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| La propiedad y los propietarios |
18. «La política de rentas, además de sus aspectos
puramente técnicos, abarca problemas profundamente humanos que suponen la orientación
de toda actividad productiva al servicio del hombre, y, además,
una acción inteligente y enérgica en favor de las categorías
sociales más desheredadas, con el fin de que también éstas
puedan tener acceso a una participación de la renta cada
vez más justa, en conformidad con las aspiraciones fundadas en
la dignidad y en la vocación de la persona
humana»82.
Dice Santo Tomás: «En toda sociedad bien organizada ha de
haber la abundancia de bienes materiales que son necesarios para
la práctica de la virtud»83
«Bajo esta luz adquieren un
significado de relieve particular las numerosas propuestas hechas por expertos
en la Doctrina Social Católica y también por el supremo
Magisterio de la Iglesia. Son propuestas que se refieren
a la copropiedad de los medios de trabajo, a la
participación de los trabajadores en la gestión, y en los
beneficios de la empresa, al llamado "accionariado" del trabajo y
otras semejantes»84 .
19. La Iglesia exige a los propietarios que,
en virtud de la función social de los bienes económicos,
den -según sus posibilidades- al que no tiene lo suficiente
para vivir honestamente.
Pero también exige que el obrero trabaje
con nobleza y entusiasmo, para que un aumento en la
producción y una economía floreciente hagan posible una elevación material
y cultural de las clases económicamente débiles.
Éste es el constante
anhelo de la Iglesia. Pío XII ha repetido una y
otra vez que es necesario implantar una más justa distribución
de la riqueza. Ha llamado a este problema el punto
fundamental de la cuestión social y ha pedido a los
cristianos que, aunque sea a costa de sacrificios, hagan esfuerzos
para que una más justa distribución de las riquezas lleve
a la práctica la doctrina social de la Iglesia85 .
«El
acceso de todos a los bienes necesarios para una vida
humana -personal y familiar- digna de este nombre, es una
primera exigencia de la justicia social»86 .
«La propiedad privada o
un cierto dominio sobre los bienes materiales aseguran a cada
cual una zona absolutamente necesaria para su autonomía personal y
familiar, y deben ser considerados como una prolongación de la
libertad humana»87 .
Pero «el derecho a la propiedad privada, adquirida
o recibida de modo justo no anula la donación original
de la tierra al conjunto de la humanidad»88.
Pablo VI ha
dicho en su encíclica Populorum Progressio: «La propiedad privada no
constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay
ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera
la propia necesidad, cuando a otros les falta lo necesario»89
.
«Los bienes creados deben llegar a todos en forma justa,
según la regla de la justicia inseparable de la caridad.
Todos los demás derechos, comprendido el de la propiedad, a
ello están subordinados»90 .
También «es necesaria la solidaridad entre las
naciones»91 . Aquí entraría la llamada Deuda Externa, por la cual
los países ricos hacen préstamos a los países pobres con
unos intereses abusivos, con lo cual en lugar de resultar
una ayuda para los países subdesarrollados, resulta para ellos una
esclavitud económica. No les es posible salir del pozo de
la pobreza.
El arzobispo de Tegucigalpa (Honduras), Oscar Rodríguez Madariaga, dijo
en Madrid, en la Sala de Prensa de la Conferencia
Episcopal Española, que una central eléctrica que costó noventa millones
de dólares se habían pagado ya por ella doscientos millones
sin haber terminado de amortizar la deuda92 .
El Papa Juan
Pablo II en su encíclica Laborem exercens señala la
posición que los cristianos tenemos ante el denominado sistema capitalista
y ante el sistema colectivista: El «rígido capitalismo» que considera
la propiedad y posesión de los bienes materiales como un
derecho absoluto de la persona, sin limitaciones, debe ser sometido
continuamente a revisión desde la perspectiva de los derechos del
hombre en la teoría y en la práctica.
El sistema colectivista
considera que sólo el Estado tiene el derecho exclusivo de
propiedad sobre los medios de producción, de los individuos y
de la sociedad. Este sistema atenta contra la realización de
la libertad de los individuos, de las familias, y grupos
sociales, y debilita la capacidad creadora del hombre.
Para el cristiano,
pues, el derecho a poseer bienes económicos es garantía para
su libertad, para organizarse como persona.
Y como todo derecho,
exige el deber de reconocérselo también a todos los hombres
de una manera eficaz, distribuyendo la riqueza entre todos93 .
Para
que todos los hombres tengan la posibilidad de desarrollarse como
persona, es necesario que todas las personas puedan disponer de
los bienes materiales en grado suficiente según el nivel económico
de cada nación. Por eso es necesaria la justa distribución
de la riqueza94 .
«Dios ha destinado la Tierra y cuanto
ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos.
En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en
forma equitativa dirigida por la justicia y acompañada por la
caridad... Por tanto el hombre no debe tener las cosas
exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como
comunes, en el sentido de que no le aproveche a
él solamente, sino también a todos los demás»95 .
«Dios no
quiere, dice Pío XII, que algunos tengan riquezas exageradas y
que otros se encuentren en tal estrechez que les falte
lo necesario para la vida»96 .
Es decir, que Dios
no quiere el contraste ignominioso entre el lujo derrochador y
la miseria. Dios no quiere que haya miseria. Dios ha
creado los bienes de la Tierra para todos los hombres
y quiere que todos gocen de estos dones de sus
manos97 .Por lo tanto no debe haber en el mundo
nadie que, si hace lo que está de su parte,
no disfrute de los bienes indispensables para sustentar su vida
de una manera digna.
El problema del hambre en el
mundo es problema de distribución. Mientras en unos países el
pueblo se muere de hambre, en otros se dejan perder
las cosechas porque sobran alimentos.
Si hay hambre en el
mundo es porque se distribuyen mal los alimentos.
«En 1798
Thomas Robert Malthus, en su Ensayo sobre la población, formuló
una teoría según la cual mientras que la producción de
alimentos aumentaba de forma aritmética (1,2,3,4), la población lo hacía
de modo geométrico (1,2,4,8); con lo cual llegaría un día
en que el número de personas sería superior al de
alimentos.
La Historia ha desmentido esta teoría, puesto que, aunque
la población se ha duplicado seis veces en estos dos
siglos, la producción de alimentos se ha acrecentado mucho más
rápidamente, según datos de la FAO»98.
En el mundo hay unos
6.000 millones de personas. Y según un informe de la
Asociación de Productores Agro-Químicos de Alemania, si se explotara,
con la tecnología actual, toda la superficie cultivable de la
Tierra, se podrían alimentar, a nivel europeo, 50.000 millones de
seres humanos. Es decir, una humanidad diez veces superior a
la actual99 .
La misma ONU ha reconocido que el aumento
de la población mundial va en retroceso, según la agencia
de noticias ACI del 3 de abril del 2000.
La FAO
ha dicho que es factible acabar con el hambre en
el mundo100.
Juan Pablo II habla de la solidaridad internacional para
el bien común universal101 . Y el Nuevo Catecismo de
la Iglesia Católica dice: «Las interdependencias humanas se intensifican. Se
extienden poco a poco a la tierra entera. La unidad
de la familia humana que agrupa a seres que poseen
una misma dignidad natural, implica un bien común universal. Éste
requiere una organización de la comunidad de naciones capaz de
proveer a las diferentes necesidades de los hombres»102 .
______________
82
PABLO VI a la XXV Semana Social de España
celebrada en Zaragoza en 1966 83 SANTO TOMÁS DE AQUINO:
De regimine principum, 1, I, XV. 84 JUAN PABLO II:
Encíclica Laborem exercens, nº 14 85 Nuevo Catecismo de la
Iglesia Católica nº 2403 86 Sagrada Congregación Vaticana para la Doctrina
de la Fe: Instrucción sobre Libertad Cristiana y Liberación, nº
88 87 Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre
la Iglesia en el mundo actual, nº 71 88 Nuevo Catecismo
de la Iglesia Católica nº 2403 89 PABLO VI: Encíclica
Populorum Progressio, nº 23 90 PABLO VI: Encíclica Populorum
Progressio, nº 22 91 Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº
2438 92 Diario ABC de Madrid del 16-I-99, pg.77. 93 Nuevo Catecismo
de la Iglesia Católica nº 2404 94 Conferencia Episcopal Española: Catecismo
Escolar, 7º EGB, XI, 5. Madrid, 1984. 95 Concilio Vaticano II:
Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en
el mundo actual, nº 69. 96 PÍO XII: Encíclica
Sertum Laetitiae, nº 14, A.A.S., 31(1939)149 97 Concilio Vaticano II:
Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el
mundo actual, nº 69. 98 ABC de Madrid del 16-X-99,
pg.48 99 ABC de Madrid del 24-IV-94, pg.78 100 ABC de Madrid
del 16-IX-2000, pg.40 101 JUAN PABLO II: Sollicitudo rei socialis,
nº38. 102 Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1911.
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