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La Doctrina Social de la Iglesia y los Empresarios Católicos | categoría
Magisterio, Sacerdotes y Doctrina Social | tema
Autor: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte
La propiedad y los propietarios
En toda sociedad bien organizada ha de haber la abundancia de bienes materiales que son necesarios para la práctica de la virtud.
 
La propiedad y los propietarios
La propiedad y los propietarios


18. «La política de rentas, además de sus aspectos puramente técnicos, abarca problemas profundamente humanos que suponen la orientación de toda actividad productiva al servicio del hombre, y, además, una acción inteligente y enérgica en favor de las categorías sociales más desheredadas, con el fin de que también éstas puedan tener acceso a una participación de la renta cada vez más justa, en conformidad con las aspiraciones fundadas en la dignidad y en la vocación de la persona humana»82.

Dice Santo Tomás: «En toda sociedad bien organizada ha de haber la abundancia de bienes materiales que son necesarios para la práctica de la virtud»83

«Bajo esta luz adquieren un significado de relieve particular las numerosas propuestas hechas por expertos en la Doctrina Social Católica y también por el supremo Magisterio de la Iglesia. Son propuestas que se refieren a la copropiedad de los medios de trabajo, a la participación de los trabajadores en la gestión, y en los beneficios de la empresa, al llamado "accionariado" del trabajo y otras semejantes»84 .




19. La Iglesia exige a los propietarios que, en virtud de la función social de los bienes económicos, den -según sus posibilidades- al que no tiene lo suficiente para vivir honestamente.

Pero también exige que el obrero trabaje con nobleza y entusiasmo, para que un aumento en la producción y una economía floreciente hagan posible una elevación material y cultural de las clases económicamente débiles.




Éste es el constante anhelo de la Iglesia.
Pío XII ha repetido una y otra vez que es necesario implantar una más justa distribución de la riqueza. Ha llamado a este problema el punto fundamental de la cuestión social y ha pedido a los cristianos que, aunque sea a costa de sacrificios, hagan esfuerzos para que una más justa distribución de las riquezas lleve a la práctica la doctrina social de la Iglesia85 .

«El acceso de todos a los bienes necesarios para una vida humana -personal y familiar- digna de este nombre, es una primera exigencia de la justicia social»86 .

«La propiedad privada o un cierto dominio sobre los bienes materiales aseguran a cada cual una zona absolutamente necesaria para su autonomía personal y familiar, y deben ser considerados como una prolongación de la libertad humana»87 .

Pero «el derecho a la propiedad privada, adquirida o recibida de modo justo no anula la donación original de la tierra al conjunto de la humanidad»88.

Pablo VI ha dicho en su encíclica Populorum Progressio: «La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera la propia necesidad, cuando a otros les falta lo necesario»89 .

«Los bienes creados deben llegar a todos en forma justa, según la regla de la justicia inseparable de la caridad. Todos los demás derechos, comprendido el de la propiedad, a ello están subordinados»90 .



También «es necesaria la solidaridad entre las naciones»91 .
Aquí entraría la llamada Deuda Externa, por la cual los países ricos hacen préstamos a los países pobres con unos intereses abusivos, con lo cual en lugar de resultar una ayuda para los países subdesarrollados, resulta para ellos una esclavitud económica. No les es posible salir del pozo de la pobreza.

El arzobispo de Tegucigalpa (Honduras), Oscar Rodríguez Madariaga, dijo en Madrid, en la Sala de Prensa de la Conferencia Episcopal Española, que una central eléctrica que costó noventa millones de dólares se habían pagado ya por ella doscientos millones sin haber terminado de amortizar la deuda92 .

El Papa Juan Pablo II en su encíclica Laborem exercens señala la posición que los cristianos tenemos ante el denominado sistema capitalista y ante el sistema colectivista: El «rígido capitalismo» que considera la propiedad y posesión de los bienes materiales como un derecho absoluto de la persona, sin limitaciones, debe ser sometido continuamente a revisión desde la perspectiva de los derechos del hombre en la teoría y en la práctica.

El sistema colectivista considera que sólo el Estado tiene el derecho exclusivo de propiedad sobre los medios de producción, de los individuos y de la sociedad. Este sistema atenta contra la realización de la libertad de los individuos, de las familias, y grupos sociales, y debilita la capacidad creadora del hombre.

Para el cristiano, pues, el derecho a poseer bienes económicos es garantía para su libertad, para organizarse como persona.

Y como todo derecho, exige el deber de reconocérselo también a todos los hombres de una manera eficaz, distribuyendo la riqueza entre todos93 .

Para que todos los hombres tengan la posibilidad de desarrollarse como persona, es necesario que todas las personas puedan disponer de los bienes materiales en grado suficiente según el nivel económico de cada nación. Por eso es necesaria la justa distribución de la riqueza94 .

«Dios ha destinado la Tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa dirigida por la justicia y acompañada por la caridad... Por tanto el hombre no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aproveche a él solamente, sino también a todos los demás»95 .

«Dios no quiere, dice Pío XII, que algunos tengan riquezas exageradas y que otros se encuentren en tal estrechez que les falte lo necesario para la vida»96 .

Es decir, que Dios no quiere el contraste ignominioso entre el lujo derrochador y la miseria. Dios no quiere que haya miseria. Dios ha creado los bienes de la Tierra para todos los hombres y quiere que todos gocen de estos dones de sus manos97 .Por lo tanto no debe haber en el mundo nadie que, si hace lo que está de su parte, no disfrute de los bienes indispensables para sustentar su vida de una manera digna.



El problema del hambre en el mundo es problema de distribución.
Mientras en unos países el pueblo se muere de hambre, en otros se dejan perder las cosechas porque sobran alimentos.

Si hay hambre en el mundo es porque se distribuyen mal los alimentos.

«En 1798 Thomas Robert Malthus, en su Ensayo sobre la población, formuló una teoría según la cual mientras que la producción de alimentos aumentaba de forma aritmética (1,2,3,4), la población lo hacía de modo geométrico (1,2,4,8); con lo cual llegaría un día en que el número de personas sería superior al de alimentos.

La Historia ha desmentido esta teoría, puesto que, aunque la población se ha duplicado seis veces en estos dos siglos, la producción de alimentos se ha acrecentado mucho más rápidamente, según datos de la FAO»98.



En el mundo hay unos 6.000 millones de personas.
Y según un informe de la Asociación de Productores Agro-Químicos de Alemania, si se explotara, con la tecnología actual, toda la superficie cultivable de la Tierra, se podrían alimentar, a nivel europeo, 50.000 millones de seres humanos. Es decir, una humanidad diez veces superior a la actual99 .

La misma ONU ha reconocido que el aumento de la población mundial va en retroceso, según la agencia de noticias ACI del 3 de abril del 2000.

La FAO ha dicho que es factible acabar con el hambre en el mundo100.

Juan Pablo II habla de la solidaridad internacional para el bien común universal101 . Y el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica dice: «Las interdependencias humanas se intensifican. Se extienden poco a poco a la tierra entera. La unidad de la familia humana que agrupa a seres que poseen una misma dignidad natural, implica un bien común universal. Éste requiere una organización de la comunidad de naciones capaz de proveer a las diferentes necesidades de los hombres»102 .

______________


    82 PABLO VI a la XXV Semana Social de España celebrada en Zaragoza en 1966
    83 SANTO TOMÁS DE AQUINO: De regimine principum, 1, I, XV.
    84 JUAN PABLO II: Encíclica Laborem exercens, nº 14
    85 Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2403
    86 Sagrada Congregación Vaticana para la Doctrina de la Fe: Instrucción sobre Libertad Cristiana y Liberación, nº 88
    87 Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 71
    88 Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2403
    89 PABLO VI: Encíclica Populorum Progressio, nº 23
    90 PABLO VI: Encíclica Populorum Progressio, nº 22
    91 Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2438
    92 Diario ABC de Madrid del 16-I-99, pg.77.
    93 Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2404
    94 Conferencia Episcopal Española: Catecismo Escolar, 7º EGB, XI, 5. Madrid, 1984.
    95 Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 69.
    96 PÍO XII: Encíclica Sertum Laetitiae, nº 14, A.A.S., 31(1939)149
    97 Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 69.
    98 ABC de Madrid del 16-X-99, pg.48
    99 ABC de Madrid del 24-IV-94, pg.78
    100 ABC de Madrid del 16-IX-2000, pg.40
    101 JUAN PABLO II: Sollicitudo rei socialis, nº38.
    102 Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1911.



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