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| La Santa Sede pide un modelo de desarrollo centrado en la persona |
GINEBRA, martes 14 de julio de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a
continuación la intervención del arzobispo Silvano Tomasi, representante de la
Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas en
Ginebra, en la reunión de alto nivel del Consejo Económico
y Social (ECOSOC) celebrada en Ginebra el pasado 9 de
julio.
* * * Señora presidenta: 1. La comunidad internacional está luchando
por encontrar soluciones a la crisis económica y financiera que
la codicia y la falta de responsabilidad ética han provocado.
Mientras los analistas debaten sobre las causas de la crisis,
las consecuencias sociales de la nueva pobreza, la pérdida de
puestos de trabajo, la malnutrición y el hundimiento del desarrollo,
todos ello afecta a los grupos más vulnerables de la
población y por lo tanto, requiere respuestas rápidas y eficaces.
La Delegación de la Santa Sede aprecia el hecho de
que el foco de atención, en este encuentro de alto
nivel, se dirija muy oportunamente a las "Tendencias nacionales y
globales actuales y su impacto en el desarrollo social, incluida
la salud pública". La crisis económica mundial continúa sin superarse.
Y viene exacerbada por la emergencia de un hasta ahora
desconocido virus de la gripe, A-H1N1, actualmente reconocida de proporciones
pandémicas con un impacto futuro que no puede preverse con
mucha certeza, y por la crisis de la seguridad alimentaria
mundial, que pone en peligro la vida de millones de
personas, especialmente a los más pobres del mundo, muchos de
los cuales ya sufren de malnutrición aguda y crónica. Estos
ejemplos muestran una vez más el vínculo entre la pobreza
y la salud y su desproporcionado peso sobre los países
en desarrollo e incluso para los pobres en los países
desarrollados. Frente a tales desafíos globales urgentes, el futuro está
hipotecado de tal forma que los jóvenes corren el riesgo
de heredar un sistema económico severamente comprometido, una sociedad sin
cohesión, y un planeta dañado en su sostenibilidad como hogar
para toda la familia humana.
2. La Delegación de la Santa
Sede observa con profunda preocupación las predicciones del Banco Mundial
de que, durante 2009, entre 53 y 65 millones de
personas más de las previstas se verán atrapadas en la
pobreza extrema, y que el número de personas crónicamente hambrientas
superará los mil millones, 800 millones de los cuales viven
en zonas rurales, áreas donde la atención sanitaria es más
débil y donde las iniciativas innovadoras de atención de salud
son urgentes. Podemos concluir razonablemente que un número significativo de
los extremadamente pobres y hambrientos serán las personas con más
riesgo de contraer ambas, las enfermedades transmisibles y crónicas, y
las enfermedades no transmisibles.
Además, si tienen que hacer frente
a los recortes de la ayuda internacional o si existe
un mayor número de personas en busca de atención, los
ya de por sí frágiles sistemas de salud pública en
los países en vías de desarrollo no serán capaces de
responder adecuadamente a las necesidades de salud de sus ciudadanos
más vulnerables. Al abordar este problema, incluso más que una
expresión de solidaridad, es una cuestión de justicia el superar
la tentación de reducir los servicios públicos para obtener un
beneficio a corto plazo contra los costes humanos a largo
plazo. En la misma línea, la ayuda para el desarrollo
debe ser mantenida e incluso aumentada como un factor decisivo
para la renovación de la economía y para conducirnos fuera
de la crisis.
Señora presidenta: 3. Otro obstáculo clave para el logro
de los objetivos internacionalmente marcados en cuanto a salud pública
lo constituyen las desigualdades que existen entre ambos países y
dentro de los países, y entre grupos raciales y étnicos.
Trágicamente, las mujeres siguen en muchas regiones recibiendo una atención
sanitaria de peor calidad. Esta situación es bien conocida por
las personas e instituciones que trabajan sobre el terreno. La
Iglesia católica patrocina 5.378 hospitales, 18.088 dispensarios de salud, 15.448
hogares para ancianos y discapacitados, y otros programas de atención
de salud en todo el mundo, pero especialmente en las
zonas más aisladas y marginadas y entre personas que rara
vez tienen acceso a los servicios sanitarios en los planes
de salud gubernamentales a nivel nacional, provincial o de distrito.
En este sentido, se presta especial atención a África, donde
la Iglesia católica se ha comprometido a seguir al lado
de los más pobres en este continente con el fin
de defender la dignidad inherente a todas las personas.
4. Hay
un reconocimiento cada vez mayor de que una pluralidad de
actores, en el respeto del principio de subsidiariedad, contribuye a
la aplicación del derecho humano a la atención primaria de
salud. Entre las organizaciones de la sociedad civil que aseguran
la atención de la salud dentro de distintos sistemas nacionales,
los programas patrocinados por la Iglesia católica y otras organizaciones
religiosas destacan como apuestas clave. Los funcionarios de la OMS
han reconocido que esas organizaciones "proporcionan una parte sustancial de
la atención en los países en desarrollo, a menudo llegando
a las poblaciones vulnerables que viven en condiciones adversas" (Kevin
DeCock: "Las organizaciones confesionales desempeñan un papel importante en el
tratamiento del VIH/Sida en el África Subsahariana", según aparece en
el comunicado de prensa de la Organización Mundial de la
Salud, 9 de febrero de 2007, Washington). Sin embargo, a
pesar de su excelente y documentado éxito en el ámbito
de la prestación de cuidados a enfermos de Sida y
en atención primaria de salud, las organizaciones religiosas no reciben
una parte equitativa en los recursos destinados a apoyar a
nivel mundial, nacional y local, iniciativas de salud.
5. El mero
seguimiento cuantitativo de los flujos de ayuda y la multiplicación
de iniciativas de salud global, por sí solas pueden no
ser suficiente para asegurar la "Salud para Todos". El acceso
a la atención primaria de la salud y a medicamentos
básicos asequibles es vital para mejorar la salud mundial y
para fomentar una respuesta globalizada compartida a las necesidades básicas
de todos. En un mundo cada vez más interdependiente, tampoco
la enfermedad y los virus tienen fronteras, y por lo
tanto, una mayor cooperación mundial no sólo se convierte en
una necesidad práctica, sino lo que es más importante, un
imperativo ético de la solidaridad. Sin embargo, debemos ser guiados
por la mejor tradición sanitaria que respeta y promueve el
derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte
natural para todos, independientemente de raza, discapacidad, nacionalidad, religión, sexo
y situación socioeconómica. El fracaso en colocar la promoción de
la vida humana en el centro de las decisiones médicas
se traduce en una sociedad en la que el derecho
absoluto de una persona a la atención básica de salud
y la vida se verían limitados por la capacidad económica,
por la percepción de la calidad de vida y otras
decisiones subjetivas que sacrifican la vida y la salud a
cambio de ventajas sociales, económicas y políticas a corto plazo.
5. En conclusión, señora presidenta, la Delegación de la Santa
Sede desea llamar la atención sobre la necesidad de algo
más que soluciones financieras a los desafíos planteados por la
crisis económica a los esfuerzos mundiales destinados a asegurar el
acceso universal a la atención sanitaria. En su nueva encíclica
el Papa Benedicto XVI afirma: "La actividad económica no puede
resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica
mercantil. Debe estar ordenada a la consecución del bien común,
que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política" ("Caritas
in veritate", n. 36).
Es necesario un enfoque ético al desarrollo,
lo que implica un nuevo modelo de desarrollo global centrado
en la persona humana, más que en el beneficio, y
que incluya las necesidades y aspiraciones de toda la familia
humana. |
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