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Autor: Card. Angelo Sodano, Secretario de Estado de Su Santidad | Fuente: Vatican.va Mensaje en nombre del Papa Juan Pablo II, a la IV Semana Social Católica de Cuba
Mensaje del Card. Card. Angelo Sodano, Secretario de Estado de Su Santidad en nombre del Papa Juan Pablo II, a la IV Semana Social Católica de Cuba, 2 de junio de 1999. En él dedica un espacio para hablar de la democracia y el trabajo de los laicos.
Mensaje en nombre del Papa Juan Pablo II, a la IV Semana Social Católica de Cuba
MENSAJE DEL CARDENAL SODANO, EN NOMBRE DEL PAPA JUAN PABLO II, A
LA IV SEMANA SOCIAL CATÓLICA DE CUBA
A mons. Pedro
Claro MEURICE ESTÍU Arzobispo de Santiago de Cuba Presidente de la Comisión
episcopal cubana «Justicia y paz»
Señor arzobispo:
Al celebrarse la IV Semana
social católica de Cuba en la diócesis de Matanzas, Su
Santidad Juan Pablo II, que mantiene muy vivo el recuerdo
de su visita a esa bella nación, me ha encargado
hacer llegar su cordial saludo a los organizadores y participantes
en esas jornadas, cuyo origen se remonta al lejano 1938,
volviendo a celebrarse de nuevo en el año 1991 en
la diócesis de Pinar del Río.
Es grato saber que en
esta ocasión asiste una representación cualificada del laicado cubano, así
como de los sacerdotes y religiosos que trabajan en la
pastoral social en esa isla, y que se reúnen para
estudiar y aplicar la doctrina social de la Iglesia y
el magisterio pontificio, especialmente el que el Santo Padre expuso
durante su viaje apostólico a Cuba.
Las Semanas sociales, verdaderos «laboratorios
culturales» donde se analiza la situación de la persona y
el contexto social, económico y político en que vive, con
objeto de promover su dignidad y sus derechos inalienables, no
sólo son una riqueza espiritual para la misma Iglesia, sino
que constituyen una importante aportación ética y cívica para toda
la sociedad en cuyo seno se realizan.
Actualmente, estos encuentros de
estudio sobre la doctrina social de la Iglesia han sido
asumidos y convocados por la comisión episcopal «Justicia y paz»
desde su creación en el año 1994. A este respecto,
el Papa alienta vivamente a esa comisión a seguir prestando
tan importante servicio eclesial, según el espíritu y la letra
del evangelio social que él mismo proclamó durante su visita
a Cuba, y a ampliar sus servicios a otros proyectos
encaminados a salvaguardar el carácter trascendente de la persona, a
promover la calidad de su vida y a defender la
totalidad de sus derechos, en un clima de tolerancia, libertad,
justicia social y solidaridad, tal como lo propuso en su
tiempo el padre Félix Varela.
El Santo Padre, después de venerar
la memoria de este siervo de Dios en el aula
magna de la universidad de La Habana, les recordaba en
su discurso que él «también habló de democracia, considerándola el
proyecto político más armónico con la naturaleza humana, resaltando a
la vez las exigencias que de ella se derivan (...):
que haya personas educadas para la libertad y la responsabilidad
(...) y que las relaciones humanas, así como el estilo
de convivencia social, favorezcan los debidos espacios donde cada persona
pueda (...) desempeñar el papel histórico que le corresponde para
dinamizar el Estado de derecho, garantía esencial de toda convivencia
humana que quiera considerarse democrática» (n. 4).
Asimismo, en su mensaje
a los obispos cubanos, el Papa les decía también: «Animen
a los fieles laicos a vivir su vocación con valentía
y perseverancia, estando presentes en todos los sectores de la
vida social, dando testimonio de la verdad sobre Cristo y
sobre el hombre; buscando, en unión con las demás personas
de buena voluntad, soluciones a los diversos problemas morales, sociales,
políticos, económicos, culturales y espirituales que debe afrontar la sociedad;
participando con eficacia y humildad en los esfuerzos para superar
las situaciones a veces críticas que conciernen a todos, a
fin de que la nación alcance condiciones de vida cada
vez más humanas. Los fieles católicos, al igual que los
demás ciudadanos, tienen el deber y el derecho de contribuir
al progreso del país. El diálogo cívico y la participación
responsable pueden abrir nuevos cauces a la acción del laicado
y es de desear que los laicos comprometidos continúen preparándose
con el estudio y la aplicación de la doctrina social
de la Iglesia para iluminar con ella todos los ambientes»
(n. 5).
Éstos son, a la vez, la finalidad y el
propósito de las Semanas sociales católicas. Por ello, es de
desear que estas jornadas de reflexión, que se celebran a
más de un año de la visita pontificia y en
los umbrales del gran jubileo del 2000, ayuden a todos
a cumplir la misión evangelizadora en medio de su pueblo.
Sólo asumiendo la grave responsabilidad de ser los protagonistas de
la propia historia personal y social se hará posible lo
que a los ojos humanos parece inviable, porque «para Dios
todo es posible» (Mt 19, 26).
En el mensaje del 22
de enero de este año al presidente de la Conferencia
de los obispos católicos de Cuba, el Papa recordaba su
encuentro con el pueblo cubano y decía que «asumir esta
responsabilidad debe significar para la Iglesia en Cuba poder profesar
la fe en ámbitos públicos reconocidos; ejercer la caridad de
forma personal y social; educar las conciencias para la libertad
y el servicio de todos los hombres, y estimular las
iniciativas que puedan configurar una nueva sociedad. En ella los
derechos fundamentales de la persona humana y la justicia social
encontrarán por igual (...) el necesario reconocimiento y una efectiva
promoción institucional».
Finalmente, el Santo Padre espera que esta IV Semana
social católica de Cuba sea un momento de intensa reflexión
y puesta en práctica de esas iniciativas que tienden a
configurar una nueva sociedad, la cual sólo será posible con
la participación ciudadana de todos y un profundo proceso de
reconciliación nacional.
El Santo Padre pide en su plegaria, por intercesión
de la Virgen de la Caridad, Madre de todos los
cubanos, que mantenga viva la esperanza de todos ustedes y
que los impulse a dar frutos abundantes de buenas obras,
perseverando en una fe comprometida y en la construcción del
reino de Cristo en su patria. Con estos vivos deseos,
les imparte con particular afecto la bendición apostólica.
En esta circunstancia
me es grato manifestarle, señor arzobispo, los sentimientos de mi
consideración y estima en Cristo. Vaticano, 2 de junio de 1999
Cardenal
Angelo SODANO Secretario de Estado de Su Santidad
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