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| Obispos ecuatorianos piden una constitución para «cerrar el paso a los corruptos» |
Pero recuerdan que no será una solución mágica a las
crisis
La Conferencia Episcopal Ecuatoriana ha defendido el derecho de los
ciudadanos de ser consultados sobre una nueva constitución que defienda
más eficazmente al país de la corrupción, aunque reconoce que
ésta no será nunca una solución mágica.
En un comunicado
publicado este miércoles, el episcopado asegura que «una nueva constitución,
o una constitución renovada, se ha hecho ciertamente necesaria para
cerrar el paso a los corruptos, que han debilitado al
país no sólo económicamente, sino moral y espiritualmente».
«Los ciudadanos
tenemos derecho a ser consultados sobre esto. Una constitución podrá
ayudar en la medida en que facilite el rearme moral
de los ecuatorianos», aseguran los prelados.
«Necesitamos ponernos de acuerdo
en quiénes somos, un pueblo pluriracial y pluricultural con derechos
y obligaciones proporcionados a la parte de recursos recibidos --indican
los obispos--. Si no nos ponemos de acuerdo en a
dónde vamos, no podemos juzgar si estamos adelantando o retrocediendo».
La declaración fue dada a conocer en pleno debate sobre
una posible reforma a la Carta Magna de ese país,
sumido --según dicen los propios obispos-- en «una nueva crisis»,
donde «la mayoría de los ecuatorianos sufren hambre, carecen de
vestido y habitación, son víctima de un sistema educativo calificado
como el penúltimo de América Latina. Y se agitan, protestan,
piden cambios».
«En nuestra angustia queremos un remedio inmediato y
afirmamos que una constitución nueva o renovada nos traerá la
solución; olvidamos que diecinueve veces hemos esperado en vano en
una nueva constitución el remedio de nuestros males», recuerdan.
El
Episcopado ecuatoriano sostiene que «la constitución está ahí, en parte,
sin las leyes secundarias, necesarias para aplicarla; está ahí, impunemente
violada, no sólo por huelgas y paros de las instituciones
de servicio público, sino también por interpretaciones acomodaticias y por
cálculos partidistas que han privado al País de uno de
los poderes del Estado, la Corte Suprema de Justicia, o
que han impedido nombrar al Contralor General del Estado».
Al
mismo tiempo, los prelados aclaran que «es el momento de
tomar conciencia de que no hay soluciones mágicas e inmediatas
y de que debemos reorientar el camino para conseguir un
país más próspero y equitativo».
«La constitución nueva o renovada
tiene que complementarse con otras medidas, para atender prioritariamente la
educación, la salud, la vivienda y trabajo».
«Si no se
libera a la actual educación, también, con el concurso de
los padres de familia: sin una educación creativa que capacite
a los ecuatorianos de todos los estratos sociales a competir
responsablemente en un mundo globalizado, la vigésima constitución prepararía sólo
la vigésima primera», advierte el comunicado episcopal.
Publicamos su texto
íntegro:
COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ECUATORIANA
LOS OBISPOS
DE ECUADOR A LOS CIUDADANOS DE BUENA VOLUNTAD
Jesús,
al compadecerse de la viuda de Naim, y al cuidar
que la muchedumbre que lo seguía no vaya a desfallecer
de hambre en el camino, nos muestra que Dios hace
suyas las angustias y esperanzas de hombres y mujeres de
ayer y de hoy y que invita a todos y
a cada uno a dar un aporte para solucionar los
problemas: “Denles ustedes de comer”, dijo a sus amigos y
seguidores.
Hermanos y amigos, estamos atravesando una nueva crisis: La
mayoría de los ecuatorianos sufren hambre, carecen de vestido y
habitación, son víctima de un sistema educativo calificado como el
penúltimo de América Latina. Y se agitan, protestan, piden cambios.
Para exigir cambios, nos fijamos en el irrespeto a la
constitucionalidad, en la inestabilidad, en la burocracia que despilfarra los
bienes del País, en el porcentaje que hay que pagar
para firmar contratos y fiscalizaciones, o para recibir cualquier servicio
del Estado, en la compra venta de candidaturas y votos,
expresión radical de la multifacética corrupción. Pensamos que esos y
otros males, que ingenuamente consideramos externos a nosotros, son la
causa de dichos males.
En nuestra angustia queremos un remedio
inmediato y afirmamos que una constitución nueva o renovada nos
traerá la solución; olvidamos que diecinueve veces hemos esperado en
vano en una nueva constitución el remedio de nuestros males.
La constitución está ahí, en parte, sin las leyes secundarias,
necesarias para aplicarla; está ahí, impunemente violada, no sólo por
huelgas y paros de las instituciones de servicio público, sino
también por interpretaciones acomodaticias y por cálculos partidistas que han
privado al País de uno de los poderes del Estado,
la Corte Suprema de Justicia, o que han impedido nombrar
al Contralor General del Estado.
Una nueva constitución, o una
constitución renovada, se ha hecho ciertamente necesaria para cerrar el
paso a los corruptos, que han debilitado al país no
sólo económicamente, sino moral y espiritualmente.
Los ciudadanos tenemos derecho
a ser consultados sobre esto. Una constitución podrá ayudar en
la medida en que facilite el rearme moral de los
ecuatorianos.
Necesitamos ponernos de acuerdo en quiénes somos, un pueblo
pluriracial y pluricultural con derechos y obligaciones proporcionados a la
parte de recursos recibidos. Si no nos ponemos de acuerdo
en a dónde vamos, no podemos juzgar si estamos adelantando
o retrocediendo.
Este es el momento de tomar conciencia de
que no hay soluciones mágicas e inmediatas y de que
debemos reorientar el camino para conseguir un país más próspero
y equitativo.
La constitución nueva o renovada tiene que complementarse
con otras medidas, para atender prioritariamente la educación, la salud,
la vivienda y trabajo. Si no se libera a la
actual educación, también, con el concurso de los padres de
familia: sin una educación creativa que capacite a los ecuatorianos
de todos los estratos sociales a competir responsablemente en un
mundo globalizado, la vigésima constitución prepararía sólo la vigésima primera.
Valoramos la Democracia, la respetamos, quisiéramos que las grandes renovaciones
del País se hubieran hecho en régimen democrático. Porque valoramos
la Democracia, valoramos los Partidos Políticos; pero al mismo tiempo
pedimos a sus dirigentes que recobren para los Partidos el
respeto que han perdido, porque algunos no representan una ideología
sino intereses. El pulular de Partidos, de movimientos sin ideología
es una causa de ingobernabilidad.
El desprestigio de los Partidos
Políticos es una de las causas de que la sociedad
civil haya adquirido, para bien del Ecuador, el actual protagonismo.
En el momento actual la participación de los ciudadanos es
positiva y necesaria. Para que esta participación sea consciente y
responsable, hemos de ser objetiva y adecuadamente informados. La conjunción
de esfuerzos de los Partidos, de los Poderes del Estado,
de los organismos de la sociedad civil es indispensable. La
historia pasada y reciente prueba que, cuando quieren un acuerdo,
lo consiguen. Que el acuerdo que esperamos sea para el
bien común de los ecuatorianos.
El ponerse unos contra otros
debe desaparecer como característica de la conducta social y política
de nosotros, ecuatorianos.
Invitamos a todos, en nombre de Dios,
que es como una familia, a esforzarnos en deponer cálculos
personales o de grupo, para que la renovación institucional del
País nos guíe por largo tiempo a los ecuatorianos a
una vida más digna y feliz.
Quito, noviembre 9 del
2005
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