeto a la vida en
todas sus formas.
16. Participación Ciudadana. Los Tratados de Libre
Comercio que están en proceso de negociación ofrecen una oportunidad
única a los pueblos de la región para expresar y
fortalecer una efectiva participación ciudadana que podría garantizar una mayor
seguridad para todos. Pedimos que no se firme un TLC
mientras no se llegue a un acuerdo satisfactorio y equitativo
entre las partes QUE SEA compatible con la vigencia plena
de los derechos humanos. Las negociaciones sobre el TLC deben
permitir un proceso participativo e inclusivo de diálogo regional y
en cada país, de acuerdo a su propia realidad. sugerimos
que en los países donde tales acuerdos ya fueron ratificados,
se abra paso a una auténtica vigilancia ciudadana a fin
de controlar su implementación, denunciar los efectos negativos y proponer
medidas en favor de las mayorías. De esta manera los
sectores potencialmente afectados podrían presentar sus propuestas y que éstas
se tengan en cuenta. En este proceso es necesario hablar
con la verdad: “conocerán la verdad y la verdad les
hará libres” (Jn, 8,32).
17. Integración de los pueblos de
América. En este proceso deben ser reforzados los mecanismos de
integración regional y subregional que ya están en curso, que
van más allá de los aspectos puramente comerciales. Necesitamos una
integración que incorpore las dimensiones culturales, sociales, políticas, éticas en
las relaciones equitativas entre los pueblos y que tenga siempre
conciencia de sus vinculaciones históricas profundas.
18. Una Agenda integral.
En términos mas amplios, cualquier tratado de comercio debería formar
parte de una agenda de desarrollo humano integral que se
sustente en los recursos financieros suficientes que permitan a los
países de la región no sólo invertir en su capacidad
comercial sino también y muy especialmente en un desarrollo humano
integral.
19. El indicador moral de los acuerdos debería ser
el cómo se logra un efecto positivo en la vida
y dignidad de las familias y de los trabajadores pobres
y vulnerables, cuya voz dentro de esta discusión debería recibir
una atención especial.
Nos encantaría conocer tu opinión sobre el
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