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| Obispos de Chile por «una democracia con valores» |
Declaración ante la segunda vuelta electoral
En vísperas de la segunda
vuelta, la Conferencia Episcopal ha recordado que el cristianismo no
se identifica con ningún partido político en particular y presenta
el humanismo cristiano para promover una vida más justa, conforme
con la dignidad humana.
Es la propuesta que hace el
Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile en la
declaración «Una democracia con valores», dada a conocer este miércoles
21 por el presidente del episcopado, monseñor Alejandro Goic, y
por el secretario general, monseñor Cristián Contreras Villarroel.
El documento
se publica después de que este martes, el cardenal Francisco
Javier Errázuriz, arzobispo de Santiago, recibiera por separado a los
vencedores de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Michele
Bachelet y Sebastián Piñera.
Dejando en claro que los valores
del Reino de Dios son universales, y por lo tanto
el cristianismo no se identifica con ningún partido político en
particular, el documento episcopal invita a los candidatos presidenciales a
entregar con transparencia a la opinión pública su conformidad o
disconformidad con los grandes principios y las aspiraciones de todo
cristiano, cuya fuente «es siempre una cultura rica en valores
y abierta a Dios, que nunca pretenda apartarlo de la
sociedad y de sus costumbres».
Entre los desafíos irrenunciables para
un cristiano, que nunca pueden ser postergados, según los prelados,
está el respeto y apoyo a toda vida humana --desde
el instante mismo de su concepción--; el respeto por la
dignidad de las personas, especialmente de quienes más sufren y
los pobres, así como el respeto por las minorías étnicas
y religiosas; el cultivo de las buenas relaciones con los
países hermanos, evitando hegemonías que amenazan la fraternidad entre pueblos
soberanos; la superación de las desigualdades escandalosas entre los países
y al interior del nuestro; la preocupación por los campesinos
y su trabajo productivo; las oportunidades reales y factibles para
los jóvenes;el derecho al trabajo, al descanso dominical, a la
justa retribución que permita una vida digna, las prontas imposiciones
del dinero descontado a los propios trabajadores; y las pensiones
dignas para las personas jubiladas y montepiadas.
Los prelados ponen
también en primer plano la promoción de políticas en beneficio
de las familias fundadas en la unión de un varón
y una mujer; el apoyo a la maternidad biológica y
espiritual ante la alarmante disminución de la natalidad; la asistencia
a las madres solas o abandonadas; la libertad de enseñanza
y el mejoramiento de los sistemas de educación y salud,
y del acceso a ellos; la adquisición de una casa
adecuada donde la familia pueda convivir, crecer y desarrollarse; y
la preocupación por el medioambiente.
Los pastores expresan su preocupación
frente a «ciertos excesos de pasión en el debate público»
y proponen erradicar los primeros brotes de un clima de
descalificaciones verbales que, a su juicio, obstaculizan los anhelos de
justicia y paz que anidan en la gran mayoría de
las hijas e hijos de Chile.
Citando la encíclica de
Juan Pablo II «Centesimus Annus», la declaración episcopal concluye que
un humanista cristiano debe tener presente que «si no existe
una verdad última, la cual guía y orienta la acción
política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser
instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores
se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto,
como demuestra la historia».
Publicamos a continuación el texto de
la declaración, distribuido por la página web de la Conferencia
Episcopal de Chile ( www.iglesia.cl).
Una
democracia con valores
1. El pueblo chileno se apronta a vivir
nuevamente una jornada electoral para elegir a quien asumirá la
Presidencia de la República. Hemos sido testigos en las elecciones
pasadas de la cultura cívica que caracteriza a la inmensa
mayoría del pueblo chileno. Eso nos enorgullece. En este contexto
de gran responsabilidad, el cristiano está llamado a manifestar el
nexo íntimo del amor a Dios y el compromiso con
la vida de los hermanos.
2. A pesar de una
esperanzadora cultura cívica, nos preocupan ciertos excesos de pasión en
el debate público. No siempre son las ideas o los
programas de gobierno los principales contenidos del debate. Aparecen, por
desgracia, descalificaciones verbales, incluso personales, que pueden conducir a actitudes
y acciones violentas.
3. Cuando surge un clima de esta
naturaleza, hay que erradicar sus primeros brotes, pues son un
obstáculo a los anhelos de mayor justicia y paz que
anidan en la gran mayoría de las hijas e hijos
de Chile. Precisamente una de las enseñanzas que nos entregaron
las experiencias negativas de los años 60 al 80 en
nuestra Patria, es el cansancio de las inmensas mayorías por
los proyectos ideológicos excluyentes, que pretendieron imponerse sin integrar la
verdad de los adversarios políticos.
4. La democracia ofrece un
marco más propicio a la aspiración de ver verificada en
la convivencia social el pluralismo, el respeto y la amistad
cívica. Con todo, tal aspiración no puede significar el desconocimiento
de los principios morales que descansan en la naturaleza y
dignidad de la persona humana y que son reflejo, así
lo creemos, de la sabiduría de Dios. La Iglesia Católica
siempre proclamará esta verdad, a la cual sus miembros no
quieren ni pueden renunciar. A ello ha querido aportar la
Iglesia en Chile con su Documento de Trabajo «En camino
hacia el bicentenario», trabajado por muchas comunidades a lo largo
del país, y últimamente en su Carta Pastoral «Matrimonio y
Familia: una buena noticia para la humanidad».
5. Fue justamente
sobre la base de estos principios morales, reflexionados a la
luz del Evangelio de Jesucristo, que muchos cristianos -obispos, pastores,
consagrados y laicos- como también muchos hombres y mujeres de
buena voluntad ayudaron en su momento, con su oración y
su acción, con su enseñanza y su testimonio, a crear
una conciencia del respeto debido a toda persona humana y
a propulsar la reconciliación nacional junto a una búsqueda pacífica
y consensuada al quehacer político.
6. En un horizonte más
amplio de deberes y derechos, también hoy el humanismo cristiano
debe ser criterio inspirador y un espacio apropiado para la
entrega de grandes aportes. Por eso, alentamos a todos los
que se identifican con este modo de pensar y de
actuar, de existir y de sentir, a inspirarse en los
grandes proyectos de Dios Creador y de Jesucristo para toda
persona humana y para la humanidad. Con ese espíritu han
de servir en todos los ámbitos de la sociedad chilena,
promoviendo una vida más justa y más plena, conforme con
la dignidad humana. Pedimos para todos ellos, así como para
todos los católicos, respeto de una y otra parte en
sus legítimas opciones políticas, y aprecio por ellas, con tal
que sus programas y decisiones no contradigan los valores que
proclaman.
7. En este contexto es bueno recordar que los
valores del Reino de Dios y del cristianismo son universales,
y que ninguna sociedad, ni siquiera la más perfecta, es
asimilable al Reino de Dios. El cristianismo no se identifica
con ningún partido político en particular. Hay, por lo mismo,
cristianos -sean ellos católicos o no- que quieren servir generosamente
a la construcción de un país más fraterno, como expresión
de su fe, en distintas instancias asociativas; no solamente en
las que son partidos políticos. Dios quiera que en ellos
el ser cristiano sea expresión de identidad, un puente de
diálogo y entendimiento, una invitación a la colaboración y no
a la exclusión; un gran bien que se ofrece y
se entrega con generosidad.
8. Hay desafíos de gran actualidad
que son irrenunciables para un cristiano, y que nunca pueden
ser postergados. Entre ellos, ocupan un lugar relevante el respeto
y el apoyo que se brinde a toda vida humana
-desde el instante mismo de su concepción-; el respeto por
la dignidad de las personas, especialmente de quienes más sufren
y los pobres, como asimismo el respeto por las minorías
étnicas y religiosas; el cultivo de las buenas relaciones con
los países hermanos, evitando hegemonías que amenazan la fraternidad entre
pueblos soberanos; la superación de las desigualdades escandalosas entre los
países y, por desgracia, también al interior del nuestro; la
preocupación por los campesinos y su trabajo productivo; las oportunidades
reales y factibles para los jóvenes; el derecho al trabajo,
al descanso dominical, a la justa retribución que permita una
vida digna, a las prontas imposiciones del dinero descontado a
los propios trabajadores; y a las pensiones dignas para las
personas jubiladas y montepiadas.
9. Entre los desafíos de mayor
incidencia hay que ubicar también en un primer plano la
promoción de políticas en beneficio de las familias fundadas en
la unión de un varón y una mujer; el apoyo
a la maternidad biológica y espiritual ante la alarmante disminución
de la natalidad, con el consiguiente envejecimiento de la población
chilena y la correspondiente incapacidad de financiar una justa previsión
social; la asistencia a las madres solas o abandonadas; la
libertad de enseñanza y el mejoramiento de la calidad de
los sistemas de educación y salud, y del acceso a
ellos; la adquisición de una casa adecuada donde la familia
pueda convivir, crecer y desarrollarse. A los temas anteriores podríamos
agregar otros, como la preocupación por el medioambiente y el
respeto a la creación y no su apropiación egoísta. La
fuente que otorga más inspiración y orientación a todos ellos
es siempre una cultura rica en valores y abierta a
Dios, que nunca pretenda apartarlo de la sociedad y de
sus costumbres.
10. En la hora actual, en que los
impulsores de ambas candidaturas presidenciales se esfuerzan por conquistar católicos
para su opción presidencial, lo que es legítimo, estimamos que
deben entregar a la opinión pública con gran transparencia su
conformidad (o disconformidad) con los grandes principios y las aspiraciones
propias de todo cristiano, y los programas mediante los cuales
quieren realizarlas. Todos confiamos en el discernimiento de quienes votan
y en los cristianos insertos en los diversos ambientes culturales,
que adhieren a opciones políticas compatibles con nuestra visión del
hombre y de la sociedad. Pedimos para todos ellos respeto
y libertad. Y les pedimos a ellos que su trato
mutuo refleje realmente el mandamiento nuevo del amor.
11. Un
humanista cristiano debe tener presente que «si no existe una
verdad última, la cual guía y orienta la acción política,
entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas
fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se
convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como
demuestra la historia» (Juan Pablo II, Carta encíclica «Centesimus Annus»,
n. 46).
12. Encomendamos estas reflexiones a la Virgen del
Carmen. Siguiendo un legado de los Padres de la Patria,
recordado en Maipú, acudimos a ella como tantos chilenos a
presentarle nuestros proyectos, necesidades, dolores y gratitudes. Que su presencia
nos acerque y nos inspire a construir nuestra Patria como
tierra de encuentro y fraternidad.
El Comité Permanente de la
Conferencia Episcopal de Chile
+ Alejandro Goic Karmelic Obispo de
Rancagua Presidente
+ Gonzalo Duarte García de Cortázar Obispo de
Valparaíso Vicepresidente
+ Francisco Javier Errázuriz Ossa Cardenal Arzobispo de
Santiago
+ Ricardo Ezzati Andrello, sdb Obispo Auxiliar de Santiago
+ Cristián Contreras Villarroel Obispo Auxiliar de Santiago Secretario General
Santiago, 14 de Diciembre de 2005
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